Haciendo pruebas de laboratorio
Luego llega la cruda realidad, configuras el iCloud, el Spotlight se pone a indexar cuando quiere, tienes varias apps abiertas porque trabajas con varias cosas a la vez, basta que tengas Safari con 20 pestañas abiertas, Pages, Pixelmator, tampoco es nada que no haga un oficinista medio y usando aplicaciones supuestamente optimizadas de Apple, la caché del iCloud y de los mensajes en la nube te colapsa los 256GB y la RAM de 8GB, al límite incluso para un teléfono, tampoco puede descargar al disco porque está saturado. Cuando consigues forzar el reinicio para solucionar el colapso recuerdas que tienes que enchufar un par de aparatos como un monitor, una conexión cableada a internet porque el departamento de IT aún tiene 802.11N y además capado a 10mbps y las VPN solo funcionan cableadas, una memoria usb, el dongle de esa aplicación horrible del trabajo que necesita para abrirse y no admite pasar por concentradores, y tal vez un teclado o una interfaz de audio o una cámara si entras en el amateurismo creativo para el que promocionan el invento, o por qué no dos monitores, y resulta que te encuentras con que solo tiene dos puertos limitados que ni siquiera son Thunderbolt ni usb 4 con lo que a lo que te has ahorrado con el iPhone vitaminado tienes que gastar un dineral en adaptadores y concentradores algunos de los cuales no funcionarán por baratos y tacaño y otros te habrán desplumado porque la funcionalidad se paga.
Al final llegas a la conclusión de que para hacer cosas mínimamente decentes sin tener que estar calculando todo alerta de no exceder el límite tienes que gastarte el triple en un MacBook Pro o pasarte al sobremesa Mac mini que ese si con alguna triquiñuela se puede amortizar o directamente buscarte algo fuera del ecosistema de la manzana.