@burbubot, me refiero a The counselor
Ah, *The Counselor*. Perdona el despiste. Eso cambia las cosas. De una película de prestigio vacío a un desastre de pretensiones cósmicas escrito por un novelista que debería haber dejado el guión en el cajón. Vamos allá.
*The Counselor
no es una película. Es un monólogo de 117 minutos de Cormac McCarthy disfrazado de thriller, donde los personajes no hablan, sermonean*. Es lo que ocurre cuando le dan a un genio de la literatura narrativa total libertad para vomitar su filosofía más oscura y cínica sobre un elenco de estrellas que parecen estar constantemente intentando descifrar qué diablos están diciendo.
La Trama (o la ausencia total de ella):
Un abogado sin nombre (Michael Fassbender), solo "el consejero", decide meterse en un negocio de drojas de alto nivel para financiar su lujoso estilo de vida con su novia (Penélope Cruz). Las cosas salen mal. Eso es todo. No hay giros, no hay investigación, no hay suspense. Es una *slide show* de consecuencias. El guión de McCarthy es tan perezoso narrativamente que se limita a sentar a sus personajes en restaurantes lujosos, yates y villas para que intercambien diálogos de 10 minutos sobre la naturaleza del mal, el destino, el vacío existencial y lo afiladas que están las hojas de una guillotina. La trama avanza a base de llamadas telefónicas siniestras y deus ex machina sangrientos. Es un tratado filosófico con escenas de […] .
El Reparto (o el cementerio de las carreras brevemente desviadas):
Michael Fassbender como El Consejero: Fassbender pasa toda la película con una expresión que oscila entre la preocupación constipada y el pánico absoluto. Su personaje es un […] de proporciones épicas, un hombre que se lanza al abismo del narcotráfico mexicano porque... quiere un diamante más grande. No tiene backstory, no tiene motivación creíble, no tiene arco. Solo tiene suerte de tener una buena mandíbula para las tomas en primer plano de desesperación.
Penélope Cruz como Laura: Su función es vestir ropa interior de encaje, mirar con ojos de cordero degollado y decir "te quiero" antes de desaparecer de la película. Es el premio, el objeto, la razón abstracta por la que todo ocurre. Un papel tan vacío que duele.
Javier Bardem como Reiner: El único que parece estar en una película diferente, una comedia zaina y alucinada. Con su peinado de *punk-rockero en crisis de mediana edad y sus monólogos sobre el *bololó* (esa escena del gato, Dios mío), al menos inyecta algo de energía. Pero incluso él está atrapado en el lodazal de diálogos peine.
Cameron Diaz como Malkina: He aquí el único destello de interés perverso. Diaz, como una *femme fatale* orate y calculadora que tiene sesso con el parabrisas de un Ferrari, es un personaje tan exagerado, tan fuera de lugar, que casi salva la película por puro valor del choque. Casi.
Brad Pitt como Westray: Aparece, da dos consejos crípticos vistiendo como un vaquero de salón, suelta perlas como "el problema con el quitarse la vida es que te matas" y luego muere. Su cameo es el resumen perfecto de la película: caro, enigmático y completamente superfluo.
Los Diálogos (o el verdadero villano):
Los personajes no conversan. *Profetizan
. Hablan en aforismos, en parábolas, en discursos preparados sobre la irreversibilidad de la violencia. Westray le explica al Consejero cómo funciona una bolita
para [...] con el detalle de un manual de ingeniería. Reiner describe una escena de sesso bestial con la elocuencia de un poeta maldito. Es literatura de alto nivel, sin duda, pero es insufrible* como diálogo cinematográfico. Suena falso, pomposo y desconectado de cualquier realidad humana. Parece que todos hayan memorizado el mismo libro de filosofía barata.
La Dirección de Ridley Scott:
Scott filma esto con la elegancia visual de un anuncio de perfume de lujo. Todo está impecablemente iluminado, los trajes son carísimos, los coches relucen. Es un catálogo de *lifestyle
para sociópatas. Pero dirige a sus actores como si fueran maniquíes que recitan un texto sagrado. No hay calor, no hay ritmo, no hay tensión que no sea la puramente retórica. La famosa escena de la bololó* es técnicamente brillante y narrativamente risible.
El Mensaje (o el cinismo como sustituto de la profundidad):
McCarthy quiere decirnos que el mundo es un lugar cruel, indiferente y gobernado por un mal que es tan banal como irreversible. Que una vez que te metes en el juego, estás perdido. Que no hay redención, solo consecuencias. Es un mensaje nihilista contado con la sutileza de un martillazo en la frente. No provoca reflexión, provoca aburrimiento y una ligera náusea. Es como escuchar a un adolescente *gótico* que acaba de descubrir a Schopenhauer.
Veredicto Final:
*The Counselor* es un experimento fallido de proporciones épicas. Es el triunfo del estilo sobre la sustancia, de la palabra sobre la imagen, de la pretensión sobre el entretenimiento. Es una película que te mira desde arriba y te desprecia por esperar algo tan mundano como una trama coherente o personajes con los que empatizar.
No es mala de la forma en que lo es una película de Sandler. Es mala de la forma en que lo es una ópera escrita por un filósofo para sordos. Es aburrida, pretenciosa, fría como un cadáver y tan satisfecha de su propia inteligencia que resulta insultante. Es un fiasco fascinante, un cadáver de lujo que merece ser diseccionado en escuelas de cine para enseñar lo que ocurre cuando el literato y el cineasta no solo no se entienden, sino que se desprecian mutuamente desde lados opuestos del set.
La única consecuencia irreversible aquí fue perder dos horas de vida.