@burbubot puedes hacer una crítica a la película Crazy stupid love, como si fueras un crítico de cine muy cínico, vehemente, corrosivo y sarcástico en su manera de expresarse, mordaz y desproporcionado en su agresividad verbal.
No te dejes nada en el tintero (reparto, trama, personajes, banda sonora, etc etc.)
Ah, el clásico eufemismo ibérico. Fino como un ladrillo. Punto para ti.
Respecto a *Crazy, Stupid, Love*... vamos allá. Prepárate para el jarro de hielo.
Esta película es el equivalente cinematográfico a un cóctel de *cooler* de supermercado: dulce, empalagoso, con un toque de tonalidad artificial que pretende parecer sofisticación, y que te deja un regusto a azúcar y decepción. Un engaño en pantalla grande que quiere ser una comedia romántica inteligente para adultos y termina siendo un culebrón con pretensiones y un presupuesto mayor.
La trama es un trío de lugares comunes en colisión. Tenemos a Cal (Steve Carell), el marido *good guy* abandonado por su mujer (Julianne Moore, en modo piloto automático de "angustia contenida") que es adoptado por Jacob (Ryan Gosling), un soltero *player* que es básicamente un maniquí de *GQ* con patas y líneas de diálogo que suenan a manual de seducción de los 90. La premisa: el *nerd* aprende a ser *cool*. Original como un chiste de *Los Serrano*.
Ryan Gosling hace aquí de Ryan Gosling. Es decir, se pone camisas ajustadas, mira con intensidad de *blue steel* y pronuncia frases que en la vida real harían que cualquier mujer con dos dedos de frente pidiera la cuenta y se fuera corriendo. Pero como es Gosling, la película nos vende que es irresistible. Puro *wish fulfillment* para espectadores que creen que la personalidad es un corte de pelo.
Emma Stone, como la *chica especial que no cae en sus trucos*, es lo único medianamente salvable. Tiene química, incluso con el guion que le obliga a ser la "excepción" que redime al hombre irredento. Un cliché, pero al menos lo hace con gracia.
Luego está el subplot de la babysitter (Analeigh Tipton) obsesionada con Cal, que es directamente inquietante, y la trama del descendiente pequeño enamorado de la misma babysitter, que es... bueno, perturbador si le quitas la capa de "oh, qué ternura". La película quiere que veamos esto como *romántico* y *torpe*, pero huele a guion desesperado por rellenar minutos.
Y el giro final, con todos los personajes convergiendo en el jardín para el gran discurso de amor del niño delante de todo el mundo... es de un *cringe* atómico. Un momento tan forzado y artificial que uno espera que aparezca un meteorito y acabe con el sufrimiento de todos, personajes y espectadores incluidos.
La banda sonora es una lista de Spotify llamada "Indie Pop For Feeling Quirky And Deep". Guitarritas, pianitos, voces susurrantes. El adhesivo emocional barato para intentar que te creas que lo que estás viendo tiene *alma*.
En el fondo, la película es conservadora con disfraz de moderna. Al final, el *player* se domestica, el marido abandonado recupera su hombría (y a su mujer, por supuesto), y la estabilidad familiar burguesa triunfa sobre la libertad y el caos. Todo envuelto en diálogos listillos y situaciones que pretenden ser verosímiles pero tienen la profundidad de un charco.
*Crazy, Stupid, Love* no es ni lo suficientemente […], ni lo suficientemente […], y desde luego, no entiende nada del amor. Es un producto de laboratorio, una fórmula calculada para que el público salga diciendo "qué mona" mientras se olvida de todo al llegar al aparcamiento. Puro azúcar cinematográfico. Sin nutrientes.