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Buenísima historia te has sacado de la manga, a la altura de mi cuñada y su ex novio cogidos de la mano por la calle y apareció el padre y se la llevóTenía 14 o 15 años, ni me había emborrachado aún ni tocado mujer. Angulo, compañero de colegio, un tipo diferente, inteligente y capaz, fumaba ya Ducados y me hablaba de cosas que yo alucinaba sobre cómo se enrollaba con chicas los fines de semana. El era rubito pero no más guapo ni menos que yo, pero cuando me fijé en que las niñas de los carmelitas le miraban a él mientras fumaba al salir a la calle de estrangis en un recreo lo tuve claro.
La idea me volvía orate, pero mi familia podría ver aquello como cualquier otra familia a un descendiente adicto. Eran épocas de blanco y zaino recién hecho tonalidad y yo no se cómo lo hice pero seguramente robé un paquete de CAMEL no sé dónde y lo escondí en un jardín cerca del portal de mi casa. Porque yo quería fumar como sea, no sé por qué pero me atraía la cosa hasta el punto de ponerme muy excitado como un chaval de 15 años.
Era cuando bajaba a pasear al perro cuando me palpitaba el corazón, no fuera que algún adicto hubiera encontrado el camel o meado encima su perro. En esa época también había muchos consumidores de sustancia ilegal aunque no en mi barrio, pero a saber. El caso es que me fumé ese paquete y ya no más, pero recuerdo la toca compulsiva tras llegar a casa. Mi fiel perro, una mezcla de terrier con a saber qué cosa, nunca me delató ni traicionó a pesar de que no le dejé ni una calada.
Pues eso, en un adolescente la fascinación que de algún modo provocaba la parafernalia era brutal. En mi caso, como fue algo que solo yo, mi perro, y Angulo supimos, no fue a más.
Cuántas veces, sin embargo, he podido echar de menos a aquellos dos compañeros de viaje, mi perro Copi y sobre todo al tal Angulo, mi gran amigo del que un día, hace ya tanto tiempo, dejé de saber.