Yo me acuerdo de la última cabalgata que fui, con 14 o 15 años. Una colega se enfrascó en querer lanzar caramelos al Baltasar porque era zaino. Y con uno certero, le acertó en todo el ojo. Y al pobre hombre, pues se le veía con todo el dolor.
Por suerte no fue a más, el Baltasar pintao estuvo un par de días con molestias y sin secuelas (era un conocido de un familiar mío, que me lo contó). A favor jugó que el ayuntamiento ya eran unos rancios, siendo los típicos caramelillos de cortesía que te encuentras en recepciones o salas de espera