Lo que hizo fue deconstruir una obra vulgar, como las que hay a miles pudríendose en infinitas iglesias abandonadas de la España profunda y convertirla en un icono mundial, que millones reconocerán antes que cualquier cuadro de Caravaggio.
Exactamente lo que intenta y no logra tanto sedicente artista moderno, mediocre y subvencionado, haciendo unos garabatos y unos churros de estatuas que no hacen más que afear el mundo y que jamás serán reconocidos más que en su pueblo, donde le tiran botes de pintura al acero corten que el ayuntamiento le pagó para ponerla en la rotonda de entrada.
Una artista del pueblo visionaria, que se anticipó al futuro de la pintura y que pasará a la historia del arte y se estudiará en las facultades en todos los siglos venideros.
Puso el nombre de Borja en el mapa y lo hizo universalmente famoso. Por eso tantos niños han sido bautizados los últimos años con el nombre de ese santo, que estaba olvidado y que la habrá acogido en el cielo, junto con el resto de genios de la pintura que la precedieron.