Antiparticula
Será en Octubre
DePrada no se atrevió a recordarnos ese esclarecedor sinónimo.
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Eso es sólo un simple recordatorio de que derecha e izquierda sólo se diferencian en si vas a misa o no.
Para enmarcarlo. Todavía me estoy partiendo.
Así que a las charos hay que seguirlas llamando charos; y no sólo charos. En tributo a nuestra lengua también hay que llamarlas sargentonas y viragos, rabaneras y soletas, ménades y sotas, piltracas y farotas, lagartas y ménades, circes y arpías. Hay que llamarlas anabolenas y suripantas, melonas y sandias, pazpuercas y lechonas, loros y cotorras, tucanes y sirenios (también vale manatíes), viriatas y sansonas, gárrulas y cotarreras, ramonas y hildegardas (con hache aspirada). Hay que llamarlas monjas alféreces y maritornes, fieras corrupias y basiliscos, tigres hircanas y gerifaltas, hembrilatinas y yubartas, varonas y batracias, calloncas y carantamaulas. Hay que llamarlas churrulleras y morconas, matacandiles y sansonas, tabardillas y pimporras, tabarreras y tolondras, vacaburras y bachilleras. Hay que llamarlas buchinas y zaragatonas, sayonas y bachilleras, ruibarbas y berenjonas, sabañonas y caratuleras. Hay que llamarlas incluso, si falta hiciere, macatruquis de somatén; hay que llamarlas con las doce tribus de insultos que nos brinda nuestra lengua, pues todos son pocos para honrar a las charos, para expresarles nuestro amor rendido e insomne. Pues el insulto ocurrente no es nunca muestra de repruebo, sino de amor a nuestra ubérrima y bendita lengua que no vais a conseguir adulterar ni arrebatarnos, charos de mis entretelas.
También nos recuerda en qué consiste el oficio perrodístico de los grandes medios...
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No es por defender al ABC, pero durante la guerra civil, el ABC de Sevilla quedó bajo mando rojo y el de Madrid bajo mando del otro bando. Podrás encontrar titulares a favor de unos y otros según qué diario ABC consultes.
Por cierto hace muchos años el ABC publicó una antología que recopilaba las noticias de ambos diarios día a día, durante 1936-1939. Muy llamativa. Con letras azules y rojas para que se viera de dónde venía cada noticia. No sé si estará por ahí en pdf.
Se llamaba “ABC doble diario de la Guerra Civil”.
Sensu escrito no mueren al caer sino al llegar.Por cierto, el diario donde escribe nuestro colaborador favorito dando ejemplo de sumisión...
Aquí tiene usté a unas marujas estandard.¿En qué se diferencia una charo de una maruja de toda la vida? La cosa es inventar chorradas nuevas...
Fue justo al revés, el ABC de Madrid lo tomaron los rojos por asalto y el de Sevilla, que estaba en zona nacional, continuó con su línea original y apoyó al bando sublevado de forma voluntaria.No es por defender al ABC, pero durante la guerra civil, el ABC de Sevilla quedó bajo mando rojo y el de Madrid bajo mando del otro bando. Podrás encontrar titulares a favor de unos y otros según qué diario ABC consultes.
Por cierto hace muchos años el ABC publicó una antología que recopilaba las noticias de ambos diarios día a día, durante 1936-1939. Muy llamativa. Con letras azules y rojas para que se viera de dónde venía cada noticia. No sé si estará por ahí en pdf.
Se llamaba “ABC doble diario de la Guerra Civil”.
¿Alguien sabe qué problema tiene con los finlandeses?
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La charo es la hija de la maruja. Aquélla era de clase media baja y callaba ante discursos que su cerebro era incapaz de procesar. Se trataba de un personaje inofensivo, salvo para las vecinas que no lavaban la ropa lo suficientemente a menudo para su gusto. La generación de las marujas a pesar de todo nos ha legado fantásticas recetas que no estamos a la altura de reproducir y encantadores tapetes de ganchillo en el fondo de los cajones, despertando nuestra nostalgia cuando los revolvemos en busca de cachivaches desaparecidos.¿En qué se diferencia una charo de una maruja de toda la vida? La cosa es inventar chorradas nuevas...
Nuevos tiempos, nuevos términos.¿En qué se diferencia una charo de una maruja de toda la vida? La cosa es inventar chorradas nuevas...
Fue hermoso verla evolucionar de larva a mariposa.Si la Montero se hubiese quedado en el Saturn sin más, y su aportación a la sociedad hubiese quedado reducida simplemente a devolver mal los cambios, hubiese sido una maruja. Cuando empezó en política, pasó a ser protocharo. Y ya cuando sobrepasó los 3 smis, y sus errores pasaron a ser notorios y públicos, ya alcanzó la adultez como Charo.
Destructoras de civilizaciones pic.twitter.com/apiwZSFcUc
— Anti Hacienda Ver en X
Para enmarcarlo. Todavía me estoy partiendo.
Así que a las charos hay que seguirlas llamando charos; y no sólo charos. En tributo a nuestra lengua también hay que llamarlas sargentonas y viragos, rabaneras y soletas, ménades y sotas, piltracas y farotas, lagartas y ménades, circes y arpías. Hay que llamarlas anabolenas y suripantas, melonas y sandias, pazpuercas y lechonas, loros y cotorras, tucanes y sirenios (también vale manatíes), viriatas y sansonas, gárrulas y cotarreras, ramonas y hildegardas (con hache aspirada). Hay que llamarlas monjas alféreces y maritornes, fieras corrupias y basiliscos, tigres hircanas y gerifaltas, hembrilatinas y yubartas, varonas y batracias, calloncas y carantamaulas. Hay que llamarlas churrulleras y morconas, matacandiles y sansonas, tabardillas y pimporras, tabarreras y tolondras, vacaburras y bachilleras. Hay que llamarlas buchinas y zaragatonas, sayonas y bachilleras, ruibarbas y berenjonas, sabañonas y caratuleras. Hay que llamarlas incluso, si falta hiciere, macatruquis de somatén; hay que llamarlas con las doce tribus de insultos que nos brinda nuestra lengua, pues todos son pocos para honrar a las charos, para expresarles nuestro amor rendido e insomne. Pues el insulto ocurrente no es nunca muestra de repruebo, sino de amor a nuestra ubérrima y bendita lengua que no vais a conseguir adulterar ni arrebatarnos, charos de mis entretelas.