Una empresa se crea cuando tienes una ilusión de hacer algo, de crear algo, de hacer mejor algo. Una empresa se crea incluso cuando, de niño, dibujas cromos para que otros compañeros los vean, después se emocionen con ellos y, después, les cobras, al hacerte mayor, por el tiempo que invertiste en dibujarlos.
Además, como vienes de un barrio humilde, a cada persona que contratas para hacer más dibujos los intentas dar el máximo que puedes para mantener la empresa en funcionamiento (pues, si no estuviera en funcionamiento, ellos no cobrarían de tal empresa iniciada por un chavalín de pueblo del extrarradio).
Ese difícil equilibrio, se rompe cuando llega Hacienda y la Seguridad Social y, a partir de ahí, todo se conmueve, pues el trabajador no cobra lo que le dijo el responsable de la SL o el autónomo (trabajador como él, pero que no ha conseguido ser contratado por otro para que pase lo que pasa él, por lo que tuvo que hacerse autónomo para seguir trabajando antes que estar, de forma indefinida en las listas del SEPE que nunca te encuentran trabajo). No cobra lo mismo porque lo recibido es lo mismo, pero lo que reclama la hacienda o seguridad social se lo lleva para menoscabo de lo que puede dar u ofrecer, como se puede entender, hasta un niño de cuatro años.
A partir de ahí, es una lucha entre sobrevivir y vivir, entre dar a los malos lo que piden por no hacer nada o paga a los que trabajan contigo... pero, finalmente, te dicen que lo primero es pagar a los que no hacen nada y que, si tienes que cerrar, que lo hagas, aunque pudieras pagarles a los que trabajan contigo (y eso, cuando trabajas con ellos, es muy duro, aunque te quites de comer para que coman ellos... y solo, por lo que te pide el supuesto estado, la supuesta administración... que prefiere ver personas pidiendo que trabajando... cosa propia de caciques, aunque todo cacique siempre ha tenido de meterse en cualquier partido político, si fuera con bien a sus intereses.