Trump y Vance: cuatro años de espectáculo y aranceles
La victoria de Trump ha desatado un orgasmo continuo en una parte del electorado que celebra cada día como un triunfo cultural. No es solo política: es un estado de ánimo. Quienes siguen la actualidad económica con lupa advierten de que el SP500 ya está bajando y de que los aranceles son una declaración de intenciones industrialista, no un simple ruido. El debate, lejos de agotarse, se ha convertido en un pulso entre quienes ven una era dorada y quienes anticipan cuatro años de volatilidad.
El SP500 ya descuenta el nuevo ciclo
El dato más repetido en los círculos financieros es que el SP500 está bajando desde la victoria de Trump. No es una caída catastrófica, pero sí una señal de que el mercado no compra el relato de euforia infinita. Hay quien sostiene que Trump está con los fabricantes, no con los financieros, y que los aranceles responden a una teoría industrial desarrollista pura y dura. Esa lectura explica por qué el gran capital y la gran banca se alinearon con Biden en la legislatura anterior.
La tensión entre industria y finanzas no es nueva, pero ahora tiene un inquilino en la Casa Blanca dispuesto a priorizar la primera. El cálculo más optimista asume que el proteccionismo reindustrializará Estados Unidos; el escenario pesimista parte de que los aranceles encarecerán los inputs y golpearán los márgenes empresariales. En medio, un mercado que ya ha empezado a moverse.
Ceuta y Melilla: el temor a una nueva Marcha Verde
Uno de los focos de preocupación es la relación de Trump con Marruecos. El reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, dos años antes de la Marcha Verde conmemorada por Mohamed VI, ha estrechado los lazos entre Rabat y Washington. Hay quien teme que ese acercamiento derive en una nueva presión sobre Ceuta y Melilla, ciudades que quedan fuera de la OTAN y cuya defensa exige inversión.
La medalla de Mahoma entregada a Trump por Marruecos es el símbolo de esa luna de miel. Para algunos analistas, el Sáhara se regaló a Mohamed por intereses estratégicos; para otros, la debilidad europea es la que deja el flanco abierto. Lo que nadie discute es que el tablero norteafricano se ha movido.
Vance, el sucesor que promete más radicalidad
La figura de JD Vance planea sobre el debate como el verdadero heredero. Quienes celebran el trumpismo ven en él una versión infinitamente más radical que Trump, y algunos ya fantasean con su llegada a la Presidencia. Su tono hacia el cómico de Kiev, según los relatos que circulan, ha gustado mucho en ciertos sectores.
No todos comparten el entusiasmo. Hay quien sostiene que en 2028 el Partido Republicano estará destruido, y quien recuerda que Trump va a lo suyo, que es lo que le interese a América. La pregunta no es si Vance es más o menos radical, sino si el movimiento sobrevive a su fundador.
El discurso del Capitolio y la guerra cultural
El discurso de Trump ante el Congreso fue calificado de épico por sus defensores, con expulsión de un senador incluida. Para otros, es la prueba de que el espectáculo forma parte del método. La guerra ideológica contra los «niños de Soros» —Macron, Von der Leyen, Trudeau, Sánchez— se libra con financiación ilimitada, según una de las lecturas más repetidas.
El pulso no es solo económico. Es cultural, y ahí Trump juega en casa. Cada día ofrece un momento que sus seguidores celebran y sus detractores lamentan. La resistencia de los líderes europeos, lejos de amainar, se ha convertido en el principal obstáculo para la agenda transatlántica.
Lo que nadie cuadra: el coste real para España
Las políticas de Trump perjudican a Europa y a España, según una parte del análisis. Los aranceles, la presión sobre la OTAN y el giro hacia el Pacífico dejan a la UE en una posición incómoda. Quienes defienden al presidente argumentan que cada país debe mirar por sí mismo y que España lleva décadas beneficiándose de un paraguas que ahora se cobra.
El cálculo completo, desglosado partida a partida, da una diferencia que sorprende. No es solo el comercio: es la defensa, la energía y la política exterior. La pregunta que planea es si Europa tiene capacidad de reaccionar o si se limitará a esperar tiempos mejores.
Con estos mimbres, lo razonable es esperar cuatro años de volatilidad, espectáculo y giros inesperados. La euforia de unos y el temor de otros convivirán con datos que, por ahora, no terminan de confirmar ni una cosa ni la otra. Si el SP500 sigue bajando, la fiesta puede ser más corta de lo que algunos anticipan.