El problema aquí es que hay unos pocos botones, mucha gente encargada de tocarlos y muchísima más gente encargada de decidir si se da la orden de tocarlos o no. Mientras discuten si hay que tocar el botón, a quién le encargan la tarea y por qué medio se lo comunican, ya han pasado un par de eras geológicas, luego cuando finalmente dan la orden, resulta que la mitad de los encargados están haciendo el cafelito, otros jugando al solitario y unos cuantos de baja, y los pocos que realmente reciben la orden se hacen los suecos pensando “haré como que no lo he visto, a ver si el marrón se lo comen Astuto o Mengano, que siempre se escaquean”. Demasiada gente, demasiado escaqueo, demasiada INCOMPETENCIA. Y sí, en las empresas siempre hay alguien a quien levantar en caso de desastre, y además todos saben quién es, pero estamos hablando del sector privado, donde las empresas se juegan su supervivencia. El sector público se rige por otros criterios, todos ellos basados en la Ley del mínimo esfuerzo.