Jesús Garzón Heydt | Naturalista y artífice de la recuperación de la trashumancia
http://www.eldiariomontanes.es/20130612 ... 22054.html
«En el campo hay muchos puestos de trabajo esperando una política adecuada»
Jesús Garzón Heydt (Madrid, 1946) aún recuerda los veranos en Comillas y sus andanzas por Oyambre «cuando las traineras salían a pescar a remo y vela». Criado a caballo entre la Extremadura de su padre y la Cantabria de su progenitora, Garzón vive desde 1988 en Cabuérniga. «¿Se acuerda de aquello que se ponía en los platos de Talavera: ‘Lo mejor del mundo, Europa; lo mejor de Europa, España; lo mejor de España, el Norte y del Norte, La Montaña’. Pues es cierto. Esto es un paraíso terrenal que, desgraciadamente, necesita lo que no tiene: políticos con visión de futuro, no de horizontes a cuatro años, y un consenso básico y una planificación a 20/25 años».
Desde Cantabria Garzón despliega una ingente actividad que este mes celebra un hito: se cumplen 20 años de su proyecto de recuperación de la trashumancia en España a través de la asociación ‘Consejo de la Mesta’. Un plan a largo plazo, «porque la naturaleza no sabe de legislaturas de cuatro años», que ha movido en estas dos décadas a 200.000 reses a través de 50.000 kilómetros, atravesando 25 provincias y 12 comunidades autónomas. La iniciativa global de este naturalista y conservacionista, una de las voces más escuchadas en Europa entre los de su gremio, ha sembrado la península cada año con 50.000 millones de semillas y 30.000 toneladas de abono durante el paso de los rebaños por las cañadas. Y además, asegura, se ha convertido en una posibilidad de empleos rurales si se pone en marcha la política adecuada.
–Veinte años de trashumancia...
–Empezamos de cero como un intento de preservar los ecosistemas en toda la península ibérica y a largo plazo. El primer rebaño salió en junio de 1993 y este año utilizarán las cañadas 20.000 cabezas con casi 50 pastores y con muchos jóvenes, chicos y chicas que van con los rebaños de Jaén a Teruel.
–¿Y tiene vida la trashumancia sin el cordón umbilical de la asociación que usted dirige?
–Por supuesto. Es un proyecto de futuro que busca aprovechar adecuadamente los recursos naturales, cambiando un modelo de esquilmación de terreno por otro sostenible que, además, da productos de alto valor como la carne natural, la lana, los quesos y las pieles. Y generando trabajo en un medio natural.
–¿Hay entonces empleos posibles en la trashumancia?
–Rotundamente sí. En el campo hay muchos puestos de trabajo esperando una política adecuada y sin necesidad de grandes inversiones. En ganado ovino –la oveja es especie de referencia porque es la que se maneja mejor, tiene mejores precios y da poco trabajo– ahora tenemos 17 millones de cabezas, pero en el año 2000 había 25 millones. Si logramos recuperar los 3 millones de cabezas trashumantes que había históricamente en las cañadas se crearían casi 5.000 puestos de trabajo vinculados a este negocio y sin necesidad de grandes inversiones. Y se podría estudiar una figura similar a la de los contratos relevo en la industria para sustituir a ganaderos mayores, que se sienten desesperanzados porque no tienen ayudas de ningún tipo para continuar con su modo de vida. Durante veinte años nosotros hemos demostrado que esto es posible y que puede beneficiar también a otros sectores como el turismo y la industrial agroalimentaria. La ganadería debe ser fundamental para el desarrollo de Cantabria y de toda España. Una sociedad bien estructurada debe tener un sector primario muy potente.
–¿Y qué obstáculos lo impiden?
–Le pondré un ejemplo dramático. La gestión de los quesos artesanos en España tras la entrada en la UE ha sido una tragedia. En Francia el queso que un pastor hace con la leche de sus 50 ovejas tiene un valor añadido y en España está prohibido. ¿Quiénes son esos funcionarios que han decidido y han bloqueado durante 30 años la producción de queso de leche cruda en España, que se han cargado el trabajo de miles de familias, que han propiciado la desaparición de cientos de miles de cabras, un verdadero exterminio masivo animal? ¿Quién paga ese daño que se ha hecho, el final de una industria y una cultura vinculada a la artesanía de los quesos? Y todo por una aplicación de la ley más papista que el Papa que otros países como Francia han sabido evitar. Hay una responsabilidad de los técnicos y funcionarios absolutamente incivil que habrá que denunciar con nombres y apellidos algún día.
–Aparte de la leche, ¿hay mercado para la lana, por ejemplo...?
–Y en alza. La lana se está comprando para tejidos y para usos industriales, como el aislamiento. Ha pasado de no tener ningún valor y tirarla cuando se esquilaba a pagarse ahora mismo a 1,6 euros el kilo. En un rebaño de 3.000 ovejas se pueden generar unos ingresos anuales cercanos a los 10.000 euros únicamente en lana. Y la globalización nos beneficia: el mercado español es estable y fiable, mientras, el australiano lleva varios años colapsado, afectado por sequías, incendios e inundaciones y el argentino y el chileno tienen problemas de enfermedades que impiden una exportación sostenida.
–En estos tiempos de rapidez resulta difícil entender la viabilidad de la trashumancia: que sea más económico y tenga más ventajas tardar un mes en llegar caminando de Jaén a Teruel con 3.000 ovejas que llevarlas en un día en un camión...
–La explicación es muy sencilla. Es más económico porque las ovejas comen durante un mes en las cañadas y se ahorran piensos –ya sabemos a qué precio están– y agua. Se cumple mejor el ciclo ecológico: las ovejas se van de los pastos de Jaén en mayo cuando empiezan a secarse y, por tanto, no los agotan y llegan a los de Teruel en junio, cuando están preparados después de la primavera. Y eso se produce al subir en primavera/verano y al bajar en otoño/invierno, cuando aprovechan rastrojeras de los cereales y viñas. Una muestra de los beneficios de este sistema es que los agricultores suelen pagar a los ganaderos para que pasten sus rastrojos y, a la vez, abonen los campos. Mil ovejas dejan cinco toneladas de abono al día y cada oveja transporta diariamente 5.000 semillas predigeridas que siembra con su abono. Son una máquina de sembrar y plantar y una bendición para los campos que evita los abonos químicos.
–Cantabria permanece un tanto al margen de este movimiento...
–En Cantabria hay trashumancia, y muy importante, aunque de pocos días. El ganado sube a los puertos y está allí hasta el fin del otoño. Y es una pena que no hay tenido continuidad el proyecto de llevar ovejas a Sejos para luchar contra la lecherina, esa planta invasora que está creciendo y que vacas y caballos no pastan. La oveja es la mejor desbrozadora del mundo, pero hay obstáculos políticos y administrativos que lo están impidiendo. Y eso que la prueba que se realizó resultó un éxito.
–¿Qué tal están los montes cántabros y sus pastos?
–Algunos están en muy malas condiciones y se han perdido por falta de uso. La política forestal no funciona al impedir las quemas controladas, que debían ser de uso habitual para manejar los pastos en la montaña entre diciembre y febrero. Y lo están recomendando los mejores especialistas en suelos. En España el fuego ha sido fundamental y no hay que olvidar que Braña viene del latín bracnere, quemar. Sigue siendo absolutamente necesario, ya que cuando las plantas más grandes y fuertes como el brezo y los helechos invaden un terreno acaban con todo. Y este acabar con todo incluye a la hierba, a los tréboles y a las flores, afecta a la fauna como el urogallo porque termina con las matas de arándanos, etc. El abandono del manejo tradicional para el cuidado del monte está dañando a la biodiversidad más importante del mundo: un metro de cuadrado de pastizal natural alberga en España cuarenta especies distintas. Y es el mejor sumidero de CO2 que existe, puede acumular 100 toneladas de carbono por cada hectárea de terreno y lo mantiene en el subsuelo, no lo libera a través de las hojas.
–Suena raro que un naturalista defienda las quemas...
–Le daré un ejemplo. Este invierno se quemó una ladera encima de Monte AA, cerca de Ruente. A los diez días estaba totalmente verde y ahora da gloria ver el pastizal que ha ansioso y su eclosión de vida. El fuego bien utilizado y planificado de acuerdo a la ley se convierte en un paisajista genial, no quema uniformemente, deja una vaguada, respeta una loma... Las brigadas de Tragsa, en vez de limpiar hectáreas de modo uniforme, debieran despejar cortafuegos en torno a la zona que se va a quemar, en colaboración con la población local. De esta manera se evitaría que ellos quemen por su cuenta porque la Administración lo está haciendo mal. Hasta se les podría pagar a los vecinos para que lo llevaran a cabo y se evitaría el agravio comparativo de ver cómo llega gente de fuera para desbrozar sus montes y ellos están probablemente parados observándoles trabajar. Cualquier gestión de ecosistemas debe contemplar el incendio. Todo lo que se quema controladamente en invierno se evita que se calcine en verano.
–¿Está bien utilizado el monte Corona?
–En absoluto. Desde que se declaró parque natural debería haberse consolidado una política de regeneración y un plan de actuación, pero no se ha hecho nada. Cada vez que se talan los eucaliptos o se saca la madera se provocan unos procesos erosivos tremendos que repercuten en Rioturbio y en Oyambre, ya que con los arrastres se está colmatando la ría y contaminando la playa. Y se excluyó la gestión ganadera, que debiera ser complementaria.
–La inacción del Gobierno regional en los espacios naturales parece ya una constante, como en el caso de Oyambre que usted ha criticado tanto...
–Respeto mucho a los políticos, aunque se equivoquen. Y con los parques se equivocan. Ya que no se puede preservar todo el territorio, por lo menos que las zonas protegidas sean un ejemplo de gestión integral, no de protección a ultranza, excluyendo a la población y excluyendo el desarrollo, o de desatención a ultranza. Oyambre es un ejemplo de lo que ocurre a nivel regional. No hay una planificación. La ley contempla que en el plazo de un año se debe aprobar un plan de uso y gestión de los parques. Oyambre lo es desde 1988 y el Plan de Ordenación de Recursos Naturales se aprobó ¡en 2010! y de facto no se aplica. ¿Quién vigila el marisqueo furtivo en Oyambre? No hay una sola ostra desde el seminario de Comillas hasta San Vicente de la Barquera, sólo los restos blancos en las rocas. Llega julio y no se vigila nada, pero luego se imponen prohibiciones absurdas. Se impide a los lugareños pescar angulas y se pone al Seprona en el papelón de multarles, cuando debería estar ayudándoles a proteger y preservar el territorio.
–Citaba antes la contaminación de los abonos ¿lo ocurrido con las abejas es un síntoma?
–¿Sabe usted lo que está pasando ya en China? Los agricultores se han visto obligados a polinizar flor a flor sus frutales con un pincelito, ya que las abejas han desaparecido por la contaminación. Los insecticidas a base de neonicotinoides las desorientan; salen a pecorear y no saben volver a la colmena y mueren. Es un drama global: de las abejas dependen exclusivamente las cosechas de frutas de todo el mundo y sustituirlas sólo en los cultivos frutales costaría miles de millones, por no hablar del campo, donde simplemente es imposible. Sería una pérdida dramática de biodiversidad y es lo que nos espera si no se pone coto a los pesticidas.
–Ya no se habla del cambio climático...
–Pero no por ello ha desaparecido el problema, al revés. Hay que pensar en un futuro sin combustibles fósiles, que perpetúan la contaminación del planeta. Y las alternativas existen: está la energía solar y la mareal y no los eólicos y el fracking, que más que solución son un problema. El sol nos da una energía gratis y que se puede consumir individualmente, al margen de las grandes empresas. La situación actual es de catástrofe planetaria en un periodo de 50 años. Subirá el nivel del mar, habrá grandes movimientos migratorios, se acabarán los estuarios más productivos, como el valle del Ebro, se perderán miles de kilómetros de costa. El cambio climático es una realidad más allá de cualquier discusión. Esto no será fácil, se necesita un cambio cultural enfocado al ahorro energético. La sostenibilidad de la trashumancia es un ejemplo a seguir.