El Gobierno de EEUU, deberá renovar su financiamiento antes del 1 de octubre de 2023, fecha que marca el comienzo del próximo año fiscal.
Si el Congreso no aprueba una nueva ley de presupuesto para esa fecha y al presidente Joe Biden le da tiempo para promulgarla, se producirá un ‘cierre’ a las 12:01 a.m. (hora del Este) del domingo.
Si mañana domingo Estados Unidos entra en quiebra. Las oficinas públicas cierran sus puertas porque no tienen dinero ni para encender las bombillas. Es ya toda una ceremonia. El tope de déficit se ha cubierto y no hay acuerdo parlamentario para aumentarlo. No para pagarlo, sino para poder asumir más deudas (hasta el infinito y más allá).
Cada semana de cierre presupuestario de la administración le costará a la economía estadounidense 6.000 millones de dólares. Los economistas de Goldman Sachs estiman que durante una semana el bloqueo podría costar 0,2 puntos de crecimiento al PIB estadounidense en el cuarto trimestre.
El último cierre en diciembre de 2018 y enero de 2019 duró 35 días, lo que supuso un récord. Resultó en pérdidas de miles de millones para la economía estadounidense. Según las estimaciones de la Oficina Presupuestaria del Congreso “CBO”,
el cierre parcial del Gobierno durante 35 días en 2018-2019 disminuyó la producción económica en US$11.000 millones en los seis meses posteriores.
Estados Unidos se prepara para el cierre del Gobierno número 21 en medio siglo. Unos cierres temporales que
se dan cuando el Capitolio, que controla los presupuestos, no aprueba leyes de financiación. Esto suele ocurrir cuando un partido controla el poder Legislativo y otro el Ejecutivo, y desde enero los republicanos tienen mayoría en la Cámara de Representantes.
Es imposible predecir cuánto duraría dicho cierre. Aunque algunos se preparan para una posible duración de varias semanas.
Eramos pocos y parió la abuela.
Estados Unidos se enfrenta a un nuevo cierre de gobierno que pone en jaque miles de empleos públicos
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