La realidad es que, contrariamente a mis costumbres en éste foro, soy un lurker de este hilo desde hace al menos un año y medio. No he participado antes porque me produce una extraña fascinación, al estilo de un documentalista en la sabana africana que está escondido entre los matorrales (en este caso entre las cajas de melones y las naranjas) para no alterar el ecosistema y ver como se desarrolla este pequeño drama de la vida real.
La historia, claro está, se centra en una pareja de gacelas con su cría, cuyo macho defiende con increíble celo y elegancia su cotarro; y una multitud de depredadores que los acechan y acosan todo el tiempo, pero que al no poder atraparlas han desarrollado una especie de simbiosis muy particular, una alteración sutil del orden natural esperable, en el que las presas y los depredadores comienzan a construír de manera inesperada una relación simbiótica.
Lo que me provoca cierto morbo es la cantidad de subtramas que van surgiendo, la interacción tanto entre las especies en pugna como entre los individuos (es este aspecto el papel de OBDC es insuperable, es el malo central que acecha siempre a su presa pero al final no se decide a cancelar, combinado con el resto de depredadores del ecosistema que entran y salen de escena, cada uno con sus características singulares); el dibujo de ciertas facetas psicológicas de los personajes, y los acontecimientos secundarios que van dando vidilla a la historia, especialmente en los momentos en que la cosa decae un poco cada tanto.
Pero lo mejor de todo es que el casting es tan bueno que he logrado empatizar con todos los personajes por igual, desde los más malvados hasta los más virtuosos: Javiwell obviamente es el bueno por antonomasia, al que respeto y admiro por el estoicismo y la resiliencia demostrada ante los embates de la adversidad; con el sujeto tácito de su muyer, que es además sorprendentemente la protagonista de toda la historia y sin embargo no vemos nunca; y también con los malos, cuya lógica y objetividad acerca de las leyes de la selva parece de un pragmatismo inobjetable y sin embargo no es suficiente para decantar los acontecimientos hacia el final que todos "sabemos" que debiera ocurrir.
Lo interesante es el mensaje que queda al final: que las leyes "objetivas" del mercado y de la rentabilidad empresarial muchas veces no son suficientes para explicar el desarrollo de los acontecimientos; la actitud ante el proyecto también es un factor que incide en el curso de la historia.
En fin, me parece maravilloso. Estoy pensando que podría funcionar como miniserie, lo estoy consultando con unos productores amigos.