Intuyo que tu muyer empieza a acusar el desgaste por trabajar tantas horas y además sola.
Pasado el subidón inicial y el efecto 'empoderante' de sentirse dueña de su propio negocio, va descubriendo poco a poco que regentar un pequeño comercio es muy esclavo y a veces, poco gratificante. Se aprecia en algunos detalles que la ilusión del principio va dando paso al hastío. 'Ay papito, estoy tan cansada... podríamos cerrar este sábado, quiero ir contigo al club de golf. Podríamos irnos este finde a París... he pensado que podríamos cerrar las tardes de verano’.
Luego vendrá un '¿Sabes, amor? Ya no me hace tan feliz la frutería, me roba mucho tiempo de estar con la nena... tal vez podría ponerme a estudiar algo, blabla'.
A este paso espero en breve otro hilo mítico contando las nuevas aventuras de tu muyer (pero como no le des algo más de vidilla no sé si me suscribiré).