El SP500 No pasaras de 3000 +agoreros

Por no crear un hilo nuevo sobre las elecciones en EEUU

El mismo historiador que pronosticó la victoria de Trump en 2016 asegura que en 2020 ganará Biden
Allan Lichtman, quien ha predicho exitosamente todas las elecciones presidenciales en EEUU desde 1984, aseguró que Donald Trump perderá el control de la Casa Blanca este año.

Allan Lichtman, profesor e historiador con un récord de certeza al escoger a los candidatos que han sido elegidos presidentes de Estados Unidos, afirmó que el demócrata Joe Biden sería el nuevo presidente del país, derrotando al actual mandatario Donald Trump en las elecciones de noviembre de este año.

El profesor de la American University ha predicho correctamente cada ganador presidencial desde 1984 y señaló a Trump como el ganador contra la exsecretaria de Estado Hillary Clinton en 2016.

Lichtman usa un sistema de 13 factores, que él llama “claves”, que determinan la victoria. Estos incluyen la titularidad, si hay un tercer candidato, la fortaleza de la economía a largo y corto plazo, los disturbios sociales, los escándalos y el carisma de los candidatos.

El partido en el poder necesita tener seis de las claves para mantener la Casa Blanca y este año, no parece que Trump pueda seguir en el poder, según el sistema de Lichtman.

“Las claves predicen que Trump perderá la Casa Blanca”, señaló Lichtman en un video del New York Times publicado el miércoles. “No solo confíen en mi palabra, hay fuerzas en juego fuera de las claves: supresión de votantes, intromisión rusa. Depende de usted, el votante decidir el futuro de nuestra democracia”.

Biden actualmente tiene una ventaja significativa contra Trump, ya que el público estadounidense sigue criticando el manejo del mandatario de la esa época en el 2020 de la que yo le hablo del cobi19, que ha causado la gloria de más de 161 estadounidenses.

Las elecciones presidenciales en Estados Unidos se llevarán a cabo este 3 de noviembre.

Mientras tanto, Trump corre contra el tiempo buscando curas y posibles banderilla contra el cobi19 con el objetivo de obtener más apoyo.


En mi opinión es igual para la bolsa uno u otro. Otra cosa es lo buenos que sean para USA o el mundo. Ninguno va a ir a perjudicar al SP, detrás de Biden está la élite globalista más salvaje y esos son también amigos de la impresora.

Por cierto, el OP que pase a recoger su owned o que abra el mismo hilo a 4000 puntos.
 
En mi opinión es igual para la bolsa uno u otro. Otra cosa es lo buenos que sean para USA o el mundo. Ninguno va a ir a perjudicar al SP, detrás de Biden está la élite globalista más salvaje y esos son también amigos de la impresora.

Por cierto, el OP que pase a recoger su owned o que abra el mismo hilo a 4000 puntos.

Los 3000 fue una dura batalla...quedara en los recuerdos de muchas personas.... pero todos sabíamos que tarde o temprano lo iba a pasar...y mas con el poder del todo poderoso FED, pero no dudes que podamos volver a ver los 3000 este año o el que viene... todo depende de la burbuja del nasdaq.


Sobre tu opinion.

Biden quiere subir entre 8 y 9 puntos los impuestos a las empresas USANAS. Eso es algo negativo para el SP500 y para cualquier indice americano.

Tenemos que recordar que Trump aplico rebajas fiscales muy importantes que Biden quiere quitar.

Esta claro que estas mejores fiscales que aplico Trump en su dia mejoro las rentabilidades ergo el valor de muchas empresas ergo los indices usanos.

El 90% del inversor americano te aseguro que prefiere Trump antes que Biden.
 
Los 3000 fue una dura batalla...quedara en los recuerdos de muchas personas.... pero todos sabíamos que tarde o temprano lo iba a pasar...y mas con el poder del todo poderoso FED, pero no dudes que podamos volver a ver los 3000 este año o el que viene... todo depende de la burbuja del nasdaq.


Sobre tu opinion.

Biden quiere subir entre 8 y 9 puntos los impuestos a las empresas USANAS. Eso es algo negativo para el SP500 y para cualquier indice americano.

Tenemos que recordar que Trump aplico rebajas fiscales muy importantes que Biden quiere quitar.

Esta claro que estas mejores fiscales que aplico Trump en su dia mejoro las rentabilidades ergo el valor de muchas empresas ergo los indices usanos.

El 90% del inversor americano te aseguro que prefiere Trump antes que Biden.
Buen dato, si gana Biden puede ser catastrófico .
 
Pues ya lo tenemos en máximos o rozando. No estoy seguro si ha superado la mecha de la vela superior, en cualquier caso no tiene pinta de irse aún para abajo...
 
ser un agorero nunca me ha ido bien especulando, a lo mejor esta es la buena.
 
¿Qué pasa si Donald Trump pierde las elecciones y no acepta el resultado?

Quedan dos meses para las elecciones "más importantes de la historia" de EEUU, según sus protagonistas. Y Trump deja caer que no aceptará los resultados si pierde. ¿Qué ocurrirá si lo hace?

3 de noviembre de 2020, día de elecciones en . Cierran los colegios en la Costa Oeste y la pelea entre Biden y Trump sigue demasiado ajustada como para declarar un ganador. Trump logra Ohio, clave para su reelección, pero poco después de medianoche la CNN dice que Biden se ha llevado Pensilvania y, con ello, las elecciones. Todos los canales televisivos declaran que Biden será el próximo presidente de EEUU. ¿Todos? No. La Fox conecta con el hotel Trump en Washington. Allí, el presidente de EEUU le dice a una masa enfervorecida que los demócratas y el Estado profundo están tratando de arrebatarle la presidencia y advierte: no lo van a conseguir.

Este es el escenario ficticio con el que arranca ‘ ’ ('¿Se irá? Trump y el inminente colapso electoral en 2020'), el nuevo y aclamado libro de Lawrence Douglas, un profesor de derecho que asegura que no es posible o probable sino “inevitable” que Trump se niegue a aceptar la derrota. El autor, además, lanza una pregunta que, hasta la fecha, pocos en EEUU se han atrevido a hacer: ¿Qué pasará si Trump asegura el 4 de noviembre que las elecciones han sido un embeleco y no acepta los resultados?

Pero antes de buscar una respuesta, volvamos por un momento con Trump y sus seguidores en el relato de Douglas:

“Sabíamos que no se detendrían ante nada, ¿no?” vocifera Trump. “Los radicales y los socialistas que controlan el Partido Demócrata no pueden ganarme justamente y ellos lo saben. Y ahora están tratando de robarnos nuestra victoria. Esta gente es muy mala. Es guano. No me gusta decirlo… pero es cierto. Pero algo me dice que no lo van a conseguir, ¿no?”, se pregunta Trump con una sonrisa. La multitud le vitorea y empieza a cantar: “Lucha, lucha, lucha”. Al día siguiente, Trump escribe a sus 90 millones de seguidores en Twitter:

“¡El mayor ESCÁNDALO en la historia ESTADOUNIDENSE! Los corruptos demócratas trataron de robarme la presidencia con la FRACASADA CAZA DE BRUJAS de Mueller. Trataron de robarme la presidencia con la fallida CAZA DE BRUJAS del ‘impeachment’. Ahora SLEEPY JOE y los demócratas CORRUPTOS intentan ROBARME estas elecciones del pueblo americano”.

Este relato, que puede sonar dramático y tremendista para un lector europeo, no lo es cuando repasamos las últimas declaraciones de Trump o la opinión de los votantes. En incontables ocasiones, el magnate se ha negado a decir si aceptaría su derrota, ha hablado de "embeleco" y ha aireado teorías de la conspiración de para sacarle de la Casa Blanca. “La única forma de que perdamos estas elecciones es que estén amañadas”, dijo Trump en agosto. Este mismo martes, tuiteó: “¡Elecciones amañadas!”.

Pero no estamos hablando solo de la verborrea de Trump. Los expertos constitucionales también tiemblan con lo que pueda venir después de los comicios. El 31 de agosto de 2019, un grupo de expertos en leyes electorales se reunió en Washington para debatir sobre las elecciones estadounidenses de 2020. Douglas les preguntó que, del 1 al 10, valoraran el riesgo que presentaba una sucesión tras una supuesta derrota de Trump. La respuesta más repetida fue un “9”. Un antiguo asesor del presidente se lo pensó un momento y dijo: “¿Puedo decir 11?”.

Por si fuera poco, el pueblo también está nervioso: tres de cada cuatro votantes demócratas temen que el actual presidente de EEUU no acepte los resultados si pierde, según una reciente encuesta para ' '. Si incluimos a los votantes republicanos, ese porcentaje es del 47%. Es decir, casi la mitad de la población cree que el escenario descrito anteriormente es plausible. Por el lado contrario, Fox ha sugerido que Biden no aceptará su derrota contra Trump y dos de cada cinco votantes republicanos así lo creen.

Entonces, ¿qué pasa si este escenario ficticio acaba haciéndose realidad y tanto Biden como Trump se declaran ganadores? Bienvenidos a la posible mayor crisis constitucional de Estados Unidos de su historia moderna.

“Quise escribir este libro para averiguar cómo de preparado está nuestro sistema constitucional para enfrentarse a un presidente que se niegue a aceptar que ha perdido”, explica Lawrence Douglas en conversación telefónica con El Confidencial. “¿La respuesta corta? No tenemos los procedimientos necesarios para enfrentarnos a esta amenaza. Y esto es muy alarmante”, afirma este profesor de Derecho en la universidad de Amherst, en Massachussets.

En los últimos meses la reelección se le ha complicado a Trump: han perecid casi 200.000 personas por la esa época en el 2020 de la que yo le hablo, millones de personas se han quedado sin empleo y el caos reina en diversas ciudades por las protestas raciales y su contrarréplica. Para unos, es la prueba de que Trump incita al repruebo; para otros, la evidencia de que los líderes Demócratas no saben mantener el orden en sus ciudades. y se enfrentan contra radicales de izquierdas. En las últimas semanas han perecid personas de un bando y otro. Mientras tanto, las encuestas dan ganador a Biden, que goza de amplias ventajas en estados clave como Wisconsin, Pensilvania o Michigan, también llamados ‘swing states’ porque pueden caer de un lado u otro.

Por eso, Trump necesita desesperadamente un giro de guion. Su campaña de "ley y orden" y su insistencia en la recuperación económica van por ese camino. Pero mientras trata de alcanzar a su rival, el presidente más heterodoxo de la historia moderna de EEUU se dedica a atacar al Servicio Postal, que tendrá un papel clave en las elecciones ya que, por la esa época en el 2020 de la que yo le hablo, decenas de millones de personas votarán por primera vez por correo. Pero no todos votan igual: mientras el 66% de los republicanos se acercará a un colegio a ejercer su derecho constitucional, tan solo un 26% de los demócratas lo hará en persona. La explicación es sencilla: la gente que vive en áreas urbanas más pobladas suele votar Demócrata y, al vivir rodeado de más gente, están más preocupados por el efecto del cobi19.

Otro factor clave del voto por correo es que se podría tardar días en contar las papeletas en algunos estados clave, sobre todo si la diferencia es pequeña. Según , es probable que parezca que Trump haya ganado el 3 de noviembre pese a que, cuando se terminen de contar todos los votos por correo días después, haya perdido.

De un espejismo rojo a una ola azul
“Estamos haciendo sonar la alarma: es una posibilidad muy real que haya una victoria espectacular de Donald Trump la noche de las elecciones”, dijo hace unos días Josh Mendelshon, CEO de Hawkfish, un grupo fundado por Michael Bloomberg que trabaja para el Comité Demócrata Nacional, a ‘Axios en HBO’. Según estos analistas, si en la noche electoral solo se ha contado un 15% del voto por correo, Trump podría arrasar con una victoria electoral de 408 vs. 130. Pero esto no sería más que un "espejismo rojo" porque, conforme vayan pasando los días y se vayan añadiendo el resto de votos, el mapa electoral se irá tiñendo de azul. Aunque quizá Trump y la Fox hayan declarado ya quién es el ganador.

Otros analistas se han mostrado escépticos ante un cambio tan brusco. Al fin y al cabo, es muy probable que en la noche electoral sepamos rápidamente si gran parte de los estados son Republicanos o Demócratas, por lo que es difícil que haya un “espejismo rojo” a gran escala. Sin embargo, Trump ganó las elecciones en 2016 al arrebatar Pensilvania, Michigan y Wisconsin a los demócratas por un total de 70.000 votos. Y un margen tan pequeño de votos podría obligar a recontar las papeletas. Lo explica Douglas:

“Si los márgenes son muy pequeños, hay muchas posibilidades de que las elecciones se conviertan en un fenómeno muy caótico y se abra un periodo de mucha incertidumbre. Trump insistirá una y otra vez que ha sido reelegido, repetirá que el conteo de los votos por correo es un embeleco y mandará a sus abogados a los estados clave —apoyado probablemente por el propio Departamento de Justicia— con el objetivo de retrat el conteo o asegurarse de que algunos votos queden invalidados”.

¿Y qué significa esto? Pues que podrían pasar semanas sin saber exactamente quién es el nuevo presidente de Estados Unidos. El país se vería sumergido en una batalla legal sin precedentes por dilucidar quién se merece ocupar la Casa Blanca. En ese caso, escribe Douglas en su libro, los legisladores republicanos de los estados decisivos proclamarían vencedor a Trump y dirían que ha habido problemas e irregularidades en el voto por correo. Por su parte, los gobernadores demócratas de estos estados dirían que Biden ha sido el ganador. De nuevo, Douglas:

“Estos estados entregarían informes contradictorios al Congreso de EEUU sobre quién ha ganado. Pero el Congreso, que se divide en la Cámara de los Representantes y en el Senado y es responsable de contar los votos electorales y anunciar el ganador el 6 de enero, también está dividido por mayoría demócrata y mayoría republicana respectivamente. En resumen, si estos estados son incapaces de decidir quién ha ganado el estado, tienes una receta perfecta para el gran desastre: no puedes elegir a nadie como presidente”.

En tal caso, la 20ª enmienda dice que el presidente anterior deja de serlo el 20 de enero. Y si no hay uno electo respaldado por el Congreso, la Ley de Sucesión Presidencial dicta que la presidenta de la Cámara de Representantes (en este caso Nancy Pelosi) se convertiría en presidente en funciones.

Pero, ¿y el Tribunal Supremo?
En su editorial de este martes, ' ' se preguntaba si serán los tribunales quienes elijan al próximo presidente, en caso de que las elecciones se decidan por un pelo y que los votos por correo acumulen tantas irregularidades que haya que ir caso por caso. En tal situación, en donde cada voto cuenta, dichas jurisdicciones se llenarían de abogados republicanos y demócratas. El propio Douglas reconoce que se podría dar una situación similar al recuento de Florida del año 2000. En aquellas elecciones, George W. Bush ganó la presidencia a Al Gore gracias a los 25 votos electorales de Florida, después de que se paralizara el recuento de votos en el estado pese a la solicitud del equipo de Al Gore y el Tribunal Supremo fallara en favor de Bush.

Pese al posible rol del Supremo en este hipotético escenario, hay una pequeña diferencia: Al Gore no es Donald Trump. Ni tampoco está claro que Biden lo vaya a ser. " no debería ceder bajo ninguna circunstancia, porque creo que esto se va a alargar", dijo este verano . “Lo único que salvó al país de una crisis de verdad fue que Al Gore puso el interés de la nación por encima de su propio interés personal.”, señala Douglas.

La solución para evitarlo
Una de las principales reflexiones del libro es que, a menudo, los presidentes salientes aceptan su derrota en los sistemas democráticos porque no les queda otra opción. La presión pública y de su propio partido les obliga a dirigirse a la puerta de salida. Pero con una base de fieles trumpistas que ronda el 40% y con un Partido Republicano entregado a su líder, no parece que este vaya a ser el caso. Pocos confían ahora en que nadie del GOP se levante contra Trump si este decide no acatar el resultado.

Un periodista de 'The New York Times' describía 'Will He Go' como una herramienta fundamental “para romper el cristal de alarma" para estas elecciones. Preguntado por una solución para evitar este caos político, jurídico y social, Lawrence Douglas reconoce que solo ve una forma: que haya una victoria tan aplastante de uno de los dos candidatos que obligue al otro a ceder.

Sin embargo, si el resultado es muy ajustado, será como haber hecho saltar la alarma de un edificio por un incendio para darse cuenta, minutos después, de que ni hay extintores ni se se puede salir de allí. "¿Sabes lo más triste de todo? Que podemos hacer muy poco para evitar que ocurra esta crisis constitucional”, concluye Douglas. “Da miedo. Sé que es un cliché, pero nos vamos a enfrentar a la tormenta perfecta”.

 
¿Qué pasa si Donald Trump pierde las elecciones y no acepta el resultado?

Quedan dos meses para las elecciones "más importantes de la historia" de EEUU, según sus protagonistas. Y Trump deja caer que no aceptará los resultados si pierde. ¿Qué ocurrirá si lo hace?

3 de noviembre de 2020, día de elecciones en . Cierran los colegios en la Costa Oeste y la pelea entre Biden y Trump sigue demasiado ajustada como para declarar un ganador. Trump logra Ohio, clave para su reelección, pero poco después de medianoche la CNN dice que Biden se ha llevado Pensilvania y, con ello, las elecciones. Todos los canales televisivos declaran que Biden será el próximo presidente de EEUU. ¿Todos? No. La Fox conecta con el hotel Trump en Washington. Allí, el presidente de EEUU le dice a una masa enfervorecida que los demócratas y el Estado profundo están tratando de arrebatarle la presidencia y advierte: no lo van a conseguir.

Este es el escenario ficticio con el que arranca ‘ ’ ('¿Se irá? Trump y el inminente colapso electoral en 2020'), el nuevo y aclamado libro de Lawrence Douglas, un profesor de derecho que asegura que no es posible o probable sino “inevitable” que Trump se niegue a aceptar la derrota. El autor, además, lanza una pregunta que, hasta la fecha, pocos en EEUU se han atrevido a hacer: ¿Qué pasará si Trump asegura el 4 de noviembre que las elecciones han sido un embeleco y no acepta los resultados?

Pero antes de buscar una respuesta, volvamos por un momento con Trump y sus seguidores en el relato de Douglas:

“Sabíamos que no se detendrían ante nada, ¿no?” vocifera Trump. “Los radicales y los socialistas que controlan el Partido Demócrata no pueden ganarme justamente y ellos lo saben. Y ahora están tratando de robarnos nuestra victoria. Esta gente es muy mala. Es guano. No me gusta decirlo… pero es cierto. Pero algo me dice que no lo van a conseguir, ¿no?”, se pregunta Trump con una sonrisa. La multitud le vitorea y empieza a cantar: “Lucha, lucha, lucha”. Al día siguiente, Trump escribe a sus 90 millones de seguidores en Twitter:

“¡El mayor ESCÁNDALO en la historia ESTADOUNIDENSE! Los corruptos demócratas trataron de robarme la presidencia con la FRACASADA CAZA DE BRUJAS de Mueller. Trataron de robarme la presidencia con la fallida CAZA DE BRUJAS del ‘impeachment’. Ahora SLEEPY JOE y los demócratas CORRUPTOS intentan ROBARME estas elecciones del pueblo americano”.

Este relato, que puede sonar dramático y tremendista para un lector europeo, no lo es cuando repasamos las últimas declaraciones de Trump o la opinión de los votantes. En incontables ocasiones, el magnate se ha negado a decir si aceptaría su derrota, ha hablado de "embeleco" y ha aireado teorías de la conspiración de para sacarle de la Casa Blanca. “La única forma de que perdamos estas elecciones es que estén amañadas”, dijo Trump en agosto. Este mismo martes, tuiteó: “¡Elecciones amañadas!”.

Pero no estamos hablando solo de la verborrea de Trump. Los expertos constitucionales también tiemblan con lo que pueda venir después de los comicios. El 31 de agosto de 2019, un grupo de expertos en leyes electorales se reunió en Washington para debatir sobre las elecciones estadounidenses de 2020. Douglas les preguntó que, del 1 al 10, valoraran el riesgo que presentaba una sucesión tras una supuesta derrota de Trump. La respuesta más repetida fue un “9”. Un antiguo asesor del presidente se lo pensó un momento y dijo: “¿Puedo decir 11?”.

Por si fuera poco, el pueblo también está nervioso: tres de cada cuatro votantes demócratas temen que el actual presidente de EEUU no acepte los resultados si pierde, según una reciente encuesta para ' '. Si incluimos a los votantes republicanos, ese porcentaje es del 47%. Es decir, casi la mitad de la población cree que el escenario descrito anteriormente es plausible. Por el lado contrario, Fox ha sugerido que Biden no aceptará su derrota contra Trump y dos de cada cinco votantes republicanos así lo creen.

Entonces, ¿qué pasa si este escenario ficticio acaba haciéndose realidad y tanto Biden como Trump se declaran ganadores? Bienvenidos a la posible mayor crisis constitucional de Estados Unidos de su historia moderna.

“Quise escribir este libro para averiguar cómo de preparado está nuestro sistema constitucional para enfrentarse a un presidente que se niegue a aceptar que ha perdido”, explica Lawrence Douglas en conversación telefónica con El Confidencial. “¿La respuesta corta? No tenemos los procedimientos necesarios para enfrentarnos a esta amenaza. Y esto es muy alarmante”, afirma este profesor de Derecho en la universidad de Amherst, en Massachussets.

En los últimos meses la reelección se le ha complicado a Trump: han perecid casi 200.000 personas por la esa época en el 2020 de la que yo le hablo, millones de personas se han quedado sin empleo y el caos reina en diversas ciudades por las protestas raciales y su contrarréplica. Para unos, es la prueba de que Trump incita al repruebo; para otros, la evidencia de que los líderes Demócratas no saben mantener el orden en sus ciudades. y se enfrentan contra radicales de izquierdas. En las últimas semanas han perecid personas de un bando y otro. Mientras tanto, las encuestas dan ganador a Biden, que goza de amplias ventajas en estados clave como Wisconsin, Pensilvania o Michigan, también llamados ‘swing states’ porque pueden caer de un lado u otro.

Por eso, Trump necesita desesperadamente un giro de guion. Su campaña de "ley y orden" y su insistencia en la recuperación económica van por ese camino. Pero mientras trata de alcanzar a su rival, el presidente más heterodoxo de la historia moderna de EEUU se dedica a atacar al Servicio Postal, que tendrá un papel clave en las elecciones ya que, por la esa época en el 2020 de la que yo le hablo, decenas de millones de personas votarán por primera vez por correo. Pero no todos votan igual: mientras el 66% de los republicanos se acercará a un colegio a ejercer su derecho constitucional, tan solo un 26% de los demócratas lo hará en persona. La explicación es sencilla: la gente que vive en áreas urbanas más pobladas suele votar Demócrata y, al vivir rodeado de más gente, están más preocupados por el efecto del cobi19.

Otro factor clave del voto por correo es que se podría tardar días en contar las papeletas en algunos estados clave, sobre todo si la diferencia es pequeña. Según , es probable que parezca que Trump haya ganado el 3 de noviembre pese a que, cuando se terminen de contar todos los votos por correo días después, haya perdido.

De un espejismo rojo a una ola azul
“Estamos haciendo sonar la alarma: es una posibilidad muy real que haya una victoria espectacular de Donald Trump la noche de las elecciones”, dijo hace unos días Josh Mendelshon, CEO de Hawkfish, un grupo fundado por Michael Bloomberg que trabaja para el Comité Demócrata Nacional, a ‘Axios en HBO’. Según estos analistas, si en la noche electoral solo se ha contado un 15% del voto por correo, Trump podría arrasar con una victoria electoral de 408 vs. 130. Pero esto no sería más que un "espejismo rojo" porque, conforme vayan pasando los días y se vayan añadiendo el resto de votos, el mapa electoral se irá tiñendo de azul. Aunque quizá Trump y la Fox hayan declarado ya quién es el ganador.

Otros analistas se han mostrado escépticos ante un cambio tan brusco. Al fin y al cabo, es muy probable que en la noche electoral sepamos rápidamente si gran parte de los estados son Republicanos o Demócratas, por lo que es difícil que haya un “espejismo rojo” a gran escala. Sin embargo, Trump ganó las elecciones en 2016 al arrebatar Pensilvania, Michigan y Wisconsin a los demócratas por un total de 70.000 votos. Y un margen tan pequeño de votos podría obligar a recontar las papeletas. Lo explica Douglas:

“Si los márgenes son muy pequeños, hay muchas posibilidades de que las elecciones se conviertan en un fenómeno muy caótico y se abra un periodo de mucha incertidumbre. Trump insistirá una y otra vez que ha sido reelegido, repetirá que el conteo de los votos por correo es un embeleco y mandará a sus abogados a los estados clave —apoyado probablemente por el propio Departamento de Justicia— con el objetivo de retrat el conteo o asegurarse de que algunos votos queden invalidados”.

¿Y qué significa esto? Pues que podrían pasar semanas sin saber exactamente quién es el nuevo presidente de Estados Unidos. El país se vería sumergido en una batalla legal sin precedentes por dilucidar quién se merece ocupar la Casa Blanca. En ese caso, escribe Douglas en su libro, los legisladores republicanos de los estados decisivos proclamarían vencedor a Trump y dirían que ha habido problemas e irregularidades en el voto por correo. Por su parte, los gobernadores demócratas de estos estados dirían que Biden ha sido el ganador. De nuevo, Douglas:

“Estos estados entregarían informes contradictorios al Congreso de EEUU sobre quién ha ganado. Pero el Congreso, que se divide en la Cámara de los Representantes y en el Senado y es responsable de contar los votos electorales y anunciar el ganador el 6 de enero, también está dividido por mayoría demócrata y mayoría republicana respectivamente. En resumen, si estos estados son incapaces de decidir quién ha ganado el estado, tienes una receta perfecta para el gran desastre: no puedes elegir a nadie como presidente”.

En tal caso, la 20ª enmienda dice que el presidente anterior deja de serlo el 20 de enero. Y si no hay uno electo respaldado por el Congreso, la Ley de Sucesión Presidencial dicta que la presidenta de la Cámara de Representantes (en este caso Nancy Pelosi) se convertiría en presidente en funciones.

Pero, ¿y el Tribunal Supremo?
En su editorial de este martes, ' ' se preguntaba si serán los tribunales quienes elijan al próximo presidente, en caso de que las elecciones se decidan por un pelo y que los votos por correo acumulen tantas irregularidades que haya que ir caso por caso. En tal situación, en donde cada voto cuenta, dichas jurisdicciones se llenarían de abogados republicanos y demócratas. El propio Douglas reconoce que se podría dar una situación similar al recuento de Florida del año 2000. En aquellas elecciones, George W. Bush ganó la presidencia a Al Gore gracias a los 25 votos electorales de Florida, después de que se paralizara el recuento de votos en el estado pese a la solicitud del equipo de Al Gore y el Tribunal Supremo fallara en favor de Bush.

Pese al posible rol del Supremo en este hipotético escenario, hay una pequeña diferencia: Al Gore no es Donald Trump. Ni tampoco está claro que Biden lo vaya a ser. " no debería ceder bajo ninguna circunstancia, porque creo que esto se va a alargar", dijo este verano . “Lo único que salvó al país de una crisis de verdad fue que Al Gore puso el interés de la nación por encima de su propio interés personal.”, señala Douglas.

La solución para evitarlo
Una de las principales reflexiones del libro es que, a menudo, los presidentes salientes aceptan su derrota en los sistemas democráticos porque no les queda otra opción. La presión pública y de su propio partido les obliga a dirigirse a la puerta de salida. Pero con una base de fieles trumpistas que ronda el 40% y con un Partido Republicano entregado a su líder, no parece que este vaya a ser el caso. Pocos confían ahora en que nadie del GOP se levante contra Trump si este decide no acatar el resultado.

Un periodista de 'The New York Times' describía 'Will He Go' como una herramienta fundamental “para romper el cristal de alarma" para estas elecciones. Preguntado por una solución para evitar este caos político, jurídico y social, Lawrence Douglas reconoce que solo ve una forma: que haya una victoria tan aplastante de uno de los dos candidatos que obligue al otro a ceder.

Sin embargo, si el resultado es muy ajustado, será como haber hecho saltar la alarma de un edificio por un incendio para darse cuenta, minutos después, de que ni hay extintores ni se se puede salir de allí. "¿Sabes lo más triste de todo? Que podemos hacer muy poco para evitar que ocurra esta crisis constitucional”, concluye Douglas. “Da miedo. Sé que es un cliché, pero nos vamos a enfrentar a la tormenta perfecta”.


Menuda cara dura de artículo. Son los demócratas, empezando por Killary, los que están prometiendo que no van a reconocer el resultado de las elecciones, y que en caso de que pierdan, intensificarán las protestas de los antifas y el BLM, haciendo arder el país.
 
3 de Noviembre, Trump-Biden el binario más grande de la década

Se acercan las elecciones a presidente de los Estados Unidos, técnicamente es una elección muy importante para todos los habitantes de la Tierra, de hecho se dice que deberíamos poder tener derecho a voto en ellas todos los ciudadanos del planeta, porque realmente las decisiones que se tomen nos afectan a todos.

Y a nosotros los inversores todavía más, recuerden el pánico que teníamos a la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, y sin embargo con él los mercados han marcado máximo tras máximo con su volatilidad por supuesto, pero ese fin de los tiempos que grandes foreros de rankia nos anunciaban no se dio, es más fue el presidente de la Warfarina (este término es propio de este blog, es un veneno para ardilla que ingieren y no hace efecto hasta pasado un tiempo consecuencia de ello no lo asocian y todas son envenenadas y cuando hace efecto caen todas, aquí la metáfora se usaba para hacer ver a los inversores que esta Warfarina un día haría efecto y cancelar a los mercados), aquello de bajar impuestos a grandes empresas cotizadas lo cual con el mismo beneficio la parte que se quedaba la empresa era mayor y por consiguiente eso hacía que el valor de la misma creciera, esto lo explicó así de claramente el bueno de Warren Buffett.

Bien pues Donald no es que fuera malo para los mercados es que fue buenísimo, verán esto no va de ideologías, no va de buenos y malos, esto va de ganar dinero y lucrarnos, por supuesto aparte quedarían las batallas ideológicas, los temas culturales, los matices sociales que diferencian a unos de otros, pero en esencia la diferencia real entre el Partido Demócrata y el Partido Republicano es la hora a la que acuden a la misa sus políticos.

En lo esencial, América va a seguir siendo el paraíso del capitalismo, el libre mercado, los derechos individuales y la propiedad privada, pero en esta ocasión teniendo en cuenta los programas económicos de cada uno de los candidatos podemos encontrarnos con el fin de la Warfarina y el comienzo justo de la Ricina, la Ricina sería un veneno contra las cotizaciones de las grandes empresas consecuencia de subida de impuestos a las empresas, troceo de monopolios o supuestos monopolios, subida de los impuestos al capital en el IRPF. Por supuesto ambas políticas son igualmente legítimas, y sus objetivos loables, los demócratas tienen derecho a intentar crear una economía más verde, una economía más igualitaria, y una economía menos desigual, como extender un sistema médico diferente al actual, yo no opto ni por unos ni por otros, aclarémoslo, yo solo trato de ver que programa tiene cada cual en este binario y que consecuencias tendría para la bolsa para actuar en consecuencia, ya saben que decidimos crear una cartera de largo plazo tras marzo de 2020, y que sigo con un % de liquidez muy grande, esperando las oportunidades para comprar cosas buenas bonitas y baratas, y no veo al Nasdaq como barato.

No se trata de aplaudir a unos o criticar a otros, se trata de plantear los escenarios de este binario y ver qué hacer ante ellos, y por supuesto esperar a que se dé sin invertir en América más de momento.

Así pues ante un binario tenemos dos escenarios (bueno al final tendrán otro pues la X existe) que gane Trump y su Warfarina o que gane Biden y su Ricina.

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Bien el primer escenario es una victoria inesperada de Trump, digo inesperada porque las encuestas según ven aquí, no la esperan:



Como ven son malas para Donald, es cierto que la diferencia global es muy grande porque Biden arrasa en estados muy poblados como California y Nueva York donde le saca muchísimos votos que dado el sistema electoral americano no sirven para nada, pero parece que Biden tiene la victoria en Pensilvania, en Florida, en Ohio, en Wisconsin, vamos en los estados cambiantes y en aquellos en los que Trump sorprendió a los demócratas en 2016, estados con obreros blancos conservadores en lo social pero pogre en lo económico. En estos momentos a falta de mes y medio la victoria de Biden parece clara.

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Bueno vamos a suponer que gana Trump, ya ven que está muy difícil, pero bueno en el caso de que gane Trump, ya sabemos lo que hay, más de lo mismo, impuestos bajos a las empresas, manga ancha para los monopolios tecnológicos vamos una política business friendly, y con su esbirro Powell en la Fed comprándolo todo para que esto aguante como sea y después ya veremos.

El escenario seria de continuidad, las empresas contentas, los impuestos bajos y los inversores deseando quitarse unos a otros cada vez más caro unos certificados electrónicos que aseguran ser una porción de cada una de esas empresas. Una victoria de Trump sería festejada por Wall Street y podrían marcarse nuevos máximos con alegría y fruición.

El otro escenario es otra cosa, la victoria de Biden, en si mismo Biden no es un izquierdista radical al estilo Bernie Sanders, es centrista, por eso eligió como vicepresidenta a Kamala Harris para animar al sector izquierdista del partido y a las minorías con una candidata con la que se vieran representados. Aparentemente todo el partido está representado, pero veamos el programa económico de Biden:

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Les adjunto dos fuentes, la subida del impuesto de sociedades al 28% sería Ricina en vena para las cotizaciones, o sea ganando lo mismo una empresa recibiría menos porque el Estado se llevaría más por consiguiente la cotización debería caer. Pero no solo ataca a las empresas, también quiere subir el tipo máximo del IRPF, y una subida de las ganancias del capital del 20% al 39.6% vamos un ataque en toda regla al inversor bursátil, a Wall Street, cuidado, absolutamente legítimo y respetable, pero todo ese conjunto de medidas, más otras como aumentar el coste de repatriar capitales, o incluso atacar los monopolios del Nasdaq que han visto subir su cotización en estos años podrían llevar a una caída en los mercados americanos.

Esto no es comunismo, ni socialismo, ni socialdemocracia, simplemente es realizar una política que mire un poco a la izquierda desde la derecha, no piensen que Biden es el Che Guevara, pero no necesitamos un revolucionario para tirar la bolsa, basta con que el mercado actualice las cotizaciones a una tributación mayor para ver como cae.

No hablamos de un hundimiento instantáneo, de hecho si Biden gana, la bolsa se alegraría como si gana Trump, porque a la bolsa lo que no le gusta es la incertidumbre, cualquier gobierno por malo que sea, es bueno para la bolsa, hasta un gobierno de marcado sesgo izquierdista es aceptado en comparación a un complejo proceso de elección de gobierno por la existencia de muchos partidos y se requieran coaliciones, en ese sentido el sistema electoral americano es clarificador, gana o uno u otro, y no hay incertidumbres.

Así pues aparentemente verán que el resumen gráfico de lo dicho sería este:

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Estamos ante un binario, y los programas económicos aunque coinciden en muchas cosas como es normal en ese país, si tienen los suficientes matices como para que los inversores tengamos que tener muy en cuenta que podemos pasar de un entorno alcista a uno bajista y ante eso nos tenemos que apretar los machos y actuar en consecuencia en función de quien gane.

Si es que alguien gana, verán el articulo acabaría aquí en condiciones normales y les pondría un video que estuviera relacionado con el tema y nos esperaríamos al binario, pero en este partido puede haber un X, si, un empate, justo lo que no queríamos.

Verán las encuestas dicen lo que dicen, que gana Biden, pero desde siempre, el electorado republicano se moviliza fielmente, y al electorado demócrata hay que sacarlo de casa para que vaya a votar, en este año con el cobi19, tenemos por medio un enorme voto por correo, muy por encima de lo que suele ser habitual, y ese voto por correo será mayoritariamente demócrata por lo que les he explicado, el republicano va a la cabina de votación, llueve o nieve, y si la reina de Inglaterra se atreve a allanar su propiedad, sacan su arma para defenderse y llegar a tiempo a la votación, pero el electorado demócrata no, y normalmente el voto por correo es mayoritariamente demócrata, y en este año está creciendo a un nivel nunca visto.

Verán el americano blanco tradicional, de ese que nos habla Bruce Springsteen aquí en este video:


Ese votante es el que Trump robo a los demócratas en 2016 (no todos claro), ese votante que es un perdedor de la globalización, que fue carne de cañón en Vietnam, ese votante sigue enamorado de Trump. Y recuerden que Trump ha sabido tocar la fibra de ese americano medio, ese Homer Simpson, porque ha visto que ha creado parte del muro para defender sus empleos de competidores forasteros, ha visto que Trump se ha enfrentado a China, y además no les ha enviado a ningún Vietnam, porque Trump ha sido un presidente que no ha iniciado ninguna guerra en ningún país extranjero, a diferencia de Bush descendiente que les metió en Iraq (apoyado por Joe Biden que votó a favor de ese movimiento, para nada Biden está a la izquierda). Bien pues esos votantes irán a votar, junto a la base típica republicana.

Y aquí viene el problema, puede que la noche del 3 de Noviembre, Trump gané las elecciones pero el voto por correo se irá contabilizando poco a poco, y en las teles verán a Trump proclamarse ganador, pero entonces durante ese mes, irán llegando las sacas y sacas de votos por correo que irán cambiando el resultado en varios estados y eso puede provocar que Trump no reconozca el resultado de las elecciones (capaz es, nada nada nada me extrañaría de él), y eso podría judicializar el proceso electoral y alargarlo.

Donald dirá que los votos por correo son un engaño, un embeleco, y tratará de invalidar todos los posibles, el asunto se complicaría y mucho, habría estados que anularían los votos por correo, otros que no, esto podría acabar en el Tribunal Supremo como sucedió en el año 2000, en la elección entre Bush descendiente y Al Gore.

En sí mismo, tampoco sería el fin del mundo, en la democracia las cosas se resuelven al final en un Tribunal y los que respetamos el Estado de Derecho y las leyes no nos escandalizaríamos por ello, pero mientras todo eso pasa, la incertidumbre camparía a sus anchas por Wall Street, y eso sí sería un motivo para ponerse corto en el Nasdaq, esta semana leí al Sr. Llorente el jefe de Antoni el de la Sicav, defender a Antoni, verán esto si sería un motivo para lanzar un corto al Nasdaq, no esos motivos que nos dice Antoni basados en unos indicadores técnicos que solo él conoce y que nunca ha mostrado, porque la bolsa se mueve por estas cosas no por los indicadores técnicos de Antoni el de la SSS, cosa que la realidad ha demostrado pues lleva mucho tiempo corto al Nasdaq y no acertaron sus indicadores, pero esto si puede tirar el Nasdaq, y quien sabe, puede estar descontando algo así ya.

 
El mercado descuenta que "Biden arrase en las elecciones" por la cuarentena de Trump

La cuarentena significa que el republicano se perderá parte de la campaña, incluyendo Florida.

El , y de la primera dama, Melania Trump, no podía llegar en peor momento. Con la campaña electoral de las presidenciales del 3 de noviembre ya en marcha, los mercados empiezan a descontar, si no lo habían hecho ya, la victoria del candidato demócrata Joe Biden, quien contaba con un 60% de apoyo en las encuestas que, ahora, "se disparará al 90%", según apunta Stephen Innes, analista de AxiTrade.

Los analistas dan por seguro que, tras los últimos acontecimientos, los demócratas "arrasarán" en los comicios que se celebran en apenas un mes. Las posibilidades de Biden de ganar se han estabilizado e incluso han aumentado en la última semana hasta el 59%, especialmente tras el primer debate de la madrugada del martes, ya que Trump ha estado en una tormenta política después de que el New York Times publicara la historia de que Trump sólo había pagado 750 dólares de impuestos federales tanto en 2016 como en 2017 (y no pagó ningún impuesto en 10 de los años comprendidos entre 2000 y 2015). "Sin embargo, este asunto parece haber tenido poco efecto en el votante marginal a juzgar por las encuestas nacionales", indica David Madden, analista de CMC.

Si embargo, la reacción de aversión al riesgo al positivo por cobi19 de Trump, con avances en el dólar, el yen y , indica que las últimas resistencias del mercado a descontar que Biden se instale en la Casa Blanca "se están deshaciendo", señala Innes. La cuarentena significará que se pierda tres mítines estatales, con la crítica Florida entre ellos. También significa que el próximo debate tendrá que sufrir cambios.

"Uno no puede evitar notar que Trump está en la categoría de edad y peso que lo colocan en los grupos de mayor riesgo, en cuanto a salud se refiere, y el mercado y la opinión pública ahora se harán eco de esto", indican los expertos de Regazo. "La incertidumbre será la tónica que dominará los mercados mientras se aclaran las implicaciones de la cuarentena del presidente estadounidense en el resultado de las elecciones del 3 de noviembre", comentan por su parte los analistas de Danske Bank.

"De hecho, la obedece a la intención de Biden de aumentar los impuestos, que no será buena para los beneficios de las empresas y por lo tanto una negativa para el mercado de valores", comenta Russ Mould, director de inversiones en AJ Bell.

"El Presidente de EEUU esperaba que un informe de empleo saludable -este viernes se conocerán los datos de septiembre- reavivara su campaña de reelección. En cambio, su propia salud lo ha eclipsado totalmente y ha desestabilizado tanto los mercados como los votantes", indica por su parte James Bentley, director de Financial Markets Online.

 
El cobi19 entierra las aspiraciones de Trump de seguir en la Casa Blanca
  • Una barrida demócrata, con el control de ambas Cámaras, es más probabl
La sorpresa, o para algunos ya el golpe de gracia, que se aventuraba en la recta final de la campaña electoral en Estados Unidos se materializó el viernes con los positivos por elbichito-19 del presidente, Donald Trump, y la primera dama, Melania Trump. Una situación que llega a 30 días de la cita con las urnas el próximo 3 de noviembre pero no cambia estructuralmente las previsiones de las principales mesas de inversión, que continúan ofreciendo a su contrincante demócrata, Joe Biden, una cómoda ventaja.

"Como mínimo, la noticia socava el mensaje clave de campaña de Trump sobre la derrota del bicho y la reapertura de la economía. A nivel práctico mantendrá al presidente fuera de la campaña electoral durante semanas mientras parece poco probable que la campaña de Biden acepte una moratoria en la campaña", manifiesta Michael Pearce, economista de Capital Economics, quien considera que junto con el caótico primer debate, las probabilidades de un triunfo de Biden se acercan al 65%. También atestigua que una barrida demócrata, con el control de ambas Cámaras, es cada vez más probable.

El mandatario, que habría mostrado ya síntomas leves, como tos y fiebre, según confirmó su jefe de gabinete, Mark Meadows, se encuentra confinado en la Casa Blanca y ha cancelado todos sus eventos públicos. En estos momentos son dos los principales escenarios que barajan los inversores. El más optimista indica que Trump completará una cuarentena y reaparecerá a mediados de octubre asegurando que la infección no se diferencia mucho de un resfriado.

No obstante, su evolución podría parecerse más al experimentado por el primer ministro británico, Boris Johnson, el pasado abril. Como apunta Jeffrey Kleintop, estratega jefe global de Charles Schwab, de todos los cabezas de Estado que ha contraído el bicho, entre los que se encuentran no solo Johnson, sino también el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, su homólogo hondureño, Juan Orlando Hernández, o el primer ministro armenio, Nikol Pashinyan, "Trump es el mayor de todos ellos, con 74 años". Además, "en el Reino Unido, los conservadores perdieron impulso cuando el primer ministro ingresó en el hospital para recibir el tratamiento", recuerda.

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Ser hombre, de edad avanzada y contar con un índice de masa corporal (IMC) superior a 30 sitúan al actual inquilino de la Casa Blanca como un paciente de riesgo. De ahí que el vicepresidente del país, Mike Pence, quien dio negativo en las pruebas realizadas el viernes, esté listo en caso de tener que asumir la presidencia en funciones bajo la 25 Enmienda de la Constitución. En caso de indisponibilidad, la tercera en la línea de sucesión es la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi.

Independientemente del desarrollo de la infección de Trump, los demócratas aprovecharán esta situación para rememorar cómo el presidente ha insistido durante mucho tiempo en que no necesitaba usar mascara porque tanto él como su equipo se someten a pruebas constantemente. Tampoco dejarán pasar la oportunidad para poner de manifiesto como a principios de este año, el presidente reconoció haber comenzado a tomar hidroxicloroquina, un medicamento contra el paludismo, para evitar contraer el bicho. Un tratamiento no reconocido como efectivo por las autoridades sanitarias.

"La reacción inicial del mercado fue un poco prematura, aunque es cierto que las últimas encuestas muestran que Biden tiene ahora más posibilidades de ganar las elecciones"

"La reacción inicial del mercado fue un poco prematura, aunque es cierto que las últimas encuestas muestran que Biden tiene ahora un 66% de posibilidades de ganar las elecciones", indica Ken Polcari, estratega jefe en SlateStone Wealth. Desde su punto de vista, esta situación sirve de excusa para deshacer posiciones en bolsa pero no sabremos exactamente la gravedad de la situación en al menos otros 10 días. "Si se le trata con Remdesivir de Gilead Sciences seguramente veremos repuntes en los precios junto a otras biotecnológicas y farmacéuticas dado que una banderilla adquiere aún más importancia", añade.

Aún así, como señala Polcari, el mercado descuenta ya un su precio una victoria de Biden pero no una barrida demócrata. "Un control total de los demócratas pondrá muchos asuntos sobre la mesa, desde convertir en estados a Puerto Rico y Washington DC, aumentar el número de jueces en el Tribunal Supremo de 9 hasta 13, subidas de impuestos, programas sociales, un nuevo acuerdo ecológico... Si esto sucede, veremos una recomposición del mercado de inmediato", avisa.

¿El S&P 500 en los 3.600 puntos?
En estos momentos, la media de los objetivos en la mira del S&P 500 para finales de año entre la principales mesas de inversión sitúan al indicador en los 3.350 puntos a finales de este año. Aún así, en casos particulares, como David Kostin, estratega jefe de Goldman Sachs, o su homólogo en JPMorgan, Dubravko Lakos-Bujas, la meta alcanza los 3.600 puntos. Brian Belski, de BMO, va más allá y mantiene los 3.650 puntos. No obstante, los más pesimistas, como es el caso de Maneesh Deshpande, de Barclays, creen que el S&P 500 cerrará 2020 en los 2.800 puntos.

Biden y los demócratas auguran una subida del impuesto de sociedades desde el 21% actual hasta el 28%. También quiere duplicar la tasa sobre los ingresos obtenidos por las filiales extranjeras de las empresas estadounidenses desde el 10.5% al 21%.

Para, Matt Gertken, estratega de BCA Research "el mejor resultado para los mercados financieros de cara a finales de año lograr un acuerdo de estímulo ahora, una victoria de Biden y un Senado republicano. El peor resultado es la ausencia de estímulos y una barrida demócrata, pero el factor positivo llegaría en la forma de una importante expansión fiscal en 2021", aclara.

Otros riesgo que se cierne actualmente sobre la bolsa americana es la posibilidad de no contar con un resultado claro durante la noche electoral, rememorando así la pesadilla de hace dos décadas, cuando la contienda en las urnas entre George W. Bush y Al Gore tardó seis semanas en ofrecer el triunfo al republicano.

Por aquel entonces, la bolsa cayó en más de un 5% en las dos semanas posteriores a las elecciones. No obstante, investigaciones académicas posteriores, como la elaborada por Srinivas Nippani y W. Bobby Medlin, sugieren que la mayor parte de la reacción adversa del mercado se desarrolla en los primeros cuatro días hábiles después de la jornada electoral sin un resultado claro.

 

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