Son los liberales clásicos responsables del marxismo?

La paradoja del valor (o del agua y los diamantes) tampoco fue resuelta por los liberales clásicos, la resuelve Menger en 1870 que es un economista de la escuela austriaca (realmente el concepto de utilidad marginal ya estaba flotando en el ambiente durante siglos, desde los escolásticos salmantinos del siglo XVI).

Así que si, Adam Smith fue el primer marxista. Quien diga que fue el padre del liberalismo es que ha aprendido economía de oídas.

Adam Smith se puede considerar el padre del liberalismo por la gran influencia de sus obras y la paradoja del valor no la resuelve Menger, la resuelve el español Jaime Balmes.
 
Adam Smith se puede considerar el padre del liberalismo por la gran influencia de sus obras y la paradoja del valor no la resuelve Menger, la resuelve el español Jaime Balmes.
Los padres del liberalismo son la escuela de Salamanca. Muy anterior a Smith y mas acertada
 
“El liberalismo es término de contienda. Y esta discusión parece siempre que va a provocar su triunfo, incluso de modo que podría calificarse de espectacular. Sin embargo, de las mismas fuentes doctrinales del liberalismo (…) desde los fisiócratas a los francmasones, surgen los argumentos que hoy en día provocan el auge de la socialización.”
El libertino y el nacimiento del capitalismo, Juan Velarde.


Marxismo y liberalismo: dos caras de una moneda

-Bernard Mandeville, filósofo del liberalismo-

Para conocer las raíces filosóficas del liberalismo, es fundamental analizar la obra del holandés Bernard de Mandeville, quien nació en Rotterdam en 1670, pero vivió buena parte de su vida en Inglaterra.

Aunque estudió medicina, Mandeville, ávido lector, se convirtió en un famoso escritor. Era uno de los autores más leídos y célebres de su tiempo. Sus obras se vendían no solamente por ediciones, sino literalmente por docenas de ediciones.

Mandeville tuvo una influencia determinante en el pensamiento de los economistas y filósofos liberales como Adam Smith, David Hume y Jeremy Bentham. El economista Friederich Von Hayek aseguró que Mandeville inspiró el argumento de Adam Smith sobre el libre comercio, presentado en su célebre obra La Riqueza de las Naciones.

Mandeville plasma su concepción sarracena en una de sus obras, la Investigación sobre el Origen de la Virtud Sarracena, en donde asegura que el hombre es un simple animal y, como ocurre con estos, la sarracena no existe como algo preestablecido; es un mero invento de los gobernantes para aprovecharse de las clases dominadas. La forma de diseminar la concepción de la sarracena en la sociedad, dice Mandeville, es a través de trucos, engaños y adulaciones:

Los “sabios examinaron detenidamente las fortalezas y las flaquezas de nuestra naturaleza y sacaron la conclusión de que nadie es tan salvaje que no le ablanden las alabanzas, ni tan vil como para soportar pacientemente el desprecio, y concluyeron, con razón, que la adulación tiene que ser el argumento más eficaz que pueda usarse con las criaturas humanas. Poniendo, pues, en práctica esta hechicera máquina, ensalzaron las excelencias de nuestra naturaleza, colocándola por encima de la de otros animales… Después de haberse insinuado así en los corazones de los hombres, por medio de esta ladina adulación, empezaron a instruirles en las nociones del honor y la vergüenza, representando a uno como el más alto bien a que pueden aspirar los mortales y al otro como el peor de los males… Esta fue la manera como se domó al hombre salvaje, pues es evidente que los primeros rudimentos de sarracena introducidos por hábiles políticos… fueron maquinados principalmente con el fin de que los ambiciosos pudieran obtener el mayor beneficio posible y gobernar sobre gran número de individuos con toda facilidad y seguridad”.

Mandeville expuso el corolario económico de su peculiar tesis en un poema titulado La fábula de las abejas, en donde compara la sociedad con un panal. Según él, las abejas pogre porque buscan denodadamente satisfacer sus vicios, placeres y pasiones, no porque quieran colaborar en satisfacer las necesidades del panal.

En su fábula, las abejas vivían con lujos y comodidades gracias al engaño, el raterismo, la falsificación, el juego, la corrupción, la engaña y todo tipo de vicios; pero en conjunto, todo, según él, era un paraíso, puesto que “el vicio nutría al ingenio, el cual, unido al tiempo y la industria, traía consigo las conveniencias de la vida”. Es decir, que el vicio privado conllevaba el beneficio público. Un buen día, a las abejas se les ocurrió solicitar a los dioses liberarlas de los vicios, utilizando para ello argumentos de tipo sarracena. Los dioses aceptaron y al poco tiempo el panal se vio envuelto en una terrible hambruna y depresión económica, porque ya no había incentivos para el esfuerzo personal.

Esta tesis se convirtió en la filosofía fundamental del liberalismo inglés: dejar que las fuerzas espontáneas del individuo, aunque puedan ser estimuladas por el vicio, se conviertan en el principal motor de la economía, sin intervención alguna de la sarracena, ni de la religión, ni del Estado.

-Adam Smith, discípulo de Mandeville-

La filosofía sarracena del célebre economista inglés, Adam Smith, es menos explícita y más cuidadosamente elaborada, pero en esencia, es igual a la de Mandeville.
No llega a afirmar que la sarracena es un invento, un engaño de los poderosos para dominar a los demás, pero dice que no existe y que se forma arbitrariamente según la experiencia particular de cada sociedad. Para Smith, no existen verdades universales, válidas para todos los hombres y para todos los tiempos; no existe una concepción absoluta del bien y del mal; lo que hay son valores relativos que se aplican o no, conforme la sociedad los adopte a su real saber y entender.

En su Teoría de los Sentimientos Sarracena, Adam Smith dice: “La manera como se forman las reglas generales éticas, es descubriendo que en una gran variedad de casos un modo de conducta constantemente nos agrada de cierta manera, y que, de otro modo, con igual constancia, nos resulta desagradable. Empero, la razón no puede hacer que un objeto resulte por sí mismo agradable y desagradable; la razón sólo puede revelar que tal objeto es medio para obtener algo que sea placentero o no”. En otro párrafo añade: “Nuestra observación constante de la conducta ajena, insensiblemente nos lleva a la formación de ciertas reglas generales relativas a lo que es debido y conveniente ya sea hacer o evitar… Así es como se forman las reglas generales de la sarracena. En última instancia están fundadas en la experiencia de lo que, en casos particulares, aprueban o reprueban nuestras facultades sarracena o nuestro sentido del mérito y de la conveniencia”.

Nótese bien que Smith, al igual que su predecesor Mandeville, asegura que no existen ideas innatas respecto a la sarracena, pero encima opina que la razón humana no es capaz de discernir lo que es bueno y lo que es malo, sino que depende de una “facultad sarracena” para aprobar o reprobar la conducta general. Este aspecto llama poderosamente la atención, porque si la sarracena no existe per se, sino que se crea con la experiencia, ¿cómo es posible que exista una facultad sarracena para detectarla?

Smith da la respuesta más adelante: “El placer y el dolor son los principales objetos del deseo y de la aversión; pero éstos no se distinguen racionalmente, sino que se distinguen por medio de un sentido inmediato y una emoción. Si la virtud, pues, es deseable por sí misma, y si, del mismo modo, el vicio es objeto de aversión, síguese que no puede ser la razón, sino el sentido inmediato y la emoción, lo que distingue esas diferentes cualidades”.

Luego concluye: “Podría decirse, quizá, que aunque el principio de la aprobación no está fundado en un poder de percepción que sea en alguna manera análogo a los sentidos externos, aún podría estar fundado en algún sentimiento especial que respondiese a ese fin particular y ningún otro. Podría pretenderse que la aprobación y reprobación son un determinado sentir o emoción que surgen en la mente provocados por ciertos sujetos o acciones”.

Sentimientos, emociones, percepciones y experiencias. No existe forma inteligible, pues, de discernir entre el bien y el mal, a no ser por un procedimiento un tanto mágico.

En la Teoría de los Sentimientos Sarracena, Smith admite la existencia de una filosofía cristiana, expresada entre otros por Santo Tomás de Aquino, y hasta la plantea: “la mente posee, con prioridad a toda ley, una noción de los distingos entre el bien y el mal, y esa noción procede de la razón”, pero a seguidas intenta refutarla diciendo que esas cosas fueron “aceptadas en esa época en que la ciencia abstracta de la naturaleza humana estaba en pañales”.

El corolario económico de Smith se parece mucho al de Mandeville y está expresado en La Riqueza de las Naciones: el Estado ni ninguna otra fuerza debe intervenir en la economía, pues la acción espontánea de las fuerzas individuales se encarga de motorizarla. Según Smith, el regulador de la economía es, como él la llama, una “mano mágica”: la del mercado. Tan mágico como la facultad sarracena antes referida. Entonces, en la economía tampoco existe un criterio inteligible para determinar qué conviene al desarrollo nacional y qué no; hay que dejárselo todo al mercado.

Como consecuencia de esa forma de pensar, los liberales, una vez en el poder, intentan desmantelar el Estado y dejan la economía a la deriva, confiando en el “orden espontáneo”. Sin embargo, como el interés individual no es siempre el de las mayorías y como no hay una ley sarracena que los guíe, la especulación financiera y monetaria, la apertura indiscriminada a la importación, el alza injustificada de las tasas de interés, y otras prácticas “espontáneas” basadas sólo en la ganancia y la ambición desmedidas, terminan por entregar el poder a los dueños de los grandes monopolios financieros internacionales, coincidentemente los mismos que propalan el libre cambio. Así, el productor nacional quiebra y el país va la bancarrota. Invariablemente, las mayorías cargan con las consecuencias de la crisis por medio del hambre, la pobreza, y el desempleo, como ha ocurrido en América Latina durante los últimos años.

La miseria provocada por este modelo, crea a su vez las condiciones para que un sector izquierdista desestabilice al Estado liberal, promoviendo el repruebo y la lucha de clases, que eventualmente tienen acogida en las masas resentidas por la injusticia. De esta manera, el péndulo se desplaza hacia la alternativa marxista.

Irónicamente, las fuerzas internacionales que promueven el liberalismo en nuestros países, no lo aplican en los suyos. Basta para comprobarlo tratar de exportar nuestros productos agrícolas a Europa y Estados Unidos. Nos encontraremos con barreras proteccionistas y subsidios a su producción, que a nosotros nos impiden implementar. Por eso, no es descabellado afirmar que las teorías económicas que nos venden desde el norte son a veces formas modernas de colonización, a través de las cuales nos mantienen dominados sin el uso de las armas.

-La filosofía sarracena marxista-

Marx presentó su concepción sarracena en diversos documentos, como el 18 Brumario de Luis Bonaparte (ver citas en la Bitblioteca de Venezuela Analítica) donde afirma que : “Sobre las condiciones sociales de existencia, se levanta toda una superestructura de sentimientos, ilusiones, formas de pensamiento y concepciones filosóficas particulares. La clase entera crea y plasma estos elementos sobre la base de las condiciones materiales y de las relaciones sociales correspondientes”.

Coincidiendo casi textualmente con Mandeville, Marx afirma que la clase dominante crea una superestructura a su conveniencia: un tipo de religión, de sarracena, de estado, de sociedad, de familia, etc. Esta superestructura es un simple invento del hombre para dominar a los demás, no algo intrínseco a la naturaleza humana.

Uno de los más influyentes marxistas de este siglo, Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista Italiano, adopta la filosofía sarracena de Marx y añade una distinción entre lo que él llama la “sociedad civil” y la “sociedad política”. La primera es “el conjunto de los organismos denominados privados que corresponden a la función de hegemonía que el grupo dominante ejerce sobre toda la sociedad”; es un campo de batalla intelectual donde las organizaciones triunfantes se apoderan de la dirección intelectual –es decir, de lo que se piensa—y de la dirección sarracena –es decir, lo que se valora– y atraen hacia el grupo dirigente la adhesión de las clases subalternas. El grupo dirigente se adueña de la estructura ideológica, impone su manera de ver las cosas y crean una determinada cosmovisión en el pueblo. Para ello, utilizan la Iglesia, la escuela, los medios de comunicación, etcétera.

La segunda, la sociedad política, es el conjunto de organismos, que ejercen una función coercitiva y de dominio directo en el campo jurídico, político y militar; es decir, la que tiene los tribunales, la policía y las armas para mantener la adhesión del pueblo a su proyecto.

Cuando la sociedad civil y la sociedad política chocan, es decir, cuando el pueblo pierde la credibilidad en los conceptos emitidos por la estructura de dominio ideológico, sobrevienen las crisis.

Para conquistar el poder, Gramsci propone a los comunistas combatir en el campo ideológico cultural y ganarse el apoyo de las masas para que éstas rompan con la sociedad política: “para ello hay que tratar de despojarla de su prestigio espiritual, desmitificando los elementos de su cosmovisión mediante una crítica continua y corrosiva. Esta crítica debe sembrar la duda, el escepticismo y el desprestigio sarracena en relación a quienes dirigen. Debe destruir sus creencias y sus instituciones y debe corromper su sarracena”. El objetivo final es lograr el desprestigio de la clase hegemónica, de la Iglesia, del ejército, de los intelectuales, de los profesores, de la empresa privada, de los gremios, de los medios de comunicación, de los sindicatos; en fin, destruir las instituciones.

Una vez conquistado el poder, para mantenerlo Gramsci promueve el control ideológico de la sociedad, del mismo modo en que antes, según él, lo había hecho el “Estado burgués”; creando una nueva religión, una nueva sarracena, un nuevo tipo de familia y de sociedad, etcétera. Como puede verse, Gramsci ataca ferozmente al Estado burgués, pero imita sus herramientas de dominación.

En cuanto a la economía, una vez en el poder, los marxistas acaban con la incentivo individual (que no es el vicio, como alega Mandeville, sino el pogre personal y familiar) y otorgan todo el poder al Estado controlado por los comunistas; pero, como el objetivo es simplemente la dominación y como no hay una ley sarracena que los guíe, el Estado termina convirtiéndose en una herramienta de poder y de riqueza personal para los líderes del politburó, en detrimento de las mayorías que sufren de hambre y de pobreza, como ocurrió en la Unión Soviética y como ocurre actualmente en Cuba.

Como puede verse, el resultado final de la economía marxista es igual al de la economía liberal. Y aprovechando el descontento de la población, el sector derechista subvierte el orden marxista. Así, el péndulo se desplaza de nuevo hacia el lado liberal. Es un círculo vicioso a través del cual se cambia de signo político, pero se ponen en práctica variantes del mismo modelo, con las terribles consecuencias políticas y sociales que ello acarrea.

No es de extrañar, por cierto, que connotados marxistas, incluso de buena fe, se vuelquen al liberalismo más radical; después de todo, la concepción filosófica es idéntica, sólo cambian las banderas.

Llama la atención que el marxismo muchas veces tenga apoyo de las mismas fuerzas internacionales que promueven el liberalismo. Después de todo, Marx era un empleado a sueldo del Museo Británico y el filósofo liberal inglés, Bertand Russell, fue quien promovió la Revolución Cultural de Mao Tse Tung, por citar sólo dos casos. Todo parece indicar son esas fuerzas las que mueven el péndulo a su antojo, para sacar provecho político y económico de nuestro subdesarrollo.
(Alejandro Peña Esclusa)
 
Independientemente de consideraciones ideológicas, la aplicación del liberalismo fue la que, por sus consecuencias, trajo a las ideologías totalitarias.
 
“El liberalismo es término de contienda. Y esta discusión parece siempre que va a provocar su triunfo, incluso de modo que podría calificarse de espectacular. Sin embargo, de las mismas fuentes doctrinales del liberalismo (…) desde los fisiócratas a los francmasones, surgen los argumentos que hoy en día provocan el auge de la socialización.”
El libertino y el nacimiento del capitalismo, Juan Velarde.


Marxismo y liberalismo: dos caras de una moneda

-Bernard Mandeville, filósofo del liberalismo-

Para conocer las raíces filosóficas del liberalismo, es fundamental analizar la obra del holandés Bernard de Mandeville, quien nació en Rotterdam en 1670, pero vivió buena parte de su vida en Inglaterra.

Aunque estudió medicina, Mandeville, ávido lector, se convirtió en un famoso escritor. Era uno de los autores más leídos y célebres de su tiempo. Sus obras se vendían no solamente por ediciones, sino literalmente por docenas de ediciones.

Mandeville tuvo una influencia determinante en el pensamiento de los economistas y filósofos liberales como Adam Smith, David Hume y Jeremy Bentham. El economista Friederich Von Hayek aseguró que Mandeville inspiró el argumento de Adam Smith sobre el libre comercio, presentado en su célebre obra La Riqueza de las Naciones.

Mandeville plasma su concepción sarracena en una de sus obras, la Investigación sobre el Origen de la Virtud Sarracena, en donde asegura que el hombre es un simple animal y, como ocurre con estos, la sarracena no existe como algo preestablecido; es un mero invento de los gobernantes para aprovecharse de las clases dominadas. La forma de diseminar la concepción de la sarracena en la sociedad, dice Mandeville, es a través de trucos, engaños y adulaciones:

Los “sabios examinaron detenidamente las fortalezas y las flaquezas de nuestra naturaleza y sacaron la conclusión de que nadie es tan salvaje que no le ablanden las alabanzas, ni tan vil como para soportar pacientemente el desprecio, y concluyeron, con razón, que la adulación tiene que ser el argumento más eficaz que pueda usarse con las criaturas humanas. Poniendo, pues, en práctica esta hechicera máquina, ensalzaron las excelencias de nuestra naturaleza, colocándola por encima de la de otros animales… Después de haberse insinuado así en los corazones de los hombres, por medio de esta ladina adulación, empezaron a instruirles en las nociones del honor y la vergüenza, representando a uno como el más alto bien a que pueden aspirar los mortales y al otro como el peor de los males… Esta fue la manera como se domó al hombre salvaje, pues es evidente que los primeros rudimentos de sarracena introducidos por hábiles políticos… fueron maquinados principalmente con el fin de que los ambiciosos pudieran obtener el mayor beneficio posible y gobernar sobre gran número de individuos con toda facilidad y seguridad”.

Mandeville expuso el corolario económico de su peculiar tesis en un poema titulado La fábula de las abejas, en donde compara la sociedad con un panal. Según él, las abejas pogre porque buscan denodadamente satisfacer sus vicios, placeres y pasiones, no porque quieran colaborar en satisfacer las necesidades del panal.

En su fábula, las abejas vivían con lujos y comodidades gracias al engaño, el raterismo, la falsificación, el juego, la corrupción, la engaña y todo tipo de vicios; pero en conjunto, todo, según él, era un paraíso, puesto que “el vicio nutría al ingenio, el cual, unido al tiempo y la industria, traía consigo las conveniencias de la vida”. Es decir, que el vicio privado conllevaba el beneficio público. Un buen día, a las abejas se les ocurrió solicitar a los dioses liberarlas de los vicios, utilizando para ello argumentos de tipo sarracena. Los dioses aceptaron y al poco tiempo el panal se vio envuelto en una terrible hambruna y depresión económica, porque ya no había incentivos para el esfuerzo personal.

Esta tesis se convirtió en la filosofía fundamental del liberalismo inglés: dejar que las fuerzas espontáneas del individuo, aunque puedan ser estimuladas por el vicio, se conviertan en el principal motor de la economía, sin intervención alguna de la sarracena, ni de la religión, ni del Estado.

-Adam Smith, discípulo de Mandeville-

La filosofía sarracena del célebre economista inglés, Adam Smith, es menos explícita y más cuidadosamente elaborada, pero en esencia, es igual a la de Mandeville.
No llega a afirmar que la sarracena es un invento, un engaño de los poderosos para dominar a los demás, pero dice que no existe y que se forma arbitrariamente según la experiencia particular de cada sociedad. Para Smith, no existen verdades universales, válidas para todos los hombres y para todos los tiempos; no existe una concepción absoluta del bien y del mal; lo que hay son valores relativos que se aplican o no, conforme la sociedad los adopte a su real saber y entender.

En su Teoría de los Sentimientos Sarracena, Adam Smith dice: “La manera como se forman las reglas generales éticas, es descubriendo que en una gran variedad de casos un modo de conducta constantemente nos agrada de cierta manera, y que, de otro modo, con igual constancia, nos resulta desagradable. Empero, la razón no puede hacer que un objeto resulte por sí mismo agradable y desagradable; la razón sólo puede revelar que tal objeto es medio para obtener algo que sea placentero o no”. En otro párrafo añade: “Nuestra observación constante de la conducta ajena, insensiblemente nos lleva a la formación de ciertas reglas generales relativas a lo que es debido y conveniente ya sea hacer o evitar… Así es como se forman las reglas generales de la sarracena. En última instancia están fundadas en la experiencia de lo que, en casos particulares, aprueban o reprueban nuestras facultades sarracena o nuestro sentido del mérito y de la conveniencia”.

Nótese bien que Smith, al igual que su predecesor Mandeville, asegura que no existen ideas innatas respecto a la sarracena, pero encima opina que la razón humana no es capaz de discernir lo que es bueno y lo que es malo, sino que depende de una “facultad sarracena” para aprobar o reprobar la conducta general. Este aspecto llama poderosamente la atención, porque si la sarracena no existe per se, sino que se crea con la experiencia, ¿cómo es posible que exista una facultad sarracena para detectarla?

Smith da la respuesta más adelante: “El placer y el dolor son los principales objetos del deseo y de la aversión; pero éstos no se distinguen racionalmente, sino que se distinguen por medio de un sentido inmediato y una emoción. Si la virtud, pues, es deseable por sí misma, y si, del mismo modo, el vicio es objeto de aversión, síguese que no puede ser la razón, sino el sentido inmediato y la emoción, lo que distingue esas diferentes cualidades”.

Luego concluye: “Podría decirse, quizá, que aunque el principio de la aprobación no está fundado en un poder de percepción que sea en alguna manera análogo a los sentidos externos, aún podría estar fundado en algún sentimiento especial que respondiese a ese fin particular y ningún otro. Podría pretenderse que la aprobación y reprobación son un determinado sentir o emoción que surgen en la mente provocados por ciertos sujetos o acciones”.

Sentimientos, emociones, percepciones y experiencias. No existe forma inteligible, pues, de discernir entre el bien y el mal, a no ser por un procedimiento un tanto mágico.

En la Teoría de los Sentimientos Sarracena, Smith admite la existencia de una filosofía cristiana, expresada entre otros por Santo Tomás de Aquino, y hasta la plantea: “la mente posee, con prioridad a toda ley, una noción de los distingos entre el bien y el mal, y esa noción procede de la razón”, pero a seguidas intenta refutarla diciendo que esas cosas fueron “aceptadas en esa época en que la ciencia abstracta de la naturaleza humana estaba en pañales”.

El corolario económico de Smith se parece mucho al de Mandeville y está expresado en La Riqueza de las Naciones: el Estado ni ninguna otra fuerza debe intervenir en la economía, pues la acción espontánea de las fuerzas individuales se encarga de motorizarla. Según Smith, el regulador de la economía es, como él la llama, una “mano mágica”: la del mercado. Tan mágico como la facultad sarracena antes referida. Entonces, en la economía tampoco existe un criterio inteligible para determinar qué conviene al desarrollo nacional y qué no; hay que dejárselo todo al mercado.

Como consecuencia de esa forma de pensar, los liberales, una vez en el poder, intentan desmantelar el Estado y dejan la economía a la deriva, confiando en el “orden espontáneo”. Sin embargo, como el interés individual no es siempre el de las mayorías y como no hay una ley sarracena que los guíe, la especulación financiera y monetaria, la apertura indiscriminada a la importación, el alza injustificada de las tasas de interés, y otras prácticas “espontáneas” basadas sólo en la ganancia y la ambición desmedidas, terminan por entregar el poder a los dueños de los grandes monopolios financieros internacionales, coincidentemente los mismos que propalan el libre cambio. Así, el productor nacional quiebra y el país va la bancarrota. Invariablemente, las mayorías cargan con las consecuencias de la crisis por medio del hambre, la pobreza, y el desempleo, como ha ocurrido en América Latina durante los últimos años.

La miseria provocada por este modelo, crea a su vez las condiciones para que un sector izquierdista desestabilice al Estado liberal, promoviendo el repruebo y la lucha de clases, que eventualmente tienen acogida en las masas resentidas por la injusticia. De esta manera, el péndulo se desplaza hacia la alternativa marxista.

Irónicamente, las fuerzas internacionales que promueven el liberalismo en nuestros países, no lo aplican en los suyos. Basta para comprobarlo tratar de exportar nuestros productos agrícolas a Europa y Estados Unidos. Nos encontraremos con barreras proteccionistas y subsidios a su producción, que a nosotros nos impiden implementar. Por eso, no es descabellado afirmar que las teorías económicas que nos venden desde el norte son a veces formas modernas de colonización, a través de las cuales nos mantienen dominados sin el uso de las armas.

-La filosofía sarracena marxista-

Marx presentó su concepción sarracena en diversos documentos, como el 18 Brumario de Luis Bonaparte (ver citas en la Bitblioteca de Venezuela Analítica) donde afirma que : “Sobre las condiciones sociales de existencia, se levanta toda una superestructura de sentimientos, ilusiones, formas de pensamiento y concepciones filosóficas particulares. La clase entera crea y plasma estos elementos sobre la base de las condiciones materiales y de las relaciones sociales correspondientes”.

Coincidiendo casi textualmente con Mandeville, Marx afirma que la clase dominante crea una superestructura a su conveniencia: un tipo de religión, de sarracena, de estado, de sociedad, de familia, etc. Esta superestructura es un simple invento del hombre para dominar a los demás, no algo intrínseco a la naturaleza humana.

Uno de los más influyentes marxistas de este siglo, Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista Italiano, adopta la filosofía sarracena de Marx y añade una distinción entre lo que él llama la “sociedad civil” y la “sociedad política”. La primera es “el conjunto de los organismos denominados privados que corresponden a la función de hegemonía que el grupo dominante ejerce sobre toda la sociedad”; es un campo de batalla intelectual donde las organizaciones triunfantes se apoderan de la dirección intelectual –es decir, de lo que se piensa—y de la dirección sarracena –es decir, lo que se valora– y atraen hacia el grupo dirigente la adhesión de las clases subalternas. El grupo dirigente se adueña de la estructura ideológica, impone su manera de ver las cosas y crean una determinada cosmovisión en el pueblo. Para ello, utilizan la Iglesia, la escuela, los medios de comunicación, etcétera.

La segunda, la sociedad política, es el conjunto de organismos, que ejercen una función coercitiva y de dominio directo en el campo jurídico, político y militar; es decir, la que tiene los tribunales, la policía y las armas para mantener la adhesión del pueblo a su proyecto.

Cuando la sociedad civil y la sociedad política chocan, es decir, cuando el pueblo pierde la credibilidad en los conceptos emitidos por la estructura de dominio ideológico, sobrevienen las crisis.

Para conquistar el poder, Gramsci propone a los comunistas combatir en el campo ideológico cultural y ganarse el apoyo de las masas para que éstas rompan con la sociedad política: “para ello hay que tratar de despojarla de su prestigio espiritual, desmitificando los elementos de su cosmovisión mediante una crítica continua y corrosiva. Esta crítica debe sembrar la duda, el escepticismo y el desprestigio sarracena en relación a quienes dirigen. Debe destruir sus creencias y sus instituciones y debe corromper su sarracena”. El objetivo final es lograr el desprestigio de la clase hegemónica, de la Iglesia, del ejército, de los intelectuales, de los profesores, de la empresa privada, de los gremios, de los medios de comunicación, de los sindicatos; en fin, destruir las instituciones.

Una vez conquistado el poder, para mantenerlo Gramsci promueve el control ideológico de la sociedad, del mismo modo en que antes, según él, lo había hecho el “Estado burgués”; creando una nueva religión, una nueva sarracena, un nuevo tipo de familia y de sociedad, etcétera. Como puede verse, Gramsci ataca ferozmente al Estado burgués, pero imita sus herramientas de dominación.

En cuanto a la economía, una vez en el poder, los marxistas acaban con la incentivo individual (que no es el vicio, como alega Mandeville, sino el pogre personal y familiar) y otorgan todo el poder al Estado controlado por los comunistas; pero, como el objetivo es simplemente la dominación y como no hay una ley sarracena que los guíe, el Estado termina convirtiéndose en una herramienta de poder y de riqueza personal para los líderes del politburó, en detrimento de las mayorías que sufren de hambre y de pobreza, como ocurrió en la Unión Soviética y como ocurre actualmente en Cuba.

Como puede verse, el resultado final de la economía marxista es igual al de la economía liberal. Y aprovechando el descontento de la población, el sector derechista subvierte el orden marxista. Así, el péndulo se desplaza de nuevo hacia el lado liberal. Es un círculo vicioso a través del cual se cambia de signo político, pero se ponen en práctica variantes del mismo modelo, con las terribles consecuencias políticas y sociales que ello acarrea.

No es de extrañar, por cierto, que connotados marxistas, incluso de buena fe, se vuelquen al liberalismo más radical; después de todo, la concepción filosófica es idéntica, sólo cambian las banderas.

Llama la atención que el marxismo muchas veces tenga apoyo de las mismas fuerzas internacionales que promueven el liberalismo. Después de todo, Marx era un empleado a sueldo del Museo Británico y el filósofo liberal inglés, Bertand Russell, fue quien promovió la Revolución Cultural de Mao Tse Tung, por citar sólo dos casos. Todo parece indicar son esas fuerzas las que mueven el péndulo a su antojo, para sacar provecho político y económico de nuestro subdesarrollo.
(Alejandro Peña Esclusa)

Un buen analisis, lastima que lo eche a perder con paranoias conspiratorias y un ensalzamiento del marxismo. Aunque hace trampa en varias ocasiones manipulando a los autores que cita, estoy de acuerdo en gran parte del analisis, especialmente en que el liberalismo se basa en la ausencia de sarracena y en que son las contradicciones del liberalismo las que aprovecha el socialismo para tratar de construir su proyecto distópico.
 
La teoría de la explotación de Karl Marx viene de la teoría del valor objetivo que dice que el valor de un bien viene de las horas de trabajo que se han empleado en su producción. Segun esta teoria, si dos mesas son idénticas pero en una se han invertido mas horas de trabajo tienen que tener precios diferentes en el mercado y este tiene que aceptarlo. Creo que fue Owen quien dijo esto siguiendo la línea de Adam Smith.
Que opinais?

Las falacias en el terreno de la filosofía, como todo en filosofía, pueden ser extremadamente falaces pero lo que haga un mercado es un hecho objetivo que puede observarse.

En el mercado, por ejemplo, 'Hay' un precio del Cobre y todo kilo de Cobre tiene ese precio. Establecer la biografía de cada kilo de Cobre concreto, una biografía que puede tener una antiguedad de miles de años porque el Cobre se recicla una y otra vez, para determinar el precio de ese kilo de Cobre en concreto sería absurdo.

Los bienes económicos son simplemente soluciones, soluciones a cierto subconjuntos de problemas humanos que son los problemas económicos. El valor económico de cada bien-solución lo determina el valor (la gravedad, la urgencia, la prioridad) que tiene el problema que soluciona.

La economía es complicada y anti-intuitiva porque trata de la optimización en la creación y uso de soluciones. Por una parte "solución" es un concepto muy abstracto y por otra parte el valor de los problemas y el valor de las soluciones que resuelven o eliminan esos problemas están ligados por 'lineas causales en bucle'

Podemos tener un problema humano muy grave, por ejemplo la Viruela. La Viruela es un problema 'economizable', esto es: puede convertirse en un problema económico susceptible de ser optimizado mediante la economía. El que la Viruela sea un problema muy grave, con mucho valor negativo, por así decirlo, hace que cualquier solución a la Viruela, aunque sea hipotética, adquiera mucho valor económico.

El enorme valor de una solución hipotética a la Viruela hará que la economía incentive la inversión destinada a construir esa solución a la Viruela que no existe.

Una vez disponible una solución a la Viruela, por ejemplo la banderilla contra la Viruela, el enorme valor de esta banderilla, su valor como solución a un problema muy serio, hace que estén justificados grandes costes de producción de esa banderilla.

La linea causal aquí fluye de la siguiente manera: un problema muy grave hace que la solución a ese problema adquiera mucho valor y el elevado valor de esa solución justifica que la solución sea producida incluso aunque su coste de producción sea muy elevado.

El 'coste de producción' de un bien, en economía, se refiere a un conjunto de bienes cuya producción tendrá que ser sacrificada.

Como la Viruela es un problema muy grave, la banderilla que elimina la Viruela tiene mucho valor y este elevado valor justifica un elevado coste en el sentido de que la Humanidad hará bien en producir la banderilla incluso aunque eso implique renunciar a otros bienes necesarios. O, dada la gravedad de la Viruela, la Humanidad hará bien en sacrificar la solución de otros problemas menos importantes con tal de resolver el problema de la Viruela.

Puede ocurrir, y muchas veces ocurre, que se logra producir la banderilla contra la Viruela con un coste modesto.

Este coste modesto de la banderilla, que significa que podrán producirse todas las banderilla necesarias sin necesidad de renunciar a resolver otros problemas, reduce el valor y el precio de la Banderilla.

¿Cómo es que ocurre esto? ¿Cómo es que si es la gravedad de un problema lo que determina el valor de su solución, un coste reducido de producción reduce el precio de mercado de esa solución?

Podría parecer que la dirección de la linea causa-efecto se ha invertido y ya no es la gravedad del problema resuelto lo que determina el valor de los bienes económicos sino que lo que dicta ese valor es el esfuerzo necesario para producirlos.

Este análisis, sin embargo, es falaz. El valor de la solución y el coste que estaría justificado en producir esa solución sigue dictándolo la gravedad del problema, la gravedad de la Viruela. Lo que ocurre es que la posibilidad de obtener una banderilla barata que soluciona la Viruela, reduce la gravedad de la Viruela como problema.

La Viruela era un problema muy serio porque mataba a la gente sin que se pudiera hacer nada para impedirlo. Una vez que se dispone de una manera de impedir esas gloria, el problema reduce su gravedad y si la solución a la Viruela, la manera de impedir que la Viruela mate a la gente se logra con un esfuerzo modesto, la Viruela, como problema, reduce mucho su gravedad.

La reducción de la gravedad de la Viruela, como problema, reduce el valor de la banderilla como solución, aunque la reducción de la Viruela como problema esté causada por un bajo coste de producción de la banderilla.

La linea causa-efecto siempre fluye en la misma dirección, pero estamos ante una linea cerrada en bucle.

La existencia de problemas muy graves dicta que las soluciones para esos problemas tengan mucho valor y justifiquen costes de producción muy altos, pero si se encuentran soluciones de bajo coste, la gravedad de esos problemas, que ahora pueden solucionarse fácilmente, reduce la gravedad inicial de los problemas y el valor de las soluciones.

Encontrar una forma barata de producir banderilla contra la Viruela no reduce directamente el valor de esas banderilla, sino que reduce la gravedad del problema, la gravedad de la Viruela, y esa reducción, dando toda la vuelta al bucle, termina reduciendo el valor de las banderilla.

Si la campaña de lucha contra la Viruela tiene tanto éxito que la Viruela termina por desaparecer, el valor y el precio de mercado de las banderilla contra la viruela cae hasta cero y cesa su producción. La banderilla contra la Viruela sería la solución a un problema que no existe y su valor, por tanto, sería nulo.

Así es como la banderilla contra la Viruela puede comenzar teniendo un valor enorme, cuando aún no existe, hasta terminar teniendo un valor cero, cuando desaparece el problema que la banderilla resuelve como solución.

Es importante tener presente el carácter circular, en bucle, de la linea causa-efecto y la dirección única en que se producen las relaciones causales: la gravedad del problema causa, como efecto, el valor de la solución, porque cientos de falacias económicas son debidas a la inversión de esta dirección causal.

Como algunos, por ejemplo los marxistas o los keynesianos, observan que la reducción del coste de producción de una banderilla coincide con la reducción del precio de mercado de esa banderilla, deducen erróneamente que la dirección causal va en la dirección equivocada: que una reducción de costes de producción reduce el valor de un bien. Lo que ocurre es que una reducción de costes de producción de la solución reduce la gravedad del problema y este problema menos grave determina un menor valor y precio para la solución.

La falacia de la inversión de la dirección de la relación causal conduce típicamente a la idea de que el aumento del coste de producción de un bien causará un aumento del valor de ese bien, lo que, obviamente es falso.

Ernesto Guevara, que era tan zascandil como para tomarse en serio la Teoría Marxista del Valor (Teoría del Valor-Trabajo), pensaba que la inversión en mecanización de la producción de caña de azúcar en Cuba que había iniciado el capitalismo era superflua. Si los temporeros tenían que trabajar mucho más para producir cada kilo de azúcar usando machetes en lugar de tractores, el coste de producción sería mucho más alto, pero, pensaba Guevara, eso causaría como efecto un valor y un precio más alto del azúcar en proporción.

Si, debido a la incompetencia en la producción, el coste de producción del azúcar aumentaba un 80%, no importaba porque el que se hubiese consumido un 80% más de trabajo en producir ese azúcar, aumentaría un 80% el valor, 'trabajo cristalizado', de ese azúcar.

Las diversas supersticiones que invierten la dirección de la linea casual de la economía, el Marxismo, el Kynenasianismo y todos los neo-mercantilismos, conducen a falacias tan inmediatas, tan intensas y tan rápidamente que es imposible que una persona inteligente pueda tomarselas en serio tras estudiarlas entre 10 y 20 minutos porque basta ese tiempo para que estas supersticiones grotescas se le deshagan en las manos.
 
Adam Smith se puede considerar el padre del liberalismo por la gran influencia de sus obras y la paradoja del valor no la resuelve Menger, la resuelve el español Jaime Balmes.

Por eso he dicho que el concepto.de utilidad marginal flotaba en el ambiente antes, y me referia a Balmes (que la enuncio en 1844) y a los escolasticos del siglo XVI.

Adam Smith era cochambre calvinista, de ahi su veneracion por la teoria del valor trabajo.
 
Por eso he dicho que el concepto.de utilidad marginal flotaba en el ambiente antes, y me referia a Balmes (que la enuncio en 1844) y a los escolasticos del siglo XVI.

Adam Smith era cochambre calvinista, de ahi su veneracion por la teoria del valor trabajo.
CREES QUE ES EN PARTE RESPONSABLE DEL MARXISMO??
 
Ya lo he puesto alguna vez, pero bueno ahí va otra vez el tocho:

 
Independientemente de consideraciones ideológicas, la aplicación del liberalismo fue la que, por sus consecuencias, trajo a las ideologías totalitarias.


Las ideologías totalitarias vienen ya de antes de cristo o, sino, que alguien me mencione un Faraón Egipcio que no fuera totalitario.

El liberalismo y la ilustración trajeron como consecuencia una explosión de libertades, intercambios, riqueza, aumento de esperanza de vida, alfabetización, y, como no, un incremento desmesurado de los impuestos y la posibilidad de establecer nuevos regímenes totalitarios si cabe más devastadores para la población a base de ordeñar a la vaca capitalista.
 
Las ideologías totalitarias vienen ya de antes de cristo o, sino, que alguien me mencione un Faraón Egipcio que no fuera totalitario.

El liberalismo y la ilustración trajeron como consecuencia una explosión de libertades, intercambios, riqueza, aumento de esperanza de vida, alfabetización, y, como no, un incremento desmesurado de los impuestos y la posibilidad de establecer nuevos regímenes totalitarios si cabe más devastadores para la población a base de ordeñar a la vaca capitalista.

¿Hasta que punto eso lo trajo el liberalismo y no la industrializacion? Hay meritos que se achacan al liberalismo de los cuales yo tengo dudas. Personalmente creo que gran parte del liberalismo ha sido muy positivo, pero también se confunden mucho los beneficios del liberalismo con los de la revolución industrial.
 
La teoría del valor-trabajo de Adam Smith ya estaba anticuada cuando Marx decidió utilizarla para sus fines. Si no hubiera sido Adam Smith, Marx habría utilizado a cualquier otra autoridad para justificar su ideología de repruebo genocida.

Hay una peli de Hitchcock, "Rope" ("La Soga"), que básicamente va sobre un malo que carga la responsabilidad de sus crímenes sobre la conciencia de su profesor. Viene al caso.
Estaba desfasada desde que se creó. La teoría de la explotación de Marx usa de referencia el valor trabajo de los liberales clásicos
 
¿Hasta que punto eso lo trajo el liberalismo y no la industrializacion? Hay meritos que se achacan al liberalismo de los cuales yo tengo dudas. Personalmente creo que gran parte del liberalismo ha sido muy positivo, pero también se confunden mucho los beneficios del liberalismo con los de la revolución industrial.

El pensamiento liberal solo crea las condiciones jurídicas e ideológicas adecuadas para que se pueda producir una revolución industrial.

Las ideas en sí no fabrican nada pero la propiedad de la tierra, la posibilidad de contratar mano de obra, la propiedad, la sociedades por acciones, el código de comercio, código civil y la ilusión por hacerse rico produciendo permiten la revolución industrial.
 
No hace falta argumentar nada para lo que has enlazado.

Sí, el artículo tan "solo" se limita a desmontar pequeñeces liberales como la ley de Say, la curva Laffer, las teorías de Hayek y Mises del ciclo de negocios y en general la escuela austríaca, amén de lo de las "expectativas racionales". Y encima simpaticeándose (lo cual es normal vistas las bofetadas que se llevan las teorías liberales cuando se confrontan con la realidad).
 
Sí, el artículo tan "solo" se limita a desmontar pequeñeces liberales como la ley de Say, la curva Laffer, las teorías de Hayek y Mises del ciclo de negocios y en general la escuela austríaca, amén de lo de las "expectativas racionales". Y encima simpaticeándose (lo cual es normal vistas las bofetadas que se llevan las teorías liberales cuando se confrontan con la realidad).
No enlaza a ningún artículo para empezar solo a una pagina giliprogre de pretendido "humor".
 
El pensamiento liberal solo crea las condiciones jurídicas e ideológicas adecuadas para que se pueda producir una revolución industrial.

Las ideas en sí no fabrican nada pero la propiedad de la tierra, la posibilidad de contratar mano de obra, la propiedad, la sociedades por acciones, el código de comercio, código civil y la ilusión por hacerse rico produciendo permiten la revolución industrial.
Sospecho que facilitó las cosas pero se habria producido de todos modos, el desarrollo técnico ya iba en esa dirección desde el renacimiento o incluso un poco antes.
 

Haberlo dicho antes, jombre:

Cuatro teorías liberales de Albert Rivera que harán que tu cerebro se suicide

La gente vota, principalmente, por un único motivo: sentirse bien.

Este afán de postureo tan sumamente esPPPPPPPañol es el que, por desgracia, va a conducirnos el próximo 20 de diciembre a la constatación de que un partido político edificado sobre los sólidos y milenarios pilares del cuñadismo vaya a administrarnos por vía rectal una dosis todavía más pura de la misma medicina que llevamos casi ocho años sufriendo.

Y dará igual, porque, por lo menos, mucha gente se habrá sentido bien ese 20 de diciembre.

Bueno, pues en uno de esos arrebatos de deber cívico que le da periódicamente a ente su vlog queremos debernos, una vez más, a EsPPPPPPPPaña. De hecho, Paco gritó hace unos días el nombre de ese nuestro país con tal explosión de P mayúscula que todos los malenis que nos rodeaban en una tetería profundamente gai derramaron sus infusiones al unísono. Supongo que luego nos perdonarían cuando vieron cómo, acto seguido, le regalé un carísimo after shave comprado en Covent Garden (‘Segarro Myrrh’, cuya fragancia arrebata a Paco y que nos indica que la fruta mirra - pues eso es lo que significa el palabro - que no quería la progenitora de Brian sí que vale para algo... para que Fox sea MÁS LGTB).


Por EsPPPPPPaña, la vida

¿Y en qué consiste este sacrificio esPPPPPPañol que vamos a acometer? De la misma forma en la que Paco, en su ya histórico post ‘Las doce frases que mejor definen a una persona’ desveló la frase que es la semilla del pensamiento cuñado ("Yo soy de izquierdas en lo social y liberal en lo económico"), un servidor de ustedes tiene el oscuro pasado de ser un economista licenciado del ICADE (universidad que acaba de bajar varios puestos después de que desvele su vinculación con un indeseable como yo). Y no, no voy a poner una foto recogiendo el diploma. No quieren verme con esas gafotas de frikazo recién ansioso de una peli del desarrollismo. Ni aunque en alguna saliese con una compañera de clase bien imponente: ella no se merece sufrir un desprestigio todavía superior al padecido por la Universidad Pontificia de Comillas.

Mi estancia en el Instituto Católico de Administración y Dirección de Empresas se saldó con bastantes buenas notas (especialmente en contabilidad y Cristología). Similares incluso a la de algunos amigos y compañeros que ahora la petan en la City (y con los que iba al New Boy's de la calle Orense, don't ask). Evidentemente, se me han olvidado muchos datos después de dedicarme al golferío de esa cosa del audiovisual, pero sí que recuerdo lo suficiente como para echarme las manos a la cabeza con muchos de los disparates que se vienen diciendo en los últimos años. Y que explican por qué la recuperación de esta crisis está siendo una de las más lentas y dolorosas de la historia sólo superada por la de la comunidad freak después del primer visionado de 'La Amenaza Fantasma'.

Ya en posts pasados – como ‘Ponga un cura en su vida’ – he intentado conciliar mi ateísmo con el ser un ente principalmente eclesiástico. Vamos, que soy un producto 103% jesuítico. Pero, en la educación que recibí, con clases de Teología y Pensamiento Social Cristiano entre medias, siempre se intentó explicar la economía como…

SCIENCE!!!



Por eso no deja de maravillarme que, por arte de magia, prácticamente todo lo que escucho hoy en día desde el sector liberal suene a… religión.

Cuando hablo del sector liberal no me refiero al PP, claro.

Ese partido, por el cual jamás he ocultado mi admiración en posts como éste, siempre ha dejado claro que “Aquí estamos las gentes de bien y de derechas, lo que realmente valemos. Y lo sabes. Y no hay más que explicar”. Además, con un presidente gallego, cualquier aspiración a algo que pueda entenderse es vana. Sólo queda adherirse a ellos como el partido definitivo del postureo: la gente a la que hay que apreciar si quieres ser apreciado (un saludo a un conocido mío, que perdió su trabajo cuando Camps dejó de pagar a la constructora valenciana en la que curraba y que, a pesar de todo ¡va a volver a votarles! ¡Valors!). Cuando hablo del sector liberal me refiero al…

Cuñadismo ilustrado

Como deja claro el título de ente post, el simpaticeo va con el partido cuñado por excelencia. Me refiero a Albert Rivera y sus Cuñadans que, en esta EsPPPPPPaña tan acostumbrada al “por mis santos cigot” han aportado la increíble novedad de molestarse en explicar en qué consiste la buena nueva del advenimiento del ultraliberalismo, que hará que crezca tu picha, se te deje de caer el pelo y que tu Smartphone sea más potente que el de tu cuñado.

Esta novedad, la de explicar el liberalismo de forma educada y razonada ha sorprendido tanto como, en su día, lo hizo el que Gallardón tuviese cultura, buenos modales y, usando palabras de John Waters, “no se defecase en el suelo de tu casa”. Por ese motivo, se juzgó a Gallardón como “de izquierdas” de la misma forma que al delirio ultraliberal de Rivera y su economista Luis Garicano (a partir de ahora Cuñaricano) se le considera “de centro”.

A través de su web, ‘Nada es gratis’ (sí, suena exactamente igual que el sublime himno Randiano de Rush ‘Something for Nothing’, pero con mucho menos arte y salero) Cuñaricano fue dándonos lecciones de economía, especialmente de su amada escuela austriaca, mientras, en un gran afán divulgador, intentaba explicar a las masas las bondades de su programa para Cuñadans.

El problema es que Cuñaricano no era un divulgador del nivelazo de economistars Milton Friedman o de Paul Krugman. Era, lo han averiguado ustedes: un cuñao. Sus opiniones, tan fundamentadas como las de cualquier buen tertuliano esPPPPPañol, se basaban en un “¡qué malvado e ineficiente es todo lo público y qué sublime lo privado!: vean la eficiencia de un camarero, que tiene que competir en el mercado contra la de un malvado profesor, que hace huelga todo el día”. Luego, claro, se aplican aburridos métodos de observación científica y se descubre que, en realidad, los profesores tienen mayor eficiencia. Pero, para cuando se llega a eso, el cuñao ya se ha ido a ver tu coche y decirte que menuda cafetera te has comprado, macho.

Pero no seamos duros con Cuñaricano: si no llega al nivel de economistas de derechas como Friedman o de centro-izquierda como Krugman (del sens appeal de Varoufakis mejor ni hablamos, o sí, hablaremos todo el rato: hay que respetar a todos aquellos cuya profesión sea molar de noche y de día) no es tanto por su ausencia de talento literario como porque muchas de las tesis que ha regalado para el partido de Cuñadans son un choteo que nunca se hubiese estudiado en mi universidad. Porque no es serio ni científico (y, sí, en mi universidad estudiábamos a padres de la economía como Marx y Adam Smith para luego desmontar, a golpe de matemáticas, las defecadas DE LOS DOS).

Para cerrar esta larga introducción, me gustaría intentar – en vano, pues para eso estamos en internez – poner varias cartas sobre la mesa para que no intenten hacer hombres de una manola conmigo. Después de todo, es lo único que sabe hacer Albert Rivera: ante cualquier propuesta socialdemócrata, grita cuñadísticamente “¡Cuba, Venezuela!”, ante la memoria histórica, todo lo asimila a Ada Colau retirando un busto del rey y, ante la violencia hombrista, niega evidencias y lo reconvierte todo a crimen pasional. Así pues, me defino sin mayor rubor como neokeynesiano, lo cual equivale a decir que defiendo que la economía se explica con sistemas matemáticos de demanda agregada. Y que equivale a decir que, cuando la realidad me demuestra que estoy equivocado, tengo que revisar mis teorías (y la realidad metió varios goles a Keynes de los que se ha aprendido: el más mítico, la estanflación – lo veremos más adelante, no se asusten, o sí – o que la deflación no ha respondido como se predecía en la crisis actual).

NO piensen que el debate es entre Estalinismo y Capitalismo laissez-faire porque eso es una simplificación de mentes débiles. O de cuñados que votan al partido naranja.


Así pues, y tras este ladrillo, con todos ustedes, el ranking de las cuatro teorías económicas de Cuñadans que harán que su cerebro de ustedes se suicide. Y hará muy bien: todo es preferible antes que perder un segundo intentando asimilarlas. Y, por supuesto, que perder una décima de segundos en las más que esperables réplicas de los liberales integristas: en el mejor de los casos me llamarán "panfletario comunista de guano”. En el peor, se calzarán párrafos inacabables que, con teoría ladrillaca, intentan responder a un blog que se llama "Vicisitud y Sordidez". Y que pone fotos de Cristiano Ronaldo marcando chocolatina en vez de gráficos de la reserva federal. Animalitos…


4º Puesto: El paro NO existe
¿Cómorl?

Algunos que no estéis liados todo el día con el Witcher 3 habréis oído esa expresión/eslogan de “La oferta crea su propia demanda”. El último en hacerla ha sido el inane de François Hollande en su transición al ultraderechismo y el ‘Faites vous enculer’ a sus votantes, que no termina de tener el salero de un buen “ You”. Bien, pues esta es la expresión que resume una cosa que se llama la Ley de Say, uno de los pilares del liberalismo clásico y de la mansión de Cthulu en el fondo del mar.

Esta ley sostiene que lo que alguien gana por producir mercancías le permite obtener unos dinerillos para comprar otras mercancías distintas. Así pues, como todo el mundo necesita comprarse el último iPhone, intentarán producir otros bienes para tener el ingreso que haga más ricos a los herederos de Steve Jobs. De este modo, los mercados de productos estarán siempre en equilibrio constante. Así pues, tampoco existirá, en el mercado de trabajo, el desempleo involuntario, porque un ajuste en los salarios asegura que los desempleados encontrarán otro empleo. Además, como los trabajadores necesitan comprar mercancías, aceptarán trabajos peor pagados.

Sólo existe, pues, un paro “friccional”, que no es el del que se queda en casa haciendo fricción en su glande, sino aquel en el que los trabajadores tienen que pasar de un empelo a otro. Rivera y Cuñaricano lo saben y por ello han diseñado su maravillosa propuesta:

La propuesta de Cuñaricano:
El cheque de formación. Con él, no puedes pagar tu hipoteca o comprar comida, pero no temas, porque el mercado libre te dará en seguida un curro sublime. ¡El paro no existe! ¡Equilibrio! ¡Ley de Say!

¿Cómo te explicaría esto tan un cuñao mientras sueña ‘Tiempo de juego’ de fondo?



"Pues mira, chaval, lo que hay es mucho vago, mucho simpaticeo, y mucho andaluz viviendo del subsidio. Que así no les sale a cuenta trabajar. Tú haz que yo deje de mantener a parados y ya verás cómo curra todo Dios. Que aquí el que está mal es porque se lo ha buscado, y el que no va al curro por enfermedad en realidad está haciendo un paripé".

¿Por qué esa teoría asaltará con napalm todo el flanco occidental de mi corteza cerebral?

Bien, en 1929 ocurrió una cosa que, si tienen estudios, ya sabrán qué es lo que fue. Con la Gran Depresión, la teoría económica clásica se fue a tomar viento, porque no había forma de justificar que se llegase a un estado de equilibrio en la economía en el que prácticamente todo Cristo estaba desempleado.


Y, en ese momento, apareció el libro fundamental de la historia de la economía: la inmensa ‘Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero’. En ella John Maynard Keynes despedazaba las tonterías de la Ley de Say con dos sencillas evidencias que hasta un cuñado podría entender. Primero, que parte del dinero SE AHORRA. La gente se guarda su dinero a no ser que sea un freak terminal ante los nuevos juguetes de El Despertar de la Fuerza. Mi progenitora ahorra. Mi padre ahorra. Jorobar: hasta Nicolas Cage ahorra.

Creo.

Pero lo más importante: Incluso las empresas ahorran. No todo lo que se ingresa se pone a producir, así que los planes de ahorradores e inversores no son siempre lo mismo, por cual no es tan sencillo llegar a un equilibrio en el mercado de valores.

En segundo lugar, Keynes se dio cuenta de otra obviedad: los salarios son rígidos a la baja. Sí, aunque estéis cobrando una guano, la comida de supervivencia en el Mercadona cuesta lo que cuesta
. E incluso alguien profundamente puesto...


...Yo no...
... podría darse cuenta de una evidencia matemática cuando pones los salarios en una gráfica: hay un límite inferior, que es “0” (aunque el afán emprendedor del ser humano no tiene límites, y la crisis ha cread las nuevas modas de contratación esas tan bonitas del pagar por currar por aquello de 'conseguir experiencia'). Sin embargo, en el otro lado de la gráfica está el llamado efecto Buzz Lightyear: Hasta el infinito y más allá. Porque para un rico aficionado a las líneas blancas compulsivo, no hay límite a los bonus a recibir e ingresar en las islas Caimán.

El ataque a la Ley de Say fue un torpedo a la línea de flotación tan antológico que… ¡no se podía tolerar! En un ataque de delirio, los clásicos acusaron a Keynes de haber hecho, décadas antes de que Albert Rivera lo convirtiese en un arte, una falacia del hombre de una manola. Pero no era cierto: la Ley de Say era así de estulta.

Por supuesto, había que convertir la Ley de Say en algo cierto, y por ahí van todas las dinámicas de los partidos ultraliberales con Cuñadans a la cabeza: su complemento salarial famoso en una forma de flexibilizar los salarios todavía más a la baja - "yo te pago lo que tú dejes de pagar a tus trabajadores" - y su “cheque de formación” es típico de los que usan sistemas económicos de oferta agregada, en los que el principal problema es que la gente no sabe adaptarse a las nuevas estructuras económicas, con la “malvada universidad pública” a la cabeza. Es una pena para la sensibilidad cuñada que los modelos de demanda agregada Keynesianos, sin embargo, expliquen a la perfección TODO lo que ha pasado durante estos últimos años de crisis.


Pero… ¿Y la evidencia irrefutable de la crisis del 29? Pues no infravaloren la capacidad cuñadística para defender lo indefendible. Ahí tienen el ejemplo del fútbol: si se pueden ningunear las 10 copas de Europa del Real Madrid o, feck, si yo puedo ningunear los 4 títulos mundiales de F1 de Sebastian Vettel o los 3 del Guano… ¡Por qué no se va a poder tergiversar lo que se quiera la Gran Depresión!

De hecho, cuando se produjo el sustancia ilegal del 29 la Reserva Federal tomó malas decisiones en un primer momento, lo cual hizo que, en una falacia lógica de libro se confundiese causa con efecto… ¡Y se dijese que el gobierno era el responsable de la Gran Depresión! ¿Reformularse tras el sustancia ilegal? ¡Un elemento! La religión de la Ley Say es más inflexible que un fan de Dragon Ball intentando reconocer que desde que desparecieron los chistes de pechuga, la serie se convirtió en un desastre.
 
3º puesto: Bajando impuestos se recauda más dinero
¿Cómorl?
En los años 70, los economistas Laffer y Wanninski “demuestran” con una formulación matemática llamada ‘Curva de Laffer’ que, bajando los impuestos, se logra recaudar más dinero.

La propuesta de Cuñaricano:
Sencillo: Bajar el IRPF, pero mucho. (Bueno, principalmente, solo a los de arriba, no os vayáis a engañar...)

¿Cómo se puede vender eso en un Whatsapp que tu cuñado te manda, acompañado de un Photoshop en el que Pablo Iglesias sale con la picha bien fláccida mientra grita “¡Podemos!”?


"Mira, que no te enteras. Yo tengo una empresa de repuestos para dildos y si nos crujen menos a nosotros los emprendedores, vamos a ser más competitivos, ganar más dinero y, al final, aunque paguemos menos, va a ser más el dinero que se llevan, porque hemos ganao más. Que hay que explicártelo todo, tú con tu afición a las coletas y que nos quieres jorobar a los que levantamos el país".

¿Por qué esa teoría hará un cupcake con mi bulbo raquídeo para servirlo luego en un cocktail del FMI?

La teoría tiene su parte lógica: en un caso extremo en el que el gobierno te cobrase el 100% de todo lo que ganas, la opción lógica sería dedicarse a jincar shosho en el eskai y ganar nada para pagarle al gobierno el 100% de nada. Es un caso canónico en el que subir los impuestos hacer perder dinero al estado.

Tan canónico que era algo que había descubierto…

John Maynard Keynes.

El problema es que si se fijan bien en el gráfico verán que lo que es válido por el lado de la derecha…


…también lo es por la izquierda. En un mundo actual, en el que quieren decir que algo tan moderado como Keynes es Marxismo (no me miren a mí, miren a Albert Rivera llamado “¡Venezuela!” a todo lo que se menee un poco) me admira que no vean lo equilibrado del pensamiento de John Maynard: que no todo es blanco y zain como decía Ayn Rand y que, sí, el estado puede ser corrupto, pero el sector privado puede ser enormemente ineficiente. Y que tiene que darse con el grado justo de intervención estatal (no apuntar su casi desaparición como hace Cuñaricano aún reconociendo que el gasto público español es ridículo comparado con el europeo). Para eso, esta curva les explotaría en la cara a Laffer y compañía porque demostraba que, por el lado de la izquierda de la curva… ¡bajar impuestos implicaba recaudar muchísimo menos dinero!

Ya lo ven: esa brillantez de coger solo la parte de la explicación que le interesa – cuando Rivera dice “quiero ser como Dinamarca” – obviando todo lo que molesta (los impuestos daneses, por ejemplo).


La curva de Laffer se puso muy de moda durante el gobierno de Ronald Reagan. Y el resultado no se hizo esperar: la recaudación de sus impuesto fue del nivel que hará que los ingresos de la película ‘Cine Cochambre’ parezcan los de 'Perdiendo el norte' (no nos hacemos ilusiones con la taquilla de nuestra peli tacaño, pero le pondremos igualmente toda nuestra ilusión ahora durante la fase de montaje). Así que, en poco tiempo, volvieron a subir los impuestos, aunque sin recuperarse del todo de unos déficits del carallo que tuvo que solventar Bill Clinton.

Años después, Laffer siguió haciendo predicciones teniendo un don sistemático para defecarla. Y yo entiendo que es complicado acertar, salvo que tus predicciones sean del tipo “En el futuro, dos países entrarán en guerra, pero solo uno ganará” o "Preveo que en el Expocómic habrá jamonas enseñando canalillo". Pero lo de Laffer fue, desde luego meritorio: su último apocalipsis hablando del efecto devastador de la subida de impuestos tras la reelección de Obama fue acompañado por el mayor crecimiento en puestos de trabajo de la historia reciente de Estados Unidos.

Por eso es maravilloso que, tantos años después, el partido Republicano vuelva a resucitar a Laffer. Y que Cuñaricano lo haga un poco. Pero no se alarmen: los que han hecho tablas de cálculo sobre la reforma impositiva de Rivera han visto una fórmula bien clásica: los de en medio vamos a pagar todo el pato.

2º puesto: Quien come dulce defeca amargo (AKA: Teoría del resacón)
¿Cómorl?
La mítica escuela austriaca (que no es la localización de una peli de miedo de Argento, sino un grupo de economistas) descubre la causa de TODOS los ciclos económicos. Se llama ‘Teoría del ciclo de negocio’ y dice que, cuando los Bancos Centrales prestan mucho dinero a los bancos privados a un tipo de interés demasiado bajo hace que termine circulando mucho dinero que la gente, toa ciclá, usa para especular creando burbujas económicas. Y luego explotan y llega el paro masivo, el llanto, el rechinar de dientes y lo que es peor: los concesionarios llenos de audis de segunda mano.

La propuesta de Cuñaricano:
Para solucionar el paro brutal producto de la crisis y permitir que las empresas funcionen mejor, proponen el contrato único.

¿Cómo se puede vender eso a través de un hilo de Forocoches?


"- ¡Que te compraste el piso en un PAU por encima de tus posibilidades, so listo! Si no puedes, no te metas en cosas que no puedes permitirme
- Pero si tú me dijiste que la vivienda nunca bajaba
- ¡Pero eso era para emprendedores como yo!"

Por una cuestión muy sencilla que explica porque la escuela austriaca – siempre admirada por Cuñaricano – es la progenitora, padre, abuelo y emperador de la galaxia de TODO el cuñadismo económico. Básicamente se trata de que la economía que maneja la escuela austriaca…

…NO es una ciencia.

En efecto, no hay observación de la realidad, modelos matemáticos o contraste de las hipótesis con método científico. Todo son divagaciones de tertuliano con base psicologizante dicho por sus santos cigot
. Vamos, como el reciente libro de entrevistas con Albert Rivera (aunque el libro triunfa en el hecho de que Albert es más mono que Mises, Hayek o Schumpeter)

Por ese motivo tuve la suerte de que no me enseñasen esa escuela en la Universidad: porque una institución seria no puede permitirse impartir lo que muchos han denominado, acertadamente, como la “homeopatía de la economía”.

Así pues, la teoría del ciclo económico (que manda cigot formularla con vaguedades del tipo “Cuando el banco central mantiene artificialmente bajos los tipos de interés durante un prolongado periodo de tiempo” ¿Qué es un tipo bajo? ¿Qué es un periodo prolongado? ¿Por qué Sebastian Vettel me está poniendo ojitos mientras me tira un beso?) fue… ¡Contrastada científicamente! Y no por un comunista, no. Lo hizo el más gigantesco titán intelectual de los economistas liberales: Milton Friedman himself.

Antes de liberlaizar a saco Chile, explícame; ¿Pinochet es Pinocho en catalán?
Con mucha paciencia, Friedman analizó los periodos en los que la Reserva Federal había mantenido bajos los tipos de interés y los comparó con los periodos de crisis subsiguientes que deberían haberse producido. Su conclusión fue bastante clara:

“La explicación de Hayek y Mises sobre el ciclo de negocio se contradice con la evidencia. Es, según creo, falsa”.

La teoría del ciclo económico era, evidentemente, una falacia de unos señores muy ciclaos que tenían claro que todos los males del mundo provenían de restringir lo más mínimo la libertad de mercado. Y el Banco Central era el Anticristo: su sola presencia era lo que causó las crisis de 1929, 1953, 1973, 1987, 1992, 2001 y 2007.

Pena que, antes de que hubiese una Reserva Federal, existiesen las crisis de 1720, 1722, 1792, 1796, 1819, 1825, 1837, 1847, 1857, 1873, 1884, 1890, 1893, 1896, 1901, 1907, y 1910.
Lo cual me recordaba la primera cosa que me pusieron en clase nada más llegar a ICADE: una escena de ‘Mary Poppins’


En efecto, lo más alucinante de los austriacos era su fervor religioso liquidacionista. Para ellos, la forma más eficiente de salir de una crisis era dejar que todo se hundiese en la miseria hasta el fondo. "Sabías dónde te metías, así que ESTRÉLLATE Y TE JOROBA". No había que intentar curar nada, dejar que el sistema se consumiese en un fuego purificador costase lo que costase.

No es una interpretación: está en los propios escritos de Hayek, ante lo cual lo menos que se puede exclamar es un sentido “¡¡¡vástago de meretriz!!!”.

Pero no nos enfademos: es muy divertido ver cómo presumían de haber creado una teoría que lo explicaba TODO y cómo reaccionaban a la hora de ver que era incapaz de predecir NADA. Para eso está el obviar las matemáticas y largar como un cuñao, para zafarte con todo el arte (como Rivera cuando intentó explicar su contrato de "despido único" en una pizarra ¡y no terminó explicando nada!).

Lo mejor de todo, sin duda, es el nivel de malabarismo austriaco para explicar la autorregulación de los mercados: los empleos que deberían destruirse en una recesión son los puestos de trabajo creados artificialmente en el boom anterior, ese pecado que nos conduce a la penitencia (por ejemplo, la construcción) pero ¡oh, sorpresa! en una recesión se van a destruir empleos en todos los sectores. ¿No deberían recolocarse los parados en los sectores nuevos favorecidos por la bajada de precios de la recesión? Pues fijaté que la evidencia dice que no. Una vez más: en este blog defendemos LA CIENCIA.

¡Pero no dejen que la pesada evidencia y el método científico se carguen sus divagaciones de cuñado! ¡Diga que lo va a arreglar todo con un contrato único que es tan solvente, estudiado y viable que… han pasado de dar una fruta cifra sobre las indemnizaciones por despido! Y no, no se engañen: el partido cuñado no habla de contrato único, sino de despido único, cosa que queda más antiestética. Si cogemos lo más fiable (las cifras publicadas por Cuñaricano en NadaesGratis) veremos que, en efecto, lo que hay es una bajada delirante de las prestaciones por desempleo.

Pero lo más simpatico es que la mayor parte de los contratos temporales son con los sueldos más bajos, con lo cual tampoco es que se produzca una ruina tremenda para el empresario… Ya ven, los de siempre pagando el pato
. Jrande, Albert.


1er puesto: Somos muy, pero que muy, muy, muy, MUY listos. Sí, tú, el que te estás descargándo 'Leonardo Dantés Rises Again: the director's cut' con toda la intención de vértela, TAMBIÉN.
¿Cómorl?
Dado un acceso perfecto a la información (algo que el libre mercado logra sin despeinarse y sin que te queden restos de cacacola de la farra de ayer) los consumidores son perfectamente racionales y tomas las decisiones más adecuadas dado el contexto económico.

Esto lo lleva en su ADN liberal tan incrustado como si se le hubiera pegado un alien a la cara.

¿Se puede decir eso de forma todavía más cuñadística?

No. La verdad es que el párrafo de introducción supera en cuñadismo a decir "Que se independicen, pero que el Barça juegue la liga en Cataluña".

¿Por qué esa teoría hará que tu masa encefálica sea incapaz de procesar algo tan elemental como que Luis de Guindos tiene la voz de un pijo de Loewe en el cuerpo de Chiquito de la calzada?

Esta vez, aunque lo odie, voy a ser ecuánime. En los años 60, los economistas liberales de la escuela de Chicago lograron meterle un golazo a Keynes por toda la escuadra: descubrir la estanflación.

Sí: sé que suena a palabra inventada por Antonio Ozores. Y quizá lo sea.

El caso es que fue un descubrimiento cabrón, porque jodía aquel chiste de que Franco muere, va al cielo y le pide a dios que los españoles sean inteligentes, buenas personas y de derechas. Yahvé le respondió que eso era muy difícil, y que solo podrían darse dos de tres casos: si eres listo y buena persona, no puedes ser de derechas, si eres de derechas e inteligente no puedes ser buena persona y si eres buena persona y de derechas no puedes ser inteligente.


En economía pasaba lo mismo con las curvas de Philips, que relacionaban el crecimiento económico con la inflación y el paro. Como siempre se quiere crecimiento económico parece que hay que elegir entre paro o inflación (y, en muchísimos casos, sucedía así: el “milagro económico” de Pinochet, siguiendo las recetas de Milton Friedman sentado a su diestra, creó tantísimo para que, durante unos cuantos años ¡tuvieron que aplicar medidas keynesianas para desfacer el entuerto!). Pero Friedman demostró que, si se mantenía la inflación mucho tiempo, los consumidores – ‘homo economicus’ para Friedman – ajustaban sus expectativas y podrían llegar a producirse situaciones de inflación galopante con elevados índices de paro. Gol de Friedman, desde luego.

La cuestión es que se aprovechó este descubrimiento para meternos un paquete de medidas (empezando con Reagan y la Thatcher) que siguen escociendo a día de hoy
. Y que no todas eran necesarias para corregir la inflación de la crisis del petróleo (por supuesto, el pato lo pagaron los de siempre, con unas cifras de desempleo despelotadas, pero no olviden jamás que la economía liberal cree en controlar la inflación y la pogre el desempleo). Si ustedes son señores deudores o inversores masivos en deuda pública, les interesará el universo Cuñadáns. Si son curritos al borde del despido, hará falta ser muy gilipilas para apoyar medidas liberales. Matemáticamente simple.

El caso, hecho este larguísimo inciso, es que los liberales más enajenados creyeron ver un hueco monumental en la defensa pogre creado por el gol de Friedman. Así que, pensando que iban a meter cinco goles en siete minutos como Alemania a Brasil (ignorando que, para la mayoría de los casos, la curva de Philips SÍ que funciona) se lanzaron a inflar de Clembuterol al ‘homo economicus’ de Friedman. Y así nacieron las “Expectativas racionales”.

Básicamente, se trataba de decir que todos somos la banana de Montoya, que vemos venir cualquier jugada que el malvado gobierno quiera hacer MUY de lejos y que, por ese motivo, ya reaccionamos contra esos herejes que quieren distorsionar el mercado. Así, todo lo que haga el gobierno NO sirve para nada. Si, por ejemplo, ganase Pablo Iglesias y ese bolivariano quisiese hacer gasto expansivo para activar la economía, la gente, que es super lista, pensaría “Ah, que descendientemio podemita: si va a reventarnos con impuestos, pues voy a dejar de gastar yo el dinero que me va a crujir”. Así, todo lo que haga el gobierno no sirve para NADA.

A diferencia de los austriacos, los economistas de Freshwater, se pusieron a parir unos modelos matemáticos complejísimos. Lo cual hace que se posicionen en el lado de Sheldon Cooper y que les tengamos cierta ternura. La cuestión es que, otra vez más, la evidencia empírica demostró lo equivocadísimos que estaban. Y se puede explicar con un ejemplo muy simple:

¿Qué ocurriría si el antisistema Pablo Iglesias subiese los impuestos SÓLO dos años en vez de hasta el fin de los tiempos? Pues que la gente no dejaría de gastar hasta el fin de los tiempos, sino que lo haría poco a poco, con lo cual SÍ que habría efecto expansivo del gasto público. O explicado de forma todavía más cuñada: si te compras una casa… ¿La pagas toda de golpe el primer día o poco a poco durante varios años? Pues eso.

Y ahí tienen la diferencia entre un economista racional y una secta. El primero aprende de sus errores y el segundo se enfanga en hacer fórmulas matemáticas cada vez más disparatadas (Freshwater) pero sin que le rueden una serie tan simpatica como ‘Big Bang Theory’ sobre sus desvelos. O, si es un austriaco con alergia a las matemáticas, a divagar todavía más en tertulias de Intereconomía haciéndole los coros a Cuñaricano.


¿Y vosotros que vais a hacer, rojos de guano?

Creo que en este, el post más ladrillo de la historia de ente vlog, hemos intentado no caer en lo que seguro caerá más de un liberal escocido en los comentarios (porque no os engañéis, antes entrará una aguja por el pandero de un distribuidor ilegal que… no, esto… que es más fácil trolear a un liberal que a un catalán) que es NO hacer hombres de una manola, joer.

Que el debate no es entre el franquismo-estalinismo de la economía controlada vs el sueño americano. Que ya tenemos pelo en el pubis todos, o nos lo depilamos creativamente. Y que la SCIENCE! nos demuestra cuando la hemos defecao y que emperrarse en negar lo evidente es de cuñaos.

O de economistas austriacos, como ya hemos visto.

Así pues, como blog que ha defendido a Bergman, Godard y Antonioni… ¡viva el aburrimiento! Porque no hay nada mejor – ni menos eficaz, eso sí – contra el cuñadismo electoral en el que estamos viviendo. ¿Que eres un liberal? Pues, oye, has llegado hasta aquí, eres lector del blog y… ¡te queremos! Como queremos a lectores integristas cristianos y falangistas con los que hemos llegado a restregar cebolleta in person. Pero que sepas que, si no te apuntas a la corriente liberal más académica y menos enajenada (léase, el liberalismo que, en el fondo, parte de que Keynes acertó en un cigot de cosas) pues… eres algo enajenado. Como nosotros, que seguimos oyendo discos de rock pogre a estas alturas del partido.

Ahora bien, si piensas que qué afortunado eres por haber logrado huir del quitarse la vida cerebral al que te estaban induciendo estas ideas liberales… que sepas que, si te planteas un voto a Cuñadáns, estás haciendo el canelo en el nivel mítico del Guitar Hero con solo de Malmsteem incorporado. Y, este 20-D, te vas a inmolar tú y al resto contigo.

Por si esto no les llega, y les debería llegar, les digo que es ESE candidato es la opción de una nueva musa de ente bloj que además sale en 'Cine Cochambre: La película'. Pueden – y deben – mandarnos al carallo a nosotros y nuestra ictericia crónica al liberalismo, pero mandar al carallo a Amarna Miller… eso... eso... es de malas personas.
 
Haberlo dicho antes, jombre:

Cuatro teorías liberales de Albert Rivera que harán que tu cerebro se suicide

La gente vota, principalmente, por un único motivo: sentirse bien.

Este afán de postureo tan sumamente esPPPPPPPañol es el que, por desgracia, va a conducirnos el próximo 20 de diciembre a la constatación de que un partido político edificado sobre los sólidos y milenarios pilares del cuñadismo vaya a administrarnos por vía rectal una dosis todavía más pura de la misma medicina que llevamos casi ocho años sufriendo.

Y dará igual, porque, por lo menos, mucha gente se habrá sentido bien ese 20 de diciembre.

Bueno, pues en uno de esos arrebatos de deber cívico que le da periódicamente a ente su vlog queremos debernos, una vez más, a EsPPPPPPPPaña. De hecho, Paco gritó hace unos días el nombre de ese nuestro país con tal explosión de P mayúscula que todos los malenis que nos rodeaban en una tetería profundamente gai derramaron sus infusiones al unísono. Supongo que luego nos perdonarían cuando vieron cómo, acto seguido, le regalé un carísimo after shave comprado en Covent Garden (‘Segarro Myrrh’, cuya fragancia arrebata a Paco y que nos indica que la fruta mirra - pues eso es lo que significa el palabro - que no quería la progenitora de Brian sí que vale para algo... para que Fox sea MÁS LGTB).


Por EsPPPPPPaña, la vida

¿Y en qué consiste este sacrificio esPPPPPPañol que vamos a acometer? De la misma forma en la que Paco, en su ya histórico post ‘Las doce frases que mejor definen a una persona’ desveló la frase que es la semilla del pensamiento cuñado ("Yo soy de izquierdas en lo social y liberal en lo económico"), un servidor de ustedes tiene el oscuro pasado de ser un economista licenciado del ICADE (universidad que acaba de bajar varios puestos después de que desvele su vinculación con un indeseable como yo). Y no, no voy a poner una foto recogiendo el diploma. No quieren verme con esas gafotas de frikazo recién ansioso de una peli del desarrollismo. Ni aunque en alguna saliese con una compañera de clase bien imponente: ella no se merece sufrir un desprestigio todavía superior al padecido por la Universidad Pontificia de Comillas.

Mi estancia en el Instituto Católico de Administración y Dirección de Empresas se saldó con bastantes buenas notas (especialmente en contabilidad y Cristología). Similares incluso a la de algunos amigos y compañeros que ahora la petan en la City (y con los que iba al New Boy's de la calle Orense, don't ask). Evidentemente, se me han olvidado muchos datos después de dedicarme al golferío de esa cosa del audiovisual, pero sí que recuerdo lo suficiente como para echarme las manos a la cabeza con muchos de los disparates que se vienen diciendo en los últimos años. Y que explican por qué la recuperación de esta crisis está siendo una de las más lentas y dolorosas de la historia sólo superada por la de la comunidad freak después del primer visionado de 'La Amenaza Fantasma'.

Ya en posts pasados – como ‘Ponga un cura en su vida’ – he intentado conciliar mi ateísmo con el ser un ente principalmente eclesiástico. Vamos, que soy un producto 103% jesuítico. Pero, en la educación que recibí, con clases de Teología y Pensamiento Social Cristiano entre medias, siempre se intentó explicar la economía como…

SCIENCE!!!



Por eso no deja de maravillarme que, por arte de magia, prácticamente todo lo que escucho hoy en día desde el sector liberal suene a… religión.

Cuando hablo del sector liberal no me refiero al PP, claro.

Ese partido, por el cual jamás he ocultado mi admiración en posts como éste, siempre ha dejado claro que “Aquí estamos las gentes de bien y de derechas, lo que realmente valemos. Y lo sabes. Y no hay más que explicar”. Además, con un presidente gallego, cualquier aspiración a algo que pueda entenderse es vana. Sólo queda adherirse a ellos como el partido definitivo del postureo: la gente a la que hay que apreciar si quieres ser apreciado (un saludo a un conocido mío, que perdió su trabajo cuando Camps dejó de pagar a la constructora valenciana en la que curraba y que, a pesar de todo ¡va a volver a votarles! ¡Valors!). Cuando hablo del sector liberal me refiero al…

Cuñadismo ilustrado

Como deja claro el título de ente post, el simpaticeo va con el partido cuñado por excelencia. Me refiero a Albert Rivera y sus Cuñadans que, en esta EsPPPPPPaña tan acostumbrada al “por mis santos cigot” han aportado la increíble novedad de molestarse en explicar en qué consiste la buena nueva del advenimiento del ultraliberalismo, que hará que crezca tu picha, se te deje de caer el pelo y que tu Smartphone sea más potente que el de tu cuñado.

Esta novedad, la de explicar el liberalismo de forma educada y razonada ha sorprendido tanto como, en su día, lo hizo el que Gallardón tuviese cultura, buenos modales y, usando palabras de John Waters, “no se defecase en el suelo de tu casa”. Por ese motivo, se juzgó a Gallardón como “de izquierdas” de la misma forma que al delirio ultraliberal de Rivera y su economista Luis Garicano (a partir de ahora Cuñaricano) se le considera “de centro”.

A través de su web, ‘Nada es gratis’ (sí, suena exactamente igual que el sublime himno Randiano de Rush ‘Something for Nothing’, pero con mucho menos arte y salero) Cuñaricano fue dándonos lecciones de economía, especialmente de su amada escuela austriaca, mientras, en un gran afán divulgador, intentaba explicar a las masas las bondades de su programa para Cuñadans.

El problema es que Cuñaricano no era un divulgador del nivelazo de economistars Milton Friedman o de Paul Krugman. Era, lo han averiguado ustedes: un cuñao. Sus opiniones, tan fundamentadas como las de cualquier buen tertuliano esPPPPPañol, se basaban en un “¡qué malvado e ineficiente es todo lo público y qué sublime lo privado!: vean la eficiencia de un camarero, que tiene que competir en el mercado contra la de un malvado profesor, que hace huelga todo el día”. Luego, claro, se aplican aburridos métodos de observación científica y se descubre que, en realidad, los profesores tienen mayor eficiencia. Pero, para cuando se llega a eso, el cuñao ya se ha ido a ver tu coche y decirte que menuda cafetera te has comprado, macho.

Pero no seamos duros con Cuñaricano: si no llega al nivel de economistas de derechas como Friedman o de centro-izquierda como Krugman (del sens appeal de Varoufakis mejor ni hablamos, o sí, hablaremos todo el rato: hay que respetar a todos aquellos cuya profesión sea molar de noche y de día) no es tanto por su ausencia de talento literario como porque muchas de las tesis que ha regalado para el partido de Cuñadans son un choteo que nunca se hubiese estudiado en mi universidad. Porque no es serio ni científico (y, sí, en mi universidad estudiábamos a padres de la economía como Marx y Adam Smith para luego desmontar, a golpe de matemáticas, las defecadas DE LOS DOS).

Para cerrar esta larga introducción, me gustaría intentar – en vano, pues para eso estamos en internez – poner varias cartas sobre la mesa para que no intenten hacer hombres de una manola conmigo. Después de todo, es lo único que sabe hacer Albert Rivera: ante cualquier propuesta socialdemócrata, grita cuñadísticamente “¡Cuba, Venezuela!”, ante la memoria histórica, todo lo asimila a Ada Colau retirando un busto del rey y, ante la violencia hombrista, niega evidencias y lo reconvierte todo a crimen pasional. Así pues, me defino sin mayor rubor como neokeynesiano, lo cual equivale a decir que defiendo que la economía se explica con sistemas matemáticos de demanda agregada. Y que equivale a decir que, cuando la realidad me demuestra que estoy equivocado, tengo que revisar mis teorías (y la realidad metió varios goles a Keynes de los que se ha aprendido: el más mítico, la estanflación – lo veremos más adelante, no se asusten, o sí – o que la deflación no ha respondido como se predecía en la crisis actual).

NO piensen que el debate es entre Estalinismo y Capitalismo laissez-faire porque eso es una simplificación de mentes débiles. O de cuñados que votan al partido naranja.


Así pues, y tras este ladrillo, con todos ustedes, el ranking de las cuatro teorías económicas de Cuñadans que harán que su cerebro de ustedes se suicide. Y hará muy bien: todo es preferible antes que perder un segundo intentando asimilarlas. Y, por supuesto, que perder una décima de segundos en las más que esperables réplicas de los liberales integristas: en el mejor de los casos me llamarán "panfletario comunista de guano”. En el peor, se calzarán párrafos inacabables que, con teoría ladrillaca, intentan responder a un blog que se llama "Vicisitud y Sordidez". Y que pone fotos de Cristiano Ronaldo marcando chocolatina en vez de gráficos de la reserva federal. Animalitos…


4º Puesto: El paro NO existe
¿Cómorl?

Algunos que no estéis liados todo el día con el Witcher 3 habréis oído esa expresión/eslogan de “La oferta crea su propia demanda”. El último en hacerla ha sido el inane de François Hollande en su transición al ultraderechismo y el ‘Faites vous enculer’ a sus votantes, que no termina de tener el salero de un buen “ You”. Bien, pues esta es la expresión que resume una cosa que se llama la Ley de Say, uno de los pilares del liberalismo clásico y de la mansión de Cthulu en el fondo del mar.

Esta ley sostiene que lo que alguien gana por producir mercancías le permite obtener unos dinerillos para comprar otras mercancías distintas. Así pues, como todo el mundo necesita comprarse el último iPhone, intentarán producir otros bienes para tener el ingreso que haga más ricos a los herederos de Steve Jobs. De este modo, los mercados de productos estarán siempre en equilibrio constante. Así pues, tampoco existirá, en el mercado de trabajo, el desempleo involuntario, porque un ajuste en los salarios asegura que los desempleados encontrarán otro empleo. Además, como los trabajadores necesitan comprar mercancías, aceptarán trabajos peor pagados.

Sólo existe, pues, un paro “friccional”, que no es el del que se queda en casa haciendo fricción en su glande, sino aquel en el que los trabajadores tienen que pasar de un empelo a otro. Rivera y Cuñaricano lo saben y por ello han diseñado su maravillosa propuesta:

La propuesta de Cuñaricano:
El cheque de formación. Con él, no puedes pagar tu hipoteca o comprar comida, pero no temas, porque el mercado libre te dará en seguida un curro sublime. ¡El paro no existe! ¡Equilibrio! ¡Ley de Say!

¿Cómo te explicaría esto tan un cuñao mientras sueña ‘Tiempo de juego’ de fondo?



"Pues mira, chaval, lo que hay es mucho vago, mucho simpaticeo, y mucho andaluz viviendo del subsidio. Que así no les sale a cuenta trabajar. Tú haz que yo deje de mantener a parados y ya verás cómo curra todo Dios. Que aquí el que está mal es porque se lo ha buscado, y el que no va al curro por enfermedad en realidad está haciendo un paripé".

¿Por qué esa teoría asaltará con napalm todo el flanco occidental de mi corteza cerebral?

Bien, en 1929 ocurrió una cosa que, si tienen estudios, ya sabrán qué es lo que fue. Con la Gran Depresión, la teoría económica clásica se fue a tomar viento, porque no había forma de justificar que se llegase a un estado de equilibrio en la economía en el que prácticamente todo Cristo estaba desempleado.


Y, en ese momento, apareció el libro fundamental de la historia de la economía: la inmensa ‘Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero’. En ella John Maynard Keynes despedazaba las tonterías de la Ley de Say con dos sencillas evidencias que hasta un cuñado podría entender. Primero, que parte del dinero SE AHORRA. La gente se guarda su dinero a no ser que sea un freak terminal ante los nuevos juguetes de El Despertar de la Fuerza. Mi progenitora ahorra. Mi padre ahorra. Jorobar: hasta Nicolas Cage ahorra.

Creo.

Pero lo más importante: Incluso las empresas ahorran. No todo lo que se ingresa se pone a producir, así que los planes de ahorradores e inversores no son siempre lo mismo, por cual no es tan sencillo llegar a un equilibrio en el mercado de valores.

En segundo lugar, Keynes se dio cuenta de otra obviedad: los salarios son rígidos a la baja. Sí, aunque estéis cobrando una guano, la comida de supervivencia en el Mercadona cuesta lo que cuesta
. E incluso alguien profundamente puesto...


...Yo no...
... podría darse cuenta de una evidencia matemática cuando pones los salarios en una gráfica: hay un límite inferior, que es “0” (aunque el afán emprendedor del ser humano no tiene límites, y la crisis ha cread las nuevas modas de contratación esas tan bonitas del pagar por currar por aquello de 'conseguir experiencia'). Sin embargo, en el otro lado de la gráfica está el llamado efecto Buzz Lightyear: Hasta el infinito y más allá. Porque para un rico aficionado a las líneas blancas compulsivo, no hay límite a los bonus a recibir e ingresar en las islas Caimán.

El ataque a la Ley de Say fue un torpedo a la línea de flotación tan antológico que… ¡no se podía tolerar! En un ataque de delirio, los clásicos acusaron a Keynes de haber hecho, décadas antes de que Albert Rivera lo convirtiese en un arte, una falacia del hombre de una manola. Pero no era cierto: la Ley de Say era así de estulta.

Por supuesto, había que convertir la Ley de Say en algo cierto, y por ahí van todas las dinámicas de los partidos ultraliberales con Cuñadans a la cabeza: su complemento salarial famoso en una forma de flexibilizar los salarios todavía más a la baja - "yo te pago lo que tú dejes de pagar a tus trabajadores" - y su “cheque de formación” es típico de los que usan sistemas económicos de oferta agregada, en los que el principal problema es que la gente no sabe adaptarse a las nuevas estructuras económicas, con la “malvada universidad pública” a la cabeza. Es una pena para la sensibilidad cuñada que los modelos de demanda agregada Keynesianos, sin embargo, expliquen a la perfección TODO lo que ha pasado durante estos últimos años de crisis.


Pero… ¿Y la evidencia irrefutable de la crisis del 29? Pues no infravaloren la capacidad cuñadística para defender lo indefendible. Ahí tienen el ejemplo del fútbol: si se pueden ningunear las 10 copas de Europa del Real Madrid o, feck, si yo puedo ningunear los 4 títulos mundiales de F1 de Sebastian Vettel o los 3 del Guano… ¡Por qué no se va a poder tergiversar lo que se quiera la Gran Depresión!

De hecho, cuando se produjo el sustancia ilegal del 29 la Reserva Federal tomó malas decisiones en un primer momento, lo cual hizo que, en una falacia lógica de libro se confundiese causa con efecto… ¡Y se dijese que el gobierno era el responsable de la Gran Depresión! ¿Reformularse tras el sustancia ilegal? ¡Un elemento! La religión de la Ley Say es más inflexible que un fan de Dragon Ball intentando reconocer que desde que desparecieron los chistes de pechuga, la serie se convirtió en un desastre.

Mucho mejor. Ahora solo es un artículo de guano. Le recomiendo que mejore, y mucho, el nivel de sus lecturas.
 
Sospecho que facilitó las cosas pero se habria producido de todos modos, el desarrollo técnico ya iba en esa dirección desde el renacimiento o incluso un poco antes.

El desarrollo técnico también es anterior a Cristo, de la edad de piedra a la edad del bronce y a la del hierro hubo mucho desarrollo técnico y los liberales no existían, pero el mercado ya existía y el lenguaje y las normas y el dinero...

Lo que ocurre a partir del pensamiento liberal y de la ilustración, que no había ocurrido hasta la fecha, es una velocidad descomunal en el desarrollo técnico.

Se avanza e inventa en una sola década lo que no se había avanzado en miles de años, ya sea en botánica, medicina, en la física, en el derecho, en la banca, en la informática, en las telecomunicaciones, en los transportes, en los seguros, en los inmuebles, en la defensa, en el ocio, en el textil, en el arte, la radio el cine, la música... en cualquier ámbito.

La propiedad de las patentes o la propiedad de las acciones de las empresas tienen muchísimo que ver en todo esto pero, obviamente, no es solo eso... el capitalismo también conlleva un cambio cultural entre las afortunadas personas que viven en este sistema, estas personas son libres para producir, comprar, vender, cantar, bailar o cocinar como mejor les plazca.

El padre de toda esta maravilla es el libre albedrío
 

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