Raisuni
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Es lo que funciona.Yo opino que el capitalismo es una guano
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Es lo que funciona.Yo opino que el capitalismo es una guano
La paradoja del valor (o del agua y los diamantes) tampoco fue resuelta por los liberales clásicos, la resuelve Menger en 1870 que es un economista de la escuela austriaca (realmente el concepto de utilidad marginal ya estaba flotando en el ambiente durante siglos, desde los escolásticos salmantinos del siglo XVI).
Así que si, Adam Smith fue el primer marxista. Quien diga que fue el padre del liberalismo es que ha aprendido economía de oídas.
Los padres del liberalismo son la escuela de Salamanca. Muy anterior a Smith y mas acertadaAdam Smith se puede considerar el padre del liberalismo por la gran influencia de sus obras y la paradoja del valor no la resuelve Menger, la resuelve el español Jaime Balmes.
“El liberalismo es término de contienda. Y esta discusión parece siempre que va a provocar su triunfo, incluso de modo que podría calificarse de espectacular. Sin embargo, de las mismas fuentes doctrinales del liberalismo (…) desde los fisiócratas a los francmasones, surgen los argumentos que hoy en día provocan el auge de la socialización.”
El libertino y el nacimiento del capitalismo, Juan Velarde.
Marxismo y liberalismo: dos caras de una moneda
-Bernard Mandeville, filósofo del liberalismo-
Para conocer las raíces filosóficas del liberalismo, es fundamental analizar la obra del holandés Bernard de Mandeville, quien nació en Rotterdam en 1670, pero vivió buena parte de su vida en Inglaterra.
Aunque estudió medicina, Mandeville, ávido lector, se convirtió en un famoso escritor. Era uno de los autores más leídos y célebres de su tiempo. Sus obras se vendían no solamente por ediciones, sino literalmente por docenas de ediciones.
Mandeville tuvo una influencia determinante en el pensamiento de los economistas y filósofos liberales como Adam Smith, David Hume y Jeremy Bentham. El economista Friederich Von Hayek aseguró que Mandeville inspiró el argumento de Adam Smith sobre el libre comercio, presentado en su célebre obra La Riqueza de las Naciones.
Mandeville plasma su concepción sarracena en una de sus obras, la Investigación sobre el Origen de la Virtud Sarracena, en donde asegura que el hombre es un simple animal y, como ocurre con estos, la sarracena no existe como algo preestablecido; es un mero invento de los gobernantes para aprovecharse de las clases dominadas. La forma de diseminar la concepción de la sarracena en la sociedad, dice Mandeville, es a través de trucos, engaños y adulaciones:
Los “sabios examinaron detenidamente las fortalezas y las flaquezas de nuestra naturaleza y sacaron la conclusión de que nadie es tan salvaje que no le ablanden las alabanzas, ni tan vil como para soportar pacientemente el desprecio, y concluyeron, con razón, que la adulación tiene que ser el argumento más eficaz que pueda usarse con las criaturas humanas. Poniendo, pues, en práctica esta hechicera máquina, ensalzaron las excelencias de nuestra naturaleza, colocándola por encima de la de otros animales… Después de haberse insinuado así en los corazones de los hombres, por medio de esta ladina adulación, empezaron a instruirles en las nociones del honor y la vergüenza, representando a uno como el más alto bien a que pueden aspirar los mortales y al otro como el peor de los males… Esta fue la manera como se domó al hombre salvaje, pues es evidente que los primeros rudimentos de sarracena introducidos por hábiles políticos… fueron maquinados principalmente con el fin de que los ambiciosos pudieran obtener el mayor beneficio posible y gobernar sobre gran número de individuos con toda facilidad y seguridad”.
Mandeville expuso el corolario económico de su peculiar tesis en un poema titulado La fábula de las abejas, en donde compara la sociedad con un panal. Según él, las abejas pogre porque buscan denodadamente satisfacer sus vicios, placeres y pasiones, no porque quieran colaborar en satisfacer las necesidades del panal.
En su fábula, las abejas vivían con lujos y comodidades gracias al engaño, el raterismo, la falsificación, el juego, la corrupción, la engaña y todo tipo de vicios; pero en conjunto, todo, según él, era un paraíso, puesto que “el vicio nutría al ingenio, el cual, unido al tiempo y la industria, traía consigo las conveniencias de la vida”. Es decir, que el vicio privado conllevaba el beneficio público. Un buen día, a las abejas se les ocurrió solicitar a los dioses liberarlas de los vicios, utilizando para ello argumentos de tipo sarracena. Los dioses aceptaron y al poco tiempo el panal se vio envuelto en una terrible hambruna y depresión económica, porque ya no había incentivos para el esfuerzo personal.
Esta tesis se convirtió en la filosofía fundamental del liberalismo inglés: dejar que las fuerzas espontáneas del individuo, aunque puedan ser estimuladas por el vicio, se conviertan en el principal motor de la economía, sin intervención alguna de la sarracena, ni de la religión, ni del Estado.
-Adam Smith, discípulo de Mandeville-
La filosofía sarracena del célebre economista inglés, Adam Smith, es menos explícita y más cuidadosamente elaborada, pero en esencia, es igual a la de Mandeville.
No llega a afirmar que la sarracena es un invento, un engaño de los poderosos para dominar a los demás, pero dice que no existe y que se forma arbitrariamente según la experiencia particular de cada sociedad. Para Smith, no existen verdades universales, válidas para todos los hombres y para todos los tiempos; no existe una concepción absoluta del bien y del mal; lo que hay son valores relativos que se aplican o no, conforme la sociedad los adopte a su real saber y entender.
En su Teoría de los Sentimientos Sarracena, Adam Smith dice: “La manera como se forman las reglas generales éticas, es descubriendo que en una gran variedad de casos un modo de conducta constantemente nos agrada de cierta manera, y que, de otro modo, con igual constancia, nos resulta desagradable. Empero, la razón no puede hacer que un objeto resulte por sí mismo agradable y desagradable; la razón sólo puede revelar que tal objeto es medio para obtener algo que sea placentero o no”. En otro párrafo añade: “Nuestra observación constante de la conducta ajena, insensiblemente nos lleva a la formación de ciertas reglas generales relativas a lo que es debido y conveniente ya sea hacer o evitar… Así es como se forman las reglas generales de la sarracena. En última instancia están fundadas en la experiencia de lo que, en casos particulares, aprueban o reprueban nuestras facultades sarracena o nuestro sentido del mérito y de la conveniencia”.
Nótese bien que Smith, al igual que su predecesor Mandeville, asegura que no existen ideas innatas respecto a la sarracena, pero encima opina que la razón humana no es capaz de discernir lo que es bueno y lo que es malo, sino que depende de una “facultad sarracena” para aprobar o reprobar la conducta general. Este aspecto llama poderosamente la atención, porque si la sarracena no existe per se, sino que se crea con la experiencia, ¿cómo es posible que exista una facultad sarracena para detectarla?
Smith da la respuesta más adelante: “El placer y el dolor son los principales objetos del deseo y de la aversión; pero éstos no se distinguen racionalmente, sino que se distinguen por medio de un sentido inmediato y una emoción. Si la virtud, pues, es deseable por sí misma, y si, del mismo modo, el vicio es objeto de aversión, síguese que no puede ser la razón, sino el sentido inmediato y la emoción, lo que distingue esas diferentes cualidades”.
Luego concluye: “Podría decirse, quizá, que aunque el principio de la aprobación no está fundado en un poder de percepción que sea en alguna manera análogo a los sentidos externos, aún podría estar fundado en algún sentimiento especial que respondiese a ese fin particular y ningún otro. Podría pretenderse que la aprobación y reprobación son un determinado sentir o emoción que surgen en la mente provocados por ciertos sujetos o acciones”.
Sentimientos, emociones, percepciones y experiencias. No existe forma inteligible, pues, de discernir entre el bien y el mal, a no ser por un procedimiento un tanto mágico.
En la Teoría de los Sentimientos Sarracena, Smith admite la existencia de una filosofía cristiana, expresada entre otros por Santo Tomás de Aquino, y hasta la plantea: “la mente posee, con prioridad a toda ley, una noción de los distingos entre el bien y el mal, y esa noción procede de la razón”, pero a seguidas intenta refutarla diciendo que esas cosas fueron “aceptadas en esa época en que la ciencia abstracta de la naturaleza humana estaba en pañales”.
El corolario económico de Smith se parece mucho al de Mandeville y está expresado en La Riqueza de las Naciones: el Estado ni ninguna otra fuerza debe intervenir en la economía, pues la acción espontánea de las fuerzas individuales se encarga de motorizarla. Según Smith, el regulador de la economía es, como él la llama, una “mano mágica”: la del mercado. Tan mágico como la facultad sarracena antes referida. Entonces, en la economía tampoco existe un criterio inteligible para determinar qué conviene al desarrollo nacional y qué no; hay que dejárselo todo al mercado.
Como consecuencia de esa forma de pensar, los liberales, una vez en el poder, intentan desmantelar el Estado y dejan la economía a la deriva, confiando en el “orden espontáneo”. Sin embargo, como el interés individual no es siempre el de las mayorías y como no hay una ley sarracena que los guíe, la especulación financiera y monetaria, la apertura indiscriminada a la importación, el alza injustificada de las tasas de interés, y otras prácticas “espontáneas” basadas sólo en la ganancia y la ambición desmedidas, terminan por entregar el poder a los dueños de los grandes monopolios financieros internacionales, coincidentemente los mismos que propalan el libre cambio. Así, el productor nacional quiebra y el país va la bancarrota. Invariablemente, las mayorías cargan con las consecuencias de la crisis por medio del hambre, la pobreza, y el desempleo, como ha ocurrido en América Latina durante los últimos años.
La miseria provocada por este modelo, crea a su vez las condiciones para que un sector izquierdista desestabilice al Estado liberal, promoviendo el repruebo y la lucha de clases, que eventualmente tienen acogida en las masas resentidas por la injusticia. De esta manera, el péndulo se desplaza hacia la alternativa marxista.
Irónicamente, las fuerzas internacionales que promueven el liberalismo en nuestros países, no lo aplican en los suyos. Basta para comprobarlo tratar de exportar nuestros productos agrícolas a Europa y Estados Unidos. Nos encontraremos con barreras proteccionistas y subsidios a su producción, que a nosotros nos impiden implementar. Por eso, no es descabellado afirmar que las teorías económicas que nos venden desde el norte son a veces formas modernas de colonización, a través de las cuales nos mantienen dominados sin el uso de las armas.
-La filosofía sarracena marxista-
Marx presentó su concepción sarracena en diversos documentos, como el 18 Brumario de Luis Bonaparte (ver citas en la Bitblioteca de Venezuela Analítica) donde afirma que : “Sobre las condiciones sociales de existencia, se levanta toda una superestructura de sentimientos, ilusiones, formas de pensamiento y concepciones filosóficas particulares. La clase entera crea y plasma estos elementos sobre la base de las condiciones materiales y de las relaciones sociales correspondientes”.
Coincidiendo casi textualmente con Mandeville, Marx afirma que la clase dominante crea una superestructura a su conveniencia: un tipo de religión, de sarracena, de estado, de sociedad, de familia, etc. Esta superestructura es un simple invento del hombre para dominar a los demás, no algo intrínseco a la naturaleza humana.
Uno de los más influyentes marxistas de este siglo, Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista Italiano, adopta la filosofía sarracena de Marx y añade una distinción entre lo que él llama la “sociedad civil” y la “sociedad política”. La primera es “el conjunto de los organismos denominados privados que corresponden a la función de hegemonía que el grupo dominante ejerce sobre toda la sociedad”; es un campo de batalla intelectual donde las organizaciones triunfantes se apoderan de la dirección intelectual –es decir, de lo que se piensa—y de la dirección sarracena –es decir, lo que se valora– y atraen hacia el grupo dirigente la adhesión de las clases subalternas. El grupo dirigente se adueña de la estructura ideológica, impone su manera de ver las cosas y crean una determinada cosmovisión en el pueblo. Para ello, utilizan la Iglesia, la escuela, los medios de comunicación, etcétera.
La segunda, la sociedad política, es el conjunto de organismos, que ejercen una función coercitiva y de dominio directo en el campo jurídico, político y militar; es decir, la que tiene los tribunales, la policía y las armas para mantener la adhesión del pueblo a su proyecto.
Cuando la sociedad civil y la sociedad política chocan, es decir, cuando el pueblo pierde la credibilidad en los conceptos emitidos por la estructura de dominio ideológico, sobrevienen las crisis.
Para conquistar el poder, Gramsci propone a los comunistas combatir en el campo ideológico cultural y ganarse el apoyo de las masas para que éstas rompan con la sociedad política: “para ello hay que tratar de despojarla de su prestigio espiritual, desmitificando los elementos de su cosmovisión mediante una crítica continua y corrosiva. Esta crítica debe sembrar la duda, el escepticismo y el desprestigio sarracena en relación a quienes dirigen. Debe destruir sus creencias y sus instituciones y debe corromper su sarracena”. El objetivo final es lograr el desprestigio de la clase hegemónica, de la Iglesia, del ejército, de los intelectuales, de los profesores, de la empresa privada, de los gremios, de los medios de comunicación, de los sindicatos; en fin, destruir las instituciones.
Una vez conquistado el poder, para mantenerlo Gramsci promueve el control ideológico de la sociedad, del mismo modo en que antes, según él, lo había hecho el “Estado burgués”; creando una nueva religión, una nueva sarracena, un nuevo tipo de familia y de sociedad, etcétera. Como puede verse, Gramsci ataca ferozmente al Estado burgués, pero imita sus herramientas de dominación.
En cuanto a la economía, una vez en el poder, los marxistas acaban con la incentivo individual (que no es el vicio, como alega Mandeville, sino el pogre personal y familiar) y otorgan todo el poder al Estado controlado por los comunistas; pero, como el objetivo es simplemente la dominación y como no hay una ley sarracena que los guíe, el Estado termina convirtiéndose en una herramienta de poder y de riqueza personal para los líderes del politburó, en detrimento de las mayorías que sufren de hambre y de pobreza, como ocurrió en la Unión Soviética y como ocurre actualmente en Cuba.
Como puede verse, el resultado final de la economía marxista es igual al de la economía liberal. Y aprovechando el descontento de la población, el sector derechista subvierte el orden marxista. Así, el péndulo se desplaza de nuevo hacia el lado liberal. Es un círculo vicioso a través del cual se cambia de signo político, pero se ponen en práctica variantes del mismo modelo, con las terribles consecuencias políticas y sociales que ello acarrea.
No es de extrañar, por cierto, que connotados marxistas, incluso de buena fe, se vuelquen al liberalismo más radical; después de todo, la concepción filosófica es idéntica, sólo cambian las banderas.
Llama la atención que el marxismo muchas veces tenga apoyo de las mismas fuerzas internacionales que promueven el liberalismo. Después de todo, Marx era un empleado a sueldo del Museo Británico y el filósofo liberal inglés, Bertand Russell, fue quien promovió la Revolución Cultural de Mao Tse Tung, por citar sólo dos casos. Todo parece indicar son esas fuerzas las que mueven el péndulo a su antojo, para sacar provecho político y económico de nuestro subdesarrollo.
(Alejandro Peña Esclusa)
La teoría de la explotación de Karl Marx viene de la teoría del valor objetivo que dice que el valor de un bien viene de las horas de trabajo que se han empleado en su producción. Segun esta teoria, si dos mesas son idénticas pero en una se han invertido mas horas de trabajo tienen que tener precios diferentes en el mercado y este tiene que aceptarlo. Creo que fue Owen quien dijo esto siguiendo la línea de Adam Smith.
Que opinais?
Adam Smith se puede considerar el padre del liberalismo por la gran influencia de sus obras y la paradoja del valor no la resuelve Menger, la resuelve el español Jaime Balmes.
CREES QUE ES EN PARTE RESPONSABLE DEL MARXISMO??Por eso he dicho que el concepto.de utilidad marginal flotaba en el ambiente antes, y me referia a Balmes (que la enuncio en 1844) y a los escolasticos del siglo XVI.
Adam Smith era cochambre calvinista, de ahi su veneracion por la teoria del valor trabajo.
Ya lo he puesto alguna vez, pero bueno ahí va otra vez el tocho:
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Que verguenza ajena.
No hace falta argumentar nada para lo que has enlazado.Buen argumento.
Independientemente de consideraciones ideológicas, la aplicación del liberalismo fue la que, por sus consecuencias, trajo a las ideologías totalitarias.
Las ideologías totalitarias vienen ya de antes de cristo o, sino, que alguien me mencione un Faraón Egipcio que no fuera totalitario.
El liberalismo y la ilustración trajeron como consecuencia una explosión de libertades, intercambios, riqueza, aumento de esperanza de vida, alfabetización, y, como no, un incremento desmesurado de los impuestos y la posibilidad de establecer nuevos regímenes totalitarios si cabe más devastadores para la población a base de ordeñar a la vaca capitalista.
Estaba desfasada desde que se creó. La teoría de la explotación de Marx usa de referencia el valor trabajo de los liberales clásicosLa teoría del valor-trabajo de Adam Smith ya estaba anticuada cuando Marx decidió utilizarla para sus fines. Si no hubiera sido Adam Smith, Marx habría utilizado a cualquier otra autoridad para justificar su ideología de repruebo genocida.
Hay una peli de Hitchcock, "Rope" ("La Soga"), que básicamente va sobre un malo que carga la responsabilidad de sus crímenes sobre la conciencia de su profesor. Viene al caso.
¿Hasta que punto eso lo trajo el liberalismo y no la industrializacion? Hay meritos que se achacan al liberalismo de los cuales yo tengo dudas. Personalmente creo que gran parte del liberalismo ha sido muy positivo, pero también se confunden mucho los beneficios del liberalismo con los de la revolución industrial.
No hace falta argumentar nada para lo que has enlazado.
No enlaza a ningún artículo para empezar solo a una pagina giliprogre de pretendido "humor".Sí, el artículo tan "solo" se limita a desmontar pequeñeces liberales como la ley de Say, la curva Laffer, las teorías de Hayek y Mises del ciclo de negocios y en general la escuela austríaca, amén de lo de las "expectativas racionales". Y encima simpaticeándose (lo cual es normal vistas las bofetadas que se llevan las teorías liberales cuando se confrontan con la realidad).
Sospecho que facilitó las cosas pero se habria producido de todos modos, el desarrollo técnico ya iba en esa dirección desde el renacimiento o incluso un poco antes.El pensamiento liberal solo crea las condiciones jurídicas e ideológicas adecuadas para que se pueda producir una revolución industrial.
Las ideas en sí no fabrican nada pero la propiedad de la tierra, la posibilidad de contratar mano de obra, la propiedad, la sociedades por acciones, el código de comercio, código civil y la ilusión por hacerse rico produciendo permiten la revolución industrial.
Haberlo dicho antes, jombre:
Cuatro teorías liberales de Albert Rivera que harán que tu cerebro se suicide
La gente vota, principalmente, por un único motivo: sentirse bien.
Este afán de postureo tan sumamente esPPPPPPPañol es el que, por desgracia, va a conducirnos el próximo 20 de diciembre a la constatación de que un partido político edificado sobre los sólidos y milenarios pilares del cuñadismo vaya a administrarnos por vía rectal una dosis todavía más pura de la misma medicina que llevamos casi ocho años sufriendo.
Y dará igual, porque, por lo menos, mucha gente se habrá sentido bien ese 20 de diciembre.
Bueno, pues en uno de esos arrebatos de deber cívico que le da periódicamente a ente su vlog queremos debernos, una vez más, a EsPPPPPPPPaña. De hecho, Paco gritó hace unos días el nombre de ese nuestro país con tal explosión de P mayúscula que todos los malenis que nos rodeaban en una tetería profundamente gai derramaron sus infusiones al unísono. Supongo que luego nos perdonarían cuando vieron cómo, acto seguido, le regalé un carísimo after shave comprado en Covent Garden (‘Segarro Myrrh’, cuya fragancia arrebata a Paco y que nos indica que la fruta mirra - pues eso es lo que significa el palabro - que no quería la progenitora de Brian sí que vale para algo... para que Fox sea MÁS LGTB).
Por EsPPPPPPaña, la vida
¿Y en qué consiste este sacrificio esPPPPPPañol que vamos a acometer? De la misma forma en la que Paco, en su ya histórico post ‘Las doce frases que mejor definen a una persona’ desveló la frase que es la semilla del pensamiento cuñado ("Yo soy de izquierdas en lo social y liberal en lo económico"), un servidor de ustedes tiene el oscuro pasado de ser un economista licenciado del ICADE (universidad que acaba de bajar varios puestos después de que desvele su vinculación con un indeseable como yo). Y no, no voy a poner una foto recogiendo el diploma. No quieren verme con esas gafotas de frikazo recién ansioso de una peli del desarrollismo. Ni aunque en alguna saliese con una compañera de clase bien imponente: ella no se merece sufrir un desprestigio todavía superior al padecido por la Universidad Pontificia de Comillas.
Mi estancia en el Instituto Católico de Administración y Dirección de Empresas se saldó con bastantes buenas notas (especialmente en contabilidad y Cristología). Similares incluso a la de algunos amigos y compañeros que ahora la petan en la City (y con los que iba al New Boy's de la calle Orense, don't ask). Evidentemente, se me han olvidado muchos datos después de dedicarme al golferío de esa cosa del audiovisual, pero sí que recuerdo lo suficiente como para echarme las manos a la cabeza con muchos de los disparates que se vienen diciendo en los últimos años. Y que explican por qué la recuperación de esta crisis está siendo una de las más lentas y dolorosas de la historia sólo superada por la de la comunidad freak después del primer visionado de 'La Amenaza Fantasma'.
Ya en posts pasados – como ‘Ponga un cura en su vida’ – he intentado conciliar mi ateísmo con el ser un ente principalmente eclesiástico. Vamos, que soy un producto 103% jesuítico. Pero, en la educación que recibí, con clases de Teología y Pensamiento Social Cristiano entre medias, siempre se intentó explicar la economía como…
SCIENCE!!!
Por eso no deja de maravillarme que, por arte de magia, prácticamente todo lo que escucho hoy en día desde el sector liberal suene a… religión.
Cuando hablo del sector liberal no me refiero al PP, claro.
Ese partido, por el cual jamás he ocultado mi admiración en posts como éste, siempre ha dejado claro que “Aquí estamos las gentes de bien y de derechas, lo que realmente valemos. Y lo sabes. Y no hay más que explicar”. Además, con un presidente gallego, cualquier aspiración a algo que pueda entenderse es vana. Sólo queda adherirse a ellos como el partido definitivo del postureo: la gente a la que hay que apreciar si quieres ser apreciado (un saludo a un conocido mío, que perdió su trabajo cuando Camps dejó de pagar a la constructora valenciana en la que curraba y que, a pesar de todo ¡va a volver a votarles! ¡Valors!). Cuando hablo del sector liberal me refiero al…
Cuñadismo ilustrado
Como deja claro el título de ente post, el simpaticeo va con el partido cuñado por excelencia. Me refiero a Albert Rivera y sus Cuñadans que, en esta EsPPPPPPaña tan acostumbrada al “por mis santos cigot” han aportado la increíble novedad de molestarse en explicar en qué consiste la buena nueva del advenimiento del ultraliberalismo, que hará que crezca tu picha, se te deje de caer el pelo y que tu Smartphone sea más potente que el de tu cuñado.
Esta novedad, la de explicar el liberalismo de forma educada y razonada ha sorprendido tanto como, en su día, lo hizo el que Gallardón tuviese cultura, buenos modales y, usando palabras de John Waters, “no se defecase en el suelo de tu casa”. Por ese motivo, se juzgó a Gallardón como “de izquierdas” de la misma forma que al delirio ultraliberal de Rivera y su economista Luis Garicano (a partir de ahora Cuñaricano) se le considera “de centro”.
A través de su web, ‘Nada es gratis’ (sí, suena exactamente igual que el sublime himno Randiano de Rush ‘Something for Nothing’, pero con mucho menos arte y salero) Cuñaricano fue dándonos lecciones de economía, especialmente de su amada escuela austriaca, mientras, en un gran afán divulgador, intentaba explicar a las masas las bondades de su programa para Cuñadans.
El problema es que Cuñaricano no era un divulgador del nivelazo de economistars Milton Friedman o de Paul Krugman. Era, lo han averiguado ustedes: un cuñao. Sus opiniones, tan fundamentadas como las de cualquier buen tertuliano esPPPPPañol, se basaban en un “¡qué malvado e ineficiente es todo lo público y qué sublime lo privado!: vean la eficiencia de un camarero, que tiene que competir en el mercado contra la de un malvado profesor, que hace huelga todo el día”. Luego, claro, se aplican aburridos métodos de observación científica y se descubre que, en realidad, los profesores tienen mayor eficiencia. Pero, para cuando se llega a eso, el cuñao ya se ha ido a ver tu coche y decirte que menuda cafetera te has comprado, macho.
Pero no seamos duros con Cuñaricano: si no llega al nivel de economistas de derechas como Friedman o de centro-izquierda como Krugman (del sens appeal de Varoufakis mejor ni hablamos, o sí, hablaremos todo el rato: hay que respetar a todos aquellos cuya profesión sea molar de noche y de día) no es tanto por su ausencia de talento literario como porque muchas de las tesis que ha regalado para el partido de Cuñadans son un choteo que nunca se hubiese estudiado en mi universidad. Porque no es serio ni científico (y, sí, en mi universidad estudiábamos a padres de la economía como Marx y Adam Smith para luego desmontar, a golpe de matemáticas, las defecadas DE LOS DOS).
Para cerrar esta larga introducción, me gustaría intentar – en vano, pues para eso estamos en internez – poner varias cartas sobre la mesa para que no intenten hacer hombres de una manola conmigo. Después de todo, es lo único que sabe hacer Albert Rivera: ante cualquier propuesta socialdemócrata, grita cuñadísticamente “¡Cuba, Venezuela!”, ante la memoria histórica, todo lo asimila a Ada Colau retirando un busto del rey y, ante la violencia hombrista, niega evidencias y lo reconvierte todo a crimen pasional. Así pues, me defino sin mayor rubor como neokeynesiano, lo cual equivale a decir que defiendo que la economía se explica con sistemas matemáticos de demanda agregada. Y que equivale a decir que, cuando la realidad me demuestra que estoy equivocado, tengo que revisar mis teorías (y la realidad metió varios goles a Keynes de los que se ha aprendido: el más mítico, la estanflación – lo veremos más adelante, no se asusten, o sí – o que la deflación no ha respondido como se predecía en la crisis actual).
NO piensen que el debate es entre Estalinismo y Capitalismo laissez-faire porque eso es una simplificación de mentes débiles. O de cuñados que votan al partido naranja.
Así pues, y tras este ladrillo, con todos ustedes, el ranking de las cuatro teorías económicas de Cuñadans que harán que su cerebro de ustedes se suicide. Y hará muy bien: todo es preferible antes que perder un segundo intentando asimilarlas. Y, por supuesto, que perder una décima de segundos en las más que esperables réplicas de los liberales integristas: en el mejor de los casos me llamarán "panfletario comunista de guano”. En el peor, se calzarán párrafos inacabables que, con teoría ladrillaca, intentan responder a un blog que se llama "Vicisitud y Sordidez". Y que pone fotos de Cristiano Ronaldo marcando chocolatina en vez de gráficos de la reserva federal. Animalitos…
4º Puesto: El paro NO existe
¿Cómorl?
Algunos que no estéis liados todo el día con el Witcher 3 habréis oído esa expresión/eslogan de “La oferta crea su propia demanda”. El último en hacerla ha sido el inane de François Hollande en su transición al ultraderechismo y el ‘Faites vous enculer’ a sus votantes, que no termina de tener el salero de un buen “ You”. Bien, pues esta es la expresión que resume una cosa que se llama la Ley de Say, uno de los pilares del liberalismo clásico y de la mansión de Cthulu en el fondo del mar.
Esta ley sostiene que lo que alguien gana por producir mercancías le permite obtener unos dinerillos para comprar otras mercancías distintas. Así pues, como todo el mundo necesita comprarse el último iPhone, intentarán producir otros bienes para tener el ingreso que haga más ricos a los herederos de Steve Jobs. De este modo, los mercados de productos estarán siempre en equilibrio constante. Así pues, tampoco existirá, en el mercado de trabajo, el desempleo involuntario, porque un ajuste en los salarios asegura que los desempleados encontrarán otro empleo. Además, como los trabajadores necesitan comprar mercancías, aceptarán trabajos peor pagados.
Sólo existe, pues, un paro “friccional”, que no es el del que se queda en casa haciendo fricción en su glande, sino aquel en el que los trabajadores tienen que pasar de un empelo a otro. Rivera y Cuñaricano lo saben y por ello han diseñado su maravillosa propuesta:
La propuesta de Cuñaricano:
El cheque de formación. Con él, no puedes pagar tu hipoteca o comprar comida, pero no temas, porque el mercado libre te dará en seguida un curro sublime. ¡El paro no existe! ¡Equilibrio! ¡Ley de Say!
¿Cómo te explicaría esto tan un cuñao mientras sueña ‘Tiempo de juego’ de fondo?
"Pues mira, chaval, lo que hay es mucho vago, mucho simpaticeo, y mucho andaluz viviendo del subsidio. Que así no les sale a cuenta trabajar. Tú haz que yo deje de mantener a parados y ya verás cómo curra todo Dios. Que aquí el que está mal es porque se lo ha buscado, y el que no va al curro por enfermedad en realidad está haciendo un paripé".
¿Por qué esa teoría asaltará con napalm todo el flanco occidental de mi corteza cerebral?
Bien, en 1929 ocurrió una cosa que, si tienen estudios, ya sabrán qué es lo que fue. Con la Gran Depresión, la teoría económica clásica se fue a tomar viento, porque no había forma de justificar que se llegase a un estado de equilibrio en la economía en el que prácticamente todo Cristo estaba desempleado.
Y, en ese momento, apareció el libro fundamental de la historia de la economía: la inmensa ‘Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero’. En ella John Maynard Keynes despedazaba las tonterías de la Ley de Say con dos sencillas evidencias que hasta un cuñado podría entender. Primero, que parte del dinero SE AHORRA. La gente se guarda su dinero a no ser que sea un freak terminal ante los nuevos juguetes de El Despertar de la Fuerza. Mi progenitora ahorra. Mi padre ahorra. Jorobar: hasta Nicolas Cage ahorra.
Creo.
Pero lo más importante: Incluso las empresas ahorran. No todo lo que se ingresa se pone a producir, así que los planes de ahorradores e inversores no son siempre lo mismo, por cual no es tan sencillo llegar a un equilibrio en el mercado de valores.
En segundo lugar, Keynes se dio cuenta de otra obviedad: los salarios son rígidos a la baja. Sí, aunque estéis cobrando una guano, la comida de supervivencia en el Mercadona cuesta lo que cuesta. E incluso alguien profundamente puesto...
...Yo no...
... podría darse cuenta de una evidencia matemática cuando pones los salarios en una gráfica: hay un límite inferior, que es “0” (aunque el afán emprendedor del ser humano no tiene límites, y la crisis ha cread las nuevas modas de contratación esas tan bonitas del pagar por currar por aquello de 'conseguir experiencia'). Sin embargo, en el otro lado de la gráfica está el llamado efecto Buzz Lightyear: Hasta el infinito y más allá. Porque para un rico aficionado a las líneas blancas compulsivo, no hay límite a los bonus a recibir e ingresar en las islas Caimán.
El ataque a la Ley de Say fue un torpedo a la línea de flotación tan antológico que… ¡no se podía tolerar! En un ataque de delirio, los clásicos acusaron a Keynes de haber hecho, décadas antes de que Albert Rivera lo convirtiese en un arte, una falacia del hombre de una manola. Pero no era cierto: la Ley de Say era así de estulta.
Por supuesto, había que convertir la Ley de Say en algo cierto, y por ahí van todas las dinámicas de los partidos ultraliberales con Cuñadans a la cabeza: su complemento salarial famoso en una forma de flexibilizar los salarios todavía más a la baja - "yo te pago lo que tú dejes de pagar a tus trabajadores" - y su “cheque de formación” es típico de los que usan sistemas económicos de oferta agregada, en los que el principal problema es que la gente no sabe adaptarse a las nuevas estructuras económicas, con la “malvada universidad pública” a la cabeza. Es una pena para la sensibilidad cuñada que los modelos de demanda agregada Keynesianos, sin embargo, expliquen a la perfección TODO lo que ha pasado durante estos últimos años de crisis.
Pero… ¿Y la evidencia irrefutable de la crisis del 29? Pues no infravaloren la capacidad cuñadística para defender lo indefendible. Ahí tienen el ejemplo del fútbol: si se pueden ningunear las 10 copas de Europa del Real Madrid o, feck, si yo puedo ningunear los 4 títulos mundiales de F1 de Sebastian Vettel o los 3 del Guano… ¡Por qué no se va a poder tergiversar lo que se quiera la Gran Depresión!
De hecho, cuando se produjo el sustancia ilegal del 29 la Reserva Federal tomó malas decisiones en un primer momento, lo cual hizo que, en una falacia lógica de libro se confundiese causa con efecto… ¡Y se dijese que el gobierno era el responsable de la Gran Depresión! ¿Reformularse tras el sustancia ilegal? ¡Un elemento! La religión de la Ley Say es más inflexible que un fan de Dragon Ball intentando reconocer que desde que desparecieron los chistes de pechuga, la serie se convirtió en un desastre.
Sospecho que facilitó las cosas pero se habria producido de todos modos, el desarrollo técnico ya iba en esa dirección desde el renacimiento o incluso un poco antes.