*Tema mítico* : Esto va a explotar en cualquier momento. Estáis avisados.

70 millones de perecid. En una guerra tan terrible mueren por todos lados.
Los campos de concentración soviéticos en donde torturaron a cientos de miles de alemanes, a muchos los esclavizaron hasta cancelar.
Es muy ingenuo pensar que la tropa es culpable de algo.
Los soldados son parte de un rebaño, son carne de cañón, con su familia y sus descendientes y lo que quieren es estar en su casa.

¿de verdad alguien se cree que se han podido incinerar millones de cadáveres cuando no había ni gasolina para los carros de combate?

La Comunidad Valenciana prohibirá incinerar fuertes y rellenitos por el excesivo gasto de combustible

El tema judío era por los lobbys económicos internacionales.
En cualquier caso es injustificable ni un solo perecid en ninguna guerra.

Actualmente las invasiones, como la de España, se hacen por ingeniería social y comprando los medios de comunicación y a políticos traidores.

Me encanta. El mejor post de este Tema. Qué tipo de papel de aluminio me recomiendas?

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Una posibilidad real que nos espera con el sostenimiento de las políticas de tipos nulos, crédito fácil y rescates corporativos y compra de deuda pública, no tiene desperdicio, fijaros BIEN en las gráficas, son llamativas, muestran 30 años perdidos de Japón tras políticas keynesianas de estímulo permanente:

El estímulo trae el estancamiento: El caso de Japón
Mihai Macovei • noviembre 5, 2019

(imagen visible para usuarios registrados)

Los esfuerzos para estimular el crecimiento acaban obstaculizando el crecimiento. La teoría austriaca del ciclo económico (TACE), iniciada por Ludwig von Mises, explica esta aparente paradoja. La reducción por parte del Estado de los tipos de interés por debajo del tipo de interés del mercado desencadena una expansión del crédito fiduciario en el contexto de la banca fiduciaria y de las reservas fraccionadas. Esto conduce a un auge cuyas principales características son tanto la mala inversión como el consumo excesivo. Los primeros despilfarran factores de producción en actividades empresariales que los consumidores necesitan con menos urgencia, mientras que los segundos socavan la reposición del capital social. Ambos procesos socavan la productividad a largo plazo y el crecimiento sostenible.

Sin embargo, a los ciudadanos les gustaría que la ilusión de prosperidad durante el boom durara indefinidamente. En lugar de dejar que la recesión cure la mala asignación de recursos del auge, los gobiernos presionan para que se amplíe el crédito fiduciario y el gasto público. Esto empeora el agotamiento del capital y reduce los niveles de vida futuros.

Siguiendo esta pauta, la mayoría de las economías se apresuraron a aplicar sucesivos estímulos al crecimiento desde la crisis financiera mundial de 2008/2009. Al mismo tiempo, los expertos y académicos patrocinados por el gobierno trataron de hacer caso omiso de todas las voces y argumentos disidentes. Mientras tanto, se ha hecho evidente que la economía mundial está atrapada en un círculo vicioso de estímulo monetario, endeudamiento creciente y perspectivas de crecimiento a largo plazo en constante deterioro.

Un ejemplo flagrante de ello es Japón, cuyas perspectivas de crecimiento se segarro tras casi tres décadas de programas de estímulo al crecimiento mal concebidos.

Tras el estallido de una burbuja de activos a principios de la década de los noventa, Japón ha intentado obstinadamente reactivar el crecimiento con políticas monetarias y fiscales ultra relajadas. La «década perdida» de Japón finalmente se extendió a casi tres décadas de crecimiento por debajo de la media. El crecimiento del PIB real se redujo drásticamente, pasando de alrededor del 4% en los años setenta y ochenta a menos del 1% por término medio desde 1991. Al mismo tiempo, el PIB per cápita se desplomó en relación con otras economías avanzadas, tanto en dólares estadounidenses corrientes (Gráfico 1) como ajustado por la paridad del poder adquisitivo, es decir, por el diferencial de inflación (Gráfico 2).

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Tras la crisis, Japón hizo todo lo posible para mantener el auge y mantener un nivel inflado de salarios y precios. Fue la primera de las principales economías en experimentar con la política de tipo de interés cero ya en 2001 e introducir la relajación cuantitativa y los tipos de interés negativos durante 2013/2014, lo que forma parte de la campaña de Abenomics para estimular aún más el crecimiento. Sin embargo, ni el crecimiento ni la inflación se recuperaron, porque las supuestas medidas de apoyo al crecimiento en realidad estaban impidiendo la liquidación de las malas inversiones y las distorsiones de precios del auge.

En primer lugar, Japón tardó más de 15 años en limpiar los balances de sus bancos y abrir el canal de crédito a nuevas empresas. El Banco de Japón (BoJ) ha tratado de refinanciar la economía en vano, ya que los bancos se negaron a conceder préstamos debido al exceso de deuda incobrable. El Banco de Japón amplió su balance general de alrededor del 4% del PIB a principios de la década de los noventa al 100% del PIB en 2018, principalmente mediante la compra de títulos del gobierno japonés. Al mismo tiempo, el crédito al sector privado disminuyó en unos 60 puntos porcentuales del PIB hacia su nivel de 1980 (Gráfico 3). En segundo lugar, las «empresas zombis» inviables y sobreendeudadas se han mantenido vivas hasta el día de hoy gracias a unos tipos de interés muy bajos y al apoyo público en forma de condiciones de préstamo favorables a las PYME y a la clasificación de los préstamos reestructurados. Deprimió la inversión empresarial, mantuvo los salarios altos e impidió la asignación de recursos económicos a actividades más productivas. En tercer lugar, las políticas macroeconómicas poco sólidas y los salarios y precios internos inflados redujeron la confianza de los inversores y la inversión de capital. Por lo tanto, las empresas grandes y rentables prefirieron invertir en activos financieros nacionales o extranjeros, incluidas las salidas de IED, que pasaron de alrededor del 0,5% del PIB anual en los años noventa a casi el 4% del PIB en los últimos tiempos.

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Lo que seguía siendo un misterio para muchos economistas convencionales era la incapacidad de Japón para encender la inflación a pesar de su experimento de relajación monetaria masiva. Muchas de las explicaciones presentadas, como el ahorro de los consumidores tradicionales, la aversión al riesgo y los cambios en los patrones de consumo impulsados por el envejecimiento de la población, siguen siendo poco convincentes en comparación con la presión deflacionaria que se inició cuando el auge del crédito se detuvo después de un aumento considerable de los precios al consumo y de los precios inmobiliarios durante la década de los ochenta (Gráfico 4). La «guerra contra la deflación» de Japón ha impedido el ajuste de los precios relativos distorsionados en el boom, perpetuando así la mala asignación de los factores de producción y socavando la inversión impulsada por el mercado.

La proporción inversión/PIB se redujo en más de 10 puntos porcentuales desde 1980, y la disminución de la inversión no pudo garantizar la sustitución completa del capital amortizado. Como resultado, el capital social neto por trabajador comenzó a disminuir desde principios de la década de 2000 (Gráfico 5), lo que provocó que la productividad laboral se redujera a casi un cuarto por debajo de la mitad superior de los países de la OCDE (OCDE, 2019) y a más de un tercio por debajo de la de los EE.UU. Como resultado de ello, los salarios medios reales se mantuvieron estables durante casi tres décadas, mientras que la brecha con respecto a los salarios de los EE.UU. o de los alemanes se amplió significativamente (Gráfico 6). Esto afecta también a los ingresos futuros de los jubilados, en particular porque las tasas brutas de sustitución de las pensiones representan sólo alrededor del 58% de los ingresos individuales en Japón frente al 71% en los Estados Unidos (OCDE, 2017).

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En conclusión, con sucesivas rondas de expansión monetaria y gasto deficitario que inflaron la deuda pública bruta a casi el 240% del PIB, Japón no ha permitido que una recesión curativa liquide las malas inversiones después del auge de los años ochenta. El precio pagado por postergar el ajuste de los precios relativos y la estructura de producción a las necesidades del mercado ha sido una erosión gradual del capital social por trabajador y de la productividad laboral. En consonancia con la teoría de Mises del ciclo económico, condujo en última instancia a un empobrecimiento relativo de los salarios reales estancados y a unos niveles de pensiones más bajos. Este resultado indeseable puede servir como una llamada de atención para otros países que se encuentran en la misma senda de estímulos de crecimiento recurrentes y que desean evitar la trampa de la «japonización».
 
Si tú crees que una tele, un móvil, un coche o un piso bajarán de precio dentro de dos meses, esperarás para comprar.

Si tu crees que un piso subirá, correrás a pedir la hipoteca indiferente del valor del piso, porque en tu idea prevalece que será buen negocio revenderlo .
 
Pedro Sánchez, en RNE

Tensión con la crisis

Sin embargo el momento de más tensión se ha producido al ser preguntado por la crisis económica, ahí se ha visto a un Pedro Sánchez visiblemente irritado y se ha producido un diálogo bastante más tirante de lo esperado: "¿Descarta la recesión?", ha sido la primera pregunta a la que ha respondido que "no lo apunta ningún organismo internacional, es que estamos creciendo", ha dicho, explicando qué es una recesión y asegurando que "el gobierno no quiere alimentar falsos catastrofismos".

A partir de ahí la cosa se ha complicado aún más:

- "¿Es una crisis o es un enfriamiento de la economía lo que vamos a vivir?", ha preguntado el periodista.
- "¿Cuál es la diferencia para usted?", ha sido la respuesta de Sánchez.
- "No lo sé, ¿para usted?", ha tratado de escapar el periodista.
- "No, como usted me pregunta".
- "Ya sabe usted que el debate está en las palabras", insistía el entrevistador.
- "¿Pero cual es la diferencia para usted?", insistía también el presidente.
- "Yo se lo pregunto".
- "Yo digo que estamos en un enfriamiento de la economía internacional, pero si usted me plantea que hay una diferencia yo se lo pregunto", ha insistido el presidente, aunque el periodista ha zanjado ahí la cuestión y ha pasado a otro tema.
 
la clave de las crisis está en la psicología de masas.

Una vez tras otra se demuestra que la gente se comporta como un organismo, al unísono.
La tremenda crisis de Brasil de hace unas décadas que devaluó la moneda hasta hacerla inservible se solucionó inventando el real , se hizo creer a la gente que el papel que les daban con una cifra pintada, equivalía al mismo billete de dólar ( valor " real " )

Son parches pero funcionan si hay un consenso generalizado. Hasta en lo más descabellado se puede inducir a la población , como fueron hipotecas de 60 millones de pesetas !!!!! por algo que costaba 6 millones de pesetas.

Lo digo en pesetas porque mucha gente perdió la noción del valor del dinero en cantidades grandes cuando se pasó al euro.

Es un sesgo cognitivo muy interesante. A la misma persona si le dices que un café pasó de costar 1 euro a costar 2, le parece caro y si le dices que un piso pasó de costar 100.000 euros a costar 200.000 , le parece normal.
 
Pues yo sólo entro hoy a comentar (creo que no está puesto) que el Baltic Dry Index, que lleva meses aguantando relativamente alto como un campeón, hoy ha caído la friolera de un 7.43%, que es bastante para un sólo día. Veremos lo que pasa a partir de ahora - pero que conste que no estamos aún ni cerca de mínimos históricos.


BDIY:IND BDI Baltic Exchange Dry Index 1,533.00USD -123.00 -7.43% As of 06/11/2019
 
31 de octubre de 2019: El día en que hubo 260.332 despidos en la España de Sánchez


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Esto se esta poniendo tonalidad de hormiga y para nuestra desdicha, el socialista Pedro Sánchez niega la mayor y mira irresponsablemente al tendido.
El último día de cada mes se produce de forma recurrente una sangría de empleos en España.
Los afiliados se reducen de forma drástica y, aunque la cifra varía en función de la época del año, rara vez baja de los 100.000 puestos de trabajo destruidos.
Si nos ceñimos solo a este ejercicio la cifra ha ido en claro aumento, en línea con el empeoramiento y la desaceleración del mercado de trabajo que reflejan todas las estadísticas laborales.
De los 138.895 ocupados que se perdieron en el último día de enero se pasó a perder 260.332 ocupados en el último día de octubre de 2019, un mes marcado en rojo en el calendario porque los datos no acompañaron.
Las oficinas de empleo sumaron cerca de 100.000 parados, casi el doble que un año antes, y el peor dato desde 2012, en plena crisis del euro, como reseña Susana Alcelay en ABC, este 7 de noviembre de 2019.
 
Una posibilidad real que nos espera con el sostenimiento de las políticas de tipos nulos, crédito fácil y rescates corporativos y compra de deuda pública, no tiene desperdicio, fijaros BIEN en las gráficas, son llamativas, muestran 30 años perdidos de Japón tras políticas keynesianas de estímulo permanente:

El estímulo trae el estancamiento: El caso de Japón
Mihai Macovei • noviembre 5, 2019

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Los esfuerzos para estimular el crecimiento acaban obstaculizando el crecimiento. La teoría austriaca del ciclo económico (TACE), iniciada por Ludwig von Mises, explica esta aparente paradoja. La reducción por parte del Estado de los tipos de interés por debajo del tipo de interés del mercado desencadena una expansión del crédito fiduciario en el contexto de la banca fiduciaria y de las reservas fraccionadas. Esto conduce a un auge cuyas principales características son tanto la mala inversión como el consumo excesivo. Los primeros despilfarran factores de producción en actividades empresariales que los consumidores necesitan con menos urgencia, mientras que los segundos socavan la reposición del capital social. Ambos procesos socavan la productividad a largo plazo y el crecimiento sostenible.

Sin embargo, a los ciudadanos les gustaría que la ilusión de prosperidad durante el boom durara indefinidamente. En lugar de dejar que la recesión cure la mala asignación de recursos del auge, los gobiernos presionan para que se amplíe el crédito fiduciario y el gasto público. Esto empeora el agotamiento del capital y reduce los niveles de vida futuros.

Siguiendo esta pauta, la mayoría de las economías se apresuraron a aplicar sucesivos estímulos al crecimiento desde la crisis financiera mundial de 2008/2009. Al mismo tiempo, los expertos y académicos patrocinados por el gobierno trataron de hacer caso omiso de todas las voces y argumentos disidentes. Mientras tanto, se ha hecho evidente que la economía mundial está atrapada en un círculo vicioso de estímulo monetario, endeudamiento creciente y perspectivas de crecimiento a largo plazo en constante deterioro.

Un ejemplo flagrante de ello es Japón, cuyas perspectivas de crecimiento se segarro tras casi tres décadas de programas de estímulo al crecimiento mal concebidos.

Tras el estallido de una burbuja de activos a principios de la década de los noventa, Japón ha intentado obstinadamente reactivar el crecimiento con políticas monetarias y fiscales ultra relajadas. La «década perdida» de Japón finalmente se extendió a casi tres décadas de crecimiento por debajo de la media. El crecimiento del PIB real se redujo drásticamente, pasando de alrededor del 4% en los años setenta y ochenta a menos del 1% por término medio desde 1991. Al mismo tiempo, el PIB per cápita se desplomó en relación con otras economías avanzadas, tanto en dólares estadounidenses corrientes (Gráfico 1) como ajustado por la paridad del poder adquisitivo, es decir, por el diferencial de inflación (Gráfico 2).

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Tras la crisis, Japón hizo todo lo posible para mantener el auge y mantener un nivel inflado de salarios y precios. Fue la primera de las principales economías en experimentar con la política de tipo de interés cero ya en 2001 e introducir la relajación cuantitativa y los tipos de interés negativos durante 2013/2014, lo que forma parte de la campaña de Abenomics para estimular aún más el crecimiento. Sin embargo, ni el crecimiento ni la inflación se recuperaron, porque las supuestas medidas de apoyo al crecimiento en realidad estaban impidiendo la liquidación de las malas inversiones y las distorsiones de precios del auge.

En primer lugar, Japón tardó más de 15 años en limpiar los balances de sus bancos y abrir el canal de crédito a nuevas empresas. El Banco de Japón (BoJ) ha tratado de refinanciar la economía en vano, ya que los bancos se negaron a conceder préstamos debido al exceso de deuda incobrable. El Banco de Japón amplió su balance general de alrededor del 4% del PIB a principios de la década de los noventa al 100% del PIB en 2018, principalmente mediante la compra de títulos del gobierno japonés. Al mismo tiempo, el crédito al sector privado disminuyó en unos 60 puntos porcentuales del PIB hacia su nivel de 1980 (Gráfico 3). En segundo lugar, las «empresas zombis» inviables y sobreendeudadas se han mantenido vivas hasta el día de hoy gracias a unos tipos de interés muy bajos y al apoyo público en forma de condiciones de préstamo favorables a las PYME y a la clasificación de los préstamos reestructurados. Deprimió la inversión empresarial, mantuvo los salarios altos e impidió la asignación de recursos económicos a actividades más productivas. En tercer lugar, las políticas macroeconómicas poco sólidas y los salarios y precios internos inflados redujeron la confianza de los inversores y la inversión de capital. Por lo tanto, las empresas grandes y rentables prefirieron invertir en activos financieros nacionales o extranjeros, incluidas las salidas de IED, que pasaron de alrededor del 0,5% del PIB anual en los años noventa a casi el 4% del PIB en los últimos tiempos.

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Lo que seguía siendo un misterio para muchos economistas convencionales era la incapacidad de Japón para encender la inflación a pesar de su experimento de relajación monetaria masiva. Muchas de las explicaciones presentadas, como el ahorro de los consumidores tradicionales, la aversión al riesgo y los cambios en los patrones de consumo impulsados por el envejecimiento de la población, siguen siendo poco convincentes en comparación con la presión deflacionaria que se inició cuando el auge del crédito se detuvo después de un aumento considerable de los precios al consumo y de los precios inmobiliarios durante la década de los ochenta (Gráfico 4). La «guerra contra la deflación» de Japón ha impedido el ajuste de los precios relativos distorsionados en el boom, perpetuando así la mala asignación de los factores de producción y socavando la inversión impulsada por el mercado.

La proporción inversión/PIB se redujo en más de 10 puntos porcentuales desde 1980, y la disminución de la inversión no pudo garantizar la sustitución completa del capital amortizado. Como resultado, el capital social neto por trabajador comenzó a disminuir desde principios de la década de 2000 (Gráfico 5), lo que provocó que la productividad laboral se redujera a casi un cuarto por debajo de la mitad superior de los países de la OCDE (OCDE, 2019) y a más de un tercio por debajo de la de los EE.UU. Como resultado de ello, los salarios medios reales se mantuvieron estables durante casi tres décadas, mientras que la brecha con respecto a los salarios de los EE.UU. o de los alemanes se amplió significativamente (Gráfico 6). Esto afecta también a los ingresos futuros de los jubilados, en particular porque las tasas brutas de sustitución de las pensiones representan sólo alrededor del 58% de los ingresos individuales en Japón frente al 71% en los Estados Unidos (OCDE, 2017).

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En conclusión, con sucesivas rondas de expansión monetaria y gasto deficitario que inflaron la deuda pública bruta a casi el 240% del PIB, Japón no ha permitido que una recesión curativa liquide las malas inversiones después del auge de los años ochenta. El precio pagado por postergar el ajuste de los precios relativos y la estructura de producción a las necesidades del mercado ha sido una erosión gradual del capital social por trabajador y de la productividad laboral. En consonancia con la teoría de Mises del ciclo económico, condujo en última instancia a un empobrecimiento relativo de los salarios reales estancados y a unos niveles de pensiones más bajos. Este resultado indeseable puede servir como una llamada de atención para otros países que se encuentran en la misma senda de estímulos de crecimiento recurrentes y que desean evitar la trampa de la «japonización».
ante todo darle las gracias desde el respeto y admiración que usted me suscita, magnifico articulo una pregunta tarde o temprano japón se vera en una situación limite y los japoneses son mucho de resistir hasta el final

en su docta opinión maestro cual cree que sera el comportamiento de los japoneses cuando todo se hunda a su alrededor?

muchas gracias maestro y que tenga un buen dia
 

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