Lo son, lo son.
No tienen ni idea de nada, lanzan ideas, WTO, unión aduanera, mercado común, etc. y no saben lo que es.
Todo vuelve a lo mismo, el sistema electoral británico de "el ganador se lo lleva todo", hay circunscripciones donde SIEMPRE se ha elegido al mismo partido, los "asientos seguros", ahí no importa quién pongas, así sea un mono adicto, saldrá elegido. Hay miembros del parlamento que lo han sido durante 40 años y JAMÁS han hecho campaña electoral.
Esa gente vive en otro mundo, el de los cócteles, los negocios, los acuerdos, las comisiones... no se tienen que preocupar por nada, porque los funcionarios del "civil service" (que eran muy buenos) eran los que implementaban las políticas del gobierno.
Y así están, gente que no sabe que el puerto de Dover es fundamental para el comercio británico, que no sabe cómo funciona la unión europea ni las relaciones internacionales, lo único en lo que son expertos es en procedimientos arcanos del parlamento.
Brexit es uno de los procesos más complejos de la historia de la humanidad (si se quiere hacer con garantías), la unión europea puso en el equipo negociador a una funcionaria de origen alemán, Sabine Weyand, educada en Inglaterra, que lleva 20 años dirigiendo negociaciones, una auténtica máquina que se conoce el funcionamiento de las instituciones y los acuerdos al dedillo, y encima, tiene un estilo alemán directo y al grano.
Enfrente, Dominic Raab, que después de decir en prensa, radio, televisión y twitter que el backstop es una trampa y no tenía razón de ser, reconoció que no se había leído las 35 páginas del acuerdo de paz de Irlanda.
Ese fue el mayor error del Reino Unido, se creían que el acuerdo iba a ser cerrado entre los primeros ministros de los países grandes, May, Macron y Merkel y que el resto iban a tragar.
Por eso, cuando David Davies llegó a Bruselas y se encontró, no con políticos sino con funcionarios, se llevó un gran chasco.
La táctica negociadora de la Unión Europea en este proceso se estudiará en el futuro como ejemplo de cómo hay que hacer las cosas y la británica... también, como ejemplo de cómo estropearla completamente.
Cada vez que May va a Bruselas a pedir una extensión, está admitiendo un fracaso y sabe que lo va a pagar en el futuro, sabe que Europa los va a perjudicar por algún lado, no con declaraciones políticas que solo valen para los titulares de un día, sino en la letra pequeña del acuerdo, esos párrafos minúsculos que de repente limitan el acceso de bancos ingleses a Europa o el comercio de productos manufacturados de origen vegetal.
Ahí está el meollo.