Efectivamente hace un siglo de eso porque la filipina actual se distingue sobre todo por su clase social, prácticamente todas abajo. Ni mucho menos se nota todavía esa clase media incipiente en otros países del área, así que en la mujer menos. También, como señala el artículo, se las puede considerar independientes dentro del ámbito en el que puedan moverse.
De la mestiza china no queda nada -intuyo que a principios del XX todavía quedaba rastro de aquellos tiempos en que los chinos usaban su flota en las inmediaciones del continente-. De la mestiza española tampoco, salvo en Manila o en inmigraciones posteriores a Cebú, porque el español nunca quiso integrarse entre los indígenas. Así que la gran mayoría son las malayas.
Muy tradicionales y por supuesto católicas, aunque sólo en las cosas triviales. Como ir a misa o vestir con pulcritud -se bañan vestidas en público, ya de niñas les ponen una falda kilométrica en la escuela-, pero sobre todo con gran apego a la familia aunque vivan en otro continente. Algo que va a padecer el novio occidental. De hecho sus nuevos parientes se lo toman como si les hubiera tocado la lotería -literal-.
Se trata de una chica poco culta. No manejes conversaciones profundas con ella que se duerme. Extremadamente cotilla; de hecho Filipinas ostenta el primer puesto en mensajería por móvil del mundo. Los culebrones le fascinan -háblale de Marimar a una madurita y se derretirá de gusto-. Y tanto tiene acumulado el chisme que si la engañas le duele más el qué dirán que los cuernos en sí.
Ella no, ella es leal. Si tiene novio y encima occidental va a mostrarse distante con los solteros a su alrededor, incluso ruda. Y le da igual cómo seas físicamente -los italianos bellísimos sobran allí- o tu edad. Sólo quiere que te hagas cargo de su vida.
No es la amante ideal sino la chacha perfecta, que es otra cosa. Tampoco una gran cocinera: la base será el arroz blanco más carne. Y si se trata de comer por ahí, de cabeza a la comida rápida -entre 4 o 5 franquicias alimentan a medio país, menos mal que el Jollibee patrio impera-, porque las viandas tradicionales han pasado a delicatessen y en restaurantes con caché.
El país tiene dos monocultivos: el arroz y el maíz.
Volviendo a la filipina, se trata de una mujer feliz que explota el presente, raro que no cante. Honrada, no va a meterle mano a tu cartera. Tampoco va a ponerte peros en la cama salvo las frescadas. Y en definitiva, por todo lo que he contado, la chica ideal para muchos.