Todo lo relacionado con el caso de Juana Rivas ha estado rodeado de una presión política y social que ha dejado la realidad de lado sin centrarnos en lo realmente importante, los niños. Poco a poco se van conociendo detalles sobre los abusos sexuales que supuestamente habían tenido uno de los niños bajo la custodia de la madre y son demoledores.
Todo empezó el pasado 11 de abril cuando la profesora de la guardería de uno de los hijos de Juana Rivas decide llevar al pequeño al pediatra tras quejarse de manera reiterada de dolor en el ‘culete’. ¿Por qué Juana Rivas no se apercibió de ese problema de su hijo?, ¿por qué no fue ella quien le llevó al médico?
En un primer informe la misma Juana reconoce que el niño le dice que alguien le ha metido algo por el ano. “Reinterrogado el niño dice que alguien le ha hecho daño en el ano”, señala el informe.
Le remiten al pediatra con la policía local por “dilatación anal con estrías y mucosa friable”. El informe forense provisional del Instituto Medicina Legal de Granada concluye que el niño tiene el ano dilatado con bordes enrojecidos y lesión en la parte anterior en forma de V cicatrizada y brillante” y que el niño refiere dolor.
Con este informe la causa fue archivada, pero los interrogantes permanecen. ¿Por qué fue la maestra y no la madre quien detecta el problema?, ¿por qué la madre reconoce en primer instante que estuvo en una casa rural con un hombre de su edad y no lo señala como posible agresor?, ¿por qué acude a una exploración psicológica con un abogado?

