El aceite de oliva ya es un lujo en España, uno de los pilares de nuestra cocina se ha visto sustituido por otro de peor calidad debido a lo alto de su precio.
De nada sirve que seamos el principal producto del mundo si casi nadie puede pagarlo y se corre el peligro de que las familias se acostumbren a su sustituto y dejen de comprarlo cuando el precio vuelva a su normalidad, si es que lo hace.
La serie que recoge el ministerio de Agricultura en su informe de Consumo Alimentario 2023, publicado hace apenas unos días, expone negro sobre blanco lo ocurrido. El aceite de girasol alcanzó el año pasado la mayor cuota de mercado por volumen (33,8%) entre todos los tipos de aceite desde que se iniciaron los registros en el 2008. Lo logra al ganar un 24,6% de volumen interanual en un contexto de reducción de la demanda total de aceites.
En mi casa freiamos con oliva virgen que comprábamos en Málaga a 3,5 € el litro en almazara de cooperativa. Ahora a más de 10 pavos el litro, hemos dejado de freír y nos hemos pasado a la plancha y solo con un chorrito de oliva. Se acabaron las patatas y los huevos fritos. Los huevos plancha y las patatas a lo pobre están incluso más buenas. Pescado plancha lo mismo. El oliva virgen a 11 pavos o más solo para ensalada y para desayunar en frio. Estamos adelgazando y ahorrando pasta. No hay mal que por bien no venga. El girasol que se lo queden los distribuidores y los dueños de los bares, que meten esa mierda en todos sus fritos: churros, pescado, etc.
