
Un camión circula por una carretera española. De repente, un turismo se coloca delante y frena en seco. El camionero no tiene tiempo de reaccionar: queda bloqueado. En cuestión de minutos, varios individuos abren la puerta trasera y cargan con la mercancía. Es el llamado método mexicano, una técnica de robo que ha cruzado el Atlántico y que ya se ha visto en las carreteras de nuestro país. El vídeo, difundido por un conductor, ha reabierto la discusión sobre la seguridad en el transporte.
¿Qué es el método mexicano?
Consiste en inmovilizar un vehículo de carga con otro coche, a veces con varios, para que los asaltantes tengan tiempo de abrir el remolque y sustraer la mercancía. En México es una práctica habitual, especialmente en zonas con presencia de bandas. Las fuerzas de seguridad españolas ya habían advertido de que este modus operandi podría llegar a Europa. El vídeo que circula estos días confirma que el aviso se ha cumplido.
La física del asunto: ¿por qué no embiste el camionero?
La tentación es evidente. Un camión de más de 40 toneladas frente a un coche promedio de 1,5 toneladas: la diferencia de masa es abismal. Un conductor relata que con su 4×4 arrastró un Focus con freno de mano y marcha corta metida, como si fuera un juguete. Si eso puede hacer un 4×4, un camión no tendría problema en empujar al coche bloqueador. Pero no lo hace. La razón es legal: la legislación penal española castiga al conductor que cause daños, incluso si actúa en defensa propia. Embestir al coche supondría pagar los daños del camión, los del vehículo embestido, los posibles daños a los asaltantes y, además, la pérdida del empleo y una posible condena de prisión. En México, los camioneros ya no se detienen: pasan a 75 millas por encima del coche que les bloquea, sin remordimiento. En Europa, las cámaras y la normativa lo impiden.
La paradoja legal: el delincuente protegido
La discusión va más allá de la física. Hay un dato que descoloca: la ley de 1955 permite que ciertos colectivos —amerindios, filipinos, guineanos y rifeños— opten a la nacionalidad española a los dos años de residencia. Según los datos manejados, el 80% de los sudamericanos y caribeños residentes en España ya tienen la nacionalidad. Eso significa que muchos de los detenidos por estos robos no pueden ser expulsados: son ciudadanos españoles. La sensación de indefensión es generalizada. Algunos analistas señalan que el sistema penal español protege al delincuente por encima de la víctima, y que la solución no es la violencia, sino una reforma legal que permita expulsar a quienes delinquen, tengan o no nacionalidad.
La percepción social: ¿nueva normalidad?
La discusión refleja una sociedad que empieza a asumir que estos robos son parte del paisaje. Hay quien sostiene que esto es el principio de una normalización de la delincuencia, y que si no se actúa, el método se extenderá a vehículos particulares, como ya ocurre en Argentina. Otros, más escépticos, recuerdan que estas cosas ya pasaban antes, y que la diferencia es que ahora se graban en vídeo. Lo cierto es que el camionero del vídeo solo pudo llamar a la policía y ver cómo se llevaban su carga. La física le permitía empujar al coche, pero la ley le ataba las manos. Ese es el dato que descoloca: en un país donde el delincuente tiene más protección que la víctima, la fuerza bruta no sirve de nada.
