Síntomas, tratamiento y cómo evitar el contagio del COVID-19

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Alemania Comisión de Investigación Extraparlamentaria sobre Corona

 

casipepito

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Corto y pego textos de Juan Manuel Jimenez Muñoz:

CÓMO PREVENIR LOS CONTAGIOS POR CORONAVIRUS (PARTE 1).

Dedicaré varios artículos a repasar lo que se sabe sobre la transmisión del coronavirus. Pido disculpas a mis colegas por difundir conceptos de forma burda y sin hondura. En mi muro, cuando trato temas médicos, priorizo la claridad sobre la exquisitez. Espero lograrlo. Y también deseo que se compartan por Facebook y WhatsApp mis artículos. En educación sanitaria, todos podemos echar una mano.

En primer lugar, antes de comenzar, quiero que mis lectores se metan en la cabeza lo siguiente: mascarillas tapando boca y nariz, distancia de al menos dos metros, lavado frecuente de manos, ventilar las habitaciones, no permanecer mucho tiempo en espacios cerrados y evitar los aires acondicionados en modo de reciclaje. Estos conceptos, desde ya, tenemos que grabarlos a fuego para los próximos meses.

Más aún. Un aviso a navegantes: si piensas enredar con teorías conspiranoicas, negacionistas, antivacunas o terraplanistas… TE BLOQUEARÉ DE INMEDIATO. Tonterías en este asunto, las precisas. Mis dos hijos y yo nos jugamos el tipo cada día en el hospital y en el Centro de Salud, y no toleraré que vengas ahora tú, con tu basura, a poner en entredicho la salud de los demás.

Repito, lector, para que quede bien claro: mascarilla, distancia, lavado de manos, ventilar habitaciones, no permanecer en espacios cerrados y evitar los aires acondicionados. Esa es la clave de todo. Y si al final de esta serie de artículos he conseguido difundir esos conceptos, habré empleado mi tiempo sabiamente. Cagoentó.

Y no tengas tanta prisa por saber, amigo mío. Poco a poco, entran las cosas mejor. Ya hablaremos de todo cuando toque. Tiempo habrá. Hoy, aparte de insistir en los conceptos preventivos básicos (quien no me los sepa recitar ya de carrerilla tiene una plaza segura para un respirador en la UCI), vamos a aprender TRES mecanismos de transmisión respiratoria de los virus y bacterias. Tres mecanismos muy importantes. Esto tiene que quedar, hoy, meridianamente claro. Si no queda claro, no podemos pasar de curso. Suspenso general.

Pero antes: ¿qué es un virus? Un virus son malas noticias envueltas en una cápsula. Los virus no son seres vivos. No son seres vivos porque no se pueden reproducir fuera de una célula viva. Tú metes el virus de la hepatitis en una célula del hígado, y te la jode. Y te la jode porque se multiplica hasta hacerla estallar. Sin embargo, tú dejas un virus de la hepatitis sobre una bandeja de aluminio, y ahí se queda hasta el día del Juicio Final. Como si fuese una piedra. Por eso no son seres vivos. El coronavirus, obviamente, es un virus. El sarampión es otro. La gripe, otro. Hay muchísimos.

¿Y una bacteria? ¿Qué es una bacteria? Una bacteria es un bichito algo más grande que un virus. Pero está viva. Y está viva porque se reproduce tanto si está fuera como dentro de otro ser vivo. Tú coges la bacteria del tétanos y la dejas en el suelo: la muy cabrona se reproduce. La coges y la metes en el cuerpo de un paciente: también se reproduce causándole enfermedad. La tuberculosis, por ejemplo, la origina una bacteria. O la gonorrea. O la sífilis. Hay muchísimas.

Este asunto de los virus y bacterias es importante para entender los mecanismos de transmisión de ciertas enfermedades. Anota ya el detalle para siempre y vayamos a lo esencial: a nuestro querido coronavirus.

Hay un enredo tremendo sobre la forma de transmisión del coronavirus. Hoy, por ejemplo, se publica un caso documentado de transmisión placentaria (madre-feto). Pero no ahondaremos en esas maneras raras. NOS CENTRAREMOS EN LA TRANSMISIÓN RESPIRATORIA PERSONA A PERSONA, que es la culpable del 99,99% de todos los casos del mundo.

LA TRANSMISIÓN RESPIRATORIA PERSONA A PERSONA de cualquier virus o bacteria puede ocurrir de 3 formas (y no siempre de las tres a la vez). El sarampión, por ejemplo, lo hace de las tres formas. Montemos una escena:

1-Un señor con sarampión entra en una farmacia, compra una caja de Gelocatil y se marcha rápidamente a su casa. Dos horas después, llegas tú a esa farmacia a comprar una caja de preservativos (ah, pillín). En el aire, como si fuesen moscas con alas, todavía vuelan los virus del sarampión. Vuelan. Vuelan. Literalmente vuelan por las corrientes de aire de la farmacia cuando el enfermo ya no está. Y tú, que no sabes quién te ha dejado el regalito, que nunca has coincidido con el enfermo en la misma habitación, respiras el sarampión y te contagias. A eso lo llamamos TRANSMISIÓN RESPIRATORIA POR EL AIRE.

2-Un señor con sarampión entra en una farmacia. Cuando está comprando Gelocatil llegas tú y te pones en la cola tras de él. De pronto, el señor con sarampión se gira y estornuda. Una nubecilla microscópica de gotas de saliva cargadas de virus te baña completamente el rostro. Literalmente. Aunque tú no lo hayas notado. Acabas de agarrar el sarampión por buscar preservativos. Vicioso. Que eres un vicioso. A eso lo llamamos TRANSMISIÓN RESPIRATORIA POR AEROSOLES.

3-Un señor con sarampión entra en una farmacia. Cuando está comprando Gelocatil entras tú y te pones en la cola tras de él. El señor no tose ni estornuda, pero respira y habla con el farmacéutico. Y al hablar y respirar, pequeñas gotas de saliva caen sobre el mostrador y lo impregnan todo de virus. Cuando acaba su compra, el señor del sarampión se marcha. Tú te adelantas hacia el mostrador y apoyas las manos donde el señor del sarampión las ha apoyado previamente. Miles de partículas de virus se pegan a tus manos. Luego, en un momento dado, te llevas las manos a la nariz o a la boca, e inhalas los virus. Ya estás contagiado de sarampión. Por comprar preservativos. A eso lo llamamos TRANSMISIÓN RESPIRATORIA POR FÓMITES (OBJETOS).

Y ahora viene la gran pregunta del coronavirus. ¿De cuál o de cuáles de estos tres mecanismos de transmisión respiratoria se sirve el coronavirus para pasar de un señor enfermo a otro desgraciado sano que iba a comprar preservativos?

Pues si esperabas que te lo dijera en este primer artículo, es que no conoces mi facilidad para dejar en suspenso al lector en mis novelas. Hala. A aguardar las siguientes entregas. Y mientras tanto, a entretenerte con los preservativos. O mejor aún, a repetir cien mil veces mi cantinela del comienzo: mascarilla, distancia, lavado de manos, ventilar habitaciones, no permanecer en espacios cerrados y evitar los aires acondicionados. Te juegas un suspenso general y un respirador para ti sólo.

Cagoentóloquesemenea.

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Juan Manuel Jimenez Muñoz
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casipepito

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CÓMO PREVENIR LOS CONTAGIOS POR CORONAVIRUS (PARTE 2).

Decíamos ayer que existen tres formas de transmisión RESPIRATORIA de los virus y bacterias. Y poníamos el ejemplo del virus del sarampión:

1-Un señor con sarampión entra en una farmacia, compra una caja de Gelocatil y se marcha rápidamente a su casa. Dos horas después, llegas tú por unos preservativos. En el aire, como si fuesen moscas, todavía vuelan los virus del sarampión. Vuelan. Vuelan. Literalmente vuelan por las corrientes de aire de la farmacia cuando el enfermo ya no está. Y tú, que no sabes quién te ha dejado el regalito, que nunca has coincidido con el enfermo, respiras el sarampión y te contagias. A eso lo llamamos TRANSMISIÓN RESPIRATORIA POR EL AIRE.

2-Un señor con sarampión entra en una farmacia. Cuando está comprando Gelocatil llegas tú y te pones en la cola tras de él. De pronto, el señor con sarampión se gira y estornuda. Una nubecilla microscópica de gotas de saliva cargadas de virus te baña completamente el rostro. Literalmente. Aunque no lo notes. Acabas de agarrar el sarampión por buscar preservativos. A eso lo llamamos TRANSMISIÓN RESPIRATORIA POR AEROSOLES.

3-Un señor con sarampión entra en una farmacia. Cuando está comprando Gelocatil entras tú y te pones en la cola tras de él. El señor no tose ni estornuda, pero respira y habla con el farmacéutico. Y al hablar y respirar, pequeñas gotas de saliva caen sobre el mostrador y lo impregnan todo de virus. Cuando acaba su compra, el señor del sarampión se marcha. Tú te adelantas hacia el mostrador y apoyas las manos donde el señor del sarampión las ha apoyado previamente. Miles de partículas de virus se pegan a tus manos. Luego, en un momento dado, te llevas las manos a los ojos, a la nariz o a la boca, e inhalas los virus. Ya estás contagiado de sarampión. A eso lo llamamos TRANSMISIÓN RESPIRATORIA POR FÓMITES (OBJETOS).

Y la gran pregunta que dejamos sin responder era la siguiente: ¿de cuál, o de cuáles de esos tres mecanismos de transmisión respiratoria se sirve el coronavirus para pasar de un señor enfermo a otro desgraciado sano que iba a comprar preservativos? Vayamos a ello.

a-Sin duda ninguna el coronavirus se transmite por AEROSOLES y por FÓMITES (OBJETOS). O sea: como en las historias 2 y 3 de más arriba. Eso no tiene vuelta de hoja. Eso es de primero de Pandemia. Eso es más verdad que el desplome de Podemos en Galicia. Eso está comprobado hasta el aburrimiento. Y perdona, lector, que insista tanto; pero hay mucho tonto suelto todavía. Tontos recibiendo saliva de otros por no llevar mascarilla. Tontos recibiendo estornudos de otros por no guardar las distancias. Tontos bailando en espacios cerrados en grupos de cien o doscientos. Tontos que no se lavan las manos con frecuencia. Tontos con pedigrí. Ya seguiremos comentando esta cuestión, que da para mucho. Pero atención a estos datos: un estornudo dispersa el coronavirus hasta 8 metros. Una tos, hasta 4 metros. Hablar a gritos, hasta 3 metros. Hablar con voz normal, hasta 2 metros. Sólo respirar, hasta medio metro. Por todo eso se hacen imprescindibles las mascarillas, la ventilación de habitaciones y la distancia de dos metros. Y otra cosa: cuando los coronavirus van envueltos en gotitas de saliva… pueden permanecer varias horas activos sobre superficies de madera o plástico. Activos. Peligrosos si los tocas. Por eso se hacen necesarios los lavados frecuentes de manos, los geles hidroalcohólicos y los guantes.

b-Hay una gran controversia científica sobre si el coronavirus se puede trasmitir de forma AÉREA. O sea: de la manera que yo cuento en la historia número 1, la del señor que se contagia SIN ESTAR PRESENTE UN ENFERMO, la del virus que vuela por el aire como si fuese una mosca. Y esa controversia que ahora explicaré es esencial para entender las nuevas instrucciones sobre las mascarillas. Y que no te enreden más de lo necesario. Porque si el coronavirus fuese capaz de llegar por aire a distancias lejanas como lo hace el virus del sarampión… la cosa cambiaría mucho. Y es que, como se ha visto, ni siquiera sería necesario que el contagiador y el contagiado compartiesen lugar y momento. El virus “volador” de tipo “mosca” ya se encargaría de todo.

En los primeros meses de pandemia parecía claro que sólo los mecanismos 2 y 3 (aerosoles y fómites) producían un contagio respiratorio del coronavirus, pero no el mecanismo 1 (aéreo). Por eso se insistió tanto en llevar mascarillas en sitios CERRADOS, en guardar distancia de dos metros, en ventilar las habitaciones y en el lavado de manos. Y también, por ese mismo motivo, se insistió algo en el asunto de los aires acondicionados. Pero poco. Y aprovecho ahora para recordar que los aires acondicionados de tu casa no dan problema, pues toman aire nuevo del exterior y lo inyectan en tu vivienda. El problema lo pueden ocasionar los aires acondicionados de los lugares públicos o de los transportes públicos, en el caso (posible) de que funcionen como circuito cerrado; esto es: moviendo la mierda de un lado a otro pero sin inyectar aire limpio del exterior.

Esas cosas, como digo, las aprendimos en los primeros meses de la pandemia, aunque costó lo suyo: que los aerosoles y los objetos contaminados eran las vías esenciales para el contagio. Pero tengo malas noticias para ti, querido lector. Muchos científicos han encontrado sólidas evidencias de que el mecanismo número 1, el de la “mosca” que vuela por lugares abiertos sin que el enfermo esté delante, juega un papel secundario en la pandemia del coronavirus. Secundario, sí. Pero juega un papel. Esos científicos han solicitado a la Organización Mundial de la Salud que reconozca el mecanismo aéreo tipo “mosca” como cierto… y la OMS ya lo ha hecho. Y los Gobiernos, que ahora se ponen en lo peor como es su obligación, han determinado que TAMBIÉN EN LOS ESPACIOS ABIERTOS HAY QUE LLEVAR MASCARILLA. De ahí el asunto de las mascarillas en la playa, o de las mascarillas si paseas por el monte, o de las mascarillas aunque estés a más de dos metros de distancia de otra persona. Esa es la razón de todas estas nuevas instrucciones: el puñetero virus volador de tipo "mosca".

Y tú me preguntarás: ¿qué opina usted, señor doctor, de todas estas novedades? Bueno, bueno, bueno. Yo opino que los médicos no debemos mantener mensajes contradictorios en Salud Pública. Y opino que hay que estar a lo que digan los expertos. Y opino que hay que cumplir la Ley. Y opino que estamos aprendiendo mucho en poco tiempo. La mascarilla en la playa jode, por supuesto. Pero más jode un mes en la UCI. La mascarilla produce ansiedad, por supuesto. Pero más ansiedad produce asistir al entierro de tu abuela. La mascarilla hace que el aire que respiramos no sea tan purísimo como si no llevásemos la mascarilla. Bueno. Pero peor es morirse.

Y ahí lo dejo por ahora. Hala. A repasar conceptos antes de ahondar en la vida y milagros del coronavirus. Te juegas un suspenso general en el examen. Y mañana… dos cuestiones de grandísimo interés. ¿De veras que te las vas a perder?

Cagoentó.

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Juan Manuel Jimenez Muñoz
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casipepito

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CÓMO PREVENIR LOS CONTAGIOS POR CORONAVIRUS (PARTE 3).

Vamos a ver, lector: no perdamos la perspectiva. Ni los nervios. Imagina un español (hombre o mujer) que naciera en 1890 y muriera en 1970, a los 80 años de edad. Vivió la pérdida de Cuba, la Primera Guerra Mundial, la devastadora pandemia de gripe del 18, la Revolución Bolchevique Rusa, la Gran Depresión económica del 29, el hundimiento de la Bolsa, la caída de la monarquía española, el auge del fascismo y del nazismo en Europa, la Guerra Civil Española, el hambre de la posguerra, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de Vietnam, la Guerra Fría y la Dictadura de Franco. Eso sí fueron asuntos muy gordos. Y el mundo sobrevivió. Así que no vengas ahora con problemas insolubles sobre si puedes abrir una ventana para frenar el coronavirus. Haz lo que te salga del entendimiento, como nuestros abuelos. Hay que aplicar el sentido común cuando no hay recetas seguras. La información que damos los profesionales sanitarios es la mejor disponible EN CADA MOMENTO; y la damos no con intención de meter el miedo en el cuerpo, sino para que, conociendo la realidad de las cosas, la sociedad colabore en un gravísimo problema de salud que afecta… ¡a la sociedad!

Hoy, para variar, tengo muy buenas noticias. Hoy hablaremos de una cuestión que simplifica muchísimo todo el enredo de los dos capítulos anteriores. Un enredo que era necesario conocer, pues si entendemos los tres mecanismos posibles de la TRANSMISIÓN RESPIRATORIA del coronavirus… ya está el trabajo preventivo hecho.

Pero antes, repasemos lo sabido:

1-Mascarillas quirúrgicas cubriendo boca y nariz (siempre en lugares cerrados, siempre fuera de nuestra vivienda, siempre en locales públicos, y siempre que las autoridades lo aconsejen en lugares abiertos: calles, playas, campo, etc… Nadie está por encima de la Ley).

2-Mantener la distancia física de dos metros aunque lleves mascarilla. Evitar a toda costa las aglomeraciones.

3-Ventilar de vez en cuando las habitaciones para renovar el aire, y no permanecer mucho tiempo en lugares cerrados.

4-Lavarse las manos con frecuencia. Si no se puede, usar geles hidroalcohólicos. Los guantes, salvo situaciones concretas, no se necesitan en este momento de la pandemia.

5-Mucho mejor limpiar con lejía las superficies: mostradores, objetos, suelos... Y mejor fregar que barrer.

6-No fumar. Te perjudica a ti y a quienes están en tu proximidad. Y el humo puede transportar coronavirus.

7-Cuidado con los aires acondicionados de los transportes y edificios públicos. Si su sistema consiste en reciclar el mismo aire… se mueven los bichos de un sitio para otro.

Y ya está, lector. Ya está. Eso es todo lo que sabemos sobre prevención ÚTIL del coronavirus. Pero… ¿hemos de morir de angustia a todas horas por si nos caza un bichito del aire? ¿Hemos de palmar de calor por no poner el aire acondicionado? ¿Hemos de tener insomnio por si nos hemos cruzado con un señor que no se tapaba bien la nariz con la mascarilla? Pues no, no, no y no. Rotundamente, no. Hay algo que nos salva en la cotidianeidad, y se llama CARGA VIRAL. Esa es la buena noticia de hoy. Vamos a ver.

Todos sabemos que fumar es malo. Pero también sabemos que las papeletas para agarrar un cáncer de pulmón no son las mismas fumando un cigarrillo al día que fumándote un paquete de tabaco. Llamémosle a ese riesgo LA CARGA TABÁQUICA.

Todos sabemos que las drogas son muy malas para la claridad mental. Pero también sabemos que no es lo mismo fumarte un porro en la vida que pasarte la vida fumando porros. Llamémosle a ese riesgo la CARGA PORRERIL.

Todos sabemos que el aceite de palma, en repostería, es un veneno para las arterias. Pero también sabemos que no es lo mismo comerse una tarta en tu cumpleaños que pasarte la vida tragando dulces. Llamémosle a ese riesgo la CARGA DULCERIL.

Y así con todo. Incluso con el coronavirus. En otras palabras: lo importante desde el punto de vista de la improbabilidad es que rara vez pillarás un “coronavirus volador” mientras estás en el campo paseando solo. Lo importante (por probable) es que te agarre el coronavirus en una fiesta de cumpleaños, en la abarrotada sala de espera del médico, en la pista de baile de una discoteca, en los asientos de un avión atestado de pasajeros, en el velatorio de un pariente, en el metro de Madrid, en el convite de boda de tu prima o en la celebración de forofos por el éxito futbolístico del Cádiz. Cagoentóloquesemenea.
Y a eso lo llamamos, precisamente, CARGA VIRAL. Y la carga viral (el número de virus por centímetro cúbico de aire) es lo que determina, en último caso, la probabilidad de contagiarte. No digo la seguridad. Digo la probabilidad. O no digo la imposibilidad. Digo la improbabilidad.

Y ese concepto de CARGA VIRAL has de tenerlo siempre presente en tus oraciones diarias y en todas las actividades de tu vida: es lo que te puede enfermar o salvar la vida. ¿El frutero no se pone mascarilla? Cambia de frutería. ¿200 invitados a una boda? No vayas tú. ¿El bar no dispone las mesas separadas? Pasa de largo. ¿Hay que ir al Centro de Salud a sacarse sangre? Pues cojones: no te agolpes en la puerta con veinte personas más. Si por eso no te van a llamar antes. Guarda la cola de dos metros en dos metros.

Porque una vez que el coronavirus ha entrado en tu organismo por la vía respiratoria, pueden pasar varias cosas:

a-Que no te des ni cuenta, pero que permanezcas semanas contagiando a los demás y luego cures. Muy probable.

b-Que no te des ni cuenta, pero que permanezcas meses y meses contagiando al mundo entero (se llaman supercontagiadores). Raro, pero importantísimo en la propagación de la Codvid19. Y esa es la misión fundamental de los llamados rastreadores: sanitarios malpagados dedicados a detectar a esas personas.

c-Que notes síntomas leves, como los de un catarro o de una gripe, y te cures en dos o tres semanas. Lo más habitual.

d-Que hagas complicaciones respiratorias, o de otro tipo, y te tengan que ingresar en el hospital. Un 10% de los casos.

e-Que te tengan que pasar a la UCI para conectarte a un respirador, porque tus pulmones han fallado. Y luego, tras semanas o meses intubado, que cures o que fallezcas.

Y tú me dirás: pero bueno, señor doctor, ¿a qué se debe tan variopinta respuesta al mismo coronavirus? Pues desde hace unas semanas ya lo saben los científicos. Y yo te lo voy a contar. Pero no ahora. Porque la historia es larga, y comienza como casi todo en la vida: con un polvete brutal. Un polvete ocurrido hace casi 50.000 años entre un hombre de la especie Neanderthal y una mujer de la especie Sapiens. O viceversa. Un polvete entre dos especies de humanos genéticamente diferentes pero compatibles para tener descendencia. Un polvete que introdujo en nuestro cromosoma 3… Pero no. Ya me estáis liando de nuevo. Es que comienzo y no paro. Hala. Hasta mañana. A estudiar la lección de hoy, que entrará en el examen final.

Y del polvete prehistórico… ya hablaremos.

Cagoentó.

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Juan Manuel Jimenez Muñoz
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CÓMO PREVENIR LOS CONTAGIOS POR CORONAVIRUS (PARTE 4).

¿Por qué los seres humanos respondemos diferente ante una infección por coronavirus? Esa es la pregunta que dejábamos en el aire hace unas horas, y esa es la cuestión que centenares de investigadores de primera línea, con un sueldo miserable, han conseguido resolver casi del todo. Y hablo de investigadores Premios Nobel o Premios Príncipe de Asturias, entre ellos un señor escocés que lleva toda la vida descifrando el código genético de los desaparecidos Neandertales.

A ello iremos enseguida. Pero antes es necesario saber qué sucede cuando un coronavirus penetra en nuestro organismo por las vías respiratorias. Recordará el lector de mi primer artículo que los virus, fuera de las células vivas, se comportan como las piedras: no se multiplican. Los virus, todos los virus, necesitan penetrar en una célula para joderla a base de bien. Entonces sí. Entonces se multiplican y causan estragos.

De lo anterior se deduce que tu cuerpo, para impedir que un botellón sin mascarillas se transforme en tu propio velatorio, haya desarrollado dos estrategias complementarias para defenderse del coronavirus:

1-Evitar que el hijoputa, circulando ya dentro de ti, se acerque siquiera a las células.

2-Evitar que el muy canalla, ya pegadito a las células, pueda penetrar en su interior y destruirlas.

Para explicar la primera estrategia podría yo utilizar una serie de nombrajos que me dejarían sin lectores ipsofacto: macrófagos, anticuerpos, citoquinas, linfocitos, interleuquinas… y no sigo porque me lo prohíbe mi editor y me causa cefalea. Pero, seguro, que de esta otra manera se me entiende:

a-Recién llegados los virus al cuerpo, el organismo les envía una especie de guardias de frontera para tomar la identificación a los extraños. Y no van solos. Los acompañan unos porteros de discoteca que actúan de la única y burda manera que saben: a puñetazos.

b-Cuando falla lo anterior, llega una segunda oleada defensiva. Estos son ya soldados de élite armados con ametralladoras, que no sólo causan muertos entre los virus, sino también algunos daños menores entre las propias células humanas: la metralla es lo que tiene.

c-Aparecen luego unos vehículos lanzallamas que bañan a los virus con los famosos anticuerpos. Son una especie de redes en las que quedan atrapados los virus hasta que llegan otros soldados comilones y se los meriendan. Literalmente. Como un ejército de Paquirrines.

d-La cuarta oleada defensiva son soldados asesinos. Y lo de asesinos no es un invento mío. Estos, ya, van a lo bestia. Palabras mayores. Utilizan cañones, torpedos y bombas de mano contra los coronavirus. Y de paso, el destrozo que ocasionan en los vasos sanguíneos y en los alvéolos pulmonares son de mucha consideración. Tipo guerra de Siria. Tipo ciudad de Alepo.

e-La última oleada defensiva consiste, directamente, en lanzar la bomba atómica contra el coronavirus. Lo llaman “tormenta de citoquinas”, pero con quedarte con lo de bomba atómica es suficiente. Horroroso, lector. Horroroso. La mundial. Es como si el organismo humano, por un exceso de celo, se hubiese vuelto loco. Pulmones jodidos, trombos sanguíneos y a la UCI con respirador. Por no llevar mascarilla al botellón. Cagoentó.

Bien. Básicamente en eso consiste la primera estrategia: luchar para que el coronavirus no se acerque a las células humanas. Pero… ¿qué sucede cuando el cabrón ya se ha pegado a la pared, a la membrana celular? Fácil. Que tiene que entrar. Y… ¿cómo se entra en una célula y en cualquier sitio del mundo? Correcto, lector. Correcto. Por una puerta. Y las células humanas tienen puertas, por supuesto. Bien cerradas, pero puertas. Entonces, lector… ¿cómo se abre la puerta de una célula para penetrar en su interior? A ver, a ver. Piensa, piensa… Venga, lector, que tú puedes. ¡Pues claro que sí, cojones! CON UNA LLAVE QUE ENCAJE EN LA CERRADURA DE LA PUERTA. Así de fácil. En el caso del coronavirus, las llaves para abrir la puerta son las múltiples espículas (pinchitos) que tiene en el exterior. Supongo que habrás visto fotos del coronavirus. Es una bolita rodeada de espículas. Pues bien: esas espículas son las llaves que encajan en las cerraduras.

Por tanto, la segunda estrategia del cuerpo humano para evitar que los coronavirus penetren en el interior de una célula es tener unas cerraduras celulares a prueba de okupas y de ladrones. Pero lo malo, amigo mío, es que hay personas con cerraduras débiles: simples candados mohosos en lugar de puertas blindadas. Cerraduras de latón en lugar de puertas acorazadas. Y esos pobres desgraciados lo llevan crudo.

Bien. En resumidas cuentas: es muy bueno que el organismo luche contra el coronavirus, pero sin excederse. Porque los grandes problemas clínicos con que nos enfrentamos los médicos en la infección viral son dos:

1-Que el organismo lance la bomba atómica contra el coronavirus. La famosa tormenta de citoquinas que lo arrasa todo: virus y células sanas.

2-Que las cerraduras celulares de un paciente sean más endebles, y más inútiles, que Paquirrín trabajando de minero.

Esos, lector, son los dos problemas que te pueden llevar al cementerio. Problemas, por ahora, de muy difícil solución, pues los fármacos que se están probando son claramente ineficientes, y toda la expectación (y las esperanzas) están puestas en la vacuna.

Por cierto: ahora recuerdo que os tenía que contar por qué razón unos pacientes reaccionan con levedad y otros con gravedad a la infección por coronavirus. Y resulta que ya os la he contado:

a-Si tus cerraduras son buenas y no lanzas la bomba atómica… síntomas leves y magnífico pronóstico.

b-Si tus cerraduras son de pena y/o lanzas la bomba atómica… lo tienes más negro que Podemos en Galicia.

Y por último: ¿de qué depende que tengas buenas o malas cerraduras celulares, y que tengas predisposición a lanzar bombas atómicas contra los virus? Fácil. Se ha descubierto en el último mes. Iba a contártelo hoy, pues se trata del famoso polvete prehistórico entre Neandertales y Sapiens al que ayer me referí. Pero he pasado este post hablando de inmunología, que es bien difícil. Y estoy agotado.

Empápate del asunto, que caerá en el examen final. Y del polvete prehistórico, hablaremos mañana. Palabrita del Niño Jesús. Te lo juro por Snoopy.

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Juan Manuel Jimenez Muñoz
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CÓMO PREVENIR LOS CONTAGIOS POR CORONAVIRUS (PARTE 5 y ÚLTIMA).

En esta quinta y última entrega sobre el coronavirus nos referiremos a los principales factores de riesgo conocidos para que unos virus que penetran por la vía respiratoria acaben produciendo la de Dios es Cristo.

Todo comenzó hace 59.000 años, semana arriba, semana abajo. Era un lunes por la tarde cuando los Neandertales que habitaban en Europa vieron llegar a sus tierras a un grupito de inmigrantes sin papeles: eran los Sapiens. Y aunque se trataba de dos especies diferentes, no lo eran tanto que no pudieran aparearse a plena satisfacción de ambos. De hecho, se sabe que esa misma tarde del avistamiento una neandertal y un miembro masculino de los sapiens quedaron para cenar. Amigos con derecho a roce. Pero la cosa no cuajo: nada más llegar el sapiens a la cueva de la neandertal se le ocurrió pisar lo fregao, con lo que los gritos de ella se oyeron hasta en Sudáfrica. Y no hubo coyunda aquel día. Hubo de esperar el sapiens cinco semanas y media para que la neandertal lo perdonara. Y entonces, sí: hubo coyunda. Una coyunda de la que provenimos la casi totalidad de los 6.000 millones de humanos actuales que el Planeta Tierra tiene la desgracia de soportar. Una coyunda en la que se mezclaron genes de ambas especies predecesoras de forma que, con toda seguridad, un 4% del actual genoma humano lo heredamos de los neandertales, y un 96% de los sapiens.

Más aún. Conocemos los genes exactos que provienen de los neandertales: se localizan en los cromosomas 3 y 9 de todas las células humanas, aunque no se expresan por igual en todos los individuos ni en todos los órganos del cuerpo. Y esos genes neandertales no son buenos ni son malos. Son los que el azar ha querido. Algunos son responsables de las pecas; otros, de una mayor predisposición a los cuadros depresivos; otros protegen contra la esquizofrenia; otros mejoran la probabilidad de la madre para no abortar a sus hijos en el primer trimestre de embarazo; otros están involucrados en la estatura corta; otros, son los causantes de una mayor adicción a la nicotina y a otros tóxicos artificiales. Y por último, en lo que ahora nos interesa, los genes neandertales del cromosoma 3 y del cromosoma 9 están involucrados en una mayor frecuencia de complicaciones graves tras la infección por CodVid19 debido a dos circunstancias:

a-La expresión de estos genes neandertales en algunos individuos, concretamente los ubicados en el cromosoma 3, ocasiona la respuesta hiperinmune tipo “bomba atómica” o “tormenta de citoquinas” que explicábamos ayer.

b-Los genes neandertales del cromosoma 9 están implicados en una mayor frecuencia del grupo sanguíneo A. Y el grupo sanguíneo A tiene 60 veces más probabilidad de sufrir complicaciones graves tras la infección por coronavirus que el grupo sanguíneo 0 (que es herencia de los sapiens).

Por tanto, lector, sabido ya todo esto, es hora de recapitular sobre aquello que EMPEORA el pronóstico de una infección por coronavirus. No estaría de más que repasases los cuatro post anteriores. Veamos:

1-Tener el grupo sanguíneo A. Nada que hacer sobre eso. Es herencia neandertal.

2-Defenderse del coronavirus lanzando contra él la “bomba atómica”. Es una predisposición genética del sistema inmune heredada de los neandertales, y se puede manifestar en individuos de cualquier edad y sexo. Se trata de una grave respuesta hiperinmune que explica aquellos raros casos de “Hay que ver, ¡Fulanito, con sólo 35 años, y estando sano del todo, se ha muerto de coronavirus!”. Una mala lotería.

3-La edad avanzada. A mayor edad, peores cerraduras tienen las puertas de las células, y con más facilidad penetran por ellas los coronavirus. Repasen el artículo de ayer sobre puertas, llaves y cerraduras. La edad avanzada es, de hecho, el factor más importante que deteriora las puertas celulares para este y para todos los virus. Por eso el grupo de mayor riesgo para la gripe y para el coronavirus son los ancianos.

4-La hipertensión arterial mal controlada. Se sabe que la hipertensión deteriora las puertas celulares por donde penetra el coronavirus. Se desconoce si sucede igual para otros virus.

5-El consumo de productos tóxicos. Hay evidencia de que el alcohol y el tabaco deterioran las puertas celulares por donde penetran este y otros virus.

6-Varones con niveles altos de testosterona. Se ignora el porqué de esta relación con complicaciones graves del coronavirus. Pero se sabe que la calvicie precoz (debida a hiperandrogenismo) es un factor de riesgo.

7-Padecer enfermedades crónicas mal controladas: cáncer, insuficiencia renal, insuficiencia cardíaca, diabetes, obesidad, EPOC… En estos casos, nada tienen que ver las respuestas “bomba atómica” o las puertas celulares. Son individuos previamente enfermos a los que la infección viral les descompensa su patología de base. Lo tenemos muy visto en la gripe.

Y ya está, lector. Eso es lo que quería que supieras con mis 5 artículos seguidos sobre el coronavirus. Reconozco que se han quedado en el tintero muchas cosas que te preocupan, pero el cuerpo ya me pide abordar otras cuestiones. Que entre 2000 y 5000 personas me hayan seguido en este árido tema del coronavirus demuestra vuestras ganas de aprender. Y otro día, por vez primera en la historia de Facebook, un escritor examinará a sus lectores con 10 preguntas tipo test. Manda cojones. Qué atrevimiento. Y serán difíciles, ¿eh?. Yo no soy de los que dan un aprobado general.

¿Qué cosas no debes olvidar nunca de todos estos artículos, pues son de Primero de Pandemia?

a-Las tres vías de transmisión respiratoria del coronavirus. Las dos seguras y la probable.

b-El concepto de carga viral como "avisador" del potencial peligro de infectarte.

c-Los factores de riesgo para tener una infección jodida y, por lo tanto, en los que debes hacer hincapié para protegerte.

d-Y, por encima de todo, las acciones responsables que puedes ejercer en tu beneficio y en el de la sociedad: mascarilla, distancia, lavado de manos, ventilar las habitaciones y evitar los lugares cerrados.

Ah, bueno. Y el polvete prehistórico. Esa pregunta también caerá.

Cagoentó.

Firmado:

Juan Manuel Jimenez Muñoz
Médico y escritor malagueño.