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venga, que los pasapiseros se vayan a invertir a Francia y nos dejen en paz
Sarkozy acometerá su agenda de reformas nada más llegar al Elíseo
Nombrará un Gobierno paritario en el que integrará a personalidades del centro y de la izquierda
Álvaro Nieto. Env. esp. a París. La llegada de Nicolas Sarkozy a la presidencia de Francia va a tener efectos inmediatos, ya que el líder conservador tiene proyectada una apretada agenda de reformas para los primeros cien días de mandato.
Los cambios que se avecinan son muchos y de todo tipo. También en las formas. Es verdad que Sarkozy mantiene cuando habla la solemnidad de sus predecesores, pero carece de ese aire remilgado que caracteriza a cierta clase política gala. A fin de cuentas, Sarkozy es el hijo de un viajero húngaro y eso se tiene que notar en algo.
Esas nuevas maneras ya pudieron verse ayer mismo, cuando Sarkozy salió a la calle en vaqueros y sin corbata. Lo nunca visto en un presidente de la República.
Su toma de posesión está prevista para el día 16 y será para entonces cuando nombre a su Gobierno. El puesto de primer ministro parece reservado para François Fillon, un senador de su generación que dejó buen recuerdo como ministro de Asuntos Sociales en el gobierno de Jean Pierre Raffarin.
El gabinete tendrá un número reducido de plazas porque Sarkozy no quiere más de 15 ministros. En principio, intentará que haya paridad entre hombres y mujeres. Y se da por segura la presencia de destacados nombres de su partido, la Unión para un Movimiento Popular (UMP), como Michele Alliot-Marie o Jean Louis Borloo.
No obstante, en el primer Gobierno de Sarkozy habrá sorpresas y en su entorno se asegura que nombrará algún ministro de origen africano. Y, para demostrar aquello de que pretende ser el presidente de todos los franceses, tiene previsto incluir a personalidades del centro e incluso de la izquierda.
Habrá dos ministerios de nueva creación que ya dan una idea de algunas de las que serán sus prioridades: uno dedicado al medio ambiente y al cambio climático y otro de inmi gración e identidad nacional.
Nada más nombrar Gobierno, y en espera de que en las legislativas de junio la UMP logre revalidar la mayoría absoluta, entrará en funcionamiento la maquinaria de las reformas, que obligará incluso a celebrar sesiones extraordinarias del Parlamento en el mes de julio para votar los primeros textos de la era Sarkozy.
Entre esas primeras leyes estarán la que eliminará las cargas sociales que gravan las horas extraordinarias y la que permitirá la deducción de los intereses pagados cuando se contrata una hipoteca.
De cara al exterior, los primeros pasos están claros. El primer viaje será a Berlín para engrasar el eje franco-alemán. Después, Bruselas, donde Sarkozy asistirá a mediados de junio a una cumbre en la que se diseñará el calendario para elaborar el minitratado que sustituirá a la fracasada Constitución europea.
También serán prioritarios el Mediterráneo y África. Y, cómo no, se potenciarán las relaciones con Estados Unidos. Sarkozy quiere llevarse con George Bush mejor que Jacques Chirac, pero eso no quitará para que discrepe de él cuando lo estime oportuno. La idea del nuevo presidente francés es que Washington y París, de la mano, dirijan el mundo los próximos años.
venga, que los pasapiseros se vayan a invertir a Francia y nos dejen en paz