POR QUÉ EN ESPAÑA EXISTE RACISMO HACIA LOS MARROQUÍES?

Talosgüevos

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No es racismo, ES SENTIDO COMÚN,
Los moromierdas que se queden en Marruecos. Roban y violan a destajo y encima les dan paguitas, al final la gente se cansará y empezarán a matar moromierdas.


Tierra de nadie, lo demás es tierra conquistada.
 

Can Pistraus

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Lo que hacen muchos es ir poniendo fotos de morillas que esten buenas para ir concienciando y aceptando la invasión
 

Fermoselle

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Ver archivo adjunto 806595 Sería absurdo negar que los marroquíes, en general, no despiertan demasiadas simpatías. No seremos nosotros quienes demos la espalda a la realidad. Preferimos, antes que esconder esta desagradable certeza debajo de la alfombra, intentar averiguar la razón por la que esta antipatía hacia los marroquíes (o hacia los magrebíes en general), está tan arraigada en la sociedad española.
En nuestra opinión, creemos saber dónde está el origen de este sentimiento negativo.
En psicología se llama proyección.

Es un concepto muy amplio y de difícil definición, pero atreviéndonos a resumirlo, diríamos que es un mecanismo por el cual un individuo proyecta en los demás los defectos que no se atreve a reconocer en sí mismo. Se proyecta en otras personas las características que no se aceptan como propias porque generan angustia y rechazo, atribuyéndolas a alguien externo para poder así situar esos contenidos amenazantes fuera de uno mismo.

Los marroquíes encarnan la proyección de los españoles a la perfección.
Ambas culturas son tan sumamente parecidas, que el hecho de constatar su similitud dispara en el ego hispano la necesidad de defenderse psíquicamente. Y esta defensa, se consigue mediante la proyección de los estereotipos propios en un elemento ajeno.

Lo que diferencia a España y Marruecos no es gran cosa. Sin querer parecer frívolos, diríamos que lo único que separa a ambos países son cuarenta años de desarrollo económico. Y eso, se traduce en la certeza de que apenas una generación y media separa a los españoles del hambre, realidad muy dolorosa de admitir porque no hay nada que produzca más miedo al ser humano que reconocerse a sí mismo en el espejo.
En plena desorientación personal, el español medio ha jugueteado con la idea de creerse similar a sus vecinos europeos, llegando a soñar ingenuamente que era igual a alemanes, franceses o daneses. Pero la realidad inaceptada es que un español está, cultural y socialmente, muchísimo más cerca de un marroquí que no de un sueco. Esta aseveración resulta tan insoportable que se hace necesario negar la evidencia. Como parte de este proceso de autodefensa, los rasgos que no queremos reconocer en nosotros se los atribuimos a alguien externo, que encarna lo negativo que no somos capaces de aceptar como nuestro.
Por eso se le otorga a los marroquíes todos aquellos defectos que, en realidad, forman parte de la personalidad del que se ve obligado a odiar a los demás para no tener que odiarse a sí mismo. Inteligentísimo mecanismo de defensa del cerebro humano, vital para la supervivencia y para poder vivir a gusto con uno mismo.

Porque de los marroquíes hemos oído decir que son sucios y poco cuidadosos, pero os podemos asegurar que las calles de Marrakech hoy en día tienen el mismo aspecto que las de la Barcelona preolímpica en la que nosotros crecimos.

También hemos oído decir que son de poco fiar y de dudosa credibilidad, pero eso podría ser perfectamente atribuible al carácter latino español que hace que la pillería sea un rasgo innegable. Al final, tanto marroquíes como españoles lo que hacen es llevar la picaresca hasta extremos limítrofes con la deshonestidad. Y eso, en cualquier caso, nada tiene que ver con la cultura suiza, donde impera otro tipo de comportamiento. Nada tiene que ver con la manera de hacer de los holandeses, ingleses o finlandeses.

Otra cosa que nos han comentado de los marroquíes está relacionada con su religión y el fervor con el que la profesan. A menudo se les tira en cara su radicalidad y su obcecación, pero si ha habido una cultura que ha sido intransigente en ese sentido ha sido la española, capaz de someter, matar y perseguir inquisitoriamente a todo el continente americano intentando conseguir la total abolición de religiones ajenas para instaurar la propia.
La sola imagen de una mezquita enerva a muchos, pero si hay un país que ha sembrado lugares de culto ha sido España. Sin ir más lejos, el pueblo en el que vivimos cuando no estamos viajando tiene poco más de seis mil habitantes y sin embargo cuenta con unas diez iglesias.
Quizás a los españoles les incomoda el fundamentalismo religioso de Marruecos porque les recuerda demasiado a la no tan lejana época de Franco, cuando el país estaba sometido al dictador y a los deseos de la iglesia.

También algunos dicen que los marroquíes son ruidosos, conflictivos y alborotadores, pero afirmamos sin recelo que, después de más de diez años viajando por el mundo, cuando llegamos a un lugar y vemos que hay un grupo de gente que habla alto y que resulta escandaloso, deducimos que son españoles.

Cualquier conducta odiada en los marroquíes, esconde en realidad una conducta española inaceptada. Una conducta que no se quiere reconocer como propia porque es mucho más idílico pensar (equivocadamente) que un español se asemeja a un noruego.

El gran error es denigrar la cultura marroquí para poder curar los males propios, perdiendo por el camino la posibilidad de enaltecer las grandes virtudes de una sociedad de la que se podría aprender mucho. Nosotros lo intentamos a cada momento y nos resulta muy fácil porque ciertos valores de la cultura marroquí nos enamoran y nos seducen... justamente los valores que en la Europa moderna se están perdiendo. Compañerismo, el valor de la comunidad y la familia, positivismo, proximidad personal, pasión, valentía… son algunas de las virtudes que les envidiamos.
Marruecos es un país imperfecto, como todos los que hemos visitado, pero su imperfección se parece demasiado a la de España.
Eso evoca la tenebrosa inquietud de toparse con el conflicto no resuelto de aquel al que la prosperidad le ha llevado a un barrio mejor, y para olvidar sus penosos orígenes, reniega de su vida anterior y le rechaza el saludo al que otrora era su vecino.
Son guarros, traidores , delincuentes ..............................
 

enmanuel

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Por qué hace ya años hubo una matanza de españoles en Anual y conmovió los cimientos de la sociedad por las atrocidades que se hicieron , uniendo a todos los Españoles contra ellos donando dinero y lo que podían para preparar un ejército y vengarse de lo que allí ocurrió.
 

Can Pistraus

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Por qué hace ya años hubo una matanza de españoles en Anual y conmovió los cimientos de la sociedad por las atrocidades que se hicieron , uniendo a todos los Españoles contra ellos donando dinero y lo que podían para preparar un ejército y vengarse de lo que allí ocurrió.
eso se olvida rapido si te traen a una morilla que este buena y en edad de empujar.
 

Fermoselle

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Ver archivo adjunto 806595 Sería absurdo negar que los marroquíes, en general, no despiertan demasiadas simpatías. No seremos nosotros quienes demos la espalda a la realidad. Preferimos, antes que esconder esta desagradable certeza debajo de la alfombra, intentar averiguar la razón por la que esta antipatía hacia los marroquíes (o hacia los magrebíes en general), está tan arraigada en la sociedad española.
En nuestra opinión, creemos saber dónde está el origen de este sentimiento negativo.
En psicología se llama proyección.

Es un concepto muy amplio y de difícil definición, pero atreviéndonos a resumirlo, diríamos que es un mecanismo por el cual un individuo proyecta en los demás los defectos que no se atreve a reconocer en sí mismo. Se proyecta en otras personas las características que no se aceptan como propias porque generan angustia y rechazo, atribuyéndolas a alguien externo para poder así situar esos contenidos amenazantes fuera de uno mismo.

Los marroquíes encarnan la proyección de los españoles a la perfección.
Ambas culturas son tan sumamente parecidas, que el hecho de constatar su similitud dispara en el ego hispano la necesidad de defenderse psíquicamente. Y esta defensa, se consigue mediante la proyección de los estereotipos propios en un elemento ajeno.

Lo que diferencia a España y Marruecos no es gran cosa. Sin querer parecer frívolos, diríamos que lo único que separa a ambos países son cuarenta años de desarrollo económico. Y eso, se traduce en la certeza de que apenas una generación y media separa a los españoles del hambre, realidad muy dolorosa de admitir porque no hay nada que produzca más miedo al ser humano que reconocerse a sí mismo en el espejo.
En plena desorientación personal, el español medio ha jugueteado con la idea de creerse similar a sus vecinos europeos, llegando a soñar ingenuamente que era igual a alemanes, franceses o daneses. Pero la realidad inaceptada es que un español está, cultural y socialmente, muchísimo más cerca de un marroquí que no de un sueco. Esta aseveración resulta tan insoportable que se hace necesario negar la evidencia. Como parte de este proceso de autodefensa, los rasgos que no queremos reconocer en nosotros se los atribuimos a alguien externo, que encarna lo negativo que no somos capaces de aceptar como nuestro.
Por eso se le otorga a los marroquíes todos aquellos defectos que, en realidad, forman parte de la personalidad del que se ve obligado a odiar a los demás para no tener que odiarse a sí mismo. Inteligentísimo mecanismo de defensa del cerebro humano, vital para la supervivencia y para poder vivir a gusto con uno mismo.

Porque de los marroquíes hemos oído decir que son sucios y poco cuidadosos, pero os podemos asegurar que las calles de Marrakech hoy en día tienen el mismo aspecto que las de la Barcelona preolímpica en la que nosotros crecimos.

También hemos oído decir que son de poco fiar y de dudosa credibilidad, pero eso podría ser perfectamente atribuible al carácter latino español que hace que la pillería sea un rasgo innegable. Al final, tanto marroquíes como españoles lo que hacen es llevar la picaresca hasta extremos limítrofes con la deshonestidad. Y eso, en cualquier caso, nada tiene que ver con la cultura suiza, donde impera otro tipo de comportamiento. Nada tiene que ver con la manera de hacer de los holandeses, ingleses o finlandeses.

Otra cosa que nos han comentado de los marroquíes está relacionada con su religión y el fervor con el que la profesan. A menudo se les tira en cara su radicalidad y su obcecación, pero si ha habido una cultura que ha sido intransigente en ese sentido ha sido la española, capaz de someter, matar y perseguir inquisitoriamente a todo el continente americano intentando conseguir la total abolición de religiones ajenas para instaurar la propia.
La sola imagen de una mezquita enerva a muchos, pero si hay un país que ha sembrado lugares de culto ha sido España. Sin ir más lejos, el pueblo en el que vivimos cuando no estamos viajando tiene poco más de seis mil habitantes y sin embargo cuenta con unas diez iglesias.
Quizás a los españoles les incomoda el fundamentalismo religioso de Marruecos porque les recuerda demasiado a la no tan lejana época de Franco, cuando el país estaba sometido al dictador y a los deseos de la iglesia.

También algunos dicen que los marroquíes son ruidosos, conflictivos y alborotadores, pero afirmamos sin recelo que, después de más de diez años viajando por el mundo, cuando llegamos a un lugar y vemos que hay un grupo de gente que habla alto y que resulta escandaloso, deducimos que son españoles.

Cualquier conducta odiada en los marroquíes, esconde en realidad una conducta española inaceptada. Una conducta que no se quiere reconocer como propia porque es mucho más idílico pensar (equivocadamente) que un español se asemeja a un noruego.

El gran error es denigrar la cultura marroquí para poder curar los males propios, perdiendo por el camino la posibilidad de enaltecer las grandes virtudes de una sociedad de la que se podría aprender mucho. Nosotros lo intentamos a cada momento y nos resulta muy fácil porque ciertos valores de la cultura marroquí nos enamoran y nos seducen... justamente los valores que en la Europa moderna se están perdiendo. Compañerismo, el valor de la comunidad y la familia, positivismo, proximidad personal, pasión, valentía… son algunas de las virtudes que les envidiamos.
Marruecos es un país imperfecto, como todos los que hemos visitado, pero su imperfección se parece demasiado a la de España.
Eso evoca la tenebrosa inquietud de toparse con el conflicto no resuelto de aquel al que la prosperidad le ha llevado a un barrio mejor, y para olvidar sus penosos orígenes, reniega de su vida anterior y le rechaza el saludo al que otrora era su vecino.
A este le gustan las pollas moras ... seguro o serà un progre...traidor
 

t_chip

Facilisimo
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Ver archivo adjunto 806595 Sería absurdo negar que los marroquíes, en general, no despiertan demasiadas simpatías. No seremos nosotros quienes demos la espalda a la realidad. Preferimos, antes que esconder esta desagradable certeza debajo de la alfombra, intentar averiguar la razón por la que esta antipatía hacia los marroquíes (o hacia los magrebíes en general), está tan arraigada en la sociedad española.
En nuestra opinión, creemos saber dónde está el origen de este sentimiento negativo.
En psicología se llama proyección.

Es un concepto muy amplio y de difícil definición, pero atreviéndonos a resumirlo, diríamos que es un mecanismo por el cual un individuo proyecta en los demás los defectos que no se atreve a reconocer en sí mismo. Se proyecta en otras personas las características que no se aceptan como propias porque generan angustia y rechazo, atribuyéndolas a alguien externo para poder así situar esos contenidos amenazantes fuera de uno mismo.

Los marroquíes encarnan la proyección de los españoles a la perfección.
Ambas culturas son tan sumamente parecidas, que el hecho de constatar su similitud dispara en el ego hispano la necesidad de defenderse psíquicamente. Y esta defensa, se consigue mediante la proyección de los estereotipos propios en un elemento ajeno.

Lo que diferencia a España y Marruecos no es gran cosa. Sin querer parecer frívolos, diríamos que lo único que separa a ambos países son cuarenta años de desarrollo económico. Y eso, se traduce en la certeza de que apenas una generación y media separa a los españoles del hambre, realidad muy dolorosa de admitir porque no hay nada que produzca más miedo al ser humano que reconocerse a sí mismo en el espejo.
En plena desorientación personal, el español medio ha jugueteado con la idea de creerse similar a sus vecinos europeos, llegando a soñar ingenuamente que era igual a alemanes, franceses o daneses. Pero la realidad inaceptada es que un español está, cultural y socialmente, muchísimo más cerca de un marroquí que no de un sueco. Esta aseveración resulta tan insoportable que se hace necesario negar la evidencia. Como parte de este proceso de autodefensa, los rasgos que no queremos reconocer en nosotros se los atribuimos a alguien externo, que encarna lo negativo que no somos capaces de aceptar como nuestro.
Por eso se le otorga a los marroquíes todos aquellos defectos que, en realidad, forman parte de la personalidad del que se ve obligado a odiar a los demás para no tener que odiarse a sí mismo. Inteligentísimo mecanismo de defensa del cerebro humano, vital para la supervivencia y para poder vivir a gusto con uno mismo.

Porque de los marroquíes hemos oído decir que son sucios y poco cuidadosos, pero os podemos asegurar que las calles de Marrakech hoy en día tienen el mismo aspecto que las de la Barcelona preolímpica en la que nosotros crecimos.

También hemos oído decir que son de poco fiar y de dudosa credibilidad, pero eso podría ser perfectamente atribuible al carácter latino español que hace que la pillería sea un rasgo innegable. Al final, tanto marroquíes como españoles lo que hacen es llevar la picaresca hasta extremos limítrofes con la deshonestidad. Y eso, en cualquier caso, nada tiene que ver con la cultura suiza, donde impera otro tipo de comportamiento. Nada tiene que ver con la manera de hacer de los holandeses, ingleses o finlandeses.

Otra cosa que nos han comentado de los marroquíes está relacionada con su religión y el fervor con el que la profesan. A menudo se les tira en cara su radicalidad y su obcecación, pero si ha habido una cultura que ha sido intransigente en ese sentido ha sido la española, capaz de someter, matar y perseguir inquisitoriamente a todo el continente americano intentando conseguir la total abolición de religiones ajenas para instaurar la propia.
La sola imagen de una mezquita enerva a muchos, pero si hay un país que ha sembrado lugares de culto ha sido España. Sin ir más lejos, el pueblo en el que vivimos cuando no estamos viajando tiene poco más de seis mil habitantes y sin embargo cuenta con unas diez iglesias.
Quizás a los españoles les incomoda el fundamentalismo religioso de Marruecos porque les recuerda demasiado a la no tan lejana época de Franco, cuando el país estaba sometido al dictador y a los deseos de la iglesia.

También algunos dicen que los marroquíes son ruidosos, conflictivos y alborotadores, pero afirmamos sin recelo que, después de más de diez años viajando por el mundo, cuando llegamos a un lugar y vemos que hay un grupo de gente que habla alto y que resulta escandaloso, deducimos que son españoles.

Cualquier conducta odiada en los marroquíes, esconde en realidad una conducta española inaceptada. Una conducta que no se quiere reconocer como propia porque es mucho más idílico pensar (equivocadamente) que un español se asemeja a un noruego.

El gran error es denigrar la cultura marroquí para poder curar los males propios, perdiendo por el camino la posibilidad de enaltecer las grandes virtudes de una sociedad de la que se podría aprender mucho. Nosotros lo intentamos a cada momento y nos resulta muy fácil porque ciertos valores de la cultura marroquí nos enamoran y nos seducen... justamente los valores que en la Europa moderna se están perdiendo. Compañerismo, el valor de la comunidad y la familia, positivismo, proximidad personal, pasión, valentía… son algunas de las virtudes que les envidiamos.
Marruecos es un país imperfecto, como todos los que hemos visitado, pero su imperfección se parece demasiado a la de España.
Eso evoca la tenebrosa inquietud de toparse con el conflicto no resuelto de aquel al que la prosperidad le ha llevado a un barrio mejor, y para olvidar sus penosos orígenes, reniega de su vida anterior y le rechaza el saludo al que otrora era su vecino.
Claro claro.

"Les hemos fallado"

"No ven otra salida que inmolarse"


!Más subnormales que botellines!

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t_chip

Facilisimo
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No puede ser racismo, porque muchos de ellos, no todos obviamente, podrían camuflarse como español. Es simplemente que NO aceptamos caballos de Troya.

Si queréis la paz, a comer cerdo, beber vino y renunciar al anticristo. Y las moras igual. No les voy a pedir que se putifiquen como las españolas, pero nada de pañuelitos y otras payasadas.

Si cumplís, no hay nada que reprocharos.
De acuerdo en todo excepto en lo de que las moras se quiten el pañuelo y tal.....mejor que se lo pongan las nuestras.

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sisar_vidal

Desde el exilio
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No es racismo, ES SENTIDO COMÚN,
Los moromierdas que se queden en Marruecos. Roban y violan a destajo y encima les dan paguitas, al final la gente se cansará y empezarán a matar moromierdas.


Tierra de nadie, lo demás es tierra conquistada.
La gente mamara polla mora.

Al final los globalistas tienen razón, el genocidio de la vacuna está más que justificado.


Y yo que me alegro.