Plan para hacerme rico como escritor

Henry Rearden

Himbersor
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Me gusta escribir y ya me he autopublicado alguna cosa de ciencia ficción en amazon.

Tengo el siguiente plan:

  1. Escribir libros de calidad, bien documentados y revisados por terceras personas.
  2. Desarrollar ideas originales. Cercanas a la sci-fi hard o ucronias bien estructuradas.
  3. Encargar una ilustración impactante y de calidad para la portada. Nada de usar bancos de imágenes genéricos photosopeados. Pido un diseño original y técnicas clásicas de dibujo.
  4. Anunciarme por todo Internet: Blogs, foros especializados (o no). También regalo ejemplares en eventos de ciencia ficción.
  5. Rodar booktrailers con actores reales (ya lo he hecho con mi próximo lanzamiento)
  6. Traducir al inglés. De momento lo voy haciendo yo mismo. Luego pido la revisión de un nativo (mucho más barato que encargar una traducción a pelo) En realización...
Planes futuros: Con una buena traducción hecha y una portada impactante, enviar mis libros a productoras de cine y televisión extranjeras, para ver si hay suerte y me pagan tanta pasta como a J. K. Rowling por Harry Potter.

Actualización (05/03/2019): He redactado un relato solo para burbuja. Le he hecho un par de pasadas para corregir los errores más evidentes, pero si se me ha pasado alguna, lo siento. Ha sido una revisión rápida. También está en la página 19 y he publicado en la guardería un tema con el título del relato:

El bautismo

La oscura y mal iluminada iglesia del pequeño pueblo, casi aldea, de Zaramilla de la Jara estaba de fiesta ese domingo. Casi todos los parroquianos se habían reunido para un acontecimiento especial: el primer bautismo de ese año. La Venancia, una mujerona alta y morena de muslos como columnas y pechos como panes de hogaza, traía a su primer retoño a bautizar. A su lado estaba el Cipri, su marido, todo ufano y contento llevando en brazos al que creía su primer hijo.

Sin embargo, todos los vecinos del pueblo sabían que la Venancia era una mujer disoluta, amiga de llenar de sangre las vergas de todos los nacidos hombre ya fueran zagales a los que les estaba cambiando la voz, como viejos achacosos y cuasi impotentes. Solo el cornudo esposo y algún despistado que vivía en la montaña pastoreando las ovejas no se habían enterado de que clase de ramera bíblica era esa mujer de armas tomar. Todos estaban en la iglesia por lo especial del acontecimiento y porque iban haciendo apuestas de quién de entre los asistentes sería el verdadero padre.

El párroco, que había estado preparando el lugar de culto para celebrar la incorporación de un nuevo miembro a la Iglesia, se había tenido que aliviar un rato antes con la única monaguilla con la que contaba el pueblo. La Jacinta era una joven pazguata, bajita, con el pecho plano y pelo corto, que con sus 18 años recién cumplidos la única ocupación que podía desempeñar con su escasa sesera era ayudar al cura del pueblo. También decían las malas lenguas que era de visitar la isla de Lesbos, pero eso al clérigo le daba igual. Dándole mil pesetas se dejaba hacer una irrumatio, pecado al que había tenido que recurrir para eliminar la erección que no le bajaba y que despuntaba en su sotana esa mañana. Saber que la Venancia se iba a acercar a la pila bautismal con ese par de ubres que ocupaban su pecho, asomándose de manera pecaminosa por el impúdico escote le había puesto malo, ya que cada vez que dicha feligresa acudía a confesión, el cura se tenía que aliviar con el vicio de Onán.

La Jacinta era tonta, pero dispuesta. El cura, después de depositar su semilla en su boca, le indicó que debía tragárselo todo, porque si no el pecado sería mayor: el de derramar la simiente en la tierra, por el cual fue castigado Onán por Dios. La monaguilla, obediente, le limpió el glande con un corporal viejo, ya desacralizado, y cuya suavidad tras limpiar innumerables veces el cáliz, servía ahora para dar brillo a un objeto igual de sagrado. Tras envainarse el miembro, ya flácido, y atusarse la sotana, salieron ambos de la sacristía para oficiar la misa y el bautismo del pequeño infante.

Ahí estaba la Venancia, con un vestido negro ligero y una peineta que sujetaba su velo, negro también. Acababa de dar de mamar al niño y el cura pudo atisbar por un segundo, cuando la madre se guardó el seno, grande, blanco y lleno de venas, un pezón oscuro, gordo como un dedal, y goteante de leche. El falo se le revolvió semierecto en su entrepierna. Por suerte, gracias a la viciosa Jacinta, su miembro estaba exhausto, sin fuerzas y pudo ponerse delante de los asistentes sin que se notara su turbación.

La ceremonia se fue desarrollando con parsimonia y los cuchicheos acerca de la paternidad del niño eran un leve ruido de fondo que apenas se sentía. Se leyeron salmos, el padrino se acercó al atril, la Venancia se limpió una lágrima y el supuesto padre del niño lo acunaba para que no llorase. Todo parecía ir sobre la seda, pero la Brígida, una vieja bruja experta en pociones abortivas, quitar el mal de ojo y hacer filtros de amor, no estaba feliz con la ceremonia. Su hijo, el Toribio, un hombre decidido, fuerte y guapo, se había ido a hacer la mili a Marruecos después de que la Venancia lo rechazase, aunque cohabitase un tiempo con ella. Allí, haciendo la instrucción, pisó una mina que se lo llevó por delante y la dejó a ella sola en este mundo. Pero eso el párroco no lo sabía y ese fue el mayor error que se cometió ese día.

Brígida tenía como misión ese día rellenar el incensario, cosa que hizo en esa última parte de la ceremonia. Pero no usó incienso, sino una mezcla de hierbas muy especial y peligrosa, proveniente de un conjuro de magia negra que ella nunca había usado hasta ahora. También marcó, mucho antes de que empezara la ceremonia, con la iglesia vacía, un pentáculo que incluía la pila bautismal en su centro. Tras volver a su asiento, sintió el aroma especial que empezaba a surgir del incensario y que hacía que todos los asistentes se sintiesen un poco más ligeros, como si flotasen.

El cura indicó a los padres y al padrino que se acercaran a la pila bautismal, pero lo hizo sin mucha convicción. El olor a hierbas le había embriagado y no se sentía igual. La Venancia sujetaba a su niño, pero parecía que requería mucha fuerza hacerlo y empezaba a jadear apresuradamente. El padre y el padrino también se sentían raros, con una extraña sonrisa en la boca. El parróco miró hacía abajo y su erección era dolorosa y prominente, pero, extrañamente, no le importaba que le viesen así. La madre tuvo que pedir al padre que sujetase al bebé, y tuvo que apoyar las manos en la pila bautismal. Los sobacos goteaban sudor por el vestido de la Venancia, los pezones manchaban la parte delantera con su leche y las ubres oscilaban delante del cura con movimiento rítmico e hipnótico.

La Jacinta sabía que el párroco lo estaba pasando mal y sabía como aliviarlo. Además, el contemplar los pechos ondulantes de la Venancia la había excitado y sentía un calor intenso en su interior. Se metió dentro de la sotana y se colocó el turgente y duro miembro en la boca. El párroco agradeció el alivio y su mirada se dirigió por un momento hacia el crucero de la nave antes de bajar de nuevo y darse cuenta, como si estuviera viendo una imagen muy lejana, como el resto de asistentes se habían desnudado y estaban fornicando unos con otros.

La Venancia se quitó la parte superior del vestido y con los dos senos al aire volvió a dar de mamar con el izquierdo al infante. El derecho estaba siendo succionado por el marido, al mismo tiempo que se masturbaba. El padrino, por su lado, le había levantado el vestido y le estaba lamiendo el ano a la madre, mientras manipulaba también su miembro viril.

Los tres llegaron simultáneamente al orgasmo dentro de la estrella pentagonal; el cura, el padre y el padrino. Pero, mientras el clérigo había tenido la precaución de eyacular dentro de la boca de Jacinta, los otros dos lo hicieron sobre la tierra y eso fue su perdición. El párroco y la monaguilla fueron lanzados hacia fuera del pentáculo por una fuerza invisible, mientras que el padre y el padrino fueron absorbidos por dos agujeros en el suelo del que salían llamas. En ese momento se materializó un ser monstruoso, con cabeza de carnero, testículos como bolas de petanca y una verga larga, gruesa y rugosa como rama de árbol.

De su garganta demoníaca salió un estentóreo rugido:

-Reclamo a esta impúdica pecadora como mi concubina y a su fruto como mi representante en la Tierra. Disfrutad hoy de los placeres de la carne, porque mañana será el lloro y el crujir de dientes. Me la llevaré a ella al infierno y al niño lo dejaré aquí para que os sojuzgue en el futuro.
-No puede hacer eso -exclamó la Jacinta con voz ida y cara de alucinada.
-¿Por qué no?
-Porque todavía no se ha bautizado a la criatura con su nombre.
-Se hará, pero no así.

El diablo ladeó la pila, tirando el agua consagrada. Después, con la pila ya en su posición y vacía, apretó los pechos de la Venancia con fuerza, saliendo sendos chorros de leche que llenaron la pila con un dedo de profundidad de líquido materno. Materializó un pequeño matraz con el que vertió un líquido oscuro dentro del sagrado recipiente y, por último, removió con un dedo. Cogió al niño y declamó:

-Yo te bautizo, con el nombre de
ponga aquí el lector el nombre de su peor enemigo
para que los gobiernes a todos.
-¡Amen! -Replicaron todos los embrujados participantes de la diabólica misa.
 
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chusto

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Postea alguna relato corto. Queremos de saber como escribes. Si eres un clavisto o un aldono, los grandes literatos de este lugar.
 

lowfour

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Los escritores (y conozco uno medio famosillo) viven mayormente de los certámenes y concursos de cada ayuntamiento. Mandan relatos, novelas cortas y tal... y si eres bueno y conoces lo que busca el jurado te puedes sacar varios premios al año y con eso tener un salario. Pero jodido, la verdad. Y ya te digo que este que conozco es un genio absoluto y lleva desde los 15 años trabajando como una mula, ya saca en editoriales de primer nivel y no creo que mueva mucha pasta.
 

Henry Rearden

Himbersor
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Postea alguna relato corto. Queremos de saber como escribes. Si eres un clavisto o un aldono, los grandes literatos de este lugar.
Lo haría de buena gana, pero es que uso este foro para tener opiniones políticamente incorrectas o contar chorradas (en este hilo no) y no quiero que se me reconozca.

En todo caso, voy a poner un fragmento de algo que no tengo publicado en ningún sitio (está sin revisar ni nada, a pelo tal y como lo escribí). Si alguna vez forma parte de una novela, posiblemente cambiaré los diálogos y nombres, por lo que no tengo miedo en que me reconozcan en un futuro:

Extracto del primer capítulo de una novela de fantasía:

El día amaneció lluvioso y frío, empantanando aún más el putrefacto lodazal en que se había convertido el campo de batalla. Sortak se despertó aterido de frío en el que iba a ser su último día como guerrero. La tienda donde dormía con sus compañeros mercenarios hedía a sudor, sangre y cansancio después de varios días de pelear contra el ejército rival. Después de lavarse un poco la cara y la cabeza recogiendo en un cuenco el agua limpia de la lluvia, desayunó gachas y tocino, con la mente puesta en el que iba a ser el intento definitivo de escalar el castillo de Lord Termenich. Las catapultas habían convertido uno de los muros en un amasijo de cascotes y solo la llegada de la noche había retrasado el ataque final.
—Vamos Sortak, alegra esa cara, hoy va a ser el último día de esta guerra. Mañana partiremos al lejano Oriente, a las tierras legendarias de Ixanhan.
—Para mí la guerra acaba hoy. Con el dinero de la paga me volveré a las tierras del Valle Damilan y me compraré una granja, con patos, cerdos y muchos manzanos.
—¡Venga ya! Eres uno de los mejores guerreros que he conocido, no un granjero, ¿qué sabes tú de cultivar manzanas?
—Me estoy haciendo viejo, y en este oficio la falta de reflejos te puede matar…
—¡Na! Vayamos a luchar contra los esbirros de Termenich, que esta noche vamos a llenar nuestros sacos con sus candelabros de plata y mañana partiremos hacia Oriente donde riquezas y exóticas mujeres nos esperan.
Sortak dejó que su compañero de armas Flanegan siguiera hablando al resto que se estaba despertando en la tienda de las fantásticas tierras de Ixanhan, donde el empleador de Sortak, el conde Makolevo, quería irse a guerrear. Makolevo, cuyo condado diminuto no daba apenas riquezas fue desde joven un excelente guerrero y su pequeño ejército estaba al servicio del mejor postor. En ese momento el profundo toque de trombón anunciaba que los soldados y mercenarios se fueran colocando en la línea de ataque, a esperar instrucciones de sus mandos. Sortak se puso su cota de malla, su casco de acero, la espada y el escudo y se fue a donde estaba esperando Makolevo montado en su caballo.

Sortak se deshizo de un atacante con un rápido golpe de espada, de arriba abajo en diagonal. Se proponía entrar en la brecha del muro del castillo cuando de repente vio a un arquero subido en la torre y apuntándole directamente a él. Rápidamente se cubrió con el escudo y en ese momento vio como la punta de la flecha lo atravesaba quedándose a un palmo de su cara. A continuación sintió el dolor. La flecha se había frenado con su escudo y su brazo. Sentía el hueso hecho trozos, atravesado por la flecha, pero no podía parar. Sus compañeros formaban una marea humana que entraba en el castillo. Siguió dando mandobles de espada con la mano derecha y usando el escudo con el brazo izquierdo que sangraba con profusión pese a que la flecha taponaba la misma herida.
La batalla se acabó pronto. Termenich desde su alcázar enarboló la bandera blanca y los pocos soldados suyos que quedaban en pie en el patio de armas soltaron sus armas al escuchar el toque de trompeta que anunciaba la rendición. Sortak cortó con su espada el mástil de la flecha que sobresalía por fuera del escudo. Pudo quitárselo y aprovechar para vendarse la herida, sin sacarse el resto de la flecha, para evitar la hemorragia.
Los pocos cirujanos que había en el campo de batalla no daban abasto y no podrían atenderle ahora. Por tanto se dedicó, como el resto de sus compañeros, al pillaje. Por la noche, el exhausto doctor que le atendió no le dio muchas opciones.

—Tengo malas noticias. La flecha te ha roto un hueso, el cúbito, y tienes astillas de hueso insertadas en la carne. La herida se ha infectado y tienes el brazo inflamado. Aunque te quitase la flecha junto con los trozos de hueso y te limpiase la herida, lo más probable es que tuvieras gangrena y al final murieras, aunque te amputasen el brazo.
—¿Qué se puede hacer?
—Lo más rápido es amputar ahora por debajo del codo. Las fiebres serían menos peligrosas y sobrevivirías. Si esperas, tendríamos que cortar después a la altura del hombro y lo más probable es que murieses.
—¿Tendría que haber venido antes?
—Podrías haberlo intentado… pero no te hubieran dejado pasar a mi tienda. He estado hasta hace una hora atendiendo a nobles y oficiales y no he acabado hasta hace una hora. De todas formas has hecho bien en dejarte la flecha dentro. Si te la hubieras quitado ya habrías muerto desangrado.
—Bueno, mejor quedar vivo con un solo brazo, que no muerto con los dos. De todas formas hoy iba a luchar mi última batalla.

El médico le dio un poco de infusión de adormidera y Sortak sintió como si flotase. Todo el cansancio acumulado se evaporó y vio con su vista nublada por la droga como el cirujano le cortaba rápidamente el brazo, asistido por su ayudante. Sortak se levantó al día siguiente con un gran dolor en el muñón, aunque podía soportarlo. Se tomó una infusión contra la fiebre y se miró el vendaje. El ejército permanecería acampado unos días, mientras se firmaba la paz y se reponían, o morían, los enfermos. El iría a despedirse del conde Makolevo y a pedirle la carta por sus servicios.

—Hola, Sortak. Ya veo que la batalla te pasó factura —le dijo amablemente el jefe de la guardia, Thrano— ¿qué quieres?
—Me gustaría despedirme de nuestro señor y solicitarle la carta de servicios.
—Espera a que salgan los cirujanos y los magos. Te pediré audiencia y cuando te anuncie puedes pasar.
—Gracias.
Sortak esperó pacientemente. Salieron los magos y doctores y tras aguardar un rato más Thrano, le avisó que podía pasar.
—Lord Makolevo, Sortak de Arandil, solicita audiencia.
—Hazle pasar.
Sortak cumplió con el ceremonial, saludó inclinándose y a continuación esperó a que Makolevo le dirigiera la palabra.
—Sortak, amigo mío, hemos luchado en muchas batallas ¿no es así?
—Sí, milord.
—Pero a ambos nos ha pasado factura. Te has quedado sin brazo y yo he perdido mi pierna y me he visto obligado a coger una de un moribundo.

En ese momento Sortak reparó en la pierna derecha del duque. En alto y vendada, pensaba que la habían curado. Entonces se dio cuenta de que el duque había hecho uso de magia negra. Se cogía la pierna de una persona viva, no importaba que estuviera moribunda y se sustituía por la del duque. La fuerza de la magia provenía del donante, por eso no funcionaba si se usaba la extremidad de un muerto.
—¡Oh! Cuanto lo siento milord.
—Yo también. No me gusta arrebatar la vida a una persona, aunque sea un moribundo. Me queda la tranquilidad de saber que ese pobre soldado murió más rápidamente y con más dignidad que si lo hubiéramos dejado en el campo de batalla con las tripas fuera. Una vez que su pierna estuvo unida a mí y el hechizo fue pronunciado, le cortamos misericordiosamente su cabeza con un hacha. Por suerte era un soldado del bellaco de Termenich. Hubiera odiado hacerle esto a uno de los míos.
—Por supuesto…
—No te lo recomiendo que lo hagas. He visto a nobles con miembros trasplantados y las extremidades siempre tienen un aspecto enfermo, demacrado y con muchas venas. Pero tampoco quería ser un mutilado. Eso hubiera sido mi fin.
Aunque Sortak hubiera tenido el dinero para pagar a los magos (era una magia muy cara) nunca le hubiera quitado la vida a nadie para obtener una extremidad nueva. Era un soldado, no un monstruo. Pero se cuidó de comentarle estos pensamientos al duque.
—Supongo que vienes a por tu carta de servicios.
—Milord, tenía pensado venir de todas formas. Aunque no hubiera perdido el brazo, me estaba volviendo viejo para esta vida de soldado.
—Por supuesto. Te puedo dar la carta de servicios, sin embargo, el dinero que había depositado en la Banca Trattori y que corresponde a tu parte de los botines y del resto de tus compañeros no se encuentra disponible en este momento. El rey Hertyl II me pidió un préstamo para financiar su campaña militar en el este de su reino.
—Milord, entonces, ¿Cuándo podré cobrar?
—Tienes dos opciones. Esperar al vencimiento del préstamo, dentro de tres años, o bien cambiar tu dinero por una carta de hidalguía y terrenos en nuevas tierras conquistadas. Piénsalo muy bien. El rey Hertyl II nos ha dado a todos esa opción porque en caso de que la guerra no vaya bien tendrá que declarar la bancarrota y solo cobraremos una pequeña parte de lo prestado, yo incluido. Por eso le pedí cartas de tierras, no solo para mí, sino también para todos mis guerreros. Ahora mismo estoy hasta arriba de deudas, por eso viajo a Ixanhan. Allí existe la oportunidad de ganar mucho oro en sus guerras.
—Comprendo, milord. ¿Me recomendáis coger las tierras?
—¿Ayer pudiste coger algo del castillo de Termenich?
—Unas pocas joyas, creo que no me moriré de hambre en los próximos meses, milord.
—Bien, porque el botín que me va a entregar hoy Termenich ya está dedicado a pagar deudas, incluidas la de los magos de esta mañana. Pásate a hablar con mi cocinero, creo que te podrá dar algo de mi despensa para el viaje. No te puedo dar ni unas tristes monedas porque no tengo ni oro en mi tienda. Coge las tierras. Podrás cultivarlas, asentar campesinos en ellas y podrás transmitir tu título de hidalgo a algún heredero tuyo.
—Gracias, milord.
Sortak se acabó de despedir ceremoniosamente de Makolevo y se fue a hablar con su secretario.
—Bien, aquí tienes la carta de servicios. Veinte años trabajando con nuestro señor duque. Con esto evitarás las levas en el reino y te atestiguan como hombre libre sin cargas ni deudas. Aquí tienes la carta de proclamación de hidalguía y de transmisión de tierras otorgada por Hertyl II. Para ejecutarla, tendrás que pedir audiencia en su corte al procurador de su reino.
—Gracias por todo.
—Han sido muchos años juntos viéndote pelear para nuestro conde. Muchos han muerto en sus filas. Aunque hayas perdido el brazo, conservas la vida. Eres afortunado.
—Te echaré de menos. Adiós.
—Adiós, Sortak.
Sortak se despidió también de Thranos y se fue a ver al cocinero del conde. Este le dio un jamón ahumado y unas patatas para el viaje de vuelta. Se dirigió de nuevo a la tienda del médico.
—Hola, ¿has acabado ya de poner en orden tus asuntos?
—Sí, acabo de ver a nuestro conde.
—¿Ya te ha dado la carta de servicios?
—Sí, me iré pronto.
—Lo suponía, voy a cambiarte el vendaje.
El médico termino de vendar a Sortak y se acercó a su despensa a por un saquito.
—Toma, más hierbas para la fiebre y vendas limpias. La herida está cicatrizando muy bien. Si no se ensucia y cambias los vendajes, no habrá ningún problema. Lava las vendas con agua hirviendo. Te dejaría dormir unos días más aquí, pero como ves no hay sitio. Por desgracia, todos no se van a salvar, aunque intentaré que se mueran los menos posibles.
—Gracias por curarme y atenderme.
—Cuídate y mantén limpia la cicatriz durante los próximos días.
—Así lo haré, adiós.
—Adiós.

Sortak siempre había formado parte de la infantería, y estaba acostumbrado a marchar a pie. Pero como soldado licenciado podía solicitar un caballo para volver a su hogar. Se dirigió a las caballerizas donde había un gran movimiento de animales.
—Hola, Sortak ¿quieres un caballo para tu retiro?
—Con un brazo menos no puedo ocultar mis intenciones ¿no es así?
—Bueno, al menos estás vivo. ¿Qué quieres? Tenemos muchos caballos capturados de las tropas de Termenich. Aprovecha ahora la oportunidad, que en unos días nos quedaremos sin ellos.
—Bien, necesito un caballo dócil, fuerte y que no sea caro. Que me sirva para largas jornadas de marcha y pueda usarlo también para arar la tierra.
—Tienes suerte. Tenemos algunos de esos. Hay muy buenos ejemplares de nobles y oficiales, pero son más caros. ¿Qué te parece este? Tranquilo, pelaje marrón espeso, no muy alto y con patas y cuartos fuertes.
—Me parece perfecto ¿Cuánto pides?
—Ahora nos quedan todavía muchos y por ser tú una moneda de oro.
—¿Te sirve un anillo de oro?
—Sí, si no es muy fino.
Sortak buscó en la pequeña bolsita de joyas y tras descartar dos anillos de plata, encontró uno de oro, con un rubí engarzado.
—Tiene una piedra, así que me gustaría llevarme el caballo con los arreos y una manta para la grupa.
—Déjame que mire… Sí, parece un rubí. Te lo dejo ensillado, pero la manta me la pagas aparte.
—Es un anillo de oro con rubí, quiero también la manta.
—De acuerdo, sales ganando, considéralo un regalo de despedida.
—Gracias, me pasaré dentro de un rato, cuando lo tengáis listo.
—Hasta luego.
Sortak se despidió de sus compañeros de armas, Flanegan por desgracia murió en el asalto, y no vería nunca las tierras de Ixanhan de las que tanto habló. Tomaron un trago de cerveza en su honor y por último se abrazó a todos ellos. Fue a las caballerizas, tomó su caballo y emprendió el camino de vuelta a casa.

---------- Post added 30-dic-2018 at 21:32 ----------

Todos tus pasos exigen bastante pasta. Cuál es tu presupuesto?
Para mi próximo lanzamiento me he gastado unos 300 euros en ilustraciones, portada, contraportada, las mismas en blanco y negro para dentro y otras 3 más también en blanco y negro para el interior.

Para el booktrailer me he gastado un poco más de 300 euros. No digo la cantidad exacta por si me reconocen por ese dato.

Con mi primera novela me gaste 150 euros en ilustrar la cubierta. Eso sí, en Fiverr puedes encontrar chollos. Me gasté solo 15 euros en la cubierta de un segundo libro, contratándoselo a unos búlgaros.

En el primer caso, la ilustración dio fama a la novela y en el segundo, la relación coste-prestaciones era más que buena.
 

Giles Amaury

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Me gusta escribir y ya me he autopublicado alguna cosa de ciencia ficción en amazon.

Tengo el siguiente plan:

1) Escribir libros de calidad, bien documentados y revisados por terceras personas.
Precisamente todo lo contrario de lo que hay que hacer si te quieres forrar escribiendo.

Mientras tú te tiras una año escribiendo una novela de calidad de 300 páginas que se van a leer cuatro personas, Stephen King ya ha escrito 2 tochos de 800 páginas que miles de personas va a comprar. Haz las cuentas: Stephen King escribió 1600 páginas en el mismo tiempo que tú escribiste 300. Al margén de que Stephen King va a tener muchísimo más exito que tú simplemente porque ya es mundialmente conocido, él va a cobrar por un trabajo en el que ambos empleasteis el mismo tiempo mucho más porque el ha producido más.

Eso cuando no te sale un fenomeno como el de la autora de 50 Sombras de Grey, esa ya directamente no es que invierta un año en escribir 800 páginas, esa es que te escribe una novelas en un finde.
 

Henry Rearden

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Precisamente todo lo contrario de lo que hay que hacer si te quieres forrar escribiendo.

Mientras tú te tiras una año escribiendo una novela de calidad de 300 páginas que se van a leer cuatro personas, Stephen King ya ha escrito 2 tochos de 800 páginas que miles de personas va a comprar. Haz las cuentas: Stephen King escribió 1600 páginas en el mismo tiempo que tú escribiste 300. Al margén de que Stephen King va a tener muchísimo más exito que tú simplemente porque ya es mundialmente conocido, él va a cobrar por un trabajo en el que ambos empleasteis el mismo tiempo mucho más porque el ha producido más.

Eso cuando no te sale un fenomeno como el de la autora de 50 Sombras de Grey, esa ya directamente no es que invierta un año en escribir 800 páginas, esa es que te escribe una novelas en un finde.
Aunque hay muchos autores establecidos, contra los cuales no tengo nada que hacer, hay que tener en cuenta que las editoriales siempre están buscando autores nóveles que puedan darles un nuevo éxito editorial. En ese campo compito contra aún más aspirantes.

Si quiero sobresalir en un terreno tan exigente, o bien hago como dices tú, escribir libros como churros (aunque eso no me asegura el éxito, aunque sí unas pocas ventas) o bien busco hacer un producto de calidad y lo vendo con algo de marketing.

Mi primer intento con portada de calidad, idea original y algo de marketing, no me dio mal resultado. Me compraron el ebook aproximadamente unas 150 personas, lo que para un primer libro de ciencia ficción y en español no está nada mal.

Seguiré con la fórmula que me funciona.
 

Sonic The Hedgehog

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Otra posibilidad, más económica, sería que creases un blog con Wordpress y publicases tus relatos ahí. Luego mirar de monetizarlo.

Por ejemplo, este texto de muestra, en vez de copiarlo aquí, si tuvieses web simplemente podrías dar el enlace del artículo y sería mejor. Además, evitarías duplicar contenido, que es perjudicial para SEO.
 
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luismarple

Será en Octubre
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Una crítica sobre el texto que has puesto:

Pasas de puntillas por el evento más importante del capítulo, que el tipo pierde un brazo. Parece que en vez de amputarle un miembro le han sacado una espinilla, resuelves la situación en dos lineas y a partir de ahí se vuelve algo casi anecdótico.

Por lo demás bien, aunque no soy escritor, soy lector y gracias.
 

Sr. Pérez

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Vale, me lo he leído.

No escribes mal, pero tampoco escribes bien.

Estás narrando el asalto a un castillo en primera persona y parece un informe técnico para un incidencia en una fábrica de lavadoras. Tiendes a construir de forma reiterativa cuando debería de respirarse acción, angustia, miedo, violencia brutal... mil cosas. En su lugar parece que te están contando un partido de tercera preferente un becario con periodismo a falta de tres asignaturas que ha dejado para septiembre.

Con el tema de la herida intentas dar detalles técnicos médicos y es un error. Porque no eres médico ni te has molestado en documentarte. Además, la describes como lo haría un tipo blanco español de finales de XXI aficionado a la ci-fi. O lo haces como los habitantes de un mundo de fantasía medieval (que es poco probable que sepan lo que es un cúbito, o una infección) o lo haces como un puto experto en trauma casado con un médico de combate.

Decir "Tengo malas noticias. La flecha te ha roto un hueso, el cúbito, y tienes astillas de hueso insertadas en la carne. La herida se ha infectado y tienes el brazo inflamado. Aunque te quitase la flecha junto con los trozos de hueso y te limpiase la herida, lo más probable es que tuvieras gangrena y al final murieras, aunque te amputasen el brazo", ni suena auténtico, ni transmite nada, ni aporta gran cosa. Te deja en un punto medio bastante poco interesante y que deja al aire las costuras de tu poco oficio. Hay que escribir de lo que uno sabe. Tú no sabes mucho de medicina de campaña bajo condiciones medievales. Tu texto lo delata.

La conversación entre el mercenario y su patrón... eso sí que es ci-fi. Parecen dos colegas rajando en el bar a la salida del curro. Tú lo de los niveles de habla te lo perdiste el día que se dio en clase, ¿no?. No vemos cual es la relación entre ambos, desde luego apenas vemos jerarquía, respeto o -lo que solía ser más común- sumisión cuando no miedo del inferior hacia el superior. Tampoco queda muy claro porque un jefazo va a compartir una mierda de información sobre sus poderes y demás con el primer ñeta que pasa por su tienda... Tú no sabes mucho de las relaciones sociales e intrapersonales en una sociedad feudal (o profundamente jerárquica). De nuevo, tu texto lo delata.

Así varias más...

Personalmente no me siento muy inclinado a pagar por leer uno de tus libros después de esto.
 
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luismarple

Será en Octubre
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En un pueblo italiano al pie de las montañas
Es que lo de pagar por leer se terminó con los ebooks. A no ser que seas un colgao de una saga y necesites lo último de George R.R. Martin ya o te da un pampurrio, esperando un par de meses lo tienes en pdf por ahí colgao.
 
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Sr. Pérez

Madmaxista
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División Libertadora del Norte
Es que lo de pagar por leer se terminó con los ebooks.
Para nada. Si lo que quieres es leer para echar el rato antes de apagar la luz, o en el tren camino al curro, como una Charo cualquiera, vaya, pues igual.

A la gente que lee por el placer, por tirarse el moco o por como lo quieras llamar, no le importa pagar. Siempre que el precio sea razonable. Los 12 pavos de una edición de papel no entran en esa categoría. Cada vez menos. Y no te creas que los PDF esos piratas son gratis. Cuestan molestias y dinero. Tienes que tenerlos subidos -que tampoco te creas que están todos, es un curro de chinos escanear un libro-, localizados en páginas de confianza, con buscador si puede ser, que no te metan troyanos y mierdas, cerrar los pop-ups... no sé tú, pero yo -y muchos que conozco- por 2 pavos prefiero ahorrarme problemas. Pero sólo 2.

El tema de la autopublicación en digital permitiría precios razonables, pero tienes que encontrar quien quiera pagar 1 a 5 pavos por cada 300 páginas que perpetres. Si no te conocen, la gente no va a querer arriesgarse -menos cuatro empáticos intesos-, vas a tener que currarte durante años el tema a base de blog y muestras gratuitas (o ser el puto nuevo Quevedo, pero vamos a enfocarlo como un proceso industrial sometido a la leyes del mercado). Créate un fandom más o menos dedicado, y no les importará soltarte 5 pavetes por tenerles el kindle lleno.

Si España, o el mundo hispanoparlante en general, da para formar masa crítica suficiente de gente dispuesta a soltar los 5 pavetes lo suficientemente a menudo para que puedas vivir de ello (ni te digo forrarte)... mi apuesta sería que no. Mucho menos en géneros nicho como la ci-fi. Pero bueno, también puedes creer que darás el pelotazo y algún cazatalento de la Metro se leerá tu novela por chiripa (no, it won't happen).

Es una cuestión de modelo económico. La gente sigue queriendo ser escritor como cuando en los tiempos en que el libro era un producto industrial que requería una cierta concentración de capital y era explotado por grandes conglomerados editoriales. Y no. El tema ahora es que tienes control total sobre tu obra como producto artístico... pero también mercantil. Y claro, también tienes que conseguir llegar a un público saturado y acostumbrado a lo gratis.

En realidad, ni importaría la calidad relativa del producto literario como tal, se trata de crear un apego, una lealtad de tus lectores hacia ti que les haga aflojar la mosca. Tienes que darles algo que se imbrique en sus rutinas. El valor del trabajo intelectual o creativo, per se, tiende a cero.

El OP este dice que ha conseguido vender 150 copias de algo con un nivel similar a la muestra que ha puesto... sería más correcto decir que su portadista lo ha conseguido. Pal caso, es lo mismo.

A no ser que seas un colgao de una saga y necesites lo último de George R.R. Martin ya o te da un pampurrio, esperando un par de meses lo tienes en pdf por ahí colgao.
Eso también, pero en eso el "leer" no tiene nada que ver. También hay gilipollas que pagan lo que sea por completar su colección de monedas o sellos.
 
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