Sociedad: Libertinas, las justas

Eric Finch

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Libertinas, las justas | Cultura 3.0

Libertinas, las justas

Las conductas libertinas han recibido, históricamente, mayor penalización en las mujeres. Sólo las poderosas económicamente se las han podido permitir, y aun así con muchas más dificultades que ellos.


Marie-Louise O’Murphy, una de las amantes más conspicuas de Luis XV, retratada por François Boucher (1752).​

Según la fuente más popular[1], “Un libertino es una persona que lleva conducta desenfrenada y se entrega a los placeres y los caprichos, sin someterse a la moral dominante.” Por otro lado, en un blog[2] sobre el libertinaje se dice que las libertinas “han existido siempre, pero han sido difíciles de encontrar”.

Bien, puede ser. Habrá que confiar en su palabra. Pero las conductas libertinas han recibido, históricamente, mayor penalización en las mujeres. Sólo las poderosas económicamente se las han podido permitir. Pero aún así tendrán más dificultades que ellos si quieren compaginarlas con una vida de familia.

Los hombres y mujeres tienen distintas estrategias de apareamiento. Los hombres se mueven entre dos figuras femeninas igualmente deseables: la mujer modosa, virgen y que da muestras de ser fiable como pareja y madre de los hijos, y la de fácil acceso pero que tiene sexo con otros hombres. Se le llama a esta dicotomía la de la “virgen/puta” y es un dilema conocido por la mayoría de culturas del mundo.

La mujer tiende a ser más selectiva y a primar la calidad de la relación a la cantidad. En su juventud se halla en el momento idóneo para conseguir, a través de su belleza, una mayor oportunidad en la vida. Y ese es un “capital erótico”[3] importante. En sociedades donde los hombres están dispuestos a invertir de manera significativa en los hijos, las mujeres tenderán a comportarse de manera que les aseguren confianza en su paternidad. La preocupación de los machos por la castidad es adaptativa. En un ambiente de promiscuidad, en el que las mujeres no exigen fidelidad o estabilidad y duermen con hombres distintos a menudo, la estrategia masculina es dejarse de inversión parental y maximizar sus posibilidades acostándose con tantas mujeres como puedan hacerlo. En un estudio de la antropóloga Elizabeth Cashdan[4], se muestra que las mujeres que perciben un entorno en los que los hombres persiguen sexo sin obligaciones son más proclives a vestir de forma provocativa y a tener sexo más a menudo que las que están en un entorno en el que perciben hombres dispuestos a invertir en tener hijos. Aunque algunas pueden ser capaces de establecer conexiones entre el entorno y su estilo de vida, no es un requisito. Las mujeres rodeadas de hombres incapaces o sin deseo de comprometerse pueden tener mayor tendencia al sexo promiscuo. A vivir un ambiente moral más relajado y situarse más del lado de la “puta” que de la “virgen”.

Por tanto, las estrategias en el mercado del sexo y del matrimonio son distintas según los países y

sus respectivos equilibrios. Por ejemplo: un 98% de las estadounidenses afirma que se casaría sólo por amor frente a un 59 % de las rusas[5]. Que eso sea así descubre un equilibrio importante entre los sexos en los EEUU, o sea, que el equilibrio entre sexos de este país es bueno, por lo menos entre las comunidades que no son afroamericanas, grupo con problemas endémicos de falta de hombres disponibles para el compromiso. Y revela un problema estructural en la sociedad rusa. Cuando se investigan estos datos uno se encuentra con que la sociedad rusa cuenta con pocos hombres por mujer (alta mortalidad, emigración, alcoholismo etc.). Por eso los que hay son muy apreciados, las mujeres ya no pueden exigir y ellos no tienen necesidad de cambiar sexo por seguridad familiar. Por ello, en Rusia, es difícil encontrar un hombre dispuesto a entregar recursos.

El macho tiene un pánico instintivo a criar hijos que no sean suyos. No importa que hoy en día un hombre tenga medios inequívocos para saber cuándo un niño le pertenece. Las reacciones automáticas se hunden en el pasado y modulan nuestra conciencia. Robert Trivers[6] fue uno de los primeros en predecir observar que en las especies de alta inversión parental, y la nuestra es una de ellas, el macho estará dotado de adaptaciones que le garanticen que los hijos de su pareja también son los suyos. Es un rasgo típico de especies en las que el macho se hace corresponsable en la crianza. Por su lado, Martin Daly and Margo Wilson[7] afirman que la mayor amenaza para el hombre es ser víctima del cuco, que lo “cucoleen”, es decir, que le suceda como a esos pájaros incautos burlados por un ave ajena que les endosa sus huevos para ser empollados y criados en detrimento de los hijos de la casa y de la prosperidad de la línea reproductiva. Así, el hombre, de manera instintiva, requiere de la fidelidad para asegurarse de que no está criando nada de otro. Necesita mujeres fiables si ha de unirse a ellas.

Sí, libertinas ha habido pocas en la Historia. Y muchas menos las que han llevado un libertinaje público que no fuera mercantil.

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Libertino_(personaje)

[2] Marqués de Zas. Arte y erotismo. : La mujer libertina

[3] El capital erótico | Letras Libres

[4] Women’s Mating Strategies. Elizabeth Cashdan: http://www.anthro.utah.edu/PDFs/ec_evolanth.pdf

[5] La evolucion del deseo. David Buss. Alianza Editorial. 1996

[6] The Evolution of Reciprocal Altruism. Trivers, R. L. Quarterly Review of Biology 1971.

[7] La Verdad sobre Cenicienta. Martin Daly and Margo Wilson. Ed. Crítica 2000.
 

Brigit

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Bueno, cada vez hay más "cucoleados", pero el mercado está así.

Quizás ahora ya no hay esa dicotomía virgen/puta, sino que se presentan más variantes.