Siria confirma el bombardeo israelí de Damasco y Alepo
El Ministerio de Defensa de Siria confirmó el ataque con misiles israelíes contra los aeropuertos internacionales de
Alepo y Damasco. La confirmación llegó por los canales oficiales sirios, con el relato de siempre y con un matiz que descoloca: días antes Siria habría lanzado cohetes contra Israel y la respuesta israelí había sido fuego de artillería. Si alguien esperaba una operación quirúrgica, aquí empieza a torcerse la cosa.
La acción no cae del cielo.
Israel lleva años golpeando objetivos en Siria y la mayoría de las veces sin que nadie levante una ceja. La pregunta ya no es qué ha pasado, sino cuánto margen tiene para seguir subiendo la apuesta.
Qué se sabe del bombardeo de Alepo y Damasco
Los objetivos son dos aeropuertos internacionales, uno en Alepo y otro en Damasco. La autoría, según Damasco, es israelí. La información circula por medios como
Europapress,
Ideal e
Israel Noticias, que recogen la confirmación oficial siria.
Hasta ahí, la parte documentada. A partir de ahí, la lectura se abre. Una parte del análisis sostiene que los ataques previos de milicias proiraníes contra Israel —con una base cerca de
Nawa, en Daraa, como punto de lanzamiento de cohetes— justifican la represalia. La réplica es que bombardear dos aeropuertos civiles de un país soberano no es represalia, es castigo. El patrón que Israel declara perseguir es conocido: depósitos de municiones, edificios vinculados al programa de misiles iraní, puestos antiaéreos y aeropuertos usados para introducir material militar. La infraestructura civil acaba pagando la cuenta.
El IRGC y las milicias proiraníes: la razón de fondo
Aquí está el meollo que apenas se explica en el telediario. La Guardia Revolucionaria iraní, el IRGC, opera en Siria no solo con medios propios, sino con una red extensa de milicias islamistas coordinadas. El país funciona como corredor logístico entre Teherán y sus aliados regionales, y ese corredor es lo que Israel intenta cortar.
No es un capricho de una tarde. Es una estrategia sostenida que convierte a Siria en el terreno donde Irán e Israel ajustan cuentas sin dispararse cara a cara. Siria ha ayudado a esos grupos, dice una lectura; que asuma las consecuencias. Duro, pero define la lógica de fondo. Hay quien recuerda que Armenia también era un nodo de esas redes. Y hay quien recuerda que
Israel apoyó en su día a los islamistas que combatían a Assad, mientras Rusia defendía al régimen sirio sobre el terreno. De fondo circula además la tesis, no confirmada judicialmente, de que el Likud habría financiado a Hamás para debilitar a los palestinos moderados.
El doble rasero: sanciones para unos, silencio para otros
El argumento que más se repite no va sobre Siria. Va sobre la legalidad internacional. Cuando Rusia lanza un ataque preventivo, sanciones. Irán, que no ha invadido a nadie, sanciones. Cuba, una isla paupérrima, sanciones. Venezuela, sanciones. Israel ataca Siria y no pasa nada.
La conclusión que se extrae es incómoda y vieja: la legalidad internacional es la ley del más fuerte, igual que hace
6000 años, solo que ahora con móviles y aviones no tripulados. La crítica no exige neutralidad; exige, como mínimo, no fingir que el rasero es el mismo para todos.
Octubre, el viernes 13 y el miedo a que esto escale
Y luego está el ruido de fondo, que en este asunto nunca es solo ruido. El líder de Hamás ha llamado a la yihad en todo el mundo. Se habla de Hezbolá, de los Altos del Golán y de un mensaje nítido a Líbano: respuestas proporcionadas, las justas. Y, sobre todo, el calendario: octubre.
Hay quien rescata la matanza de los Templarios, fechada un
viernes 13 de octubre de 1307, como origen de todas las supersticiones de calendario. Hay quien recuerda la guerra de 1967 y las de 1968 y 1973, que dejaron a Egipto y Jordania sin capacidad de respuesta durante años. La sensación de que Israel está saldando cuentas pendientes con el vecindario atraviesa buena parte del análisis.
También asoma el temor que nada tiene que ver con misiles: la idea de que una crisis así sirva para justificar más control, más seguridad y menos preguntas. Las teorías sobre una movilización coordinada de población migrante en Europa no tienen ninguna prueba que las respalde, pero circulan con la misma facilidad que las cifras falsas. ¿Y si al final todo queda en un alto el fuego, unos días de titulares y la misma región enquistada de siempre? La otra apuesta, la que nadie quiere ganar, es que este sea el primer capítulo y no el último.