El humor de rojos de los 80 que hoy no pasaría el filtro
A finales de los 70 y durante los 80, en España se publicaban revistas como
El Jueves,
El Víbora o
Makoki que se reían de todo y de todos. En sus páginas convivían el
Makinavaja de Ivá, las historias de la puta mili y una crítica social que no distinguía entre izquierdas y derechas. Cuatro décadas después, ese mismo humor sería impensable: lo que entonces era transgresión hoy se consideraría racista, machista o directamente delictivo. Hay quien sostiene que quienes más reivindican aquella época son los primeros en censurar sus excesos.
De la crítica social al humor militante
El semanario
El Jueves nació en 1977 como una revista de humor satírico que no se casaba con nadie. Sus viñetas repartían estopa a la derecha y a la izquierda sin complejos. El personaje más emblemático fue
Makinavaja, un delincuente de barrio creado por Ivá que hablaba en argot chulesco y se burlaba de la policía, los políticos y la iglesia con la misma alegría. La revista incluía secciones como «Los Mendrugos», «Universitarios» o «Clara de Noche», donde se normalizaba la prostitución con humor negro. Nada de eso pasaría hoy el filtro de ninguna plataforma.
Lo que hoy sería censurado
La chica del jueves, una mujer en pelotas en la contraportada, era una seña de identidad de la publicación. Hoy sería tachada de machista sin discusión. Las viñetas que llamaban «moromierda» a un personaje de origen magrebí serían directamente delito de odio. Y sin embargo, aquel humor se reivindica como la edad dorada de la libertad de expresión. La contradicción es evidente: se añora una época cuyos chistes hoy provocarían querellas.
El giro de la izquierda: del humor al puritanismo
Hay quien sostiene que la izquierda actual ha perdido el sentido del humor y se ha vuelto más puritana que los conservadores de antaño. El ejemplo que se cita es el Gran Wyoming, que en
Caiga quien caiga hacía reír y ahora apenas arranca una sonrisa. La tesis es que la izquierda ya no da la batalla de las ideas en el terreno del humor porque tiene miedo a ser señalada. Prefiere la censura y la represión a enfrentarse a un chiste que pueda ofender a alguien. Esa actitud, dicen, demuestra nerviosismo y falta de argumentos.
La nostalgia del rojo de antes
En el imaginario colectivo queda la figura del rojo de los 80: alguien que iba de cara, tenía ideas y no se cortaba un pelo. Podía ser comunista, anarquista o simplemente un tipo con conciencia social. Hoy ese arquetipo ha sido sustituido por el progresista de manual, más preocupado por el lenguaje inclusivo que por la lucha de clases. La queja es que los de ahora son vendidos y cobardes, mientras que los de antes al menos eran coherentes con lo que pensaban.
El negocio del cómic: Italia como espejo
Mientras en España triunfaba el feísmo sectario, en Italia la editorial Bonelli llevaba décadas publicando cómics populares de calidad. Un tomito de Tex, con 240 páginas, costaba 6 euros y se vendía en cualquier quiosco. Aquí, en cambio, se ensalzaba lo antiestético y cutre como seña de identidad. La comparación es odiosa pero ilustrativa: en Italia hay una industria robusta del cómic, en España se premia el desaliño como virtud revolucionaria.
El legado: entre la añoranza y la censura
Hoy, revistas como
El Jueves siguen publicándose, pero su humor ha cambiado. Ya no se ríe de los mismos temas ni con la misma crudeza. La pregunta es si aquel humor era mejor o simplemente era posible porque la sociedad no estaba tan polarizada. Lo que está claro es que aquella época no volverá. Y algunos lo celebran, mientras otros lo lamentan.