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Tres años sin Motorola




Tres años sin Motorola


21/10/2019

Artículo Original: Denis Grigoriuk


La tarde del 16 de octubre de 2016 estalló la noticia: Motorola había sido asesinado. Arsen Pavlov había sido asesinado tantas veces que, como en la historia del niño que grita que viene el lobo, nadie lo creyó. Unas horas después, se pudo ver en las redes un vídeo desde la escena de la tragedia. Estaba claro que la RPD había perdido a uno de sus héroes.

Motorola fue asesinado a las puertas de su casa, donde vivía con su esposa Elena, su hija Miroslava y el recién nacido Makar. La explosión se produjo en el ascensor. Como explicaron las autoridades, un artefacto explosivo estaba colocado en el cable del ascensor. Arsen, en el epicentro de la explosión, recibió heridas letales. Junto a él se encontraba uno de sus guardaespaldas, que también murió en el acto.

El 19 de octubre, la RPD se despidió de uno de sus defensores. Este es un fragmento de lo que escribí entonces:

“Cada uno de nosotros se levantó la mañana del 17 de octubre con la sensación de que faltaba algo. Algo muy importante y cercano había desaparecido, como si nos hubieran arrancado una parte del alma. Había saltado por los aires con Motorola en ese ascensor en el que fue asesinado junto a su guardaespaldas Evgeny Gadly. No era alguien a quien conociéramos personalmente, no era alguien atractivo, ni guapo sino un pequeño con barba roja (como escribió Sasha Kots), pero la población está triste. En Donetsk es imposible no ver el duelo. No hay un residente de Donetsk que no sienta ese duelo.

En cuanto se retiró el cordón policial que rodeaba la casa de Motorola, los mineros improvisaron un memorial a la entrada de la casa del comandante del batallón Sparta. Había piezas del destruido ascensor. La sangre de Motorola había manchado el asfalto, donde había también restos de cristales rotos. Junto a esos restos empiezan a aparecer velas. La despedida de Motorola se realiza en la Ópera de Donbass. Sabía que habría mucha gente, pero son tantos que me sorprenden. La cola para despedirse de Arsen Pavlov llega hasta la plaza de Lenin. Pacientes, con flores en la mano, los mineros esperan su turno. Nadie intenta reprimir las lágrimas. Hombres, mujeres, niños y mayores. Veteranos presentan sus respetos ante el féretro del legendario comandante de Sparta. Ahí descansan también numerosas medallas. Alrededor, sus compañeros. Aguantan, pero las lágrimas son más fuertes. Frente a Arsen está su esposa, que le acaricia con cariño antes de acompañarle en su último viaje”.



En vida, Motorola ya era la personificación de la lucha de Donbass. La muerte solo consolidó el estatus de leyenda de Arsen. Ganó la inmortalidad, se convirtió en un símbolo. La población comenzó a llevar camisetas con su imagen, empezaron a escribir posts en su defensa que eran censurados por las autoridades ucranianas. A finales de octubre de 2016, en una ciudad de la región de San Petersburgo apareció un grafiti con el retrato de Arsen Pavlov. El mismo otoño, en Belgrado, en la parte nueva de la ciudad, se creó un mural con la imagen de Motorola. El documentalista militar Max Fadeev filmó un documental en honor del comandante de Sparta titulado “Su batallón”. Y los raperos rusos Husky, Rich y Sargrad grabaron una canción con un poema sobre el voluntario.

En el Cementerio de Donetsk donde está enterrado se ha construido un pequeño monumento.

Cada año, el retrato del legendario comandante de la milicia aparece en el desfile del “regimiento inmortal”. No solo en Donetsk, también en otras ciudades.

El 8 de octubre comenzó el trabajo para la construcción de un mural en el centro de Donetsk. El artista local Andrey Kravchenko pretende dibujar un grafiti de una altura de doce metros y seis metros de ancho. Estará situado en un edificio de la calle Grinkevich, en el número 6. El trabajo aún no ha concluido.

La memoria de Arsen Pavlov sigue viva. La población recuerda el heroísmo del este hombre normal que llegó del interior de Rusia y que fue a defender a una región lejana. Motorola llegó a Donetsk, empezó de cero y escribió su nombre en la historia, eso ya es un hecho, da igual lo que cada uno piense de él.

Como una vez dijo el rapero Husky en una entrevista con The Village en la que hablaba de Arsen Pavlov: “Aunque no hubieras tratado con él, no se puede negar que es un personaje histórico, un hombre con pasión”.
 

Harman

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En clave de política nacional




En clave de política nacional


22/10/2019


La semana pasada, una carta a iniciativa del congresista Demócrata Max Rose, firmada por un amplio grupo de congresistas y dirigida al Secretario de Estado Mike Pompeo incluía al batallón Azov en la lista de grupos extranjeros que, según estos diputados, deben ser incluidos en la lista de organizaciones terroristas. Tras el escándalo de la llamada telefónica de Trump a Zelensky en busca de material comprometido sobre su rival Joe Biden hace unas semanas, la realidad ucraniana vuelve a la actualidad política estadounidense otra vez en clave doméstica.

La carta se refiere, en general, a la ausencia de ciertos grupos de extrema derecha en la lista de grupos terroristas, algo que, como explican los congresistas, tiene consecuencias prácticas. “A día de hoy, si un ciudadano americano jura lealtad al Estado Islámico (o a cualquier otra Organización Terrorista Extranjera en la lista) y distribuye su mensaje de terror, hay recursos a disposición del Gobierno Federal para contrarrestar esa amenaza”, argumenta la carta. Pero esos recursos no están disponibles si el grupo en cuestión no se encuentra en la lista.

Por ejemplo, el batallón Azov es una muy conocida milicia ultranacionalista en Ucrania que abiertamente admite a neonazis en sus filas. El grupo es bien conocido, de hecho, el 115º Congreso de Estados Unidos afirmó en la ley de techo de gasto que “ninguno de los fondos asignados por esta ley puede ser utilizada para suministrar armas, entrenamiento u otra asistencia al batallón Azov”. Naciones Unidas ha registrado abusos de los derechos humanos e incidentes de tortura en la relativamente corta historia del grupo. Pese a ello, Azov ha reclutado, radicalizado y entrenado a ciudadanos americanos durante años según el FBI.

La masacre de Christchurch, Nueva Zelanda, fue un punto de inflexión en nuestros esfuerzos contra el terrorismo. En ese manifiesto, el tirador afirmaba haber entrenado con el batallón Azov en Ucrania y habitualmente vestía un símbolo neonazi asociado con ellos. Tanto el tirador de Poway, California, como el de El Paso, Texas, afirmaron estar directamente influidos por el acto terrorista cometido en Christchurch. El vínculo entre Azov y actos terroristas en América está claro
”, afirma la carta.

En el caso de la simbología, el sol negro utilizado por el asesino de Christchurch es, evidentemente, el mismo utilizado desde su formación por el batallón Azov, aunque no hay prueba alguna de que recibiera entrenamiento militar del batallón. Es más, la única referencia a Ucrania en el manifiesto habla de un viaje, nunca de ningún batallón concreto ni de haber recibido entrenamiento en el país.

La carta sí afirma correctamente que el Congreso prohibió la asignación de fondos al batallón Azov en 2018. Sin embargo, esa no fue la primera iniciativa al respecto. Mucho antes, con la guerra aún por estabilizar, pocos meses después de la finalización de las últimas grandes batallas y aún con la incertidumbre de si la fase activa de la guerra podría reanudarse, se produjo la más destacada de esas iniciativas legislativas. “Estoy agradecido a la Cámara de Representantes por aprobar por unanimidad mis enmiendas para asegurar que nuestro ejército no instruya a miembros del repulsivo batallón neonazi Azov”, escribió en junio de 2015 John Conyers, el congresista demócrata y veterano de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos que había liderado la iniciativa.

Como Slavyangrad apuntaba entonces, frente a los intentos de la prensa de no aplicar calificativos al batallón Azov, el diputado Conyers no dudaba en utilizar términos como “abiertamente neonazi”, “fascista” o “supremacista blanco” para definir al batallón. La argumentación del congresista insistía incluso en el origen del batallón Azov, una información conocida y disponible para el público pero habitualmente ignorada por quienes, por pragmatismo o por ideología, han preferido desoír la realidad mientras los objetivos del batallón fueran los mismos que los del Estado y sus socios extranjeros. “Según Reuters, el batallón Azov tiene su origen en el grupo paramilitar nacionalsocialista Patriota de Ucrania, que propagaba lemas de supremacía blanca, pureza racial, necesidad de un poder autoritario y una economía nacional centralizada. El polémico fundador de Azov, Andriy Biletsky, organizó el grupo neonazi Asamblea Social-Nacionalista en 2008”, recordaba Conyers, que citaba correctamente los orígenes e ideología del grupo y del que sigue siendo su líder, detalles que se pasan por alto en la actual iniciativa de los Demócratas del Congreso.

En aquel momento, junio de 2015, era evidente que la enmienda tendría un corto recorrido. Estados Unidos podía prohibir armar, financiar y entrenar al batallón Azov, pero esa prohibición podía evitarse en la práctica, ya que el batallón era ya parte de las estructuras oficiales del Estado ucraniano como parte de la Guardia Nacional, bajo control del poderoso ministro del Interior Arsen Avakov, cercano a Biletsky y considerado uno de los patrones del movimiento.

Pocos meses después, en noviembre de ese mismo año, el Congreso de Estados Unidos, sin oposición aparente y sin dar publicidad a la decisión, retiró la prohibición de armar, financiar y entrenar al batallón Azov. Bajo la falsa premisa de que la prohibición era redundante y armar a Azov era ilegal según otra legislación, el Pentágono presionó para eliminar la medida que impedía que el batallón neonazi fuera entrenado o armado por el Gobierno de Estados Unidos. La noticia se conoció a principios de enero de 2016 gracias a un artículo publicado por The Nation.

Tanto la prohibición como su posterior retirada se produjeron bajo una administración Demócrata, con Obama a la cabeza. Fue también bajo la administración Obama cuando miembros del batallón Azov -al que ahora congresistas demócratas quieren calificar de terrorista por suponer una amenaza a ciudadanos estadounidenses- recibió instrucción militar de Estados Unidos. Fue el propio ministro del Interior de Ucrania, Arsen Avakov el que anunció la lista de grupos que serían instruidos por Estados Unidos. Entre ellos se incluía al batallón Azov, que nunca había escondido ni su ideología ni su simbología. Preocupados por la posibilidad de que el batallón Azov pudiera instruir a ciudadanos estadounidenses, los congresistas no parecen haberse parado a pensar en la posibilidad contraria: que ciudadanos estadounidenses entrenen o hayan entrenado a miembros de este batallón al que ahora, cinco años después de que comenzara la guerra en Donbass, quieren incluir en la lista de terroristas.

Como sabe, el criterio del Departamento de Estado para la inclusión en la lista FTO [Foreign Terrorist Organization] es simple: ser una organización extranjera, realizar actos, tener capacidad o intención de participar en el terrorismo y amenazar la seguridad de ciudadanos de Estados Unidos, la defensa nacional, la política exterior o los intereses económicos de Estados Unidos”, insiste la carta enviada por Max Rose, que quiere centrarse en el riesgo para Estados Unidos y que ignora abiertamente el riesgo que el batallón Azov supone en la propia Ucrania. Como han demostrado los últimos cinco años, cuando el batallón ha contado con soldados, armamento e instrucción militar, quien se encuentra amenazado por el batallón Azov y otros grupos similares no es Estados Unidos, sino la población de Donbass y la ciudadanía ucraniana que no comparta la opción ideológica de Azov o su visión del nacionalismo. Azov, como bien conocen quienes han planificado la política estadounidense en Ucrania y su apoyo a la guerra contra Donbass, conoce perfectamente a su enemigo, que no se encuentra en Washington sino mucho más cerca de su base en Mariupol. De ahí que, durante los años en los que la guerra ha estado en fase activa o ha habido riesgo de que esa fase se reanudara, la ideología del grupo, sus métodos, sus torturas y sus asesinatos no hayan molestado al establishment estadounidense ni a gran parte de sus congresistas, ya fueran Demócratas o Republicanos.
 

Zhukov

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Tal como estaba previsto, el régimen de Ucrania no tiene más opción que seguir con las levas, con un fracaso cada vez mayor, de 15.000 reclutas llamados a filas sólo se han presentado el 10%

На Западной Украине полностью провален осенний призыв в армию


Mil quinientos hombres no llegan ni a cubrir las pérdidas irrecuperables este año ni aunque haya descendido la intensidad de la lucha.
Es un proceso muy lento, pero después de cinco años de guerra las tropas en el frente se han reducido a la mitad.
 

Harman

Rojo
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Tras los pasos de Poroshenko




Tras los pasos de Poroshenko


23/10/2019

Artículo Original: Colonel Cassad


En un paso esperado, Zelensky ha comenzado a parecerse cada vez más en sus actos al régimen de Poroshenko. La falsa búsqueda de una “solución pacífica al conflicto en Donbass”, el flirteo con neonazis o la supresión de medios de comunicación no deseados son solo algunos ejemplos. Ahora hasta las ostentosas visitas de Zelensky al frente se parecen.

Los diputados y ministros de “Servidor del Pueblo” no dudan en utilizar la retórica de Poroshenko y su entorno al afirmar que los acuerdos de Minsk y la fórmula Steinmeier no se implementarán en un futuro próximo, ya que es imposible parar la guerra, por lo que es necesario seguir trabajando en ello: un mes, puede que seis meses, puede que un año. Puede que funcione. Poroshenko ya utilizó esa frase de “defensor de la paz” y otras frases vacías en el contexto de la guerra informativa y la guerra de trincheras sin fin en Donbass.

Zelensky fue elegido en primavera y ya estamos en octubre, por lo que se deberían notar cambios en la situación en el frente. Los intentos de retirar las tropas de Petrovsky y Zolotoe han dado lugar a una demostración de la absoluta falta de voluntad de las autoridades ucranianas a cumplir con sus obligaciones, de la misma manera que, en tiempos de Poroshenko, las retiradas de la RPD y la RPL terminaban en fracaso.

El flirteo con los grupos neonazis se está convirtiendo últimamente en algo cómico: el presidente del “poder soberano” acude al frente para garantizarse la lealtad del ejército, el primer ministro rockea en un concierto neonazi en Kiev junto a la banda de nazis que han planteado un ultimátum a Zelensky y el Parlamento dice abiertamente que no se debe esperar la aplicación de la fórmula Steinmeier el año que viene.

Por ejemplo, la diputada de “Servidor del Pueblo” Marina Bardina afirmó que la fórmula Steinmeier para solucionar la situación en Donbass no se va a poner en marcha en un futuro cercano. “Vemos que para pasar a la fórmula tenemos que garantizar el componente de seguridad. Pero si ahora vemos infracciones al alto el fuego cuando hablamos de una posible retirada, es necesario que haya un retraso indefinido, así que creo que la implementación de la fórmula no será posible en un futuro próximo”, afirmó según cita RT. Bardina explicó que cuando habla de “futuro próximo” está pensando en al menos un año.

Pese a que el régimen de Zelensky se opuso, en su fase de formación, al régimen de Poroshenko, bajo influencia de factores objetivos y subjetivos, ha mutado rápidamente a algo que se le parece mucho y ha recurrido a las mismas prácticas que llevaron a Poroshenko a la irrelevancia. Zelensky y su entorno demuestran su fracaso a la hora de cumplir con sus obligaciones internacionales y promesas electorales. Y cuanto más se alargue esta situación, despertarán más ingenuos que creyeron seriamente que Zelensky era “la vía hacia la paz” para Ucrania.

La incapacidad o falta de voluntad para acabar con el rampante neonazismo en Ucrania es evidente en la situación con Biletsky, que hace lo que quiere en el frente y se permite dar un ultimátum a Kiev. “Si en ese tiempo no se cumplen a nivel legislativo todas las demandas de la resistencia, les decimos algo muy simple: el tiempo de las manifestaciones ha pasado. Si el Gobierno no escucha, será necesario que pasemos a otros actos. Aquí hay muchos voluntarios y estamos en contacto directo con ellos. Si las autoridades se retiran de alguna parte, yo puedo con responsabilidad dar la orden a cientos y miles de voluntarios que irán a los territorios de los que se hayan retirado y los mantendrán para nuestra tierra”.

Esto se produce cuando la dirección de las estructuras de poder en Ucrania ya ha sido reemplazada, aunque se ha mantenido la base de esos grupos a los que supervisaba Poroshenko. Tras un trato con Kolomoisky, Avakov sigue al mando y con él todos aquellos que se dedicaron a institucionalizar el neonazismo en Ucrania y han colaborado en la legalización e infiltración en el discurso público y las agencias del Gobierno.

Las medias cosméticas no son soluciones quirúrgicas: cuando hay gangrena, hay que eliminar la parte afectada. ¿Pero pueden Zelensky y su entorno hacerlo? Por el momento, vemos un patético flirteo con los neonazis e intentos de complacerlos y viajes al frente vestido con chaleco antibalas para mostrar a los “héroes de ATO” que Zelensky es de los suyos y también visita Donbass. Por supuesto, todo esto es una pena para aquellos que esperaban que Zelensky fuera la antítesis de Poroshenko.
 

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Excusas


Tanques retirados del frente tras la firma de los acuerdos de Misk


Excusas


24/10/2019


Continúa la saga del intento de retirada de armamento de Zolotoe y Petrovsky, planteada por Rusia como prerrequisito para aceptar la celebración de la cumbre del cuarteto de Normandía que tanto ansía Ucrania. Aunque tras la retirada de Stanitsa Luganskaya, una posición mucho más importante en términos militares, hacía pensar que este paso se daría sin grandes dificultades, la situación sigue encallada tras tres intentos fallidos. Las acusaciones cruzadas continúan y Ucrania trata de conseguir que la reunión se celebre a pesar de no haber cumplido con sus obligaciones. Como es habitual, lo hace a base de alegar que existe riesgo militar para Ucrania y que la cumbre de Alemania, Francia, Rusia y Ucrania es la última oportunidad para conseguir la paz o se reanudará la guerra.

Para ello ha sido extremadamente útil la intervención del batallón Azov de Andriy Biletsky, que se niega a retirarse. Sin embargo, a pesar de que la excusa de los batallones descontrolados es útil como justificación, la situación deja clara la falta de voluntad política de Ucrania para cumplir con los acuerdos. A pesar de que eso suponga arriesgar la celebración de una cumbre que buscan desde hace varios años.

Las Repúblicas Populares continúan insistiendo en la retirada y denuncian la actitud de Kiev. Mientras tanto, en el frente, los bombardeos han aumentado tanto en número como en intensidad, por lo que los siete días de alto el fuego que exige Ucrania para plantearse la retirada parecen pura utopía, especialmente porque es Ucrania quien se niega a cesar el fuego.

Artículo original: Antifashist

Las Fuerzas Armadas de Ucrania, en violación de los acuerdos de Minsk, han adelantado significativamente las posiciones que ocupaba antes de la retirada de fuerzas y tropas del distrito de Zolotoe en 2016. Así lo denunció en una rueda de prensa Vladislav Deinego, ministro de Asuntos Exteriores de la RPL y representantes de la República en las conversaciones de Minsk.

“Todo el mundo esperaba que se acordara otra vez una fecha [para la retirada de tropas de Zolotoe y Petrovsky], para que la medida que debía haberse implementado el 7 de octubre se implemente. Ucrania se ha negado a trabajar en un calendario a pesar de que el 1 de octubre aceptó hacerlo.

En la fecha del 7 de octubre, comenzamos con el horario previsto en la reunión en Minsk. Las condiciones adicionales sobre que haya siete días de silencio, algo de lo que ahora hablan los políticos ucranianos, no es nada que estuviera acordado.

Es más, incluso en el acuerdo inicial [de 2016], en el que se hablaba de siete días de silencio para iniciar la retirada, no se habla de ninguna otra condición adicional para eliminar las violaciones identificadas y recogidas por la OSCE. Las unidades ucranianas no solo han vuelto a las posiciones en las que se encontraban antes de la retirada que se produjo entonces, sino que han avanzado significativamente sus posiciones, han construido nuevas fortificaciones, han cavado allí cientos de metros de trincheras y han colocado armamento que violaba todos y cada uno de los acuerdos”, afirmó Deinego.

Antes, el 16 de octubre, el presidente de Ucrania Volodymyr Zelensky había afirmado que su Gobierno esperará hasta que se produzcan siete días de alto el fuego para iniciar la retirada de tropas y armamento en Donbass. El líder ucraniano añadió que Ucrania espera un informe de la OSCE que afirme que han pasado siete días sin ataques.

“Esperaremos a que haya siete días de silencio. Para nosotros es importante que la OSCE diga que ha habido siete días sin disparos. Hoy sé que ha habido dos días sin disparos [en la zona de la que hay que retirar las tropas-Ed]”, afirmó. Hay que recordar también que Ucrania ha declarado estar haciendo “el último intento” de implementar los acuerdos de Minsk, a lo que seguiría un “plan B”, cuyos detalles acaban de filtrarse a la prensa.

 

Zhukov

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Esto no lo veréis en los medios occidentales:

En Bielorusia testifican ante un tribunal como testigos tres georgianos que participaron como francotiradores en la matanza del Maidan, y acusan a provocadores ucranianos de la oposición

«Давайте не бояться правды»: Грузинские снайперы рассказали о расстрелах на Майдане

La razón por la que testifican es que varios de sus compañeros han muerto en extrañas circunstancias y quieren protección.
 

Harman

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El futuro de Ucrania




El futuro de Ucrania


25/10/2019

Artículo Original: Andrey Manchuk


América Latina muestra a los ucranianos un verdadero ejemplo de dignidad. El lejano Chile sigue siendo memorable para las viejas generaciones que vivieron en lo que fue la Unión Soviética y que aprendieron en la escuela los nombres de Salvador Allende, Víctor Jara y otras víctimas de la dictadura de Pinochet. Ahora, Chile vuelve a la primera plana de las noticias internacionales por las protestas masivas que se han producido en Santiago, Valparaíso, Concepción y otras ciudades del país sudamericano, que se han convertido en un verdadero estallido popular. Quemando estaciones de metro y sucursales de los periódicos progubernamentales, los estudiantes se han enfrentado a los disparos de la policía y del ejército, que ya ha matado a más de una decena de personas. Más gente se ha ido uniendo a las marchas hasta llegar a una huelga general convocada por los mineros, un sector clave en la economía del Estado.

¿Qué ha causado esta crisis? El motivo del descontento popular fue el aumento del precio del billete del metro de Santiago, un aumento muy bajo según los estándares de la Ucrania post-Maidan. El coste del viaje en metro aumentó 30 pesos, alrededor de una grivna. Hasta ahora, el metro de Santiago era considerado uno de los más caros de América, pero ahora amenazaba con convertirse en imposible para los pobres. Entre ellos están los estudiantes, que comenzaron a saltar por encima de los tornos, lo que provocó los primeros enfrentamientos con la policía. Las autoridades respondieron sin pensarlo dos veces con el estado de excepción, lo que “echó leña al fuego” como expresó Jorge Sharp, el alcalde de Valparaíso, principal ciudad portuaria de Chile.

La idea de utilizar a los militares para pacificar el descontento puso al país patas arriba. La sociedad chilena, aún traumatizada por la era de Pinochet y su junta y, en todos estos años, el Gobierno nunca había recurrido a este tipo de medidas que obviamente recuerdan a la represión y terror de tiempos de Augusto Pinochet. “Los ciudadanos bloquearon pacíficamente las calles y llenaron la zona, tanto los barrios pobres como los ricos de Santiago. Chile está unido en su negativa a volver a los días oscuros de la dictadura. Estamos presenciando algo sin precedentes en Chile en los últimos años, un estallido social”, escribió el conocido periodista Oleg Yasinsky, nacido en Kiev y desde los años noventa residente en Santiago, onde ha podido conocer a leyendas de la resistencia contra Pinochet. Y aunque el atemorizado Gobierno retiró la subida del billete de metro, no ha podido parar la ola de protestas.

Es importante comprender que el origen de la actual crisis radica en los oscuros días de la junta, herencia que ahora continúa el actual Gobierno. Al fin y al cabo, el actual presidente, el multimillonario Sebastián Piñera, nunca ha escondido su ideología de derechas. Y su hermano fue uno de los conocidos “chicos de Chicago” que convirtieron a Chile en un laboratorio para las reformas antisociales según las recetas de las instituciones financieras internacionales. El golpe de Estado de Pinochet, que tomó el poder con la muerte de Allende y que liquidó a toda la oposición izquierdista, creó las condiciones ideales para la implementación del experimento neoliberal. Curiosamente, en el mundo postsoviético, este periodo sigue siendo considerado un ejemplo de exitosas reformas, un ejemplo que no dejan de repetir los liberales rusos y ucranianos. Sin embargo, el mito de la propaganda está lejos de la fea realidad que ha dejado a Chile como modelo de desigualdad social en el que una minoría vive entre riqueza y discrimina al resto de la sociedad.

“Bajo Allende, el país experimentó un significativo crecimiento económico acompañado de excepcionales logros sociales. En 1971, el producto interior bruto aumentó un 8,5%, incluyendo un aumento del 12% de la producción industrial y casi un 6% de la producción agrícola. Se desarrolló especialmente rápido el sector de la vivienda. El volumen de construcción se triplicó. El paro se redujo al 3% en 1972 desde el 8,3% en 1970. En 1972, el PIB aumentó un 5%. Sin embargo, tras el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, la economía chilena cayó. En los primeros seis meses de la junta militar, el poder adquisitivo de la población cayó un 60%, la moneda perdió la mitad de su valor y los precios de los productos básicos se multiplicaron, igual que lo hizo el paro. La semana de trabajo aumentó de 44 a 48 horas sin aumento de sueldo y el salario medio se hundió. La crisis golpeó especialmente fuerte a la agricultura cuando la junta comenzó a devolver a los terratenientes las tierras que el Gobierno de Unidad Nacional había entregado a los campesinos. Para garantizar la relativa abundancia de capital, la junta incluyó una limitación a la venta de carne en 19 de las 25 provincias, con lo que dejó sin carne al 80% de la población. En 1974, el coste de la vida en el país aumentó (según los datos oficiales, que claramente subestiman los efectos) un 375%: el precio del pan se multiplicó por 22; el del azúcar, por 29; el del jabón, por 69. El paro subió al 6% (el 18% de la población active). El peso de los salarios en los ingresos cayó al 35% (del 60% en tiempos de Allende). La divisa se devaluó 28 veces en 1974. La sanidad gratuita fue abolida”, escribió el disidentes soviético y sociólogo Alexander Tarasov.

“No puedo comprender a nuestros reformistas cuando se plantean como modelo las reformas del Chile de Pinochet. Vean por ustedes mismos. Pinochet llegó al poder en 1973. La PIB per cápita era de 4773 dólares. Tras la llegada de Pinochet, retrocedió a niveles de 1972 y no se recuperó hasta siete años después. Después, a principios de los ochenta, Chile suspendió pagos y el PIB per cápita volvió a caer. No se llegó a niveles de 1972 hasta 1986. La economía chilena, pese a las reformas, sigue dependiendo de la exportación de unas pocas mercancías. El cobre supone el 50% del total de exportaciones. Es más, el desarrollo económico de Chile no se produjo hasta que comenzó el aumento global del precio del cobre, que desde el año 2000 ha continuado en ascenso. Tampoco se han creado industrias tecnológicas. Parece un ejemplo extraño para seguir como modelo”, añade el experto Pavel Versnivsky, asesor de la Federación de Empleadores de Ucrania para asuntos económicos, al que tampoco se puede acusar de tener simpatía alguna por la ideología de izquierdas.

Sin embargo, más allá de esas estadísticas, el mayor daño que infligió la dictadura fue a nivel humano. “El país más rico de América Latina” tiene la educación más cara y la sanidad no está al acceso de muchos ciudadanos. Así que muchos tienen que ir al extranjero a tratarse y los estudiantes que ahora protestan tienen que optar a préstamos que tendrán que pagar hasta que tengan el pelo blanco, eso si tienen la suerte de conseguir un buen empleo después de los estudios. Según los residentes de Santiago, el reinado de Pinochet ha dejado su marca incluso en la vida social y la generación más mayor de chilenos ha olvidado lo que era salir por la noche, acostumbrados a las reglas del toque de queda. ¿Puede sorprender entonces que ahora, cuando las autoridades vuelven a imponer restricciones para salir de casa a partir de las seis de la tarde, la población salga a las calles para impedir que se repitan las viejas pesadillas?

Por supuesto, no es ningún accidente que el mito de Pinochet haya calado en las sociedades postsoviéticas. Se utiliza activamente para justificar reformas impopulares, de la misma forma que el mito del “milagro georgiano” de Saakashvili se utilizara para aligerar el camino a Euromaidan. Ucrania, por su parte, se está convirtiendo en el nuevo laboratorio global de reformas antisociales, el papel que una vez jugara Chile. Aquí, se ha acabado con cualquier oposición política real y se ha hecho desaparecer a la izquierda y se ha creado una nueva versión de los “Chicago boys”, que representa perfectamente el primer ministro Alexey Honcharuk, que se permite implementar cualquier “reforma”, ignorando completamente la opinión de los ucranianos.

Hoy en día, pocos recuerdan que en noviembre de 2008, en Kiev, se organizó una acción contra el aumento del precio del billete de metro. Los estudiantes saltaron por encima de los tornos, de la misma forma que ahora lo han hechos en Santiago, y cerca del ayuntamiento se prendió fuego a tokens. Las autoridades se echaron atrás rápidamente y el precio del billete volvió a sus orígenes. Sin embargo, después de Euromaidan, que la actual propaganda presenta como el triunfo de la dignidad y la libertad de Ucrania, ha acabado toda tradición de protestas y ahora los oficiales no tienen ningún problema en aumentar precios y tarifas a niveles espaciales. Desorientado y desmoralizado, el pueblo ya solo sale a las movilizaciones pagadas en busca de la continuación de la guerra sin fin.

La revuelta de Chile da una lección de dignidad genuina que, algún día, será útil contra el robo a causa de las “reformas” en Ucrania. La única pregunta es cuál será la última gota que colme el vaso de esa explosión social.