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Un paso en dirección desconocida




Un paso en dirección desconocida


03/10/2019

Artículo Original: Denis Grigoriuk


En la reunión de los representantes de Ucrania, Rusia, RPD, RPL y la OSCE en el Grupo de Contacto, se firmó una carta que afirma que todas las partes están de acuerdo con la implementación de la “fórmula Steinmeier”. Es importante apuntar que solo se trata de una afirmación de estar de acuerdo con la letra del texto, no una firma oficial [algo a lo que Ucrania no está dispuesto, ya que daría a la RPD y la RPL algún tipo de reconocimiento como sujeto político de las negociaciones-Ed]. Es decir, Kiev se ha negado a firmar la fórmula Steinmeier, pero está de acuerdo con el texto. Dialéctica diplomática que es significativa en el mundo real.

Aun así, incluso la firma de esa carta de consentimiento ha causado revuelo en Ucrania. Los nacionalistas radicales han anunciado protestas indefinidas contra “la capitulación”. El partido “Solidaridad Europea”, de Petro Poroshenko, ha calificado el documento como la “fórmula Putin” y ha apoyado la indignación de los “veteranos de ATO”.

La reacción de las partes
El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, al que apoyó el 73% del electorado de Ucrania, no ha tardado en tratar de justificarse frente a los gritos de los seguidores de Poroshenko. “¿Qué es esta fórmula? En realidad son una o dos frases. La ley de estatus especial del autogobierno local en ciertas zonas de las regiones de Donetsk y Lugansk, también conocida como ley sobre el estatus especial de Donbass, entra en vigor de forma temporal con la celebración de elecciones locales celebradas según la Constitución de Ucrania y según las leyes de Ucrania y de forma permanente tras la publicación del informe de la OSCE con la confirmación de que se han celebrado según los estándares internacionales para las elecciones democráticas. Esto quiere decir que no se celebrarán elecciones a punta de pistola”, afirmó Zelensky.

La RPD y la RPL han publicado un comunicado oficial conjunto respondiendo al mensaje de Kiev. “Apelamos al señor Zelensky a no imponernos sus términos. Cuando afirma que las elecciones en Donbass solo se celebrarán cuando Ucrania recupere el control de la frontera, no comprende que no es él quien decide cuándo celebramos elecciones sino nosotros. El Gobierno de Kiev no va a recuperar el control de la frontera”, afirma el texto de Denis Pushilin y Leonid Pasechnik.

El ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Heiko Maas [cuyo antecesor da nombre a la fórmula acordada] se congratuló por la firma de las cartas de apoyo al texto de la fórmula Steinmeier. “Estoy encantado de que la atmósfera constructiva en el Grupo de Contacto hoy haya llevado a un largamente esperado progreso. Esto abre la puerta a una cumbre del cuarteto de Normandía y otras etapas de implementación de los acuerdos de Minsk”, declaró.

La firma de la fórmula Steinmeier era una de las condiciones principales de la Federación Rusa para la celebración de una cumbre del formato Normandía. El asesor presidencial Vladislav Surkov afirmó que la fecha de la cumbre se conocerá una vez que se produzca la retirada de tropas de Petrovsky y Zolotoe [según un acuerdo de septiembre de 2016 que la administración de Poroshenko se negó a cumplir y que la de Zelensky cumplirá para conseguir la cumbre]. “La fecha de la cumbre se acordará tras la retirada de Petrovsky y Zolotoe”, insistió.

La fórmula Steinmeier, un seguro para la implementación de la parte política de Minsk-2
Pero lo más importante es la actitud de las autoridades ucranianas a la firma de ayer [el martes, 1 de octubre]. La posición oficial de Kiev se anunció en el perfil de Facebook del presidente del Comité de Asuntos Exteriores y diputado del partido presidencial, “Servidor del Pueblo”, Bohdan Yaremenko. “Matices: ayer no se firmó nada. El representante de Ucrania en el Grupo de Contacto, Leonid Kuchma, afirmó por escrito al representante de la OSCE Martin Sajdik, que Ucrania está satisfecha con el texto aprobado por los asesores de los jefes de Estado del formato Normandía el 1 de septiembre de 2019, expresamente apoyado por el ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, Vadim Pristayko, que se refiere a la aplicación de soluciones sobre las elecciones en los territorios temporalmente ocupados de Donetsk y Lugansk de forma temporal primero y permanente después. Todo lo demás está sujeto a negociaciones, que no resultarán en cambios en la Constitución o en las leyes de Ucrania adoptadas por el Parlamento de Ucrania (lo que da a la sociedad control sobre lo que está ocurriendo)”, escribió el diputado.

A eso me refería anteriormente. Ucrania no ha firmado un documento llamado “Fórmula Steinmeier”, sino que ha aceptado el texto de su formulación. El texto también afirma que Ucrania tendrá que adoptar una ley de estatus especial para Donbass, que operará de forma temporal en la RPD y la RPL desde la celebración de las elecciones según la legislación ucraniana y bajo supervisión de la OSCE. La RPD y la RPL tendrían estatus especial permanente una vez que los observadores internacionales publicaran un informe en el que afirmaran que las elecciones de Donbass se cumplen los estándares internacionales. El texto no menciona la retirada de unidades armadas ni la frontera. No son partes importantes.

La fórmula Steinmeier es una garantía. El Kremlin necesitaba un documento firmado por las nuevas autoridades ucranianas. Todo lo que se describe en la fórmula está ya en los acuerdos de Minsk, firmados por el anterior presidente Poroshenko. Vladimir Putin no está dispuesto a negociar con la parte ucraniana hasta recibir garantías de que las medidas ya acordadas en Minsk-2 se van a cumplir. Lo que Kuchma ha firmado es una carta de acuerdo, una garantía a Moscú de que Kiev cumplirá la parte política de los acuerdos de Minsk. En ese caso, Ucrania se convertiría en un Estado confederal, no centralizado. Y eso puede afectar enormemente a la situación en el país.

La capitulación
Los radicales ucranianos ahora dirigidos por Petro Poroshenko se han dado cuenta demasiado tarde. Kiev ya había firmado esa “capitulación”. Fue en febrero de 2015, cuando el Ejército Ucraniano fue derrotado en Debaltsevo y cuando Petro Poroshenko firmó los acuerdos de Minsk. El expresidente deliberadamente dilató el proceso de cumplimiento de Minsk-2, siguió mintiendo a la población a medida que los nacionalistas levantaban la voz. Poroshenko esperó sentado a que acabara su mandato y para entonces los radicales ya se habían creído las palabras del oligarca. Pero tenían que haber leído los términos de los acuerdos en lugar de las palabras de los políticos. Si querían oponerse a la “rendición”, entonces tenían que haber acabado con Poroshenko a su regreso de Minsk. Pero los militantes aún trataban de superar su derrota en Debaltsevo. Se creyeron sus propias palabras, que decían que Ucrania recuperaría fuerzas y comenzarían una nueva campaña militar contra las Repúblicas según el “escenario croata”.

El Kremlin no es un grupo de radicales con antorchas que se cree todo, que escucha a cualquiera y que no ve las cosas como son. De ahí que Vladislav Surkov haya afirmado que hasta que no se produzca la retirada de Petrovsky y Zolotoe, cualquier cumbre del formato Normandía es imposible. Importan los actos, no las palabras.

Una guerra que ya no interesa
El nuevo Gobierno de Ucrania ya se ha rendido ante los radicales, que la noche del 1 de octubre celebraron una manifestación ante la administración presidencial en Kiev. Declaraciones que contradicen los textos de los documentos oficiales eran necesarias para calmar el ardor de los radicales. Pero eso no niega las obligaciones de Ucrania de cumplir con los puntos de los acuerdos de Minsk que le resultan inconvenientes. No va a haber revisión de Minsk-2. El Kremlin se mantiene firme en ese sentido.

El circo doméstico no interesa a Francia, Alemania o Estados Unidos. Si las fuerzas de seguridad dispersan a los radicales, no lo notarán. Occidente apoya el proceso de paz. Es necesario para mejorar las relaciones con el Kremlin [Macron se ha mostrado especialmente explícito en ese sentido en las últimas semanas-Ed]. Quieren apartar a Rusia de China, contra la que libra una guerra comercial Estados Unidos. Ese es el principal motivo por el que Occidente ahora habla de paz y diálogo con Rusia. La guerra ya no es rentable para nadie. Los intereses de Ucrania ni siquiera cuentan. Por desgracia, los intereses de Donbass también son solo una pequeña parte en un juego que es mucho más amplio que la resolución del conflicto armado. No es personal, son los negocios.
 

Zhukov

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Ucrania quizá se salve este invierno por lo que se refiere el gas, debido al bloqueo del gasoducto NordStream-2 por las dilaciones de Dinamarca, pero Rusia tiene otras formas de presionar a Ucrania.

Ya he comentado esta semana que el bloqueo a las exportaciones de petróleo y derivado está causando una escasez de diesel, ahora también se refuerza el bloqueo del carbón, porue ahora Rusia ha bloqueado las exportaciones de carbón a través de Bielorusia

На грани катастрофы: Россия перекрыла поставки энергетического угля на Украину через Белоруссию (ВИДЕО)

La estrategia rusa parece ser causar la caída de Zelensky por la crisis económica y el descontento de los nazis ukranianos con toda negociación de paz. Como mínimo el bloqueo da a Rusia una posición de fuerza para las negociaciones sobre el gas.

Por lo que respecta a Zelensky, hará cualquier cosa para permanecer en el poder. Si es necesario poner fin a la guerra, lo hará, pero es muy arriesgado para él, igual que lo fue para Poroshenko. Si la paz es imposible, se negará a cumplir Minsk buscando el apoyo de los americanos. Para él, como para Poroshenko, la salida es la huida hacia delante, esperar a que caiga Trump por el "impeachment", o a que pierda las elecciones y que el nuevo gobierno USA le de más apoyo.

Esta guerra no ha terminado todavía.
 

Harman

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En el centro de la polémica




En el centro de la polémica


04/10/2019

Artículo Original: Colonel Cassad


El tsunami político del caso Burisma [empresa de gas que contrató al hijo de Joe Biden cuando este era vicepresidente de Estados Unidos-Ed] que ha afectado a Washington ha tenido también un efecto boomerang en Kiev. En el pasado, el régimen político ucraniano no había tenido hasta ahora ningún problema para seguir el camino de Washington, ya que entre la élite estadounidense existía un consenso anti-ruso que marcaba lo que se podía esperar de ellos. Solo había que saber que había que repetir constantemente el conocido mantra de la “integración europea”, el “camino a la OTAN”, la “lucha contra la agresión rusa” y el “camino a la civilización” y Washington estaría de acuerdo.

Pero algo cambió con la llegada de Trump. La división en el establishment estadounidense han hecho que la situación sea más compleja para Kiev. En lugar de la simple “amistad con América”, había que elegir la “amistad” con una de las facciones políticas que forman la élite estadounidense y que tienen influencia en los mecanismos del Estado, por lo que pueden ejercer una presión política, diplomática, económica y mediática contra Ucrania.

En 2016, Poroshenko hizo su elección y entonces utilizó las estructuras del oligarca Pinchuk para organizar la filtración de documentos sobre el trabajo del entonces jefe de campaña de Trump, Paul Manafort, con el Partido de las Regiones [años antes de Maidan, cuando el entonces presidente Yanukovich buscaba un acuerdo de asociación con la Unión Europea compatible con la presencia ucraniana en el mercado ruso-Ed]. La publicación de esos documentos debía hundir a Trump, pero solo hundieron a Manafort y Trump se dio cuenta de que tenía enemigos en Kiev. Nada de eso importaría siempre que Hillary Clinton ganara las elecciones de 2016 y Trump quedara como un excéntrico candidato que durante un tiempo entretuvo a una parte de la audiencia. Ese era también el futuro que esperaban Clinton y su entorno. Poroshenko contaba con ello, de ahí su participación en la campaña contra Trump. Es más, estoy convencido de que Poroshenko habría tenido todo el apoyo de Estados Unidos en la campaña para su reelección como agradecimiento a los servicios prestados. Ni Kolomoisky ni Zelensky habrían tenido opción en las elecciones.

Entonces ocurrió algo terrible: Estados Unidos perdió la cabeza y eligió a Trump. O, como siguen diciendo los Demócratas, Putin y un ejército de trolls eligieron a Trump para Estados Unidos. Y eso supuso un golpe para las perspectivas a largo plazo de Poroshenko, que nunca consiguió llevarse bien con la nueva administración, que periódicamente le recordaba que nadie había olvidado su comportamiento en la campaña electoral de 2016. El día del juicio final llegaría y llegó en 2019. Estados Unidos no suministró ningún apoyo serio a Poroshenko, que, sin esa fuente externa de legitimidad, se vio ahogado por los frutos de su política doméstica. Al final, apostó por el caballo equivocado en las elecciones estadounidenses y perdió.

Ahora, quien se encuentra en la misma posición es Zelensky, que se ve obligado a elegir a qué partido apoya en las elecciones de Estados Unidos: si a los Demócratas, que se encaminan al impeachment, o a los Republicanos, que exigen una actuación similar a la corrupción que se produjo con el régimen de Poroshenko. Apostar por Trump es mantener el apoyo de la actual administración, que se mantengan los programas de asistencia, créditos y garantías de futuro siempre que Trump sea reelegido en 2020. A primera vista, podría parecer la opción correcta. Pero siempre queda la duda de si ocurriría los mismo que le ocurrió a Poroshenko si apuesta por Trump y ayuda a derribar a Biden y Biden gana las elecciones. ¿Qué sería entonces de Zelensky? Sería percibido como una persona que intervino en las elecciones estadounidenses del lado de Trump y que intentó humillar al presidente de Estados Unidos. Las consecuencias serían duras para Zelensky y su entorno. Hablar de “agresión rusa”, decir que “Ucrania es Europa” o “¡OTAN!” no le protegería de las consecuencias de su elección. Washington espera expresiones evidentes de lealtad absoluta al “imperio del bien”. Pero en ese “imperio del bien”, hay que elegir a qué “bueno” se le promete lealtad.

La situación claramente demuestra que no se puede hablar de la “independencia” de Ucrania. De hecho, en lugar de por la “dignidad” y “Maidan”, los títeres de Kiev que hablaban de la “elección libre y democrática” estaban luchando por tener que elegir a qué señor de Washington servir.

La sustitución de las “viejas caras de Poroshenko” por las “nuevas caras de Zelensky no ha cambiado nada en la situación. Se sigue pidiendo a los “líderes independientes” completa lealtad y disposición a actuar como herramienta contra Rusia o contra facciones rivales en Washington. Aunque haya quien se pregunte por qué los políticos ucranianos tienen que preocuparse por las elecciones estadounidenses. El nivel de dependencia de Ucrania supone que el país se ha convertido en vasallo a su pesar, que ha sido arrastrado a la política doméstica estadounidense, donde no solo es visto como una útil herramienta contra Rusia y contra Europa, sino como un instrumento de la política nacional.

Teniendo en cuenta que en la realidad actual la política doméstica estadounidense domina la política exterior, cualquier tema que desacredite a Ucrania o a los políticos ucranianos (en teoría leales a Washington) puede convertirse en una guerra política. Para Zelensky, al igual que para quien está en la sombra como Kolomoisky, las proposiciones de Trump son más peligrosas que hacer las paces con Putin.
 

Harman

Rojo
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La reconfiguración del proceso de Minsk: pasos que no suponen un cambio de rumbo




La reconfiguración del proceso de Minsk: pasos que no suponen un cambio de rumbo


05/10/2019


El pasado miércoles, dos semanas después de lo esperado e imponiendo su tiempo y en sus términos, Kiev acordó, por escrito, su adhesión a la llamada “fórmula Steinmeier”, que busca complementar el paquete de medidas de los acuerdos de Minsk en busca de una resolución más rápida a la guerra en Donbass. Aunque su base está en los acuerdos firmados, la propuesta que en 2016 realizó el ahora presidente de Alemania y entonces ministro de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, plantea el cumplimiento de los puntos militares de los acuerdos de Minsk mientras, en paralelo, se impulsan los puntos políticos, en teoría planteados como posteriores al cumplimiento íntegro de los aspectos militares.

Aunque desde el lado ruso se ha planteado la adhesión de Ucrania a la fórmula Steinmeier, que tanto Moscú como las Repúblicas Populares llevaban años exigiendo, como un compromiso, un paso adelante hacia el cumplimiento de los acuerdos de Minsk (lo que supondría también el retorno de Donbass a Ucrania), el optimismo de Moscú oculta algunos aspectos políticos importantes.

En primer lugar, Kiev no ha firmado un documento aceptando esa fórmula, con lo que el documento sería un anexo a los acuerdos de Minsk, ratificados por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Ucrania únicamente ha aceptado, en una carta al enviado de la OSCE, el contenido de la fórmula.

En segundo lugar, Kiev acepta dicha fórmula en los términos negociados por los asesores de los ministros de Asuntos Exteriores en una reunión celebrada hace unas semanas para preparar la futura cumbre del Cuarteto de Normandía. Aunque ignorada por analistas, comentaristas y representantes políticos de Moscú, esta es quizá la parte más importante de lo ocurrido esta semana y puede dar a entender que el cambio que defensores y detractores de los acuerdos de Minsk han visto en la actuación de la administración de Zelensky con respecto a la de Poroshenko es menor de la aparente. La preferencia de Kiev siempre ha estado en el formato Normandía y la actuación de Ucrania esta semana deja claro que sigue siendo así. Ni la administración de Poroshenko ni la de Zelensky podían permitir que el documento de adhesión a la “fórmula Steinmeier”, con la que Ucrania se compromete a conceder estatus especial a la parte de Donbass bajo control de la RPD y la RPL, procediera del Grupo de Contacto de Minsk, donde están presentes las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk.

De ahí que Kiev únicamente haya aceptado un documento procedente del formato Normandía, preferido por las autoridades ucranianas ya que en él Donbass no tiene presencia alguna. Al igual que ocurriera en tiempos de Poroshenko, Ucrania sigue prefiriendo negociar con Rusia, el “país agresor”, antes que con Donetsk y Lugansk, territorios que considera propios, en un formato en el que el pueblo de Donbass no tiene voz ni voto.

El entorno de Zelensky ha reafirmado esta semana que no cruzará sus líneas rojas, entre las que siempre ha estado la negociación directa con Donetsk y Lugansk, por lo que no puede considerarse lo ocurrido esta semana como un gran avance o un paso hacia la paz. El documento firmado no contiene garantías de cumplimiento del alto el fuego -es más, los bombardeos de las zonas del frente continúan-, ni el levantamiento del bloqueo económico, bancario y de transporte, por lo que la situación sobre el terreno no ha cambiado.

Sin embargo, políticamente sí se ha producido un cambio relevante. La adhesión a la fórmula Steinmeier es una garantía de que Ucrania se compromete a conceder un estatus especial a Donbass según una ley que debe ser aprobada en el Parlamento. Esa es la parte más importante de la fórmula porque es la base de los acuerdos de Minsk. Esa ley, que según la letra y el espíritu del texto debe ser negociada y consensuada por Kiev, Donetsk y Lugansk, determinaría el estatus y los derechos políticos con los que Donbass regresaría a Ucrania en caso de cumplimiento completo de los acuerdos de Minsk. Pese al optimismo de algunos representantes ucranianos, que hablan ya de preparar el retorno de Donbass (otros incluyen también a Crimea), hay que recordar que no se ha cumplido íntegramente uno solo de los puntos de los acuerdos de Minsk, por lo que no se puede asumir sin más su cumplimiento a corto plazo.

Pese a la aceptación de Kiev de que tendrá que haber un estatus especial para Donbass -como afirmó Zelensky, según una ley que aún no existe-, las declaraciones del entorno de presidente esta semana no presagian un gran cambio con respecto a su predecesor. Si la administración de Poroshenko aprobó una ley de estatus especial -vacía de contenido y que no iba a entrar en vigor- únicamente para cumplir formalmente con sus compromisos con los acuerdos de Minsk, la administración de Zelensky promete incumplir uno de los aspectos básicos: la negociación directa con Donetsk y Lugansk. El presidente ucraniano ha vuelto a insistir esta semana en que únicamente negociará con Rusia, de ahí las prisas por conseguir que finalmente se celebre una cumbre de los jefes de Estado o de Gobierno de Alemania, Francia, Rusia y Ucrania.

La firmeza de Rusia con las condiciones para celebrar dicha cumbre y la exigencia de compromiso de un estatus especial para Donbass indican que no habrá concesiones por parte de Donetsk y Lugansk, que difícilmente se conformarán con el estatus especial vacío y no negociado que ofrecerá Zelensky, tampoco es de esperar que la presión rusa -o las posibles presiones de los socios europeos- vayan a conseguir que Ucrania conceda la independencia de facto que Pushilin y Pasechnik pretenden conseguir.

Pese a lo incierto de la situación, que podría acabar con el bloqueo diplomático aunque no hay garantía de ello, un aspecto ha quedado claro: con la adhesión a la fórmula Steinmeier y, con ello a la concesión de un estatus especial aún por definir para Donbass, Ucrania recupera la iniciativa. Donbass cede a Ucrania la iniciativa, aunque sigue manteniéndose firme exigiendo al menos los derechos que le otorgan los acuerdos de Minsk.

En realidad, este paso coloca el proceso en el mismo lugar en el que ya estuviera en 2016, cuando se celebró la última cumbre de Normandía y en la que se esperaba que Ucrania presentara un proyecto de ley electoral para Donbass. Lo mismo se espera ahora de Kiev: una ley electoral aceptable para ambos bandos y según la cual se puedan celebrar unas elecciones locales que den inicio al verdadero proceso político de reconfiguración de las relaciones entre Kiev, Donetsk y Lugansk. El contenido de esas medidas legislativas -la ley electoral y la ley sobre el estatus especial para Donbass- determinarán si puede producirse un avance en la dirección que marcan los acuerdos de Minsk o si el bloqueo se mantiene y Donbass continúa integrándose política y económicamente en el área de influencia rusa.
 

mariomm02

Forero Paco Demier
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Trump recorta personal en el consejo de seguridad tras la filtración sobre Ucrania
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La filtración -que Trump presionó a Kiev para que investigase a Joe Biden y a su familia por presunta corrupción en Ucrania- salió desde dentro de la propia Casa Blanca
Trump recorta personal en el consejo de seguridad tras la filtración sobre Ucrania
President Donald Trump talks to reporters on the South Lawn of the White House, Friday, Oct. 4, 2019, in Washington. (AP Photo/Evan Vucci) (Evan Vucci / AP)
EFE, WASHINGTON
05/10/2019 09:01Actualizado a05/10/2019 10:43
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha ordenado reducir el personal que trabaja en el Consejo de Seguridad Nacional (NSC, en inglés) tras la filtración sobe Ucrania que ha provocado el inicio de un proceso de juicio político, según informó hoy la agencia Bloomberg.
Algunas de las fuentes citadas por este medio bajo condición de anonimato indicaron que dicho recorte de personal busca adelgazar músculo en política exterior por parte de la Casa Blanca bajo el liderazgo del nuevo asesor de Seguridad Nacional, Robert O'Brien, que recientemente sustituyó a John Bolton.
Dicho recorte de personal busca adelgazar músculo en política exterior por parte de la Casa Blanca

Bloomberg aseguró que tanto O'Brien como el jefe de Gabinete en funciones de la Casa Blanca, Mick Mulvaney, han trasladado ya la orden de reducir el personal en la NSC, donde actualmente trabajan unas 310 personas y que creció en tamaño durante el Gobierno de Barack Obama.
La orden, sin embargo, llega poco después de que una filtración que ha salpicado al NSC haya provocado un terremoto político en Washington con el inicio de un proceso de juicio político contra Trump.
La filtración -que Trump presionó a Kiev para que investigase al exvicepresidente y precandidato demócrata Joe Biden y a su familia por presunta corrupción en Ucrania- salió desde dentro de la propia Casa Blanca.
Según publicó el diario The New York Times, se trataría de un agente de la CIA que trabajó durante un tiempo en la Casa Blanca.
La filtración
Según publicó el diario The New York Times, se trataría de un agente de la CIA que trabajó durante un tiempo en la Casa Blanca

https://twitter.com/paulsperry_/status/1179932368725041152
Se ha sabido, además, que la Casa Blanca almacena en un sistema al que muy pocas personas del NSC tienen acceso información clasificada y archivos de conversaciones de Trump con líderes extranjeros, como la que mantuvo con el ucraniano Vladímir Zelenski.
La filtración ha sacudido a Washington a un año de las elecciones presidenciales con el inicio de un proceso de juicio político contra el presidente.
La presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, ordenó la semana pasada a sus comités que inicien una investigación con el objetivo de llevar al pleno una votación de "impeachment" para que así el Senado pueda discutir la destitución de Trump.
 

Harman

Rojo
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Lucha sin cuartel




Lucha sin cuartel


06/10/2019

Artículo Original: Andrey Manchuk


El pasado fin de semana, en Ucrania se comentó activamente el conflicto entre Ihor Kolomoisky y los secuaces de Rinat Ajmetov que se produjo en la emisión del nuevo programa político de Savik Schuster en la televisión propiedad de Ajmetov. Ihor exigió que Sevelina Mijailovich devolviera los 2,3 millones de dólares que cobró como anticipo por las transmisiones en el canal 1+1, propiedad de Kolomoisky, que nunca llegaron a emitirse. A él le exigieron que devolviera las viejas deudas del PrivatBank. Millones de ucranianos tomaron partido por uno de los bandos, pero en las redes sociales también quedó claro cuánta gente decente es cada vez más cínica en lo que respecta al saqueo del país.

A primera vista, el debate entre Schuster y Kolomoisky puede parecer cómico: dos viejos amigos acusándose públicamente de haber robado millones y millones delante de una audiencia que sobrevive con míseros salarios. Sin embargo, no se puede decir que sea un buen momento para reírse. Las luchas sin cuartel entre oligarcas, que en la moribunda nación han sustituido al fútbol desde Maidan, muestran una única cosa: lo falso que era el mantra de la exitosa desoligarquización, que tan patético sonaba tras el final de Euromaidan.

El fenómeno del capitalismo oligárquico no tiene un significado especial en ucraniano. El concepto ὀλιγαρχία, que se puede definir como “el gobierno de unos pocos”, se conoce desde la antigüedad. Por ejemplo, en Política, Aristóteles planteó que “la oligarquía se preocupa por los intereses de las clases prósperas” y apuntó que “en las oligarquías abundan dos tipos de conflicto: el conflicto de los oligarcas entre ellos y, además, los desacuerdos con el pueblo”. Muchos siglos después apareció la conocida definición de Karl Marx: “la oligarquía no se perpetúa a través de la preservación permanente del poder en las mismas manos, sino por producir un poder que pasa de unos a otros”.

Estas palabras son un presagio de lo que mucho después iba a pasar en Ucrania, donde Poroshenko, Kolomoisky, Ajmetov, Pinchuk y otros representantes menores de esta capa de súper ricos intentan robarse las propiedades, el capital y todo lo asociado a las invisibles cadenas de poder a base de peleas, alianzas temporales y vuelta a la guerra sin fin.

Todo comenzó en los noventa, mucho antes de lo ocurrido en 2013-2014. Sin embargo, la victoria de Euromaidan llevó a los oligarcas a la cúspide de su poder histórico. Fueron los principales beneficiados de Maidan, de ahí el chiste con el famoso apodo de Kolomoisky (Benya), que consiguió controlar Dnipropetrovsk, Járkov y la región de Odessa. El nuevo gabinete “revolucionario” estaba controlado en la sombra por quienes habían financiado la “protesta popular” e inmediatamente comenzó a servir los intereses de sus patrones.

“Hay que destacar que, de momento, el gabinete no ha preparado ninguna iniciativa para hacer pagar a los oligarcas. Aunque así el Gobierno tendría la capacidad de aumentar los ingresos sin aumentar la carga fiscal a los ciudadanos. Por ejemplo, Ucrania tiene la menor carga fiscal por uso del subsuelo para la minería. Son mucho más bajas que en Rusia, por no hablar de Europa. Pero aumentar las tasas para el uso de recursos mineros supondría una carga fiscal para los oligarcas. Y parece que las autoridades no van a ir en esa dirección. Las propuestas reformas antisociales dan una respuesta clara a la pregunta de quién ha ganado en Ucrania como resultado de la revolución. Si el anterior Gobierno era una “familia”, el actual merece llevar con orgullo el adjetivo oligárquico”, escribió el 18 de marzo de 2014 el editor-jefe de Ekonomicheskaya Pravda, Sergey Lyamets.

Poco después, en mayo de 2014, los ucranianos fueron los primeros en elegir a un presidente oligarca, que respondió con cinco años de pesadillas.

Actualmente, pese a la creación de numerosas agencias anticorrupción controladas por financiación extranjera, en la arena política están las mismas caras y los mismos clanes. Tras la elección de Zelensky para la presidencia del país, se habló de que el nuevo Gobierno decía estar dispuesto a acabar con el poder oligárquico, que lo haría con la ayuda de Occidente y que Ajmetov y Kolomoisky pronto serían sustituidos por las estructuras multinacionales del capital, que ya habían echado el ojo a las tierras y al pueblo de Ucrania.

Sin embargo, no se está produciendo ningún movimiento tectónico. Es verdad que el capital internacional pretende entrar en el sector privado del mercado ucraniano, especialmente tras la retirada de la moratoria que impedía la venta de las tierras negras. Pero los oligarcas no tienen prisa por ceder su posición: el retornado Kolomoisky [que abandonó el país tras su enfrentamiento con Poroshenko-Ed] tiene una evidente influencia en el nuevo y honesto Gobierno, Viktor Pinchuk controla una facción en el Parlamento y Rinat Ajmetov, en una posición complicada a consecuencia de las luchas oligárquicas, claramente pretende protegerse ante su enemigos. De ahí que Savik Schuster, ahora en nómina de Ajmetov, se centre tanto en la lucha con su anterior jefe en Dnipropetrovsk.

Pese a la guerra y la crisis, Ucrania aún vive, como ha ocurrido en los últimos veinte años, en medio de feudales guerras oligárquicas. Sí, el capital occidental reforzará la posición de Zelensky, pero los oligarcas también están al acecho y, como depredadores, suelen ser quienes proporcionan agentes locales a esas mismas multinacionales occidentales.

Al final, diferentes formas de oligarquía encubierta sobreviven también en Estados Unidos, como dejan clara la historia de los influyentes clanes políticos como los Kennedy, Clinton o Bush. Y lo que es más importante: Occidente y sus “democráticas” estructuras de la sociedad civil siempre se han llevado bien con los gobernantes de las dictaduras bananeras del tercer mundo, jeques islamistas y ladrones oligarcas, con lo que han gobernado, a costa de los pobres estados dependientes, con las influyentes y ricas élites.

Todo esto deja a Ucrania sin posibilidad de buscar un futuro más próspero y menos desigual. Pasarán los años y, al encender la televisión, se seguirá viendo discutir a las mismas figuras y los mismos personajes, que probablemente continuarán hasta su muerte para que después les sustituyan sus herederos. Es el precio que hay que pagar por haber entregado el poder y el dominio del país a las manos de unos pocos, algo que, desde la época aristotélica, ha llevado a los pueblos al desastre.
 

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Consecuencias de un escándalo




Consecuencias de un escándalo


07/10/2019

Artículo Original: Vzglyad


El escándalo ucraniano-estadounidense continúa revelando la trastienda de la política mundial. En primer lugar, la audiencia mundial conoció por primera vez cómo son las conversaciones telefónicas del presidente de Estados Unidos con los jefes de Estado de países satélite. Ahora, gracias al testimonio del representante del Departamento de Estado de Estados Unidos, Kurt Volker, se está conociendo cómo Kiev recibe instrucciones de Washington y si la administración ucraniana tiene margen de maniobra en esta relación.

En Estados Unidos, el escándalo ucraniano no se rebaja, ya que el presidente Donald Trump se enfrenta a un impeachment. Esta semana, el Congreso ha celebrado vistas a puerta cerrada con la participación del ahora ex representante del Departamento de Estado. También se ha hecho pública la correspondencia de Volker con Gordon Sondland, embajador de Estados Unidos en la Unión Europea, Rudi Giuliani, abogado de Trump y Andiry Yermak, asesor de Volodymyr Zelensky.

Presionar a Ucrania: cómo se hace
Según el diario ucraniano Strana, del testimonio de Volker se ha conocido que fue interrogado sobre la conversación telefónica que se produjo el 25 de julio entre Zelensky y Trump. La semana pasada, estalló el gran escándalo en Estados Unidos alrededor de esa conversación. Un denunciante anónimo afirmó que, en el transcurso de la conversación con Zelensky, Trump trató de presionar a su interlocutor. Concretamente, el líder estadounidense pidió una investigación sobre la compañía de gas Burisma Holdings, en cuyo consejo de administración está Hunter Biden, hijo del exvicepresidente Joe Biden. Biden es uno de los posibles rivales de Trump en las próximas elecciones. Los Demócratas en el Congreso entendieron las palabras de Trump durante su conversación con Zelensky como una forma de tratar de impedir que Biden gane las elecciones y lo han considerado suficiente para iniciar un procedimiento de impeachment contra Trump. La Casa Blanca, por su parte, publicó una transcripción de la conversación entre los dos líderes, pero los Demócratas no se han echado atrás y continúan preparando el impeachment.

Dos semanas después de la conversación telefónica entre Trump y Zelensky, Volker coordinó con Giuliani y Sondland el texto para un comunicado del presidente de Ucrania sobre el caso contra Joe Biden y la interferencia en las últimas elecciones presidenciales en favor de los Demócratas. Tras el anuncio de ese comunicado, Zelensky recibió la confirmación de una reunión personal con Trump en la Casa Blanca [que Ucrania llevaba semanas buscando-Ed]. “Lo principal es que Zelensky afirmó que ayudaría en la investigación y que prestaría atención a los asuntos personales de las personas mencionadas”, le explicó Volker al embajador.

En su correspondencia con Yermak, a quien se encargó que preparara un borrador de la declaración en nombre del presidente ucraniano, Volker insistió en que, cuando Zelensky convenciera a Trump de que se iniciaría una investigación, “definitivamente fijaremos una fecha para la visita a Washington”. Más adelante, Volker envió al asesor de Zelensky un borrador del comunicado. Concretamente, afirmaba que es necesario prestar “especial atención” al problema de las interferencias de políticos ucranianos en los procesos políticos de Estados Unidos” y hace falta “completa transparencia y una investigación imparcial sobre todos los hechos y episodios, incluidos aquellos relacionados con Burisma y las elecciones de 2016 en Estados Unidos”. Zelensky no publicó el comunicado, pero durante la conversación telefónica expresó su disposición a iniciar tal investigación. La fuente de Washington citada por Strana afirma que el equipo de Zelensky prometió que ayudaría a acabar con Biden, pero que solo lo haría después de que se produjera la invitación a la Casa Blanca, “y Trump retrasó la invitación porque no había confirmación de que Kiev iba a investigar a Biden”. “En cuanto conozcamos la fecha exacta de la reunión, celebraremos una rueda de prensa en la que anunciaremos la visita y las líneas principales de la estrategia para reanudar las relaciones entre Estados Unidos y Ucrania, incluyendo, entre otras cosas, la investigación sobre Burisma y las interferencias en las elecciones”, escribió Yermak a Volker el 10 de agosto.

Según Volker, Trump habló de forma poco favorecedora sobre Ucrania, al que calificó de “un país corrupto con gente terrible” que “me quieren derribar”. “Me pareció que estaba claro que, pese a las noticias positivas y recomendaciones planteadas por la delegación oficial sobre el nuevo presidente, el presidente Trump tenía una imagen profundamente negativa de Ucrania”, explicó Volker en la vista.

Al mismo tiempo, los Demócratas en el Congreso solicitaron a la Casa Blanca nuevos documentos para la investigación del impeachment. Según Trump, serán los abogados de su administración quienes decidan el resultado de la petición. Según TASS, los autores de la petición están “muy decepcionados con el hecho de que el presidente Trump nos haya puesto a nosotros y a todo el país en esta posición”. “Sus actos no nos dejan otra opción que enviar esta petición”, añadieron los congresistas.

La denuncia inicial fue planteada por un oficial de la inteligencia estadounidense. Según The New York Times, el oficial tiene información específica sobre el caso, ya que el inspector general de la comunidad de inteligencia, Michael Atkinson, le solicitó ayuda para estudiar la queja de un primer informante.

Volker contra Trump
Volker, que dimitió a causa del escándalo, se justificó en la vista afirmando que no fue hasta septiembre cuando se enteró por la prensa de que, en la conversación telefónica, Trump había pedido a Zelensky que investigara a Biden. Sin embargo, fuentes del Departamento de Estado afirman que Volker miente, ya que “trabajaba para los dos bandos”, tenía amigos entre los Demócratas, había ayudado a Trump y “cuando la inteligencia sacó su nombre en un memorando de la CIA que decía que conocía la conversación, dimitió y testificó en el Congreso para lavarse la cara. De hecho, ahora está trabajando contra Trump”.

Como se conoció el sábado, se baraja la posibilidad de que sea nombrado para sustituir a Volker Michael Kostiv, de 72 años, que desde 2011 es vicepresidente de la Asociación Americana de Geólogos del Petróleo y que es uno de los asesores del Director de Inteligencia Nacional Dan Coats. En los años setenta, Kostiv fue agente de la CIA y, tras un despido escandaloso (fue sorprendido robando bacon en un supermercado) trabajó durante dos décadas en la compañía de gas y petróleo Chevron. A mediados de los noventa, fue jefe de gabinete de los republicanos en el Comité de las Fuerzas Armadas del Senado, presidido por John McCain.

Hay que decir también que, al mismo tiempo que se está produciendo el escándalo, Trump ha ordenado el cese de una gran cantidad de empleados del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca. El Consejo emplea a unas 300 personas, muchas de ellas procedentes del Departamento de Estado, el Pentágono y las agencias de inteligencia. La estructura fue creada al principio de la guerra fría para coordinar los diferentes departamentos en la confrontación con la Unión Soviética. Algunos analistas ven en los ceses un vínculo con el escándalo ucraniano. Sin embargo, otros muchos argumentan que se trata de un reajuste previamente planificado relacionado con el cese de John Bolton como asesor de seguridad nacional.

Las consecuencias de imagen
Mientras tanto, la prensa mundial continúa discutiendo las consecuencias que la participación en la escandalosa conversación telefónica podría tener a nivel de imagen. Por ejemplo, en un artículo publicado en The New York Times, la periodista francesa Sylvie Kaufmann afirma que Zelensky se mostró como “un líder débil y sin preparación” en la conversación telefónica con Trump, con la que ha arruinado su reputación al principio de su carrera política.

El director del Fondo de Política Ucraniana, Konstantin Bondarenko, no cree que la publicación de la información sobre cómo los americanos imponen sus intereses en Kiev vaya a afectar negativamente a la población de Ucrania. “De hecho, en los últimos cinco años, Ucrania ha estado bajo férreo control de Estados Unidos y puestos de tercer nivel, como el que ocuparon Victoria Nuland o Kurt Volker, han determinado la política exterior de Ucrania e incluso los nombramientos de personal”, recordó Bondarenko. El analista añadió que, antes que Zelensky, era Poroshenko el que coordinaba los comunicados con el gran jefe. “No creo que nadie vaya a sufrir por esto. Habría sido una sorpresa mucho mayor si Kurt Volker hubiera dicho que Zelensky no hizo caso a Trump”.