Gente de la que aprendí cosas: Armando

GoldFever

Madmaxista
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Entre el verde, el azul y el gris
AVISO: Esta historia puede parecer un poco tocho, pero creo que es tan impactante y especialmente ilustrativa, que merece de sobra el tiempo de leerla.

Allá cuando yo tenía cosa de 14 años, y al empezar un nuevo curso escolar, entre los repetidores de aquel año había uno bastante particular, que a juzgar por su tamaño (nos sacaba la cabeza a casi todos) debía llevar repetidos ya muchos cursos, aunque tampoco era para tanto, simplemente era un chaval muy alto.

Lo tuve todo un curso sentado detrás de mi, lo que contribuyó a que a fecha de hoy lo recuerde perfectamente. Él se sentaba junto a otro repetidor y se pasaban las clases de cotorreo, chistes, bromas y haciendo planes para ir a los coles de chicas de los alrededores a ligar (nuestro cole era de curas y no era mixto).

Por aquel entonces yo llevaba el pelo relativamente largo y rizoso, y a la que me descuidaba allá que sacaba Armando la tijerita de los trabajos manuales (asignatura hoy conocida como Tecnología) y me cortaba un rizo, con gran cabreo por mi parte y descojono por la suya.

Armando era un tanto bromista y burlón con los compañeros, a veces un tanto pesado, aunque sin llegar a mal compañero. Pero a quienes traía por el camino de la amargura era a curas y profesores; era el arquetipo de alumno poco aplicado (por no decir directamente vago), descarado, indisciplinado y rebelde. Mientras que a los demás nos daba miedo llevarnos un bofetón de los curas (entonces aún se daban), a Armando sólo le faltaba decir “¿a que no tenéis cojones de darme una guantada?”; y lo mejor es que no recuerdo que jamás se la diesen.

Entre las muchas anécdotas suyas, recuerdo una en especial.

En las excursiones del cole, había que llevar la pasta al profe o cura de clase; entonces eso de pasar por el banco aún no se llevaba tanto. Así que todos teníamos que llevar el dinero de la excursión, preferiblemente antes de la misma, aunque más de un remolón acababa llevándolo después; entre estos últimos solía estar, cómo no, Armando.

Un buen día, en que ya había pasado tiempo desde la excursión, el cura de clase le echó una bronca fenomenal diciéndole que tenía que pagar la excursión; para él no era problema de pasta (la familia de Armando era acomodada) sino de pura desidia. Así que Armando, harto de escuchar al cura, apareció días después con el dinero de la misma: tropecientas moneditas de 10 centimos de peseta en una bolsa de plástico. El cura se puso de bastante mala leche (para jolgorio de toda la clase), pero cogió la bolsita, porque de lo contrario igual no cobraba.

Mientras que a casi todos nos cortaba el plantarle cara a curas y profesores, no digamos ya adoptar actitudes desafiantes, a Armando aquello no le cortaba en absoluto, lo que no dejaba de darle una cierta aura de valiente. No dejaba de resultar extraño que a tan descarado y mal estudiante no lo hubiesen echado ya del colegio; años después el propio Armando explicaría por qué.

Al salir de cole le perdí la pista, y si me hubieran dicho que volvería a saber de él a través de la prensa, no me habría extrañado nada; aquel chaval sólo podía acabar en “El Caso” o en las páginas de sucesos de cualquier diario.

Pero no, no era esa exactamente la forma en que Armando apareció en la prensa. Tal vez sea verdad aquello de que ningún copo de nieve cae en el lugar equivocado, y aquél domingo de principios de los 90, vino a caer en mis manos un suplemento semanal de economía, páginas “salmón” de “El Pais”; pasando las hojas, de pronto ... ¡Coño! pero si era Armando, mi otrora compañero de clase vestido de futbolista del Real Madrid, además en una foto justamente de aquella época, como puesta para que no se nos pasase a quienes compartimos clase con él.

Contaba un montón de cosas, desde sus años en aquel cole de curas, del que no le echaron porque era un fenómeno en el equipo de futbol del colegio, hasta su especial momento presente.

Lo que sigue a partir de aquí es información que cualquiera con tiempo y ganar puede encontrar buscando en hemerotecas o Internet, más la visión personal que con los años he sacado de tan ilustrativa historia.

A principios de 1974 el padre de Armando ya debía haber asumido que jamás haría carrera de su hijo con los estudios, así que debió aplicar un criterio bastante estándar para la época: o estudias o trabajas, y si no estudias, pues a trabajar, pero ya, sin paños calientes.

El padre de Armando tenía negocios propios, así que se podía haber llevado a su hijo con él, pero se ve que no quería ponérselo tan fácil, aunque por otra parte, ¿quién podía estar por la labor de fichar a un chaval sin titulación, ni experiencia ninguna; sin más credenciales que las de mal estudiante, rebelde e indómito? Supongo que para el padre de Armando “colocar” a su hijo, incluso en un Madrid, fue más un pedir favores que otra cosa; sospecho que debió tener que moverse bastante.

Un conocido del padre, fabricante de camisas barcelonés, acepto ofrecerle a Armando un trabajo de vendedor de camisas ... en Barcelona. Personalmente no me extrañaría que lo ofrecido fuese el típico marrón de curro para quitarse de encima el compromiso; el típico patear y patear calle, a ver quién te compra camisas. Pero el padre de Armando aceptó; le dejó a su hijo un coche (herramienta de trabajo que iba a necesitar), le pagó las cinco primeras noches de hotel en Barcelona, y como el propio Armando contaba años después en su entrevista en “El Pais”, prácticamente lo echó de casa.

Así, en febrero de 1974, con 19 años, Armando cayó en Barcelona y se puso a vender camisas, algo de lo que no tenía ni zorra idea, en una ciudad que no conocía, con el “aliciente añadido” de que o vendía, o acababa durmiendo en la calle, o lo que sin duda alguna todavía sería mucho peor para alguien rebelde y orgulloso como él: volver a Madrid con el rabo entre las piernas, derrotado y humillado ante la cruda realidad de haber fracasado también a la hora de buscarse la vida.

¿Cuantos actuales ninis de 19 años sobrevivirían a algo así?

En aquel mismo año entré yo en la universidad, en la ETSIT de la UPM, pero si hubiese sabido de mi antiguo compañero y de lo que iba a pasar después, tal vez me hubiese ido con Armando a vender camisas.

Sin duda el padre de Armando conocía muy bien a su hijo, y su “apuesta” no pudo ser más acertada.

Armando, pertrechado con su buena presencia física, su arrolladora personalidad, y su cero absoluto en timidez, resultó ser un formidable vendedor, que no tardó en plantearse vender sus propias camisas, buscó sus talleres, sus proveedores, y en muy poco tiempo tenía su propio negocio.

Durante años las pasó tan putas como cabía esperar; en “El País” contaba experiencias como la de ir al banco a sacar dinero para pagar las nóminas y encontrarse con que no sólo no tenía un duro, sino que estaba en números rojos y en lugar de sacar dinero, tenía que meterlo.

Pero con tiempo, paciencia y esa personalidad de luchador que conocimos bien quienes compartimos aula con él, creó sus propias marcas y logró venderle al mismísimo Corte Inglés, lo que desde luego era todo un triunfo.

Once años después, en 1985, Armando había ahorrado dinero, viajado por el mundo, aprendido mucho de moda, de empresas ... había hecho una peculiar y particular carrera en la vida real. Entonces decidió apostar el dinero que había ganado a algo grande, a su propia tienda o cadena de tiendas, con una marca a lanzar a lo grande. Buscó socios para el proyecto, y buscó un nombre comercial que pegase. Ese proyecto iba a ser “lo máximo” como solían decir en su familia, y Armandutti, que era como le llamaban de pequeño en su casa, forjó con aquello un pegadizo nombre de diseñador italiano: Massimo Dutti.

Aquel mismo año fue mi último año de trabajar por cuenta ajena; en el tiempo en que Armando había hecho su peculiar “carrera” en la vida real, yo había hecho una carrera universitaria, conseguido un par de trabajos de alta cualificación y decidido trabajar por mi cuenta ... pero a efectos empresariales y económicos estaba (y estaré siempre) años luz por detrás de Armando.

En muy pocos años Massimo Dutti se convirtió en una marcha archifamosa, con decenas de tiendas en franquicia, y una facturación de 4.500 millones de pesetas cuando le hicieron la entrevista en “El Pais”.

El explosivo crecimiento de la empresa hizo necesario meter más capital, el cual llegó de la mano de Cofir, un grupo italiano que tomó una importante participación en Massimo Dutti. Empezó con un 49% pero no tardó en ponerse en más de un 70%. Y en 1991, en aquella España de los yupies y los pelotazos, Cofir decide dar el suyo, y vende su participación en Massimo Dutti a Zara-Inditex, al parecer en 4.000 millones de pesetas.

Aunque buena parte del capital había ido pasando a otras manos, hasta entonces Armando no había dejado nunca de ser “el jefe”, pero con la llegada del imperio de Amancio Ortega tal jefatura se acabó. Armando que nunca fue persona de recibir órdenes dimitió ese mismo año como presidente de Massimo Dutti, por “discrepacias con los nuevos socios mayoritarios”, aunque conservó su participación en el capital de la empresa, la cual acabó vendiendo en 1995, en una cantidad que la prensa cifró en 2.000 millones de pesetas, aunque también se decía que jamás se desembolsó tal cifra. La verdad es que años después esa venta le supuso a Armando una fenomenal pesadilla con Hacienda, que al parecer, y tras dos años de litigios acabó con la victoria de mi otrora compañero de clase (de lo que me alegro infinito).

No me cabe duda de que Armando debió sentirse expulsado de su propia empresa, y tal vez eso explique que poco después, en lugar de dedicarse a vivir de las rentas, con la vida más que resuelta a los 40 años, invirtiese más de 900 millones de pesetas de su bolsillo, junto con capital de otros socios, en crear una nueva empresa y lanzar una nueva cadena de tiendas, Polo Sur, con la que, según puede leerse por ahí, básicamente lo que buscaba era hacerle una dura competencia a Massimo Dutti. Pero para su desgracia, a la excelente labor que él mismo había hecho en un principio con Massimo Dutti, había que sumar el enorme potencial de Zara-Inditex respaldando a la cadena y la marca. Era una lucha suicida, y esta vez Armando erró el tiro. En pocos años la empresa con que lanzó Polo Sur acabó en suspensión de pagos. Naturalmente eso no significó que Armando acabase bajo un puente, ni mucho menos, aunque no he encontrado mucha más información sobre mi antiguo compañero de clase, con posterioridad a esos acontecimientos.

Si me lees Armando, mis mejores deseos en lo que quiera que estés haciendo y te traiga la vida, de tu compañero de los rizos del pupitre de delante.

Es posible que esta historia tenga más de una imprecisión, y más de una apreciación subjetiva, pero cuando leí la entrevista de “El Pais”, allá a principios de los 90, yo que estaba metido en el fango hasta las cejas, cerrando mi primera empresa (esa con lo que aprendemos todos los que nos lanzamos), no pude por menos que sentirme cruel y terriblemente engañado; engañando por aquellos curas del cole, por la universidad, por aquella propaganda de “estudia y serás un hombre de provecho”, por aquellos estereotipos sociales de tantas y tantas cosas ... Estaba claro que podía haber y había cosas mucho más importantes y determinantes que una carrera universitaria para ganarse muy bien la vida. Cuando pocos años después cayó en mis manos un ejemplar original USA de “Inteligencia Emocional” de Daniel Goleman, poco faltó para que se me saltasen las lágrimas de la emoción de que alguien confirmase tan documentadamente, que en efecto, en la vida podía haber cosas mucho más importantes que ser muy inteligente y muy estudioso.

Desde entonces siempre que oigo a alguien quejarse de su hijo es mal estudiante, me dan ganas de darle el mismo consejo: póngalo a pasarlas putas vendiendo, que si triunfa le va a resolver a Ud. la jubilación.

Tengo perfectamente claro que si Armando estuviese actualmente en la ESO, sería el mismo desastre que fue en su momento en aquel colegio de curas, que se supone era de los buenos de Madrid; tengo perfectamente claro que el actual sistema educativo es absolutamente incapaz de detectar, no digamos ya potenciar y desarrollar, un talento como el de Armando o talentos parecidos.

¿Cuantos Armandos y similares están desaprovechando, o todavía peor, atrofiando o arruinando su potencial en el actual sistema educativo?

¿Cuanta gente tiene un potencial similar o parecido, pero no han tenido la suerte de que su padre los eche de casa, y se han convertido en ninis?

¿Vale la pena quemar varios años de juventud en la universidad, o es mejor tirarse a aprender en la vida real lo que la universidad jamás enseñará? ¿Será bueno hacer un “mix” de ambas cosas?

Las conclusiones, preguntas y experiencias a extraer de esta historia, son, para mi, interminables, y este post ya es bastante largo.
 

Deimos

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He disfrutado mucho leyéndolo. Gracias por la historia, me ha gustado.

Pole
 

pacomer

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Muy bueno, además tienes madera de escritor de ensayo.
Sin comparar con el famoso Armando, yo me encontré con un caso de estos. Un tío repetidor hasta la saciedad que se montó una granja de conejos, hoy exporta a media Europa, el mejor experto en enfermedades de roedores que te puedas encontrar, ni estudiando un doctorado. Una joya.
 

Enzo1980

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la lectura ha sido muy agradable, habría que saber que es de Armando ahora.
 

lordfirefax

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Gracias por el relato personal.

La Historia está llena de tíos echaos palante que en el colegio eran los peores estudiantes. Lo que pasa es que los tíos echaos palante que no estudiaron Y que luego ciertamente no fueron nada en la vida no aparecen en los libros de Historia (ni les hacen entrevistas en El Pis), y yo diría que son unos cuantos más.

Si no quieres darles educación a tus hijos y los vas a poner "a vender camisas" -no literalmente-, pues tú mismo. La ruleta de la vida decidirá.

Salu2,

P.D: Yo pondría uno a estudiar y haría del otro un Madmaxista. Win-Win :D
 

Holmes

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Hoy conversación posvacacional en el curro, con varible diferente, hay otras formas de vida. La gente que curra durante el verano/invierno y se pasa de seis a nueve meses viajando, tumbao, o con alguna otra afición.

Lo que hay que plantearse es que hay otras formas de vida y no son erroneas, son diferentes y no por eso equivocadas.

Buscarse la vida, vamos.
 

ominae

Será en Octubre
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Si no quieres darles educación a tus hijos y los vas a poner "a vender camisas" -no literalmente-, pues tú mismo. La ruleta de la vida decidirá.
¿que hay de malo en vender camisas? lo lamentable es que la gente llegue a los 30 años sin ningun tipo de conocimientos sobre ninguna actividad comercial y crean que han recibido una gran educación.

además los hombres mas ricos del mundo son lo que compran y venden cosas, no los que tienen una gran cultura.
 

madmax

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Repitiéndome, faltan "Armandos" y sobran "Belénes Estébanes" en este país.
 

CampingGaz

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Espero que algún dia comentes la historia de algún "estrellado", que siempre nos fijamos en los que le sale bién y nos olvidamos de los que se quedan en el camino, pareciera que en esta tierra de oportunidades no eres un bill gates porque no quieres.
 

cruel e inhumano

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Pero en lugar de ver lo positivo de la historia, salís con los "estrellados" y los miles de malos estudiantes que no son nada. Coño, un poco de optimismo y un poco de ganas por salir adelante y triunfar.
En realidad pienso que es así ¿Cuántos hay que se han arruinado y han seguido intentándolo y al final han triunfado? ¿Cuántos hay que desde la habitación de su casa culpan al mundo de su estado económico en lugar de moverse? En este foro hemos visto algunos que se han puesto a vender hielo en los botellones, o a limpiar lápidas... en vez de estar todo el santo día en casa lamentándose.
 

CampingGaz

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Pero en lugar de ver lo positivo de la historia, salís con los "estrellados" y los miles de malos estudiantes que no son nada. Coño, un poco de optimismo y un poco de ganas por salir adelante y triunfar.
En realidad pienso que es así ¿Cuántos hay que se han arruinado y han seguido intentándolo y al final han triunfado? ¿Cuántos hay que desde la habitación de su casa culpan al mundo de su estado económico en lugar de moverse? En este foro hemos visto algunos que se han puesto a vender hielo en los botellones, o a limpiar lápidas... en vez de estar todo el santo día en casa lamentándose.
Esta muy bien el fijarse en los casos de éxito, pero hay que ser realistas, el triunfar no depende solo del buen trabajo y el esfuerzo, aunque ayuden, tiene mucha dosis de suerte, estar en el momento y lugar adecuados, conocer a las personas adecuadas y que te sonría la suerte.
Repito, si solo nos fijamos en los casos de éxito, y no pensamos en los que no lo consiguen, que son la mayoría, nos llevamos una falsa impresión sobre el riesgo de emprender, porque si te sale mal puedes quedar peor que como empezases, sin nada excepto deudas.
 

Silverfever

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Goldfever tu historia podría haber sido buena pero siempre intentas aleccionar hacia el mismo sitio, asi que: patética.



Espero que algún dia comentes la historia de algún "estrellado", que siempre nos fijamos en los que le sale bién y nos olvidamos de los que se quedan en el camino, pareciera que en esta tierra de oportunidades no eres un bill gates porque no quieres.
Este troll renegaría del matón que lo maltrataba(ahora las considera "bromas") si hubiera sido un "don nadie" o hubiese acabado en la droga.


Esta muy bien el fijarse en los casos de éxito, pero hay que ser realistas, el triunfar no depende solo del buen trabajo y el esfuerzo, aunque ayuden, tiene mucha dosis de suerte, estar en el momento y lugar adecuados, conocer a las personas adecuadas y que te sonría la suerte.
Repito, si solo nos fijamos en los casos de éxito, y no pensamos en los que no lo consiguen, que son la mayoría, nos llevamos una falsa impresión sobre el riesgo de emprender, porque si te sale mal puedes quedar peor que como empezases, sin nada excepto deudas.
A la gente parece que le pone palote leer tufo-historias de éstas mientras siguen en su curro de mierda malviviendo con una hipoteca de por vida.
 

cruel e inhumano

Madmaxista
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Bueno, hay formas de emprender. Yo no llamaría emprender al tipo que pide un préstamo de 30 kilotones para montar una pizzería en la playa, sin tener ni puta idea de pizzas ni del negocio, sin conocer la ciudad, ni ubicaciones ni nada, y pensando que como el local está en la playa será negocio seguro. Eso no sé cómo se llamaría pero emprender no es. Y al menos esta historia no nos habla de un caso así.
 
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