Pregunta: Feminismo en vena: "¿Por qué no utilizan las mujeres el cerebro?" (Dra. Esther Vilar). ¿Es el Cociente Intelectual un concepto machista?

Yomismita

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Como veo que lo que la irrita es algo muy concreto y que se propone usted luchar personalmente por salvar su imagen, retiro formalmente ese epíteto de mis comentarios. Ya demostrará usted lo que es o no es en su comportamiento.

Retire usted que yo haya dicho en ningún momento que "toda mujer que no anteponga su carrera profesional a la familia es una prostituta". Por última vez:
Lo retiro.

Pero volviendo al símil que hace usted con sus amigas (a ver si nos entendemos): pareciera que una mujer ha de tener formación superior y ser una crack en lo suyo para no ser "una mujer lastre que ha elegido la vía de la prostitución ".

Pocas mujeres que sean amas de casa al 100% quedan en Occidente hoy en día.

El feminazismo como movimiento sociológico se alimenta de las frustraciones e insatisfacciones personales, a las que da una respuesta fácil en forma de guerra de sexos.

La psicología en cambio, va al ajuste "fino" y descubre los perfiles y problemáticas que son la verdadera causa del problema (perfiles manipuladores, narcisistas, codependientes, etc.).

Villar en su libro reacciona a la "pasada de frenada" del feminazismo siendo deliberadamente exagerada y polémica en sus formas. La he visto argumentar en una entrevista de TV y era bastante más comedida.

No pretende ser interpretada "literalmente ", o así es como lo veo yo.
 

CANCERVERO

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¿Por qué no utilizan las mujeres el cerebro?

"No lo utilizan porque no necesitan capacidad intelectual alguna para sobrevivir. En teoría es posible que una mujer hermosa tenga menos inteligencia que un chimpancé, por ejemplo, y que, sin embargo de ello, triunfe en el medio humano.


No más tarde de los doce años -edad a la cual la mayoría de las mujeres ha decidido ya emprender la carrera de prostituta (o sea, la carrera que consiste en hacer que un hombre trabaje para ella a cambio de poner intermitentemente a su disposición, como contraprestación, la vagina)-, la mujer deja de desarrollar la inteligencia y el espíritu. Aún hace, ciertamente, que la preparen, y se hace con diplomas de todas clases -pues el varón se cree que una mujer que se ha aprendido algo de memoria sabe de hecho alguna cosa (dicho de otro modo: un diploma eleva el valor de la mujer en el mercado)-, pero en realidad los caminos de los dos sexos se separan aquí definitivamente. Toda posibilidad de comprensión entre el varón y la mujer se corta en este punto, y para siempre.

Por eso uno de los principales errores que siempre comete el varón al estimar a la mujer consiste en que la considera igual a él, o sea, en que la considera ser humano que funciona más o menos en el mismo plano emocional e intelectual que él mismo. El varón puede observar desde fuera el comportamiento de su mujer, puede oír lo que dice, ver pero con su mirada de varón- las cosas de que ella se ocupa, e inferir de determinados signos lo que ella piensa. Pero en todas esas percepciones e inferencias el varón se rige por su propia escala de valores.

El varón sabe qué haría él, qué pensaría y qué diría puesto en la situación de ella. Y cuando contempla el resultado de su observación resultado deprimente a tenor de sus propios criterios-, se ve forzado a concluir que tiene que haber algo que impide a la mujer hacer lo que él haría gustosamente en su lugar. Pues el varón se considera medida de todas las cosas, y con razón, si es que hay que definir al ser humano como un ser capaz de pensamiento abstracto."

Tela marinera, si lo dice un hombre, lo linchan. ¿Qué hombre no piensa como Esther Vilar?

Así, por ejemplo, cuando se da cuenta de que su mujer se pasa tantas o cuantas horas al día guisando, limpiando la casa y lavando los platos, no infiere que esas actividades satisfacen a su mujer porque corresponden idealmente a su nivel espiritual. Piensa que esa cantidad de horas es precisamente lo que impide a su mujer dedicarse a otras cosas, razón por la cual se esfuerza por poner a disposición de ella lavadoras automáticas, aspiradores, platos ya guisados, etc., que le ahorren aquellos trabajos estúpidos y le permitan tener una vida como la que él mismo sueña para sí.


Pero quedará decepcionado: en vez de empezar una vida espiritual, en vez de interesarse por la política, la historia o la investigación espacial, la mujer utiliza el tiempo ganado para cocer bollos, planchar ropa interior, hacer vainica o -en el caso de las más emprendedoras- adornar los aparatos sanitarios del cuarto de baño con florecillas de calcomanía.



Como el varón ha de creer (o como la mujer le convence de ello, pues ¿qué varón da verdadero valor a una ropa interior planchada, a calcomanías florales o a pasteles que no vengan de la pastelería?) que todo eso es necesario para la vida o, por lo menos, para la cultura del vivir, inventa para la mujer el planchador automático, la pasta para dulces ya amasada y con levadura puesta, el papel higiénico industrialmente floreado. Mas no por eso se pone ahora la mujer a leer: sigue sin ocuparse de política y la investigación espacial la tiene absolutamente sin cuidado. Falta le hacía el tiempo que ha ganado: por fin se va a poder ocupar de si misma. Y como, según se sabe, no sufre de ansia alguna de cosas espirituales, ocuparse de sí misma quiere decir, naturalmente, ocuparse de su apariencia externa.


El varón, que ama a su mujer y desea por encima de todo la felicidad de ésta, la acompaña también en este estadio: produce para ella el lápiz de labios beso resistente, el make-up lágrima-resistente para los ojos, la permanente doméstica, los volantes inarrugables y la ropa interior one-time, que se usa una vez y se tira. En todo eso sigue teniendo presente el mismo objetivo que termine de una vez, que se satisfagan todas las necesidades vitales «superiores» de la mujer- a la que él cree «más sensible y delicada por naturaleza»- y que la mujer pueda hacer finalmente de su vida lo único que él mismo considera digno de ser vivido: la vida de un varón libre.


Y sigue esperando. Mas como la mujer no se le acerca por sí misma, empieza a atraerla a su mundo: propaga la coeducación en la escuela para presentarle desde niña el estilo de vida del varón. La mete con todos los pretextos imaginables en sus universidades, para iniciarla en los secretos que ha descubierto y con la esperanza de que la visión directa infunda en la mujer la afición a las cosas grandes. Le procura incluso acceso a los más elevados honores, hasta ahora detentados exclusivamente por él (y en esto abandona incluso tradiciones que le son sagradas) y la anima a que ejerza su derecho electoral, para que pueda cambiar según sus ideas el sistema de la administración del estado, inventado por los varones. (Es posible que el varón se prometa incluso la paz por la intervención de la mujer en la política, pues le atribuye un carisma pacificador.)


El varón cumple tan consecuente y tenazmente su supuesta tarea que no se da cuenta de lo ridículo que se pone. Ridículo, por supuesto, según los criterios varoniles, no según los de la mujer: ésta es incapaz de cobrar distancia respecto de los acontecimientos y, por lo tanto, carece totalmente de sentido del humor.

No, las mujeres no se ríen de los hombres. A lo sumo se enfadarán un día con ellos. Las viejas fachadas con que disimulan su renuncia a toda existencia espiritual -el cuidado de la casa, el de los niños- no manifiestan aún suficientemente su ruina como para no ser ya capaces de justificar, al menos pro forma, el abandono prematuro de la universidad por las jóvenes y su renuncia a las profesiones más ambiciosas. Pero ¿qué ocurrirá cuando el trabajo doméstico se automatice todavía más, cuando realmente haya suficientes escuelas maternales y parvularios de buena calidad, o cuando los varones descubran -y ya hace tiempo que podrían haberlo descubierto- que los niños no son en absoluto necesarios para vivir?

(Insisto, Esther Vilar, "El varón domado") Aunque veo perfectamente reflejado al varón español progreta en este ridículo planteado por la Sra. Vilar.

Esther Vilar, ciudadana alemana nacida en 1935 en la Argentina que, tras recibir el título de médico, viajó a Alemania. Comenzó a trabajar en un hospital de provincia, lo que le dejaba mucho tiempo libre para leer. Surgió así una vocación por la escritura que no tardaría en desplazar a su primera profesión. A los 35 años, Vilar se tomó entonces un año libre para escribir. El resultado fue el libro de la polémica.

`Estaba harta de esa lucha de las feministas contra los hombres`, dijo Vilar. `Alguien tenía que levantar la voz por ellos`, añadió, perpleja por lo que consideraba un cuadro `poco realista` del tema, por la visión `totalitaria y fundamentalista` que exhibía el feminismo. La idea central de su libro es que, contrariamente a lo que la mayoría cree, las mujeres no son sojuzgadas por los hombres, sino que son ellas las que controlan a los hombres, para sacar ventaja de ellos sin que se den cuenta.



`La mujer es una empedernida explotadora que obtiene su bien capital de su mera anatomía`, dice en el libro. `Los hombres han sido acostumbrados y condicionados por las mujeres, en forma no muy diferente a lo que hacía Pavlov con su perro, para convertirse en sus esclavos. En compensación por su trabajo las mujeres les dan a los hombres un uso periódico de sus vaginas`, apunta Vilar en un párrafo crudamente gráfico. En otros pasajes, señala que las mujeres administran los elogios hacia el hombre como otra forma de asegurarse su control.



Maravillosa mujer. Habla claro. Y dice verdad, según creo. Enlace al libro "El varón domado":

004865.zip | Solidfiles
Mujeres y cerebro son incompatibles. Nada mas que decir.
 

Fudivarri

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Lo retiro.

Pero volviendo al símil que hace usted con sus amigas (a ver si nos entendemos): pareciera que una mujer ha de tener formación superior y ser una crack en lo suyo para no ser "una mujer lastre que ha elegido la vía de la prostitución ".
Pues le pareciera mal. Tengo muchas amigas. He puesto el ejemplo de las que me han parecido incontestablemente superiores. No son las que más me gustan. Como tampoco me gustan las putas del twerking. Pero mis gustos no significan nada a escala humana. Las putonas deciden su carrera vital siguiendo la ley del mínimo esfuerzo a base de rentabilizar sus físicos. ¿Hacen mal? Ellas sabrán. No creo que Vilar las criticara, en realidad. Sólo constataba comportamientos universales.
 

Fudivarri

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Pocas mujeres que sean amas de casa al 100% quedan en Occidente hoy en día.
Ni es siempre malo. Conozco algunos casos de verdadero éxito, con hijos excelentemente formados. La mujer extraordinariamente culta e inteligente de la que hablaba es hija precisamente de una de esas mujeres amas de casa que no han hecho otra cosa, desde que se casaron, que educar a sus hijos y cuidar de sus familias. Y el cerebro no lo ha sacado mi amiga de su padre, eso seguro.

Nunca desprecies a quien hace bien el trabajo que ha elegido.
 

Fudivarri

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Dos seres primitivos, un hombre y una mujer, contemplan la luna. La mujer se dice "ahí está eso. Pronto sangraré". El hombre: "Es redonda como el Sol, de su mismo tamaño y sigue su mismo camino hacia poniente. Qué bonita y predecible. Cada 28 días vuelve a estar redonda. Normalmente no brilla tanto, sólo sale de noche para ayudarnos a ver los caminos. A veces no está, ¿tiene miedo y es peligroso moverse de noche? Cambia de forma como el vientre de las mujeres antes de parir. ¿Es una diosa? ¿Está cerca y es pequeña o lejos y es enorme? ¿Nos está viendo a todos? Tengo que hablarlo con los demás a ver qué opinan."
Nadie ha comentado el cuento. Se revela la practicidad de la mujer, no pierde el tiempo urdiendo quimeras.
 

Otsok

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Atentos Spoiler del final de El último americano virgen (1982)

Joder que bajón de escena, pero cruda y real a la vez.

Lo que no te ponen en esa película es que el virgendorito después de ese golpe se convertirá en un destroyer de polifolladas años después, experto en MFH y con buen cash.
 

Fudivarri

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Recuerdo el comentario de un amigo gay tremendamente inteligente y provocador: un auténtico cabronazo al que no le gustan nada las mujeres. Y menos, las lesbianas.

"Lo malo de las mujeres no es que sean feminazis o cariñosas amantes y madres. Lo malo es que son las dos cosas al mismo tiempo, dependiendo del momento de sus hormonas. Lo mismo que cuando das volteretas en la montaña rusa, el Gran Khan, se te tiene que ver el culo".
 

Otsok

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El varón domado, ah, qué recuerdos. Lo habré leído 3 veces y siempre me encabrono de una forma espectacular pero pese a ello hay que darle la razón.
Lo mejor de todo es que ese libro fue como crackear la matrix de la mujer. Nunca la verdad ha sido expuesta con tanta claridad. Es uno de los pocos libros en los que una mujer desenmascara todo el juego femenino, de ahí que fuera criticada hasta la saciedad y casi proscrita.

Es duro de aceptar que el mecanismo vital y las aspiraciones de una mujer son más simples que una ameba, pero así son y así las queremos. Esa franquedad es lo mas valioso del manual de Esther Vilar. Es corto y conciso pero dice verdad tras verdad.

Yo he hablado de estos temas con mujeres y TODAS te niegan todo: es como descubrir a un ladrón ante un jurado, es algo ridículo per se e incluso digno de vergüenza ajena el verlas negarlo todo y después actuar acorde al libro en todas las facetas de su vida. Aún así, los hombres aceptamos este juego. Juego que no tendría nada de malo si ambas partes cumplieran con su parte del contrato, cosa que con el feminazismo es ya imposible.
 

Fudivarri

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Es duro de aceptar que el mecanismo vital y las aspiraciones de una mujer son más simples que una ameba, pero así son y así las queremos.
Una parte importante de la estrategia femenina para darle el máximo valor a su físico es racionarlo. Es pura teoría económica, tan de actualidad: A pesar de que el capital mundial es tres mil veces su PIB, el dinero adquiere valor porque para la masa es escaso.

Un chochete vale tanto más cuanto más racionado tienes el acceso al mismo. Por eso casarse no garantiza follar y el polvo suele salir al final más caro que el de las putas profesionales.
 

lucasgrijander

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El varón domado, ah, qué recuerdos. Lo habré leído 3 veces y siempre me encabrono de una forma espectacular pero pese a ello hay que darle la razón.
Lo mejor de todo es que ese libro fue como crackear la matrix de la mujer. Nunca la verdad ha sido expuesta con tanta claridad. Es uno de los pocos libros en los que una mujer desenmascara todo el juego femenino, de ahí que fuera criticada hasta la saciedad y casi proscrita.

Es duro de aceptar que el mecanismo vital y las aspiraciones de una mujer son más simples que una ameba, pero así son y así las queremos. Esa franquedad es lo mas valioso del manual de Esther Vilar. Es corto y conciso pero dice verdad tras verdad.

Yo he hablado de estos temas con mujeres y TODAS te niegan todo: es como descubrir a un ladrón ante un jurado, es algo ridículo per se e incluso digno de vergüenza ajena el verlas negarlo todo y después actuar acorde al libro en todas las facetas de su vida. Aún así, los hombres aceptamos este juego. Juego que no tendría nada de malo si ambas partes cumplieran con su parte del contrato, cosa que con el feminazismo es ya imposible.

Jamás hay que hablarlo con mujeres. Es como tratar de hacer ver sus contradicciones a un votante de Podemos. Te niegan lo innegable y encima se las dan de superiores morales.
 

PATITOXXL

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Yo he leído ese libro que lo tenía mi madre en casa y la verdad es que generaliza mucho y trata sobre una realidad social distinta a la actual. Hoy día hay mucha lesbiana, muchas más mujeres independientes que en 1978 y que no necesitan que un hombre las mantenga.


No claro, ya las mantiene el estado con el dinero que les roba a los hombres o forzándoles a contratarlas creando normas al respecto.
 
  Es duro pedir pero más duro es robar
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