Este chaval si se merece una casa en condiciones

javierfer

Forero Paco Demier
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Plácido Vales vive en una casa en ruinas, el sofá en el que duerme está rodeado de los puntales que sostienen un techo agrietado y lleno de goteras. / FOTOS:DANIEL MORA

Plácido Vales vive en una casa en ruinas, el sofá en el que duerme está rodeado de los puntales que sostienen un techo agrietado y lleno de goteras. / FOTOS:DANIEL MORA«Solo quiero una casa. Pero aunque cumplo los requisitos, me la deniegan porque dicen que no hay viviendas sociales para todos». Plácido Vales, de 33 años, lleva ocho viviendo entre los escombros de una casa en ruinas de El Natahoyo
EVA FANJULGIJÓN. Lunes, 20 enero 2020, 01:04
«Aquí me ahogo, no aguanto más vivir así. Si no fuera por mis animales, no sé qué sería de mí». Estas palabras expresan la desesperación de Plácido Vales ante la situación que atraviesa. A sus 33 años, lleva ocho en la calle, habitando una casa en ruinas en El Natahoyo. Su vivienda se reduce a dos receptáculos de apenas seis metros cuadrados cada uno, apuntalados para evitar que el techo se venga abajo, algo que a la vista de las grietas y el deterioro de la estructura podría ocurrir en cualquier momento. «Si me echo, me despierto cada poco. No puedo dormir porque tengo miedo a que se me caiga encima, sobre todo cada vez que viene un temporal», explica señalando los puntales que sostienen el techo agrietado justo al lado del sofá donde intenta descansar cada noche.
Comparte el angosto espacio con dos perros y una gata. «Son mi familia». En el interior el aire es irrespirable y la oscuridad casi total. Como no dispone de electricidad, se alumbra con velas. Tampoco hay ventilación ya que, para protegerse del frío, Plácido levantó tabiques y cubrió con maderas los vanos de las antiguas ventanas. La humedad lo impregna todo y crea un ambiente enfermizo. Se ve en lo que queda de las paredes, en el suelo, en los maltrechos enseres... Y empieza a pasarle factura física y psicológica. «No estoy enfermo pero hace tiempo que por las mañanas me encuentro muy mal. Con muchas náuseas y malestar, y muy nervioso», explica. Además, «cuando llueve tengo que poner seis cubos para recoger el agua, que entra por todos lados».
La vida de Plácido no ha sido fácil. «Desde los 14 años he visto mucho», apunta. Trabajó en la construcción, en hostelería y en el sector forestal. «Sé hacer casi de todo», asegura. Pero en el camino tropezó dos veces. Una de ellas acabó en un centro de desintoxicación. La segunda, en la cárcel. Y tiempo después de su salida, aunque rehabilitado, se vio en la calle, «sin nada, ni familia».


Desde entonces vive como 'chupano', una persona sin hogar que se refugia en una infravivienda sin las más mínimas condiciones de salubridad ni seguridad. «No estás tirado en la calle, pero tampoco mejor». Sin embargo, su perfil no es el habitual de las personas sin hogar: no tiene adicciones, ni problemas de salud mental. Es una persona autónoma que cobra el salario social, está empadronada y se ha integrado en el barrio, donde mantiene buena relación con sus vecinos.
Aunque no le resulta fácil, quiere dar a conocer su situación por dos motivos: «la urgente necesidad de salir de este pozo negro» y «que la gente sepa que no soy el único, sino que hay muchos como yo y la mitad se están muriendo en la calle». La suya es la desesperación de una persona que quiere «salir adelante y no puede», del que lucha por alcanzar la orilla y se ve sucumbir a escasos metros de lograrlo. «Solo pido que den viviendas a las personas que las necesitan. Yo he solicitado varias veces una vivienda social de emergencia y aunque cumplo todo los requisitos para tenerla siempre me la deniegan porque dicen que no hay», se queja.
La última negativa del Principado llegó el pasado lunes y fue «un mazazo». «Todos sus informes son favorables, tanto el de la trabajadora social como el de la empresa municipal de la vivienda, como el nuestro», confirma Andrea Vega, de Mar de Niebla, la organización social que le asesora y le apoya. Además, «Plácido es una persona que quiere de verdad salir adelante. Y podría hacerlo, pero necesita una oportunidad». A estas personas «nadie les quiere alquilar un piso. Y sin vivienda es casi imposible encontrar trabajo. Es la pescadilla que se muerde la cola», añade.
Apoyo vecinal


A pesar de todo, «salgo adelante, hay gente muy buena», comenta Plácido agradecido. En los ocho años que lleva en el barrio se ha ganado el cariño de sus vecinos. Muchos lo ven cada día pidiendo a la puerta de un supermercado de la zona. «El sofá me lo dio mi vecina de enfrente. Hasta me ayudó a meterlo en casa. Y la manta me la dejó otra vecina. A veces llego y me encuentro en la puerta una bolsa con ropa o comida para los perros», cuenta. El joven está muy agradecido a la panadería Pan Luis, que cubrió los gastos de las vacunas y el chip de su cachorro. «Es lo mínimo que podemos hacer por él, es un dolor ver a la gente así y cada vez hay más, por desgracia», lamenta la panadera Ana Isabel Cosío.
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Jode que muchas familias españolas están sufriendo para sobrevivir; es muchas veces desesperante buscar un piso.
Y no hay. Ya no hay nada porque los han dado a familias numerosas de fuera, y ayudas mensuales que más de uno quisiera.
 

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"acabó en un centro de desintoxicación. La segunda, en la cárcel. "

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Por mi trabajo he tenido que atender a multitud de casos de este tipo, os diré que nadie esta libre algún día de verse en una situación así, en cualquier momento te puede cambiar la vida completamente, la muerte de tu familia, una enfermedad crónica como es mi caso, caer en las drogas o en el alcohol por tener una mente débil y que encima luego en muchos casos es muy difícil salir si no tienes amigos o familia que te acompañe en esa lucha, cada vez tenemos menos gasto en lo social, cultural y sanidad, todos ellos campos básicos para tener una calidad de vida decente, ahora mismo tenemos dos clases sociales, los remeros (de segunda clase), funciovagos,langostos, empresarios ( primera clase), curiosamente a los de la primera clase nunca les afecta los recortes y cada vez ganan más en calidad de vida, mientras que a los de la segunda clase cada vez se ve reducido su calidad de vida, por cierto ya somos el país del mundo con más desigualdades sociales en la población felicidades, vosotros seguir discutiendo que si la izquierda son rojos, que si la derecha son fachas, el contexto de izquierdas y de derechas fue hace 80 años, ahora ya se trata de crear clases sociales los de primera y los de segunda.
 

Lefador

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Venga no me jodas, yo estuve una temporada en oriente próximo en zulo de edificio que aquí sería declarado estado de ruina, con agujeros en el techo por el que se colaban hasta avispas, lleno de hormigas y cucarachas y antes que yo había vivido un moromierda y había roña de 10 años en la cocina y comida putrefacta detrás de los cajones, se sentía el Africa.

Rasqué las paredes, impermeabilizé el hormigón con pintura especial, puse silicona en el baño, arregle tuberías (salían hasta bichitos marrones parecidos a larvas o algo asqueroso que se movía) con apaños y hasta fundiéndo tapones de plástico a mechero para sellar, tapé agujeros de todas partes, cambié luces, solucioné la falta de cocina con una puta maderita bien colocada y una placa de inducción de 50 lerus... todo poco dinero y trabajo varonil.

En 2 semanas eso era un espacio europeo, higiénico y saludable, ni bichos ni peste ni fugas. Al irme el tipo moro lo flipaba y se pensaba que le pediría que me pagase él a mi, no entendía porqué había hecho todo eso solo para vivir dignamente.

El pintas de la foto es un puto vago, si vive entre la mierda es porque quiere.
 
  Es duro pedir pero más duro es robar
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