El olor a maría duró hasta después de la siesta

Clavisto

Madmaxista
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Ahí están. Son los Beatles. Es 1969 y se han reunido para grabar un nuevo disco, un documental y un par de conciertos en la BBC. La imagen es inmejorable, algo casi fantástico. "¿Pero como puede ser esta calidad?" Mi amigo Cujo dice que fue grabado en formato cine. Y Cujo entiende de estas cosas.

Los Beatles ensayan en los estudios cinematográficos de Twickenham, Inglaterra. Una nave enorme, la 1, la principal. Uno tras otro, cada uno por su cuenta, van llegando dentro del flexible horario fijado. Paul trastea con el bajo. George y Ringo, medio dormidos, le miran sentados sobre la tarima de la batería. De repente algo toma una cierta forma. Ya no son notas al azar, ya es otra cosa. Paul empieza a entonar la voz sobre el riff recién nacido. No dice nada inteligible, "nananananá..." Pero tú que lo estás viendo cincuenta y tres años después en el monitor del ordenador de tu piso en un pueblo de La Mancha reconoces al momento, sin lugar a ninguna duda, que eso que Paul acaba de crear ante tus ojos no es ni más ni menos que "Get back"

¿Qué año era? ¿1985 o 1986? Bueno, tampoco es tan grave. Año arriba, año abajo seguías siendo un niño que hasta hacía nada se entretenía poniendo clicks de Playmobil sobre el plato del tocadiscos de tu padre, ese plato de cuatro velocidades que siempre acababas por poner a 78 revoluciones por minuto. Era una risa tanto para ti como para tus hermanos. Tu padre ya hacía tiempo que pasaba de la música, no le importaba, y de aquel trasto sólo tenías memoria para Luis del Olmo, el tipo aquel que todas las madres oían mientras hacían las cosas de la casa.

Pero una tarde lluviosa llegas del colegio, te aburres y miras por ahí, hasta en el armarito aquel del tocadiscos que tanto te divertía cuando eras más niño. Ya eres casi un hombre, te haces pajas y muy pronto empezarás a fumar y a beber como los grandes. Follar será algo más difícil pero bueno, las pajas están bastante bien. En realidad ya te has hecho unas cuantas con la portada de ese disco de Santana, el "Abraxas" y su negra de grandes tetazas. No se te ocurrió ponerlo en el tocadiscos, desde luego, ¿quien lo haría viendo eso? ¿para qué?

Bien. Tienes doce o trece años, te acabas de hacer otra paja, llueve, no puedes salir de casa y estás aburrido. Tu madre está abajo en la tienda, tu padre trabajando en el bar, tus hermanos pequeños haciendo el gilipollas y los bebés...pues supongo que abajo en la tienda, con mama y la tía. Y entonces, de puro aburrimiento, te da por oír como suenan esos discos y probando entre Elvis, los Stones, Status Quo, The Who, Barrabás, Triana y Serrat acabas por fijarte en los Beatles, mejor en el doble rojo: 1962-1966.

Y aquello fue aún mejor que tocar una teta. O eso imaginé al escuchar "Love me do"


Han pasado treintaiséis años. Ahora soy un hombre que poco a poco va deshaciéndose muy poco derecho desde hace mucho tiempo. La vida ha sido muy diferente a como la imaginé cuando era un niño. No todo ha sido responsabilidad mía, no, eso os lo puedo asegurar. Si en verdad hay Dios tengo muy buenas cartas bajo la manga. Y si no...pues nada. Hice lo que pude.

Amigos, bandas, mujeres, gustos, obsesiones, han pisado mi camino dejando profunda huella. Pero profundo no significa perenne, al contrario. Ya no hay nada perenne en mi salvo lo obvio, en mi caso todavía mi madre. El resto...

A veces me obceco: "Todavía me gusta esto o lo otro o lo de más allá" Pero la verdad es que ni esas pisadas profundas, profundísimas, las más profundas de todas soportan un análisis sobrio. Sólo bebiendo las reavivo.


Al fin llega John con Yoko. George y Ringo andan acompañando a Paul para sacar "Get back" Está ahí. Acaba de nacer y ya está ahí, casi entera, tal cual será en su esencia. Paul empieza a cantar con palabras inteligibles y John, todavía medio drogado, le pregunta de qué va la letra.

- ¡Y yo qué sé! -responde- ¡Tú sígueme!


- Es increíble como se ve esto, Cujo -le dije a mi amigo.
- Sí. Pero es porque se grabó en formato cine...¿Puedo encenderme un pito de maría, Kufisto? -dijo tras echarle un vistazo a la persiana rota del ventanal del salón que me tiene en penumbra desde hace dos meses.
- Claro.


El olor a maría duró hasta después de mi siesta con todas las ventanas abiertas.


Cuando mañana venga a intentar solucionar mi problema le invitaré a comer y fumaré unas cuantas caladas mientras vemos a los últimos Beatles con otra botella de whisky a la mano.


Pronto acabarán las largas vacaciones y una vez más no habré sido capaz de escribir algo en condiciones.