El atentado contra Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg el día de su boda en 1906

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Reproduzco a continuación unos artículos recientes acerca del mismo y de su autor material, Mateo Morral, escritos por el periodista Francisco Pérez Abellán.

Mateo Morral: el regicida frustrado no se suicidó - ABC.es



CULTURA / EL SUMARIO DEL ATENTADO CONTRA ALFONSO XIII (I)
Mateo Morral: el regicida frustrado no se suicidó
FRANCISCO PÉREZ ABELLÁNABC_CULTURA / (PERIODISTA Y CRIMINÓLOGO)
Día 30/03/2015 - 15.22h
La gran mentira del mayor atentado contra la Monarquía: una foto para la historia. La pistola Browning que se le atribuye no pudo hacer el agujero de bala que le produjo la muerte
Mateo Morral: el regicida frustrado no se suicidó
ABC
Mateo Morral, con el disparo en el pecho que no pudo hacerse él mismo. No es a quemarropa
En todos los libros de historia dicen que el anarquista Mateo Morral, que intentó matar a Alfonso XIII y a María Victoria de Battenberg en la calle Mayor el día de su boda, acabó suicidándose. Ahora, unas fotos excepcionales del sumario judicial, nunca antes difundidas, han sido objeto de un profundo estudio científico que muestra una realidad completamente diferente: Morral no se suicidó con una pistola Browning que, supuestamente, llevaba oculta como cuentan los manuales. Este hallazgo histórico forma parte de la iniciativa para impulsar la investigación, en colaboración con la Universidad Antonio de Nebrija.

De las cuatro fotografías que aporta la ciencia forense al sumario 220/1906, una de ellas muestra el tórax desnudo del asesino con la camisa abierta que deja ver un agujero de bala muy marcado y redondo. La autopsia fue realizada en la Clínica del Hospital del Buen Suceso de Madrid el día 4 de junio de 1906. El doctor José Manuel Reverte Coma, padre de la antropología forense en nuestro país, la recoge en un glosario de su museo de paleopatología y criminalística.

Dice literalmente: «Cadáver de hombre que representa tener de 24 a 26 años, moreno, con el pelo negro, formando en la región frontal un tupé de grandes dimensiones, con la barba crecida y el bigote al parecer recientemente cortado con tijeras. Viste traje de tela azul, teniendo desabrochada la blusa. Lleva puestos calcetines color café y alpargatas nuevas, de tela verde, ojetes dorados y planta de cáñamo. En el centro del tórax presenta una herida penetrante, al parecer de arma de fuego, con orificio de entrada de centímetro y medio aproximadamente de diámetro. Los bordes de un color negruzco como de quemadura de pólvora. De esta herida se desprende pequeña cantidad de sangre ya coagulada que corre a lo largo del pecho. La camisa está manchada de sangre. En el dedo medio de la mano derecha y en la parte izquierda de la primera falange, hay una pequeña erosión, al parecer no reciente. En el pómulo puede verse una equimosis; en la frente una pequeña erosión; otra de mayores dimensiones en el labio inferior, próxima a la barbilla. Los ojos los tiene entreabiertos.»

El impacto mortal, que es muy redondo y desprovisto de los residuos de disparo característicos, en apreciación de los expertos, después de pruebas de laboratorio, debió realizarse a más de metro y medio de distancia, lo que elimina totalmente la posibilidad de un suicidio. Y no se compadece con la descripción sumarial de los hechos: «Sacando una pistola disparó contra el guarda y acto continuo volvió el arma hacia sí quedando ambos muertos en el acto». En el caso de Morral, si el disparo hubiera sido suicida se habría hecho a bocajarro (cañón tocante) por seguridad en la acción, o, en todo caso, a quemarropa. Esto último también se descarta porque se observa con claridad que la ropa no está quemada. Dice el sumario que se mató con una Browning, pero esta pistola no hace un agujero de ese tamaño. La muerte del anarquista impidió que se supiera quién había detrás.

La herida, según se observa en la foto, carece del llamado anillo de Fisch compuesto por el «collarete erosivo» y el taraceo de la corona de pólvora quemada que se forma en los impactos de disparo desde muy cerca. Esto es especialmente visible en los que se hacen apoyando el cañón en la piel.

Al frente de la investigación que lo ha descubierto se cuenta con un comité de expertos encabezado por la ilustre doctora en Medicina Legal y Forense María del Mar Robledo Acinas, por el criminalista Javier Durán con más de veinte años de experiencia en laboratorio de policía científica y con José Romero Tamaral, uno de los grandes investigadores de la policía de todos los tiempos, hoy abogado en ejercicio, profesor universitario de Investigación Criminal y policía que resolvió el caso Urquijo, que han estudiado las fotos y la información específica que contiene el sumario 220/1906.

La doctora, la primera vez que vio los efectos de prueba, fue muy espontánea y clarividente: «Esta no es la foto de un suicida. La lesión no es compatible con un suicidio». Inmediatamente aceptó abrir una investigación científica junto a Ioannis Koutsourais, criminalista de reconocido prestigio internacional, para rodearse de argumentos demoledores de ciencia forense. El trabajo de ambos profundiza hoy en el crimen para elaborar un informe que se presentará con todos los honores a su conclusión.

El experto criminalista Durán se fijó en seguida en la rotunda redondez y limpieza de la herida: «No ha sido un suicidio. El disparo vino de lejos», dijo. El profesor de Investigación Criminal, Romero Tamaral, policía durante décadas, con un acreditado olfato en homicidios, tuvo la misma impresión desde el primer momento. Fue lacónico y certero: «No se corresponde con un suicidio».

El 31 de mayo de 1906 en la calle Mayor, a las dos y media de la tarde, todo el desfile nupcial quedó roto, con los caballos abiertos en canal, y los que resultaron ilesos piafando y emprendiendo locas carreras. Numerosas personas resultaron acribilladas por los fragmentos del explosivo, entre ellas un palafrenero, un policía municipal y algunos soldados. Los Reyes resultaron ilesos. La Reina quedó con su vestido manchado de sangre. Alfonso XIII vestía uniforme de gala de capitán general, con la banda de Gran Cruz Roja del Mérito Militar con espuelas de oro, y la novia satén blanco bordado de plata con una tiara de brillantes regalo del prometido.

Investigación superficial
El joven Rey hizo gala de un valor desmedido. Reaccionó con coraje, muy pálido, ordenando que se atendiera a los heridos, demostrando gran serenidad y dominio de la situación. Más tarde diría que «son gajes del oficio». Es la única bomba de la historia envuelta en un ramo de flores. El diario ABC obtuvo, en este decisivo trance para la historia de España, la gran exclusiva de la fotografía del momento preciso en el que se produjo la explosión, firmada por un pariente del escritor Mesonero Romanos. Precisamente un año antes, en este mismo periódico, Azorín había publicado la crónica que relata el también regicidio frustrado contra Alfonso XIII ocurrido en la capital francesa.

El sumario pone de relieve una investigación sospechosamente superficial y mal dirigida contra Morral, Francisco Ferrer Guardia, el de la escuela anarquista de Barcelona, José Nakens Pérez, director de «El Motín», Pedro Mayoral y otros, por regicidio frustrado, cuya relación figura en la primera página. El sumario, del que se encargó el juzgado especial del distrito de Buenavista, encabezado por el juez Manuel del Valle y Llano para esclarecer las responsabilidades del atentado está dividido en «trozos» y no en partes. Desde el «Trozo I» y a lo largo de muchos de sus folios, no se sabe en realidad cómo se llama Morral hasta muy avanzado el procedimiento, aunque es bien conocido por célebres escritores y artistas que se reúnen en la horchatería de la calle Alcalá que el asesino frecuenta. Los papeles judiciales le llaman, indistintamente, Moral, Morrals o Morán.

La historia dice que, empujado por un mal de amores, llevó a cabo el mayor atentado contra la Monarquía y el pueblo de Madrid, que produjo 23 muertos en el acto y más de cien heridos y luego se pegó un tiro en el pecho en Torrejón de Ardoz. La investigación que se ha realizado desvela ahora que hay grandes dosis de falsedad en esta versión, comúnmente admitida.

Pruebas concluyentes
El impacto:
El impacto mortal, desprovisto de los residuos de disparo, debió realizarse a más de metro y medio, lo que elimina totalmente la posibilidad de un suicidio.
El disparo:
Si el disparo que se atribuye a Morral hubiera sido suicida se habría hecho a bocajarro (cañón tocante) por seguridad en la acción, o en todo caso a quemarropa.
La pistola:
Se observa con claridad que la ropa de Morral no está quemada. Dice el sumario que se mató con una Browning, pero esta pistola no hace un agujero de ese tamaño.
La herida:
La herida carece del llamado anillo de Fisch compuesto por el «collarete erosivo» y el taraceo de la corona de pólvora quemada que se forma en los impactos de disparo desde muy cerca.
El sumario:
El sumario, del que se encargó el juzgado especial del distrito de Buenavista, está dividido en «trozos» y no en partes. Los papeles judiciales le llaman, indistintamente, Moral, Morrals o Morán.
La autopsia:
La autopsia fue realizada, en el Hospital del Buen Suceso de Madrid, el 4 de junio de 1906. El doctor José Manuel Reverte Coma, padre de la antropología forense en España, la recoge en un glosario de su museo de paleopatología y criminalística.

Mateo Morral y su trama intentaron matar al Rey en París un año antes - ABC.es

en París un año antes
FRANCISCO PÉREZ ABELLÁNABC_CULTURA / (PERIODISTA Y CRIMINÓLOGO)
Día 01/04/2015 - 18.32h
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Pío Baroja, su hermano Ricardo y Valle-Inclán estuvieron con él antes del crimen. Gozador del sexo sin protección, llevaba suspensorio para la orquitis por su blenorragia
Mateo Morral y su trama intentaron matar al Rey en París un año antes
ABC

Los manuales de historia nos dicen que era una especie de lobo solitario que atentó contra los Reyes por motivos personales, hasta se atreven a afirmar que fue por amor a la compañera de Ferrer, Soledad Villafranca, que verdaderamente era una real hembra, después de haberlo tildado de misógino e introvertido, y lo retratan empujado por su romanticismo a ultranza. Nada más lejos de la realidad. En lugar de ser un solitario misógino es un gozador de sexo sin protección alguna al que le transmiten una blenorragia galopante.

Lejos de ser un romántico es un dinamitero profesional que trasciende el mero teórico partidario de la dinamita que firma su amenaza contra el rey en el Retiro precisamente así: «Un irredento. Dinamita». Mateo Morral es un asesino que gasta suspensorio porque sufre de orquitis: inflamación de los testículos. Así lo describe el sumario, tan poco leído, según dictamen del médico que hizo el reconocimiento del cadáver en Torrejón antes de enviarlo a Madrid: «En los órganos genitales manifiesta padecer blenorragia y con un suspensorio como preservativo de la orquitis».

El supuesto Morral místico y misógino, según certifica el sumario, lleva en su equipaje una jeringa y medicación para tratarse la enfermedad venérea, con permanganato para lavajes. Se le define como un anarquista «neo-malthusiano» enemigo de la procreación «para que la sociedad no tenga soldados, obreros ni criados», pero en realidad se trata de un sujeto que practica sexo sin precaución.

Morral cometió el atentado en Madrid contra los Reyes un año después de que en París intentara matar a Alfonso XIII, precisamente también el 31 de mayo con una bomba Orsini facturada por él mismo desde Barcelona. El sumario contiene documentos que permiten las pruebas científicas para demostrar que Morral fue asesinado. El anarquista actuó con una cordada de apoyo que no fue descubierta y, posiblemente, fue asesinado por sus compañeros con el fin de taparle la boca. De esa forma nunca se sabría quién estaba de verdad intentando matar al Rey de forma tan persistente.

Pertenecía a una cédula férreamente organizada y jerarquizada con intereses muy concretos de derribar la Monarquía en la que era el experto en explosivos, como certifica el libro publicado por él mismo «Pensamiento revolucionario», un ejemplar del cual figura adjunto al sumario, en el que él añade la descripción minuciosa de cómo debe fabricarse un explosivo. El sumario presenta a este fabricante de bombas yendo a comer al restaurante francés y al Retiro a escribir la amenaza contra Alfonso XIII en un árbol, días antes del atentado en la calle Mayor, y siempre acompañado por otros.

También con frecuentes visitas al café y horchatería Candelas de la calle Alcalá en el edificio de La Equitativa, frente a la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde se reúnen los escritores modernistas y donde junto a sus acompañantes coincide, tal vez con la intención de crearse una coartada, con los hermanos Baroja, según cuenta Ramón Gómez de la Serna, y con Ramón María del Valle-Inclán, el segundo gran manco de la literatura española.

Pío Baroja y Valle-Inclán
Nos enteramos por el sumario 220/1906, por mediación de María Buendía, de 44 años, la sirvienta de la casa, que Morral «se acostaba diariamente de diez a once de la noche y se levantaba a igual hora del día». Un sumario riguroso habría contenido la investigación a Pío Baroja, su hermano Ricardo, y Valle-Inclán, puesto que trataron a Morral en su ambiente. Ricardo Baroja y Valle-Inclán incluso estuvieron con él la víspera del atentado. Pío, envalentonado de utopía, habría de afirmar «que era el único joven que ha habido en España desde hace tiempo», lo que suena a elogio épico y le valió a su autor acusaciones de solidaridad con el terrorismo. Valle le dedicaría a Morral versos que exaltan un falso perfil romántico.

El 26 de mayo, cuatro días antes de la gran matanza antimonárquica, Mateo Morral escribió en un árbol del Retiro una inscripción anunciando el atentado contra SS.MM. No se llevaron a cabo gestiones suficientes para encontrar a su cómplice. Escrito en el árbol queda: «Ejecutado será Alfonso XIII el día de su enlace. Un irredento. Dinamita».

Un testigo presencial, Vicente García Ruipérez, domiciliado en la calle Castelló, 7, vio a dos hombres que andaban cogidos del brazo y que se sentaron de espaldas al paseo enfrentados al árbol. Uno de ellos, Morral, según luego pudo identificar, se quitó un sombrero Frégoli que llevaba (el Frégoli era un tipo de sombrero que usaba un transformista muy famoso) y lo dejó en el banco. Su compañero llevaba gorra japonesa y no se la quitó.

El desconocido es, sin duda, miembro de la misma cédula asesina de Morral, alias «Dinamita». Según el testigo se trata de: «Un hombre de menor estatura que Morral, de igual corpulencia, de más edad y de bigote negro».

Según la investigación judicial, José Nakens, director de El Motín, que ya había ayudado al asesino Angiolillo que mató a Cánovas, dió alojo a Morral después del atentado, sabiendo que era el criminal más perseguido. Resulta patético el intento de algunos medios de presentar a Nakens como un buen samaritano. Uno de ellos llega a titular a cinco columnas en primera página: «El delincuente honrado». Nakens escribe una carta pública dejando ver que su formación moral le impedía delatar al asesino.

Morral no se suicidó
El arma que se dice que portaba Mateo Morral no se acredita en el sumario. Se menciona que encontraron una Browning, sin precisar qué tipo. Pero sólo podía ser uno de estos dos modelos: la Browning 1900 ó la 1903. Una de ellas calibre 7,65 y la otra de 9 mm. Morral no se suicidó porque ninguna de estas dos armas, únicas posibles que se le pueden atribuir de esa marca, hace orificios como el que le mató.

El conde de Romanones lo describe así: «La bala le había dejado un pequeño orificio perfectamente limpio en el pecho; su rostro juvenil y exento de los estigmas del criminal nato, mostraba completa placidez; sus manos cuidadas y pulidas denotaban al hombre de condición acomodada». Es muy curioso lo que el historiador puede considerar «un pequeño orificio»: un agujero de un centímetro y medio de diámetro, que es casi el cráter de un obús.

Durante más de un siglo todo el mundo se ha tragado la falsedad de que llamó desesperado al despacho de Nakens, cuando lo más probable es que estuviera en concierto con él. La tela de araña se amplía y los personajes se insertan en una conspiración contra la Corona. El siguiente escalón era Francisco Ferrer, que acogió a Morral en su escuela y lo tenía empleado de bibliotecario. Según el sumario, mandó dinero para sufragar sus gastos en un cheque a Nakens.

Todo esto no era más que un acto de frío cinismo. Nakens formaba parte de la trama contra el Rey y la Monarquía, como Ferrer i Guardia y los desconocidos que se vieron con Morral, le acompañaron a escribir la machada de la amenaza al Rey en el Retiro, comían con él en el restaurante francés y le apoyaron en la comisión del ominoso crimen contra el pueblo de Madrid.
El asesinato de Mateo Morral impidió conocer la trama oculta - ABC.es

El asesinato de Mateo Morral impidió conocer la trama oculta
POR FRANCISCO PÉREZ ABELLÁNABC_CULTURA / (PERIODISTA Y CRIMINÓLOGO)
Día 31/03/2015 - 15.40h
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El sumario omitió lo más importante: era imposible que se hubiera suicidado
El asesinato de Mateo Morral impidió conocer la trama oculta
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Como se muestra en la imagen del cadáver de Mateo Morral, su ropa no resultó quemada tras el disparo, por lo que se descarta el suicidio
La verdad conocida ahora sobre el anarquista Mateo Morral es que la foto principal del sumario demuestra que lo mataron y no se suicidó. Está en contra el testimonio de los dueños del ventorro en el que sucedieron los hechos, pero la evidencia destruye sus palabras. No se sabe por qué dijeron que habían visto lo que no vieron. Aunque lo importante es que la prueba criminalística establece que no dijeron la verdad.

Morral, de 26 años y soltero, según consta en el sumario judicial, llegó a Madrid desde Barcelona el 21 de mayo de 1906 y se alojó en el Hotel Iberia (Arenal, 2), ocupando el cuarto 27, que da a la calle de Tetuán. Es descrito por los testigos como «alto, muy moreno, bigote fino y muy delgado». Más tarde se traslada al número 88 (hoy 84) de la calle Mayor, cuarto piso, segundo balcón, según se mira empezando por la izquierda, desde el que arrojó la bomba.

El sumario se pierde en vericuetos y gasta un enorme esfuerzo en determinar en qué tienda compró Morral un paraguas en la calle del Carmen, también en saber si unos vendedores ambulantes le vendieron unos pañuelos moqueros o en qué ferretería compró una caja de caudales: «Juzgado de Instrucción de Huete. Año de 1906. Diligencias instruidas en este juzgado y escribanía única del actuario don Gervasio Gómez Beltrán, referentes a averiguar la certeza de que el anarquista Mateo Morral compró después de cometer el horrible atentado del 31 de mayo de 1906 contra SS.MM dos pañuelos moqueros en el pueblo de Daganzo, próximo a Torrejón de Ardoz, a unos comerciantes ambulantes».

Asimismo se empeña, de forma chocante, en que presten testimonio unos peritos peluqueros para determinar si el bigote de Morral fue recortado a tijera o no, pero tiene una curiosidad muy limitada por el arma de la muerte a la que se alude simplemente como «una Browning» y se solicita indagar «en qué comercio» la compró Morral.

Por el contrario, el líquido que bañó las flores del ramo que ocultaba la bomba fue ampliamente investigado: «Aspectos macroscópicos, olor, sedimento, cloruros y componentes cálcicos, microscopio y sedimento tras su tinción: todo ello sólo sirvió para comprobar que se trataba únicamente de un poco de agua con restos vegetales». Todo esto aparta la investigación de su línea principal: descubrir quién o quiénes cometieron el atentado, cómo lo hicieron y por qué. El impulso central se deriva caprichosamente y acaba impregnando de forma tangencial a presuntos cómplices y encubridores que, incluso, acabarán siendo indultados.

Nadie lo ha investigado
En 108 años nadie ha estudiado minuciosamente el sumario por el atentado contra Sus Majestades los Reyes Alfonso XIII y su esposa María Victoria de Battenberg. Pasadas las dos de la tarde, el anarquista arrojó una bomba «Orsini» a la que también le dicen «corbeille» o de cesta, desde el cuarto piso (quinto, porque tiene entresuelo) de un edificio todavía gloriosamente en pie en cuyos bajos se abre Casa Ciriaco, restaurante famoso por la gallina en pepitoria y la perdiz con judiones. Al tocar el suelo, la dinamita produjo una gran explosión.

Desde el principio se dio por buena la versión de los dueños del ventorro de Torrejón en el que apareció Morral tres días después del crimen, el matrimonio formado por Genaro Chamorro Méndez y Fermina Treissaz Gómez. La esposa era de familia francesa, pero nacida en Loeches. Bajita, gruesa, de carácter inteligente, que da una versión en el periódico y otra en el juzgado, no necesariamente compatibles.

Sin embargo, las fotos aportadas por la ciencia forense y publicadas ahora por ABC despejan cualquier duda. Dos de las cuatro imágenes que el médico añade de Morral, con el cadáver en distintas posiciones, incluso simulando como si estuviera vivo leyendo un libro, han sido básicas para analizar el misterio. La herida indica que el disparo se produjo a una distancia incompatible con un autodisparo, lo cual determina que se trata de una muerte homicida. Lo que impidió que hablara sobre las razones que le llevaron al asesinato en masa, así como de los cómplices o inductores.

En Torrejón de Ardoz el médico titular, Don Joaquín Moreno, dice: «El cadáver presenta una herida de arma de fuego en la región anterior del tórax y borde external derecho y otra en el borde inferior del homóplato (sic) izquierdo que manifestaba ser orificio de salida del proyectil y el de entrada en dicha región external…».

En el sumario se conserva una diligencia del gobernador civil: «En cumplimiento de lo ordenado interesando averiguar en qué establecimiento de esta corte fue adquirida la pistola ‘Browning’ encontrada a Mateo Morral en Torrejón de Ardoz, tengo el honor de significar a VS que las gestiones producidas con ese objeto han sido infructuosas, habiéndose podido averiguar únicamente que la pistola de ese sistema procede de la fábrica Nacional Herstal establecida en Lieja, Bélgica, en cuyas oficinas de exportación debe figurar la salida de dicha arma y a qué casa comercial fue remitida».

En el sumario no hay ningún informe minucioso de la pistola que se le atribuye a Morral. Y resulta poco verosímil que caminando cincuenta pasos por delante del guarda que lo captura se volviera y lo matara de un tiro en la boca, desde muy cerca, para después distanciarse veinte pasos y acabar con su propia vida.

El juzgado de Alcalá de Henares insiste con detalles muy dudosos: «Al conducirlo al cuartel G. Civil de Torrejón de Ardoz unos cincuenta pasos delante y volviéndose instantáneamente disparó un tiro con pistola contra el guarda dejándole muerto en el acto y retirándose unos veinte pasos el presunto anarquista se disparó un tiro en la región external, en este momento y aún con vida se acercó a un caminero al que también hizo intención de disparar».

El sumario dice que, después de arrojar la bomba y mientras los caballos sufrían convulsiones heridos en la panza, el palafrenero se desangraba a los pies de la reina, los soldados morían como muñecos reventados y el público sufría enormes heridas o moría en el acto, Morral bajó corriendo las escaleras y dijo a los vecinos que se encontró que iba a enterarse de lo que pasaba.

Morral en el ventorro pidió una tortilla francesa de tres huevos, una tajada de bacalao frito, un panecillo y un cuartillo de vino en jarra. Era el dos de junio. La dueña del ventorro pensó que se trataba del asesino huido y se lo dijo a su marido, que en seguida fue a dar aviso a la Guardia Civil. Mientras apareció un guarda de un soto cercano, Fructuoso Vega, un gigante rubio de ojos zarcos, armado con una Remington al que rápidamente pusieron sobre aviso. Dirigiéndose a Morral le pidió que le acompañase al cuartelillo. Fermina afirma que cuando miró para el lugar vio al guarda tendido junto a una gravera y que pudo observar cómo Mateo Morral se adentraba en el sembrado y a veinte pasos, según dice, se acercó la pistola que llevaba al pecho y dios dos traspiés vacilantes hasta que cayó al suelo donde quedó tendido.

Los expertos en balística que han estudiado en pleno siglo XXI este crimen del XIX dicen que, en realidad, debió morir por el disparo de un arma con munición de mayor empaque, un revólver o una carabina winchester, ambos del calibre 40 (11mm), con preferencias por el arma larga.

Así pues, todo parece indicar que Morral no se suicidó, sino que fue liquidado por sus cómplices para borrar todas las huellas que condujeran a los autores intelectuales del sangriento atentado. Una conjura en la que habrían estado implicados en mayor o menor grado Francisco Ferrer Guardia, Alejandro Lerroux, el periodista y agitador anticlerical José Nakens Pérez, Nicolás Estévanez ministro de la guerra durante el gobierno de Francisco Pi i Margall e incluso puede que Ramón María del Valle-Inclán y los hermanos Pío y Ricardo Baroja (los cuales se sabe y admitieron que conocieron personalmente al terrorista).





Hay que señalar que como venía siendo su costumbre, los cabecillas y voceros del anarquismo negaron enfáticamente toda relación con el crimen, al mismo tiempo que lo justificaban y loaban encendidamente a su autor material, en algunos casos llegando a reivindicarlo para sí.

El periódico Les Temps Nouveaux, órgano del movimiento en París, justificó el atentado al tiempo que denunciaba la pasividad de los trabajadores frente a la opresión que sufrían. “Sois esclavos, pero os creéis libres”. La publicación aseguraba que el atentado de Morral fue un verdadero triunfo, aunque el rey saliera ileso, porque logró ensangrentar la fiesta real, a costa de los trabajadores que acudieron a aplaudir el cortejo: “Si en el espíritu popular no hubieran existido bastantes gérmenes de servilismo para ir a contemplarlos, la cabalgata no se hubiera organizado, pues no tenía ésta por objeto más que deslumbrar a los papanatas que como es sabido, son siempre el mayor número”.

“Nadie pensaba que a la inmensa bacanal de un pueblo ebrio de sumisión, pudiera alguien juntar su estrofa de rebeldía. Nadie absolutamente dudaba ante la algazara general que un descontento turbara la fiesta, cambiando las risotadas en temblor de espanto. Nosotros no dormíamos, esperando burlar todas las previsiones […] Se trataba sirviéndonos de un lugar común de aguar la fiesta y fue ensangrentada sobrepasando toda esperanza. Contra toda la fanfarronada desplegada ese día, nuestra acción se afirma valiente y épica”, añadía el artículo de anónimos redactores.
No hay palabras para describir la repugnancia que me inspira la anterior parrafada.

Sólo reseñar que todos los cómplices del bárbaro crimen eran de extracción netamente burguesa. El propio Mateo Morral era hijo del dueño de una fábrica textil en Sabadell, lo cual había permitido a su papaíto pagarle los estudios en el extranjero.

El hombre de la bomba

Tres años después del frustrado magnicido tendrían lugar los sangrientos sucesos de la Semana Trágica en Barcelona, por los que Ferrer y Guardia sería hallado culpable de ser su instigador, condenado a muerte y fusilado en el castillo de Montjuïc. La masonería europea se movilizó contra el gobierno de España, proclamando a Ferrer un mártir de la causa de la libertad y la razón frente a la tiranía y el oscurantismo. El Partido Liberal haría causa común con las fuerzas de oposición al régimen, con republicanos, anarquistas, socialistas, para lograr la caída del gobierno conservador de Antonio Maura. Ese fue el comienzo de la crisis política que terminaría definitivamente echando por tierra el sistema de la Restauración, que ya había quedado seriamente tocado por el desastre de 1898.
 

Jack.Ripper

Himbersor
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Aunque la conclusion choca..Tenia que ser una conspiracion-por supuesto-la que echara por tierra el sistema de la restauracion,y no su corrupcion e inutilidad extremas.
 
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Aunque la conclusion choca..Tenia que ser una conspiracion-por supuesto-la que echara por tierra el sistema de la restauracion,y no su corrupcion e inutilidad extremas.

Comparado con otros regímenes anteriores y posteriores que padeció España fue un modelo de estabilidad y buen gobierno.
 

Kozak

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Aunque la conclusion choca..Tenia que ser una conspiracion-por supuesto-la que echara por tierra el sistema de la restauracion,y no su corrupcion e inutilidad extremas.
Rara vez es la corrupción e inoperancia de un Gobierno la que lo lleva a la ruina, casi siempre son causas externas o conspiraciones internas. Eso y la mano blanda con sus enemigos.
 

Jack.Ripper

Himbersor
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Comparado con otros regímenes anteriores y posteriores que padeció España fue un modelo de estabilidad y buen gobierno.
De estabilidad no cabe duda.De buen gobierno tampoco de que no.Era un sistema caciquil, corrupto y de pucherazo.Tercermundismo puro.

---------- Post added 20-abr-2015 at 20:29 ----------

Rara vez es la corrupción e inoperancia de un Gobierno la que lo lleva a la ruina, casi siempre son causas externas o conspiraciones internas. Eso y la mano blanda con sus enemigos.
La corrupcion provoca la pobredumbre del sistema(y todos los sistemas tienen enemigos).Despues solo falta un empujon para que se derrumbe,o como decia Napoleon,ni eso.Cae de consuncion senil.
 
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Recordemos que sólo dos años después del atentado de la Calle Mayor el rey Carlos I de Portugal y el príncipe heredero, Luis Felipe, fueron asesinados por pistoleros republicanos. Los dos regicidas fueron oportunamente liquidados en el acto por la policía, haciendo inútil la investigación para hallar a los inductores del mismo.
El último rey de Portugal, Manuel II (el cual se salvó por los pelos del atentado), pudo reinar sólo dos años hasta que en 1910 fue destronado por un golpe militar republicano.
 
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No era un reloj de bolsillo, sino de pared. Con una placa dedicatoria. Un objeto muy valioso.

La última vez que supe de él estaba en el palacio de la Diputación de mi provincia, pero estos últimos años ha desaparecido de la vista. Y por otras cosas que me han contado, sospecho que puede haber desaparecido también del inventario. Romanones los hay en todas partes.
 
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Lo que más me ha chocado de esta historia es la presunta implicación de los Baroja y de Valle-Inclán. No es que se les acuse directamente de haber estado involucrados, pero sí de que sabían mucho y se lo callaron. Lo poco que contaron, con ánimo autoexculpatorio, lo dijeron cuando sabían que no tendría repercusiones. Así que eran cuanto menos sospechosos de encubrimiento.

Cuentan que Pío Baroja se largó pitando a Londres, alojándose en casa de Tarrida del Mármol, otro terrorista ácrata catalán, implicado en el atentado del Liceo.

Algo que saco en limpio de esta historia es que es cierto que el régimen de la Restauración estaba carcomido, pero la razón es que se encontraba infiltrado hasta el tuétano por traidores y quintacolumnistas en contubernio con los terroristas.

---------- Post added 20-abr-2015 at 15:46 ----------

Por cierto, hubo un testigo que vio antes del atentado a Mateo Morral, acompañado por otro individuo no identificado, en el parque del Retiro en donde dejó el siguiente mensaje grabado en un árbol:



---------- Post added 20-abr-2015 at 15:51 ----------

Otra fotografía tomada en el momento de la explosión:

 
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SARC_borrado

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Antes los masones conspiraban para liquidar la monarquía.
Hoy los reyes masones conspiran para liquidar España.
 
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