Cuentos sociopolíticos: Las ranas en la cazuela.

PROBLANCO

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Érase una vez un cocinero que decidió preparar su plato favorito: ancas de rana. Echó en una cazuela agua y la puso sobre el fuego de la cocina. Cuando el agua empezó a estar templada, echó dentro varias ranas vivas. El agua estaba al principio a la temperatura óptima, así que las ranas se encontraban muy a gusto. Pensaban que estaban en una piscina, o en unas fuentes termales.

Pero el fuego iba calentando la cazuela, por lo que la temperatura del agua iba subiendo. Algunas ranas enseguida se dieron cuenta del peligro y saltaron afuera, mientras que las demás se quedaron dentro, disfrutando de la agradable temperatura del agua. Las que se habían salido intentaron convencer a las que se habían quedado dentro para que se salieran, pero no tuvieron éxito. La conversación que se produjo fue algo como:

- ¡No es una piscina, sino una cazuela para cocinar! ¡Salid o quedaréis cocidas!.
- ¡Callaos, fascistas, racistas, nazis!.

Las ranas de afuera hicieron fotos de la cazuela y del cocinero e intentaron enseñárselas a las ranas de dentro, para que vieran la verdad, pero no querían escuchar:

- ¡Qué asco de fascistas y de neonazis! Deberían prohibiros y meteros en la cárcel.

La temperatura del agua seguía subiendo, y las ranas de dentro empezaban a estar intranquilas, pero todavía se estaba tan a gustito, que prefirieron ignorar la subida de temperatura y siguieron retozando en el agua.

El cocinero tenía mucha experiencia cocinando ranas, y conocía muy bien su psicología y comportamiento. Sabía que la cualidad más importante a considerar para tener éxito en cocinarlas era que la cazuela tenía que estar a fuego lento, para que el incremento de la temperatura se produjera despacio, y a las ranas las diera tiempo a adaptarse, a acostumbrarse a la nueva temperatura. Sin prisa, pero sin pausa. Si el fuego hubiera sido más intenso, la temperatura habría subido demasiado deprisa, por lo que las ranas se habrían asustado y habrían saltado escapando de la cazuela. El cocinero también podría haber puesto la tapa desde el principio, pero en ese caso, las ranas se habrían asustado y habrían saltado contra la tapa para escapar, hiriéndose y ensuciándolo todo, y la cocción saldría peor, más sucia, y el plato se degustaría luego peor. Por eso, el cocinero prefería el método del fuego lento y que las ranas voluntariamente se quedaran dentro sin intentar escapar.

Al cabo de un rato, la temperatura ya había subido mucho. Además, el cocinero había echado dentro de la cazuela unos curiosos inmigrantes: Ajo, cebolla y perejil, para enriquecer gustativamente el plato culinario que estaba preparando. Sin embargo, a las ranas no les gustaron estos nuevos visitantes, pues con el calor comenzaron a desprender un jugo y un olor que les producían náuseas, por lo que la mayoría de las ranas no paraban de quejarse:

- ¡Qué asco! ¡Cómo echo de menos la piscina de hace un rato, calentita pero sin pasarse, toda para nosotras, sin estos visitantes indeseables, que han venido. A ver si se van.
- Esos visitantes no “han venido” y no se van a ir, sino que el cocinero los ha metido con toda la intención para mezclarlo con vosotros. ¡Dejad de quejaos y saltad, rápido, antes de que sea demasiado tarde!.

- ¡Callaos de una vez, putos racistas de mierda!
- OK, disfrutad de vuestra “piscina” y del ajo, cebolla y perejil.


Llegó un momento en el que el calor era tan grande y el agua y el aire estaba tan lleno del jugo de ajo, cebolla y perejil, que el ambiente se había vuelto irrespirable y el agua estaba ya quemando. Las ranas decidieron escapar de una vez, al ser conscientes al fin del peligro. En realidad, siempre habían sido conscientes de él, pero se estaban autoengañando, por su cobardía a mirar la fea realidad de frente, y por su hedonismo, que las hacía preferir estar en su “piscina” de agua caliente al sobrio y frío ambiente exterior.

Pero entonces se dieron cuenta de que tenían los músculos de las patas agarrotados por el calor, y que apenas podían moverse, por lo que no pudieron saltar, y murieron cocidas. El cocinero había ganado. En cambio, las ranas de afuera seguían vivitas y coleando. Se había hecho justicia.
 
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Érase una vez un cocinero que decidió preparar su plato favorito: ancas de rana. Echó en una cazuela agua y la puso sobre el fuego de la cocina. Cuando el agua empezó a estar templada, echó dentro varias ranas vivas. El agua estaba al principio a la temperatura óptima, así que las ranas se encontraban muy a gusto. Pensaban que estaban en una piscina, o en unas fuentes termales.

Pero el fuego iba calentando la cazuela, por lo que la temperatura del agua iba subiendo. Algunas ranas enseguida se dieron cuenta del peligro y saltaron afuera, mientras que las demás se quedaron dentro, disfrutando de la agradable temperatura del agua. Las que se habían salido intentaron convencer a las que se habían quedado dentro para que se salieran, pero no tuvieron éxito. La conversación que se produjo fue algo como:

- ¡No es una piscina, sino una cazuela para cocinar! ¡Salid o quedaréis cocidas!.
- ¡Callaos, fascistas, racistas, nazis!.
Aquí he parado de leer... por un momento creí que aportarías algo al foro y hablarías de economía, recortes sociales, falta de democracia real, o simplemente de la pérdida de soebranía nacional... pero no... sigues monotemático...
 

PROBLANCO

Madmaxista
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"Nuestra causa", por el Dr. William Pierce

Dejadme que os cuente una pequeña anécdota que creo que ilustra nuestro problema. Hace varios años dí una charla a una clase de un instituto privado de Maryland. Era la Indian Spring Friend's School, gestionada por los cuáqueros, pero con un cuerpo estudiantil al parecer aproximadamente dividido por igual entre judíos y gentiles, más unos cuantos negros simbólicamente dispersos por aquí y por allá. Durante toda mi charla una chica rubia y el único 'negro' de la clase estuvieron sentados juntos en primera fila, besándose y manoseándose, en un esfuerzo obviamente planificado de distraerme.

El tema de mi conferencia era la importancia de que los americanos blancos desarrollaran un sentido de identidad racial y de orgullo racial, si es que queríamos sobrevivir. Cuando acabé, un estudiante blanco de unos 17 años se levantó para hacer la primera pregunta. Su pregunta fue «¿Qué le hace pensar que sea tan importante que la raza blanca sobreviva?»

Me quedé atónito y sin palabras. Y mientras yo estaba ahí de pie con la boca abierta, saltó de pronto un joven judío y le dió su propia respuesta: «No hay ninguna buena razón en absoluto para que los blancos sobrevivan,» anunció el judío, «porque no han aportado nada a la raza humana, excepto el conocimiento de cómo matar gente. Las demás razas han aportado todo lo que merece la pena, todo lo que permite a la gente ser más feliz y vivir más cómodamente». Y a continuación recitó de corrido una lista de cinco o seis nombres: Freud, Einstein, Salk, y unos cuantos más -todos judíos-. Entonces le pregunté si también él era judío y con toda la arrogancia y desprecio de que pudo reunir replicó: «¡Sí, lo soy, y estoy orgulloso de ello!». En ese momento la clase en pleno se levantó, incluídos los blancos, y puestos en pie le dedicaron una ovación al joven judío. Al fondo del aula el profesor sonreía de oreja a oreja.

Ni que decir tiene que mi conferencia en aquella clase fue un notable desperdicio. Los chavales blancos de allí habían sido sometidos a tamaña intimidación moral, habían sido tan imbuidos de culpa racial y auto-odio, y les habían retorcido de tal modo la mente, que dudo mucho que nadie pudiera ya enderezarlas. Por cierto que en una hora no podría nadie.

Pero lo que más preocupado me dejó, más incluso que la falsa culpa racial colectiva que les había sido imbuida a estos chicos y chicas, fue mi incapacidad de responder a la pregunta del joven blanco. ¿Por qué deberíamos sobrevivir? Ésta es una de esas preguntas al estilo de ¿por qué es mejor el bien que el mal? O, en nuestros días, ¿por qué es la heterosexualidad mejor en algo que la homosexualidad? Si dos personas quieren practicar sexo juntas, ¿quiénes somos nosotros para decir que es mejor que sean un hombre y una mujer, que no dos hombres, o dos mujeres? Una pregunta relacionada con esto se refiere al mestizaje racial: ¿por qué no van a vivir juntos un hombre negro y una mujer blanca, o viceversa, si pueden ser felices? Son preguntas éstas que la mayoría de los blancos, incluso los blancos normales y sanos, no saben responder satisfactoriamente hoy día.

Hace cien años, antes de que los judíos inundaran nuestro país y se apoderaran de nuestros medios de comunicación de masas y de nuestro sistema educativo, probablemente ni siquiera hubiéramos necesitado las respuestas. Sencillamente sabíamos que era importante que nuestra raza sobreviviera y progresara. Sabíamos que la homosexualidad y el sexo interracial eran algo malo. Era algo que nos decía nuestra intuición. Las respuestas estaban en nuestra alma, por mucho que no supiéramos expresarlas con palabras. Pero entonces aparecieron los judíos -que son gente astuta, una gente muy astuta-, y comenzaron a hacer estas mismas preguntas. Y si no sabíamos responderlas, comenzaban a suministrar sus propias respuestas.

En la actualidad todos los que estamos aquí esta noche sabemos cuales son las respuestas de los judíos. Las leemos en nuestros periódicos y las oímos en la televisión, todos y cada uno de los días. Algunos blancos, de hecho al principio la mayoría, se opusieron a los planes judíos. Pero las razones esgrimidas para oponérseles eran todas razones equivocadas. Por ejemplo, cuando se les preguntaba «¿Por qué no debería tu hijo o hija casarse con un negro/a?» respondían «Bueno, dos personas con unos antecedentes tan distintos no van a ser felices juntos. Tendrán niños de raza mixta a los que no aceptarán blancos ni negros. Es más probable que un matrimonio funcione si ambos son de la misma raza. Sencillamente, el mundo aún no está preparado para los matrimonios mixtos». Bueno, por supuesto que a los judíos no les costaba demasiado despachar tan triviales y superficiales objecciones. El problema era que nuestra gente ya había aceptado la mayor parte de las premisas básicas judías. Nuestro criterio para elegir compañero/a de matrimonio era la felicidad -¡la felicidad!-, fuera la nuestra o la de nuestros hijos. Nadie tenía respuestas realmente sólidas, respuestas basadas en algo fundamental. Por cierto que las iglesias, cuyo papel debería haber sido proporcionar las respuestas correctas, no fueron de ninguna ayuda. De hecho estaban, y están, en la vanguardia del asalto judío contra todos nuestros valores e instituciones. Están tan entrampadas con los judíos que ahora andan atareadísimos discurriendo como reescribir el Nuevo Testamento para quitar o modificar todas las partes que los judíos consideren ofensivas, como la responsabilidad judía en la crucifixión de Jesús.

Los judíos se las arreglaron para continuar machacando a los americanos blancos --sondeando, fisgoneando, haciendo más preguntas, suscitando más dudas--, hasta que perdimos toda fe en lo que anteriormente sabíamos intuitivamente que era lo correcto. Nuestra ética, nuestro código de conducta, nuestros valores, nuestros sentimientos, y nuestras aspiraciones, todo se fue por el retrete. Lo que nos dieron a cambio fue la nueva «moralidad» de «si hace que te sientas bien, hazlo». A nuestros hijos les enseñan en la escuela que progreso significa más felicidad para más gente. Y felicidad, por supuesto, significa sentirse bien. Hay un anuncio de Coca-Cola que resume todo este asunto, seguro que lo habréis visto en televisión: un corro de unas veinte personas de todos los colores, de ambos sexos, y tan obviamente felices y despreocupados como pueda estarse, todos cogidos de la mano y cantando «Me gustaría darle al mundo una Cocacola». Y ahora, ¿quién va a criticar algo así, más que los racistas más miserables y estrechos de miras?

Los americanos corrientes -incluso los que no aprueban el mestizaje racial- no saben cómo reaccionar ante una proclama tan astuta como la del anuncio de Coca-Cola; y obviamente los chavales blancos corrientes de nuestras escuelas de hoy día no saben. Y una vez que han aceptado inconscientemente las premisas ocultas de este anuncio -y toda la actitud hacia la vida de la que surge el anuncio- se sigue con toda naturalidad la pregunta que me hicieron en la escuela de Indian Spring Friends: puesto que todas la razas -blancos, 'negros', judíos, gitanos, chinos, mulatos- son esencialmente iguales y la misma, y puesto que todos pueden ser felices haciendo el mismo tipo de cosas, ¿por que íbamos a preocuparnos por cuál es la raza de una persona, o ni siquiera por cuál es nuestra propia raza? ¿Es que no sería el sexo igual de placentero para nosotros si en vez de blancos fuéramos negros? ¿Es que no sabría igual de buena una Coca-Cola? ¿Qué más da que nuestros nietos sean mulatos, con tal de que la economía siga fuerte y puedan permitirse bonitos coches y televisiones de 25 pulgadas?

Pues bien, uno puede atacar este mundo de fantasía judía con hechos; uno puede señalar que aunque los judíos son astutos, no han hecho nada meritorio en el mundo. Que los blancos han hecho algunas cosas aparte de matar a otros pueblos. Y puede uno señalar que las diferencias raciales son algo más profundo que la piel. Puede uno hablar sobre los niveles de coeficiente intelectual; puede citar ejemplos históricos en los que una civilización tras otra declina y se arruina cuando la raza que la erigió comenzó a entrecruzarse en matrimonios con sus esclavos. Pero en realidad nada de ésto va a convencer a un chaval cuya máxima preocupación es si los consumidores del mundo -si los felices bebedores de Coca-Cola- van a ser algo menos felices en un mundo sin blancos.

En lo que hemos fracasado en el pasado ha sido en comprender la profunda fuente interior de la que manaban nuestros sentimientos e intuiciones sobre la raza, y sobre otros asuntos. En realidad no teníamos ninguna cosmovisión sana y saludable que ofrecer a los chavales blancos, como sustituto de la oropelada y plástica cosmovisión judía del anuncio de Coca-Cola. Y así, no podemos en realidad responder a su pregunta sobre la supervivencia de la raza blanca, no más de lo que podemos darle una razón auténticamente convincente de porqué no debería simplemente hacer cualquier cosa que le apetezca -ya sea tomar drogas, o acostarse con negros/as, o experimentar con la homosexualidad.

Podéis pensar que ése chaval era un caso de 'liberalismo' extremo, pero en realidad no es distinto del empresario medio -y quiero decir medio- de este país. Hace unos cuantos años solían ser segregacionistas, pero cuando a finales de los 60 los negros comenzaron a alborotarse y quemar cosas, se volvieron integracionistas. Después de todo, los disturbios son malos para los negocios. Quizá sus [respectivas] visiones del mundo sean algo distintas, pero el empresario y el chaval de Maryland basan ambos su manera de pensar en una y misma cosa: el egoísta materialismo judío. El chaval que cree que el sentido de la vida es la felicidad, sabe que no hay en este planeta muchas cosas más felices que un puñado de 'pequeninos' chapoteando en un charco de barro. Y el empresario que cree que el sentido de la vida es hacer dinero, sabe que el dinero de un cliente negro es tan verde como el de los clientes blancos.

En efecto, una persona que acepta este tipo de premisas, no puede ver ninguna razón auténticamente convincente del porqué debería sobrevivir la raza blanca. Su meta es vivir una 'buena vida'. Y para él, éso significa una vida con montones de dinero, comida y bebida de sobra, sexo en abundancia, coches nuevos, casas grandes, y continuas diversiones.

Entretenimientos: ésto es todo para lo que vive, lo único que le importa, y lo único que comprende. Háblale del sentido de la vida y te pondrá los ojos en blanco. Háblale sobre la eternidad y se reirá de tí. Aunque no le gusta pensar en ello, sabe que no va a vivir para siempre, y su intención es exprimir la vida al máximo. Más allá de ésto, nada tiene significado para él. Qué diferente de ésta era la actitud hacia la vida de nuestros antepasados del norte de Europa de hace unos cientos de años. Por supuesto sentían codicia por el dinero como nosotros, y les gustaba divertirse cuando podían, pero ésto no era para ellos el sentido de la vida. Quizá lo que mejor resuma su actitud hacia la vida y la muerte sea una estrofa de una vieja saga nórdica. Dice algo así:

La gente muere, y muere el ganado
Y así uno mismo debe morir,
Pero algo hay que sé que no muere nunca,
Y es la fama de las hazañas de un muerto.


El filósofo alemán Arthur Shopenhauer expresaba esencialmente la misma idea al decir que a lo máximo que puede aspirar un hombre es a un paso heróico por la vida. En otras palabras, que la grandeza, y no la felicidad, es la marca distintiva de una buena vida. Bien, no es que quiera decir que todos nosotros debamos pensar en términos de hacernos famosos, o de morir heroicamente en el campo de batalla, con la espada o el revólver en la mano. Quizá a algunos de nosotros nos sea concedido éso, pero lo que es importante, lo que sí podemos hacer todos nosotros, incluso los que piensan que son intrínsecamente no-heróicos, es adoptar esa actitud hacia la vida y hacia la muerte que estaba implícita en las viejas sagas, y en la afirmación de Shopenhauer.
 
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Eremita

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Sus aportaciones son muy interesantes PROBLANCO, hacen que mucha gente reflexione, que se cuestione si es verdad todo lo que le han dicho o ha estudiado.

Otras personas solo quieren creer en lo que les resulta más cómodo a su moral o ética, entendiendo estas como conductas aprendidas a lo largo de su vida. Me he dado cuenta de esto charlando con niños menores de 12 años, la inmensa mayoría de ellos, por supuesto, no distinguen la fotografía de Abraham Lincoln de la de Adolf Hitler, ni conocen al primero, pero todo aquel niño, al que le pregunto su opinión acerca de Hitler, afirma que era/es (muchos no tienen claro si aún vive) un hombre malo, sin saber nada más de él.

Esto me hace pensar que se ha hecho un muy buen trabajo de adoctrinamiento, pues sin el más mínimo conocimiento, se afirma con rotundidad algo. Haga V. la prueba y lo comprobará por si mismo.

En otro orden de cosas, resulta cuanto menos chocante, cuantas dudas se albergan acerca de los trágicos atentados del 11S, del 11M... de la manipulación mundial en busca de las famosas armas de destrucción masiva de Sadam Hussein....Creo que la duda, la inquietud y la curiosidad, han sido los grandes motores del desarrollo humano, que nos han llevado de una vida un tanto dura e incierta en los principios de nuestra civilización, a lo que somos ahora. Todo el progreso, para bien y para mal, han venido dados por la constante y machacona revisión de todas las ciencias conocidas, por eso adoptamos la numeración romana y tratamos las enfermedades con algo más que un sonajero de huesos con plumas. Pues bien, existe una ciencia que no puede revisarse ni cuestionarse en gran parte del Mundo desarrollado, y quien lo hace, es condenado a prisión o al ostracismo académico, sabe perfectamente que me refiero a la Historia. Paralelo a esto, existe una especie de censura psicológica, de lo políticamente correcto que impide mostrar la opinión verdadera de la gente y de los políticos hacia la inmigración o invasión descontrolada que sufrimos, el político que osa decir claramente el peligro que representa para nuestra cultura, servicios sociales, desarrollo y futuro, es condenado al olvido y a ser ninguneado, lo que hace que personas brillantes que podrían hacer espabilar a las masas mostrándoles la verdadera cara de lo que se nos avecina, no se atrevan a hacerlo por el temor a que su carrera política, docente, empresarial, deportiva, etc. quede truncada.

Tampoco creo que se pueda hacer mucho con los españoles actuales, gente en general inculta y orgullosa de ello, con poca o nula capacidad de reflexión, más ocupada en las vacaciones y el coche que usan que en su formación y la de sus hijos, a los que con la programación televisiva adecuada, se les podría hacer creer que la Tierra es plana en 2 ó 3 generaciones.
 

Armin Tamzarian

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Sus aportaciones son muy interesantes PROBLANCO, hacen que mucha gente reflexione, que se cuestione si es verdad todo lo que le han dicho o ha estudiado.

Otras personas solo quieren creer en lo que les resulta más cómodo a su moral o ética, entendiendo estas como conductas aprendidas a lo largo de su vida. Me he dado cuenta de esto charlando con niños menores de 12 años, la inmensa mayoría de ellos, por supuesto, no distinguen la fotografía de Abraham Lincoln de la de Adolf Hitler, ni conocen al primero, pero todo aquel niño, al que le pregunto su opinión acerca de Hitler, afirma que era/es (muchos no tienen claro si aún vive) un hombre malo, sin saber nada más de él.

Esto me hace pensar que se ha hecho un muy buen trabajo de adoctrinamiento, pues sin el más mínimo conocimiento, se afirma con rotundidad algo. Haga V. la prueba y lo comprobará por si mismo.

En otro orden de cosas, resulta cuanto menos chocante, cuantas dudas se albergan acerca de los trágicos atentados del 11S, del 11M... de la manipulación mundial en busca de las famosas armas de destrucción masiva de Sadam Hussein....Creo que la duda, la inquietud y la curiosidad, han sido los grandes motores del desarrollo humano, que nos han llevado de una vida un tanto dura e incierta en los principios de nuestra civilización, a lo que somos ahora. Todo el progreso, para bien y para mal, han venido dados por la constante y machacona revisión de todas las ciencias conocidas, por eso adoptamos la numeración romana y tratamos las enfermedades con algo más que un sonajero de huesos con plumas. Pues bien, existe una ciencia que no puede revisarse ni cuestionarse en gran parte del Mundo desarrollado, y quien lo hace, es condenado a prisión o al ostracismo académico, sabe perfectamente que me refiero a la Historia. Paralelo a esto, existe una especie de censura psicológica, de lo políticamente correcto que impide mostrar la opinión verdadera de la gente y de los políticos hacia la inmigración o invasión descontrolada que sufrimos, el político que osa decir claramente el peligro que representa para nuestra cultura, servicios sociales, desarrollo y futuro, es condenado al olvido y a ser ninguneado, lo que hace que personas brillantes que podrían hacer espabilar a las masas mostrándoles la verdadera cara de lo que se nos avecina, no se atrevan a hacerlo por el temor a que su carrera política, docente, empresarial, deportiva, etc. quede truncada.

Tampoco creo que se pueda hacer mucho con los españoles actuales, gente en general inculta y orgullosa de ello, con poca o nula capacidad de reflexión, más ocupada en las vacaciones y el coche que usan que en su formación y la de sus hijos, a los que con la programación televisiva adecuada, se les podría hacer creer que la Tierra es plana en 2 ó 3 generaciones.
No hombre, no le chupes la polla. Su aporte es una puta mierda desde el mismo momento en el que la conexión lógica y argumental en este diálogo:

- ¡No es una piscina, sino una cazuela para cocinar! ¡Salid o quedaréis cocidas!.
- ¡Callaos, fascistas, racistas, nazis!.
tiende a 0.

Si realmente este cagarro te ha hecho reflexionar, revísate los circuitos cerebrales, probablemente están llenos de la misma basura de la que despotricas en tu post.
 

Eremita

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No hombre, no le chupes la polla. Su aporte es una puta mierda desde el mismo momento en el que la conexión lógica y argumental en este diálogo:



tiende a 0.

Si realmente este cagarro te ha hecho reflexionar, revísate los circuitos cerebrales, probablemente están llenos de la misma basura de la que despotricas en tu post.
No, a mi no me ha hecho reflexionar, ya lo hice hace mucho tiempo, pero V. haga lo que le plazca.
 

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En el pais de los ciegos.
La moraleja que yo le veo haciendo un esfuerzo y poniendome en el lugar de una rana... es que el cocinero y los comensales son unos hijos de puta pero que el ajo y el peregil estan conmigo en la misma cazuela y tenemos enemigos comunes... Tu y los tuyos no sois de las ranas que estais fuera ya que tu discurso indica que vives a fuego lento rodeado de muchos vegetales y especias y vives con miedo a que adulterenvel sabor del plato...Tu fabula es una puta mierda y cojea aunque para eremita pueda a llegar a ser un best seller dentro de dos o tres generaciones...
Teneis mentalidad de esclavos y morireis como tales.
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PROBLANCO

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Sus aportaciones son muy interesantes PROBLANCO, hacen que mucha gente reflexione, que se cuestione si es verdad todo lo que le han dicho o ha estudiado.

Otras personas solo quieren creer en lo que les resulta más cómodo a su moral o ética, entendiendo estas como conductas aprendidas a lo largo de su vida. Me he dado cuenta de esto charlando con niños menores de 12 años, la inmensa mayoría de ellos, por supuesto, no distinguen la fotografía de Abraham Lincoln de la de Adolf Hitler, ni conocen al primero, pero todo aquel niño, al que le pregunto su opinión acerca de Hitler, afirma que era/es (muchos no tienen claro si aún vive) un hombre malo, sin saber nada más de él.

Esto me hace pensar que se ha hecho un muy buen trabajo de adoctrinamiento, pues sin el más mínimo conocimiento, se afirma con rotundidad algo. Haga V. la prueba y lo comprobará por si mismo.

En otro orden de cosas, resulta cuanto menos chocante, cuantas dudas se albergan acerca de los trágicos atentados del 11S, del 11M... de la manipulación mundial en busca de las famosas armas de destrucción masiva de Sadam Hussein....Creo que la duda, la inquietud y la curiosidad, han sido los grandes motores del desarrollo humano, que nos han llevado de una vida un tanto dura e incierta en los principios de nuestra civilización, a lo que somos ahora. Todo el progreso, para bien y para mal, han venido dados por la constante y machacona revisión de todas las ciencias conocidas, por eso adoptamos la numeración romana y tratamos las enfermedades con algo más que un sonajero de huesos con plumas. Pues bien, existe una ciencia que no puede revisarse ni cuestionarse en gran parte del Mundo desarrollado, y quien lo hace, es condenado a prisión o al ostracismo académico, sabe perfectamente que me refiero a la Historia. Paralelo a esto, existe una especie de censura psicológica, de lo políticamente correcto que impide mostrar la opinión verdadera de la gente y de los políticos hacia la inmigración o invasión descontrolada que sufrimos, el político que osa decir claramente el peligro que representa para nuestra cultura, servicios sociales, desarrollo y futuro, es condenado al olvido y a ser ninguneado, lo que hace que personas brillantes que podrían hacer espabilar a las masas mostrándoles la verdadera cara de lo que se nos avecina, no se atrevan a hacerlo por el temor a que su carrera política, docente, empresarial, deportiva, etc. quede truncada.

Tampoco creo que se pueda hacer mucho con los españoles actuales, gente en general inculta y orgullosa de ello, con poca o nula capacidad de reflexión, más ocupada en las vacaciones y el coche que usan que en su formación y la de sus hijos, a los que con la programación televisiva adecuada, se les podría hacer creer que la Tierra es plana en 2 ó 3 generaciones.
Gracias por tu comentario, yo tambien valoro positivamente muchas de tus aportaciones.

Sobre lo demas que dices, pues opino casi en su totalidad lo mismo, pero no tenemos que mirar por quienes ya es imposible convencer (Drogopropulsado, Armin Tamzarian etc) esta gente esta lobotomizada al maximo y no cambiara nunca o ni siquiera lo reconocera si lo hace, solo tenemos que perder el tiempo en contestarles si se pasan de listos o si mienten descaradamente para engañar a la gente, por lo demas hay que pasar como de la mierda de sus comentarios, asi que por tanto nos queda una larga tarea en intentar hacer mas facil el camino hacia la verdad (o parte de ella) a la gente que aun tiene el corazon y la mente sana; y creeme que aun hay muchisimas personas dispuestas a oirnos y valorarlo, sigamos haciendolo y nuestra perseverancia se vera recompensada, no tengo ninguna duda sobre ello, un saludo.
 

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Para algunos, nuestra tarea podría parecer demasiado grande para nosotros, nuestra responsabilidad demasiado abrumadora. Si están en lo cierto, si elegimos permanecer niños en vez de aceptar nuestra adultez, si continuamos con los enfoques miopes del pasado, entonces a largo plazo fracasaremos por completo. Los enemigos de nuestra raza prevalecerán sobre nosotros, y nosotros y nuestra especie nos extinguiremos para siempre. Todos nuestros sacrificios, y todos los sueños y sacrificios de nuestros ancestros, habrán sido en vano. Ni siquiera un recuerdo de nosotros quedará, ni de nuestra especie, cuando el espíritu creativo del universo intente en algún otro sitio, en algún otro tiempo, y de alguna otra manera, hacer lo que nosotros hemos fracasado en hacer. Pero yo no creo que fracasemos. Porque al trabajar para conseguir nuestro objetivo, estamos de nuevo encontrando el camino hacia la senda correcta y natural para nuestro pueblo. Estamos una vez más trabajando con el todo. Y detrás nuestro tenemos una poderosa tradición.

Nuestro objetivo es el objetivo para el que fue concebida la tierra a partir del gas y el polvo del cosmos, el objetivo por el que hace trescientos millones de años se arrastró el primer anfibio primitivo fuera de los océanos y aprendió a vivir sobre tierra firme, el objetivo por el que la primera raza de hombres se mantuvo apartada de las razas de subhombres que les rodeaban y procrearon solo con su propia especie. Es el objetivo por el cual los hombres capturaron por vez primera a los relámpagos del cielo, los domaron, y lo llamaron fuego; el objetivo por el que nuestros ancestros construyeron el primer observatorio astronómico del mundo en una llanura británica de hace más de 4000 años. Es el objetivo por el que Jesús el Galileo combatió a los judíos y murió hace 2000 años; el objetivo por el que pintó Rembrandt; el objetivo por el que escribió Shakespeare; y el objetivo por el que reflexionaba Newton. Nuestro objetivo, el objetivo con el que debemos llegar a obsesionarnos, es el mismo por el que han luchado y muerto los mejores hombres, los hombres y mujeres más nobles de nuestra raza, desde las insondables edades, ya fueran o no totalmente conscientes de él. Es el objetivo por el que buscaban la belleza, y creaban belleza; el objetivo por el que estudiaban el firmamento y aprendían los misterios de la Naturaleza; el objetivo por el que combatían contra las fuerzas degenerativas, regresivas y malignas que les rodeaban por todas partes; el objetivo por el que, en vez de seguir el camino fácil en la vida, el camino descendente, eligieron el camino ascendente, a pesar del dolor, del sufrimiento y del sacrificio que su elección conllevaba.

¡Sí! Ellos hicieron estas cosas, y en gran medida sin tener una completa comprensión del porqué, al igual que el primer anfibio no comprendía su objetivo cuando se arrastró sobre la tierra firme. Nuestro objetivo es el objetivo del creador, nuestra senda es la senda de la consciencia divina, la senda de la autorrealización del creador. Esta es la senda que se nos ha ordenado seguir, por ser quienes somos, por la chispa de consciencia divina que reside en nuestro interior, y en ningún otro. Ninguna otra raza puede atravesar esta senda, nuestra senda, por nosotros. Solo nosotros somos quienes debemos demostrar si somos aptos para servir al objetivo del creador. Y si lo somos, si acatamos una vez más el íntimo conocimiento que el creador ha grabado en nuestras almas, si recuperamos la fe en las cosas que una vez supimos que eran ciertas aún sin una completa comprensión del porqué, y si ahora además nos instruimos a nosotros mismos del porqué, entonces estaremos una vez más en la senda ascendente que nos fue asignada, y nuestro destino será la divinidad.

"Nuestra causa", por el Dr. William Pierce
 

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En el pais de los ciegos.
Gracias por tu comentario, yo tambien valoro positivamente muchas de tus aportaciones.

Sobre lo demas que dices, pues opino casi en su totalidad lo mismo, pero no tenemos que mirar por quienes ya es imposible convencer (Drogopropulsado, Armin Tamzarian etc) esta gente esta lobotomizada al maximo y no cambiara nunca o ni siquiera lo reconocera si lo hace, solo tenemos que perder el tiempo en contestarles si se pasan de listos o si mienten descaradamente para engañar a la gente, por lo demas hay que pasar como de la mierda de sus comentarios, asi que por tanto nos queda una larga tarea en intentar hacer mas facil el camino hacia la verdad (o parte de ella) a la gente que aun tiene el corazon y la mente sana; y creeme que aun hay muchisimas personas dispuestas a oirnos y valorarlo, sigamos haciendolo y nuestra perseverancia se vera recompensada, no tengo ninguna duda sobre ello, un saludo.
Para empezar has empezado manipulando una fabula que nada tiene que ver con la inmigracion... Copio aqui la original.


Imaginen una cazuela llena de agua, en cuyo interior nada tranquilamente una rana. Se está calentando la cazuela a fuego lento. Al cabo de un rato el agua está tibia. A la rana esto le parece agradable, y sigue nadando. La temperatura empieza a subir. Ahora el agua está caliente. Un poco más de lo que suele gustarle a la rana. Pero ella no se inquieta y además el calor siempre le produce algo de fatiga y somnolencia.

Ahora el agua está caliente de verdad. A la rana empieza a parecerle desagradable. Lo malo es que se encuentra sin fuerzas, así que se limita a aguantar y no hace nada más. Así, la temperatura del agua sigue subiendo poco a poco, nunca de una manera acelerada, hasta el momento en que la rana acaba hervida y muere sin haber realizado el menor esfuerzo para salir de la cazuela.
Si la hubiéramos sumergido de golpe en un recipiente con el agua a cincuenta grados, ella se habría puesto a salvo de un enérgico salto.

La moraleja de la fabula segun el autor

“Es un experimento rico en enseñanzas, dice el autor. Nos demuestra que un deterioro, si es muy lento, pasa inadvertido y la mayoría de las veces no suscita reacción, ni oposición, ni rebeldía”.

El autor

Olivier Clerc, especialista en bienestar y desarrollo personal nacido en Ginebra y afincado hoy en Borgoña, escribió en el año 2005 un libro titulado “La rana que no sabía que estaba hervida… y otras lecciones de vida”. En la introducción dice el autor que “todo es lenguaje, que todo nos habla”. Entre las historias que plantea una lleva el título del libro.Parece ser que esta alegoría fue propuesta por primera vez en el libro de Marty Rubin “The boiled Frog Syndrome”, publicado en 1987.

:roto2: Eres un paleto problanco y ademas un manipulador...
 
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PROBLANCO

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Para empezar has empezado manipulando una fabula que nada tiene que ver con la inmigracion... Copio aqui la original.


Imaginen una cazuela llena de agua, en cuyo interior nada tranquilamente una rana. Se está calentando la cazuela a fuego lento. Al cabo de un rato el agua está tibia. A la rana esto le parece agradable, y sigue nadando. La temperatura empieza a subir. Ahora el agua está caliente. Un poco más de lo que suele gustarle a la rana. Pero ella no se inquieta y además el calor siempre le produce algo de fatiga y somnolencia.

Ahora el agua está caliente de verdad. A la rana empieza a parecerle desagradable. Lo malo es que se encuentra sin fuerzas, así que se limita a aguantar y no hace nada más. Así, la temperatura del agua sigue subiendo poco a poco, nunca de una manera acelerada, hasta el momento en que la rana acaba hervida y muere sin haber realizado el menor esfuerzo para salir de la cazuela.
Si la hubiéramos sumergido de golpe en un recipiente con el agua a cincuenta grados, ella se habría puesto a salvo de un enérgico salto.

La moraleja de la fabula segun el autor

“Es un experimento rico en enseñanzas, dice el autor. Nos demuestra que un deterioro, si es muy lento, pasa inadvertido y la mayoría de las veces no suscita reacción, ni oposición, ni rebeldía”.

El autor

Olivier Clerc, especialista en bienestar y desarrollo personal nacido en Ginebra y afincado hoy en Borgoña, escribió en el año 2005 un libro titulado “La rana que no sabía que estaba hervida… y otras lecciones de vida”. En la introducción dice el autor que “todo es lenguaje, que todo nos habla”. Entre las historias que plantea una lleva el título del libro.Parece ser que esta alegoría fue propuesta por primera vez en el libro de Marty Rubin “The boiled Frog Syndrome”, publicado en 1987.

:roto2: Eres un paleto problanco y ademas un manipulador...
Mi intencion no era que precisamente tu entendieras nada, lo extraño hubiese sido lo contrario.
 
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