ING ya no es 'el no banco': comisiones, globitos y una web que se cae
Un fin de semana sin poder entrar en la cuenta. La banca electrónica de ING arrastró durante días un fallo que dejó la plataforma inaccesible y que, según el diagnóstico de un usuario del foro, tuvo un origen poco épico:
un certificado digital sin renovar. No es un episodio aislado. La entidad que un día presumió de ser
el no banco acumula quejas por su web, por comisiones que reaparecen y por una aplicación móvil que muchos clientes sitúan por debajo de la competencia. La pregunta ya no es si hay algo roto en ING, sino cuánto de su ventaja histórica queda en pie.
¿Por qué ING dejó de ser el banco sin comisiones?
El modelo original era una amenaza y así lo recuerdan los clientes de la primera hora: una entidad sin sucursales, sin comisiones y con depósitos bien remunerados, capaz de obligar al resto de la banca a dejar de cobrar hasta por el apunte. Ese mismo esquema es hoy su losa. En palabras de uno de esos veteranos del foro,
estar sin comisiones equivale a estar sin ingresos: no tener oficinas es ya lo normal y los depósitos dejaron de pagarse.
El siguiente movimiento ya tiene fecha en al menos un mercado:
mantenimiento de cuenta a partir de abril en Alemania, según el anuncio recogido. En España no se ha replicado ese calendario. Y el relato de que todo es gratis no resiste un examen detallado: en cuenta corriente y tarjeta sí, pero en acciones, fondos, préstamos e hipotecas
las comisiones llevan años puestas.
La web de los globitos y una app que no se puede esquivar
El punto de inflexión tiene nombre: la reforma de la web, bautizada por todos como la de los globitos. Según quienes siguen el asunto desde hace años, antes de ese rediseño la plataforma antigua era estable y no generaba quejas en volumen; después se convirtió en el motivo recurrente de enfado. Hay clientes que movieron todos sus ahorros a otra entidad —sin comisión de custodia mediante— y aseguran haber salido ganando con el cambio.
A la web se le suma la app. La aplicación móvil es hoy el canal obligatorio para operar y acumula malas valoraciones en Google Play. El reproche técnico más repetido: es
un navegador vestido de app. Que un banco que renunció a las oficinas tenga una herramienta digital mediocre no es un detalle menor. Es su única sucursal.
El diagnóstico del certificado caducado
El episodio más reciente resume el problema. La web quedó caída desde
las 13:30, sin mensaje en el acceso ni aviso en redes, y el fallo se prolongó todo un fin de semana con errores intermitentes. El diagnóstico que circuló entre los clientes fue
de manual: error de principiantes, un certificado digital que nadie actualizó a tiempo.
La corrección llegó de madrugada y al día siguiente las autotransferencias de prueba funcionaban. Pero no para todos: hubo quien siguió sin poder acceder, y desde equipos y líneas distintas el error se reproducía. Para un banco que vive de la confianza, un fin de semana en blanco pesa más que cualquier campaña de publicidad.
Pagar comisión a cambio de que te lo resuelvan
Aquí se rompe el consenso. Hay clientes que no solo aceptan las comisiones, sino que las defienden: pagar unos euros al mes no les parece caro cuando, cada vez que surge un problema, alguien lo soluciona al otro lado. Es la tesis de que lo caro no es la cuota, sino el banco que no responde. También hay perfiles con años de uso intensivo —cuenta corriente, cartera de valores, transferencias programadas— que no han tenido un solo incidente.
Enfrente, los casos que duelen. Un cliente no residente relata que el canal online es inexistente, que contactar cuesta una fortuna desde el extranjero y que tiene incidencias casi todas las semanas. Otro cuenta que a un familiar con nómina, fondos y planes de pensiones le rebajaron el límite de la tarjeta a
600 euros justo al quedarse sin empleo y pasar a un subsidio. Y están los que se marcharon cuando desapareció la web antigua, negociando en una entidad tradicional las mismas condiciones que tenían.
El sector recuperó lo que ING le quitó
Hay una lectura más amplia. Para quienes sostienen esta tesis, ING fue durante años el freno que impidió a la banca tradicional volver a cobrar por todo; retirada esa presión, las comisiones regresan. La crítica dominante no es que ING sea mala, sino que las alternativas son peores. Ese es su seguro de vida y a la vez su condena: le basta con ser
menos mala para retener clientes.
El no banco que ya no se cree su propio eslogan
El eslogan sigue siendo, para muchos, el mejor que ha tenido una entidad financiera en este país. El negocio que lo sostenía se ha ido desmontando por partes: primero la web, luego la app obligatoria, después las comisiones. Como sostienen algunos clientes, si el banco funciona bien salvo su banca electrónica, arreglarla debería ser lo más sencillo del mundo. Llevamos años esperando. Para muchos, no se entiende por qué la pieza más barata de reparar es la que sigue rota.