Adolf Hitler: "Es imposible concebir cuánta crueldad, ignominia y falsedad ha significado el cristianismo."

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El judeo-cristianismo y el paganismo europeo-occidental son incompatibles en lo fundamental aunque la iglesia católica haya utilizado "cebos" y "caramelitos" paganos para promover la cristianización entre los campesinos. Define cristianismo y define paganismo, luego explica en qué están "mezclados", porque la pantalla lo aguanta todo, hasta círculo cuadrado, color inextenso y 2.2=20.
No fue la Iglesia Catolica la que cristianizo a los pueblos paganos germánicos que estaban fuera del Imperio, sino que fueron ellos los que abrazaron el cristianismo a su particular manera, ya hemos explicado paginas atrás que en la península por ejemplo había un enfrentamiento entre los catolicorromanos y los arrianicos barbaros que llegaban del norte.

La Iglesia católica de Roma mas que convertir a paganos en cristianos, que ya lo eran, se enfrentaba al cristianismo como lo entendían los barbaros de origen pagano, e intentaba imponer su modelo.
 

Alamán

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No fue la Iglesia Catolica la que cristianizo a los pueblos paganos germánicos que estaban fuera del Imperio, sino que fueron ellos los que abrazaron el cristianismo a su particular manera, ya hemos explicado paginas atrás que en la península por ejemplo había un enfrentamiento entre los catolicorromanos y los arrianicos barbaros que llegaban del norte.

La Iglesia católica de Roma mas que convertir a paganos en cristianos, que ya lo eran, se enfrentaba al cristianismo como lo entendían los barbaros de origen pagano, e intentaba imponer su modelo.
Claro, lo abrazaron misteriosamente sin intervención alguna de la iglesia, como en el caso de los sajones.
 
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¿Cristiano Hitler? ¡Pero si él mismo se autoproclamaba como el Mesías y quería imponerlo a la Iglesia alemana!

Pero no lo consiguió. Menos mal que en la Alemania nazi hubo iglesias cristianas, con cristianos íntegros y valientes que no se dejaron avasallar por el Estado totalitario y sus secuaces como lo hicieron otros que se hacían llamar cristianos (Deutsche Christen).

También hubo oposición de iglesias católicas pero más bien a nivel local y no, como debería ser, desde el propio Vaticano que se declaraba neutral.
Vergüenza.
Iglesia católica durante el nazismo - Wikipedia, la enciclopedia libre
Clemens August Graf von Galen - Wikipedia, la enciclopedia libre

Declaración de Barmen de la Iglesia Confesante en 1934 (Karl Barth, Dietrich Bonhoeffer, Martin Niemöller)

He aquí el texto completo de la Declaración:

Prólogo
Nosotros, los delegados de iglesias luteranas, reformadas y unidas, de sínodos libres, de “jornadas de la iglesia” y de “círculos parroquiales”, reunidos para formar la asamblea sinodal confesante de la Iglesia Evangélica Alemana, declaramos que juntos nos afirmamos sobre la base de la Iglesia Evangélica Alemana como una federación de las iglesias confesantes alemanas. Lo que nos une es la profesión del único Señor de la Iglesia, la cual es una, santa, universal y apostólica.

Declaramos públicamente delante de todas las iglesias evangélicas de Alemania que la confesión en común de esta fe y, por consiguiente la unidad de la Iglesia Evangélica Alemana, están en gravísimo peligro…

Siendo miembros de iglesias luteranas, reformadas y unidas, podemos y debemos hoy hablar juntos en esta causa. Precisamente porque queremos ser y permanecer fieles a nuestras diversas confesiones, no podemos callarnos, ya que creemos que en un momento de calamidad e inseguridad común, nos ha sido puesta en la boca una palabra en común.

Encomendamos a Dios lo que esto significará para la relación entre las iglesias confesionales. …Haciendo frente a los errores de los “Cristianos Alemanes” y del gobierno actual del Reich que causan estragos en las iglesias y también despedazan la unidad de la Iglesia Evangélica Alemana, profesamos las siguientes verdades evangélicas:

I
“Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre” (Juan 14,6).
“En verdad les digo, el que no entra por la puerta del corral de las ovejas, sino que se mete por otro lado, es ladrón y bandido… Yo soy la puerta; el que entre por mí, será salvado” (Juan 10,1.9).

Jesucristo, según el testimonio que de él tenemos en la Sagrada Escritura, es la única palabra de Dios. A ella sola debemos escuchar, en ella sola debemos confiar y obedecerla en la vida y en la muerte.

Rechazamos la falsa doctrina según la cual, además y junto a esta una y única palabra de Dios, la iglesia podría y debería admitir como fuente de su proclamación otros acontecimientos y potencias, otras personalidades y otras verdades como si fueran también revelación de Dios.

II
“Pero Dios mismo… ha hecho también que Cristo sea nuestra sabiduría y que por medio de Cristo seamos puestos en la debida relación con Dios, consagrados a él y salvados” (1º Corintios 1.30).

Así como Jesucristo es la expresión del perdón de Dios de todos nuestros pecados, del mismo modo es él la expresión del derecho de Dios sobre toda nuestra vida. Por medio de él experimentamos una gozosa liberación de todas las ataduras ateas de este mundo para un servicio libre y agradecido a todas sus criaturas.

Rechazamos la falsa doctrina según la cual habría ámbitos en nuestra vida en los cuales no perteneceríamos a Jesucristo sino a otros soberanos, ámbitos éstos en los cuales no necesitaríamos la justificación por él realizada.


III
“Más bien, hablando la verdad en un espíritu de amor, debemos crecer en todo hacia Cristo, que es la cabeza del cuerpo. Y por Cristo el cuerpo entero se ajusta y se liga bien” (Efesios 4.1516).

La iglesia cristiana es la comunidad de hermanos en la cual Jesucristo actúa como su Señor presente en la palabra y los sacramentos por medio del Espíritu Santo. Ella, como Iglesia de pecadores reconciliados, debe dar testimonio en este mundo pecador, tanto por medio de su fe como por medio de su obediencia, por su mensaje como por su disciplina, de que sólo pertenece a él, que sólo vive y desea vivir de su consuelo y orientación en la esperanza de su venida.

Rechazamos la falsa doctrina según la cual la Iglesia podría dejar librada la expresión concreta de su mensaje y de su estructura a su conveniencia o a la mutación de las convicciones ideológicas y políticas reinantes en tal o cual momento.

IV
“Como ustedes saben, entre los paganos los jefes gobiernan con tiranía a sus súbditos, y los grandes hacen sentir su autoridad sobre ellos. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que entre ustedes quiera ser grande, deberá servir a los demás” (Mateo 20.2526).

Los diferentes ministerios de la Iglesia no son causa del dominio de unos sobre otros, sino el desempeño del servicio que le ha sido encomendado y confiado a toda la comunidad eclesial.

Rechazamos la falsa doctrina según la cual, aparte de este servicio, la Iglesia tendría poder y autoridad para darse o aceptar autoridades especiales dotadas de atributos o de dominio.

V
“Reverencien a Dios, respeten al emperador” (1ª Pedro 2.17).

La Escritura nos dice que, de acuerdo al mandato divino, el Estado tiene el deber de preocuparse conforme al mejor saber y entender humano, y aun con amenaza y aplicación de la fuerza, por el derecho y la paz en este mundo todavía no redimido, en el que también se encuentra la Iglesia. La Iglesia reconoce con gratitud y respeto a Dios el beneficio de estas instituciones suyas; rememora el reino de Dios, el mandamiento y la justicia de Dios, y de este modo la responsabilidad de los gobernantes y de los gobernados. Confía y obedece la fuerza de la palabra por medio de la cual Dios sostiene todas las cosas.

Rechazamos la falsa doctrina según la cual el Estado, por encima de su competencia específica, podría llegar a ser el orden único y total para la vida humana y por lo tanto pretender cumplir la misión de la iglesia.

Rechazamos la falsa doctrina según la cual la Iglesia, por encima de su mandato especial, pudiera y debiera apropiarse de la modalidad de las tareas específicas y la dignidad del Estado y convertirse así ella misma en un órgano estatal.

VI.
“Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28.20).
“Pero el mensaje de Dios no está encadenado” (2ª Timoteo 2.9).

La misión de la Iglesia, en la cual se funda su libertad, consiste en proclamar, en lugar de Cristo, o sea, al servicio de su propia palabra y obra, el mensaje de la libre misericordia de Dios a todos los pueblos por medio de la predicación y los sacramentos.

Rechazamos la falsa doctrina según la cual la Iglesia, dejándose llevar por autosuficiencia humana, podría poner la palabra y obra de Jesucristo al servicio de deseos, objetivos y planes arbitrariamente elegidos.

Epílogo

La asamblea sinodal confesante de la Iglesia Evangélica Alemana, declara que ve en el reconocimiento de estas verdades y en el rechazo de aquellas falsas doctrinas, la ineludible base teológica de la Iglesia Evangélica Alemana, como unión de las iglesias confesantes. Ella llama a todas las iglesias que puedan adherirse a su declaración a tener en cuenta en sus decisiones políticoeclesiásticas estas razones teológicas. Ruega a todos los que son afectados, que regresen a la unidad de la fe, del amor y la esperanza.

Barmen, 29 al 31 de mayo de 1934

John Knox y la Declaración de Barmen, caminos afines
 

Alamán

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¿Cristiano Hitler? ¡Pero si él mismo se autoproclamaba como el Mesías y quería imponerlo a la Iglesia alemana!

Pero no lo consiguió. Menos mal que en la Alemania nazi hubo iglesias cristianas, con cristianos íntegros y valientes que no se dejaron avasallar por el Estado totalitario y sus secuaces como lo hicieron otros que se hacían llamar cristianos (Deutsche Christen).

También hubo oposición de iglesias católicas pero más bien a nivel local y no, como debería ser, desde el propio Vaticano que se declaraba neutral.
Vergüenza.
Iglesia católica durante el nazismo - Wikipedia, la enciclopedia libre
Clemens August Graf von Galen - Wikipedia, la enciclopedia libre

Declaración de Barmen de la Iglesia Confesante en 1934 (Karl Barth, Dietrich Bonhoeffer, Martin Niemöller)

He aquí el texto completo de la Declaración:

Prólogo
Nosotros, los delegados de iglesias luteranas, reformadas y unidas, de sínodos libres, de “jornadas de la iglesia” y de “círculos parroquiales”, reunidos para formar la asamblea sinodal confesante de la Iglesia Evangélica Alemana, declaramos que juntos nos afirmamos sobre la base de la Iglesia Evangélica Alemana como una federación de las iglesias confesantes alemanas. Lo que nos une es la profesión del único Señor de la Iglesia, la cual es una, santa, universal y apostólica.

Declaramos públicamente delante de todas las iglesias evangélicas de Alemania que la confesión en común de esta fe y, por consiguiente la unidad de la Iglesia Evangélica Alemana, están en gravísimo peligro…

Siendo miembros de iglesias luteranas, reformadas y unidas, podemos y debemos hoy hablar juntos en esta causa. Precisamente porque queremos ser y permanecer fieles a nuestras diversas confesiones, no podemos callarnos, ya que creemos que en un momento de calamidad e inseguridad común, nos ha sido puesta en la boca una palabra en común.

Encomendamos a Dios lo que esto significará para la relación entre las iglesias confesionales. …Haciendo frente a los errores de los “Cristianos Alemanes” y del gobierno actual del Reich que causan estragos en las iglesias y también despedazan la unidad de la Iglesia Evangélica Alemana, profesamos las siguientes verdades evangélicas:

I
“Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre” (Juan 14,6).
“En verdad les digo, el que no entra por la puerta del corral de las ovejas, sino que se mete por otro lado, es ladrón y bandido… Yo soy la puerta; el que entre por mí, será salvado” (Juan 10,1.9).

Jesucristo, según el testimonio que de él tenemos en la Sagrada Escritura, es la única palabra de Dios. A ella sola debemos escuchar, en ella sola debemos confiar y obedecerla en la vida y en la muerte.

Rechazamos la falsa doctrina según la cual, además y junto a esta una y única palabra de Dios, la iglesia podría y debería admitir como fuente de su proclamación otros acontecimientos y potencias, otras personalidades y otras verdades como si fueran también revelación de Dios.

II
“Pero Dios mismo… ha hecho también que Cristo sea nuestra sabiduría y que por medio de Cristo seamos puestos en la debida relación con Dios, consagrados a él y salvados” (1º Corintios 1.30).

Así como Jesucristo es la expresión del perdón de Dios de todos nuestros pecados, del mismo modo es él la expresión del derecho de Dios sobre toda nuestra vida. Por medio de él experimentamos una gozosa liberación de todas las ataduras ateas de este mundo para un servicio libre y agradecido a todas sus criaturas.

Rechazamos la falsa doctrina según la cual habría ámbitos en nuestra vida en los cuales no perteneceríamos a Jesucristo sino a otros soberanos, ámbitos éstos en los cuales no necesitaríamos la justificación por él realizada.


III
“Más bien, hablando la verdad en un espíritu de amor, debemos crecer en todo hacia Cristo, que es la cabeza del cuerpo. Y por Cristo el cuerpo entero se ajusta y se liga bien” (Efesios 4.1516).

La iglesia cristiana es la comunidad de hermanos en la cual Jesucristo actúa como su Señor presente en la palabra y los sacramentos por medio del Espíritu Santo. Ella, como Iglesia de pecadores reconciliados, debe dar testimonio en este mundo pecador, tanto por medio de su fe como por medio de su obediencia, por su mensaje como por su disciplina, de que sólo pertenece a él, que sólo vive y desea vivir de su consuelo y orientación en la esperanza de su venida.

Rechazamos la falsa doctrina según la cual la Iglesia podría dejar librada la expresión concreta de su mensaje y de su estructura a su conveniencia o a la mutación de las convicciones ideológicas y políticas reinantes en tal o cual momento.

IV
“Como ustedes saben, entre los paganos los jefes gobiernan con tiranía a sus súbditos, y los grandes hacen sentir su autoridad sobre ellos. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que entre ustedes quiera ser grande, deberá servir a los demás” (Mateo 20.2526).

Los diferentes ministerios de la Iglesia no son causa del dominio de unos sobre otros, sino el desempeño del servicio que le ha sido encomendado y confiado a toda la comunidad eclesial.

Rechazamos la falsa doctrina según la cual, aparte de este servicio, la Iglesia tendría poder y autoridad para darse o aceptar autoridades especiales dotadas de atributos o de dominio.

V
“Reverencien a Dios, respeten al emperador” (1ª Pedro 2.17).

La Escritura nos dice que, de acuerdo al mandato divino, el Estado tiene el deber de preocuparse conforme al mejor saber y entender humano, y aun con amenaza y aplicación de la fuerza, por el derecho y la paz en este mundo todavía no redimido, en el que también se encuentra la Iglesia. La Iglesia reconoce con gratitud y respeto a Dios el beneficio de estas instituciones suyas; rememora el reino de Dios, el mandamiento y la justicia de Dios, y de este modo la responsabilidad de los gobernantes y de los gobernados. Confía y obedece la fuerza de la palabra por medio de la cual Dios sostiene todas las cosas.

Rechazamos la falsa doctrina según la cual el Estado, por encima de su competencia específica, podría llegar a ser el orden único y total para la vida humana y por lo tanto pretender cumplir la misión de la iglesia.

Rechazamos la falsa doctrina según la cual la Iglesia, por encima de su mandato especial, pudiera y debiera apropiarse de la modalidad de las tareas específicas y la dignidad del Estado y convertirse así ella misma en un órgano estatal.

VI.
“Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28.20).
“Pero el mensaje de Dios no está encadenado” (2ª Timoteo 2.9).

La misión de la Iglesia, en la cual se funda su libertad, consiste en proclamar, en lugar de Cristo, o sea, al servicio de su propia palabra y obra, el mensaje de la libre misericordia de Dios a todos los pueblos por medio de la predicación y los sacramentos.

Rechazamos la falsa doctrina según la cual la Iglesia, dejándose llevar por autosuficiencia humana, podría poner la palabra y obra de Jesucristo al servicio de deseos, objetivos y planes arbitrariamente elegidos.

Epílogo

La asamblea sinodal confesante de la Iglesia Evangélica Alemana, declara que ve en el reconocimiento de estas verdades y en el rechazo de aquellas falsas doctrinas, la ineludible base teológica de la Iglesia Evangélica Alemana, como unión de las iglesias confesantes. Ella llama a todas las iglesias que puedan adherirse a su declaración a tener en cuenta en sus decisiones políticoeclesiásticas estas razones teológicas. Ruega a todos los que son afectados, que regresen a la unidad de la fe, del amor y la esperanza.

Barmen, 29 al 31 de mayo de 1934

John Knox y la Declaración de Barmen, caminos afines
Hitler era anticristiano, pero por razones obvias no se podía sincerar en este punto: corría el riesgo de perder millones de votantes, la inmensa mayoría de la población alemana era católica o protestante.

EL DOCTOR PETARDO ELIMINA PRUEBAS
 

Alamán

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Pero no lo consiguió. Menos mal que en la Alemania nazi hubo iglesias cristianas, con cristianos íntegros y valientes que no se dejaron avasallar por el Estado totalitario y sus secuaces como lo hicieron otros que se hacían llamar cristianos (Deutsche Christen).

También hubo oposición de iglesias católicas pero más bien a nivel local y no, como debería ser, desde el propio Vaticano que se declaraba neutral.
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Declaración de Barmen de la Iglesia Confesante en 1934 (Karl Barth, Dietrich Bonhoeffer, Martin Niemöller)

He aquí el texto completo de la Declaración:

Prólogo
Nosotros, los delegados de iglesias luteranas, reformadas y unidas, de sínodos libres, de “jornadas de la iglesia” y de “círculos parroquiales”, reunidos para formar la asamblea sinodal confesante de la Iglesia Evangélica Alemana, declaramos que juntos nos afirmamos sobre la base de la Iglesia Evangélica Alemana como una federación de las iglesias confesantes alemanas. Lo que nos une es la profesión del único Señor de la Iglesia, la cual es una, santa, universal y apostólica.

Declaramos públicamente delante de todas las iglesias evangélicas de Alemania que la confesión en común de esta fe y, por consiguiente la unidad de la Iglesia Evangélica Alemana, están en gravísimo peligro…

Siendo miembros de iglesias luteranas, reformadas y unidas, podemos y debemos hoy hablar juntos en esta causa. Precisamente porque queremos ser y permanecer fieles a nuestras diversas confesiones, no podemos callarnos, ya que creemos que en un momento de calamidad e inseguridad común, nos ha sido puesta en la boca una palabra en común.

Encomendamos a Dios lo que esto significará para la relación entre las iglesias confesionales. …Haciendo frente a los errores de los “Cristianos Alemanes” y del gobierno actual del Reich que causan estragos en las iglesias y también despedazan la unidad de la Iglesia Evangélica Alemana, profesamos las siguientes verdades evangélicas:

I
“Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre” (Juan 14,6).
“En verdad les digo, el que no entra por la puerta del corral de las ovejas, sino que se mete por otro lado, es ladrón y bandido… Yo soy la puerta; el que entre por mí, será salvado” (Juan 10,1.9).

Jesucristo, según el testimonio que de él tenemos en la Sagrada Escritura, es la única palabra de Dios. A ella sola debemos escuchar, en ella sola debemos confiar y obedecerla en la vida y en la muerte.

Rechazamos la falsa doctrina según la cual, además y junto a esta una y única palabra de Dios, la iglesia podría y debería admitir como fuente de su proclamación otros acontecimientos y potencias, otras personalidades y otras verdades como si fueran también revelación de Dios.

II
“Pero Dios mismo… ha hecho también que Cristo sea nuestra sabiduría y que por medio de Cristo seamos puestos en la debida relación con Dios, consagrados a él y salvados” (1º Corintios 1.30).

Así como Jesucristo es la expresión del perdón de Dios de todos nuestros pecados, del mismo modo es él la expresión del derecho de Dios sobre toda nuestra vida. Por medio de él experimentamos una gozosa liberación de todas las ataduras ateas de este mundo para un servicio libre y agradecido a todas sus criaturas.

Rechazamos la falsa doctrina según la cual habría ámbitos en nuestra vida en los cuales no perteneceríamos a Jesucristo sino a otros soberanos, ámbitos éstos en los cuales no necesitaríamos la justificación por él realizada.


III
“Más bien, hablando la verdad en un espíritu de amor, debemos crecer en todo hacia Cristo, que es la cabeza del cuerpo. Y por Cristo el cuerpo entero se ajusta y se liga bien” (Efesios 4.1516).

La iglesia cristiana es la comunidad de hermanos en la cual Jesucristo actúa como su Señor presente en la palabra y los sacramentos por medio del Espíritu Santo. Ella, como Iglesia de pecadores reconciliados, debe dar testimonio en este mundo pecador, tanto por medio de su fe como por medio de su obediencia, por su mensaje como por su disciplina, de que sólo pertenece a él, que sólo vive y desea vivir de su consuelo y orientación en la esperanza de su venida.

Rechazamos la falsa doctrina según la cual la Iglesia podría dejar librada la expresión concreta de su mensaje y de su estructura a su conveniencia o a la mutación de las convicciones ideológicas y políticas reinantes en tal o cual momento.

IV
“Como ustedes saben, entre los paganos los jefes gobiernan con tiranía a sus súbditos, y los grandes hacen sentir su autoridad sobre ellos. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que entre ustedes quiera ser grande, deberá servir a los demás” (Mateo 20.2526).

Los diferentes ministerios de la Iglesia no son causa del dominio de unos sobre otros, sino el desempeño del servicio que le ha sido encomendado y confiado a toda la comunidad eclesial.

Rechazamos la falsa doctrina según la cual, aparte de este servicio, la Iglesia tendría poder y autoridad para darse o aceptar autoridades especiales dotadas de atributos o de dominio.

V
“Reverencien a Dios, respeten al emperador” (1ª Pedro 2.17).

La Escritura nos dice que, de acuerdo al mandato divino, el Estado tiene el deber de preocuparse conforme al mejor saber y entender humano, y aun con amenaza y aplicación de la fuerza, por el derecho y la paz en este mundo todavía no redimido, en el que también se encuentra la Iglesia. La Iglesia reconoce con gratitud y respeto a Dios el beneficio de estas instituciones suyas; rememora el reino de Dios, el mandamiento y la justicia de Dios, y de este modo la responsabilidad de los gobernantes y de los gobernados. Confía y obedece la fuerza de la palabra por medio de la cual Dios sostiene todas las cosas.

Rechazamos la falsa doctrina según la cual el Estado, por encima de su competencia específica, podría llegar a ser el orden único y total para la vida humana y por lo tanto pretender cumplir la misión de la iglesia.

Rechazamos la falsa doctrina según la cual la Iglesia, por encima de su mandato especial, pudiera y debiera apropiarse de la modalidad de las tareas específicas y la dignidad del Estado y convertirse así ella misma en un órgano estatal.

VI.
“Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28.20).
“Pero el mensaje de Dios no está encadenado” (2ª Timoteo 2.9).

La misión de la Iglesia, en la cual se funda su libertad, consiste en proclamar, en lugar de Cristo, o sea, al servicio de su propia palabra y obra, el mensaje de la libre misericordia de Dios a todos los pueblos por medio de la predicación y los sacramentos.

Rechazamos la falsa doctrina según la cual la Iglesia, dejándose llevar por autosuficiencia humana, podría poner la palabra y obra de Jesucristo al servicio de deseos, objetivos y planes arbitrariamente elegidos.

Epílogo

La asamblea sinodal confesante de la Iglesia Evangélica Alemana, declara que ve en el reconocimiento de estas verdades y en el rechazo de aquellas falsas doctrinas, la ineludible base teológica de la Iglesia Evangélica Alemana, como unión de las iglesias confesantes. Ella llama a todas las iglesias que puedan adherirse a su declaración a tener en cuenta en sus decisiones políticoeclesiásticas estas razones teológicas. Ruega a todos los que son afectados, que regresen a la unidad de la fe, del amor y la esperanza.

Barmen, 29 al 31 de mayo de 1934

John Knox y la Declaración de Barmen, caminos afines
¡¡¡Qué maravilloso es el cristianismo!!! Hitler no era cristiano, pero la mayoría de los cristianos quisieron ser hitlerianos. No te has enterado de que la Biblia es un manual de genocidio. Léete el Libro de Josué, para empezar. Quizá se te pase tu ridículo orgullito demócrata.
 

Mineroblanco

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Hitler les decía a sus conocidos en privado que cuando terminase la guerra, suprimiría el cristianismo en Alemania. Es decir, que cerraría las iglesias, encarcelaría a los clérigos que siguieran celebrando misas, etc. Hitler creía en Dios, pero no en las creencias cristianas. Y no quería que la Iglesia católica alemana obedeciese las órdenes de un gobernante extranjero, el papa.
 

Alamán

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Hitler les decía a sus conocidos en privado que cuando terminase la guerra, suprimiría el cristianismo en Alemania. Es decir, que cerraría las iglesias, encarcelaría a los clérigos que siguieran celebrando misas, etc. Hitler creía en Dios, pero no en las creencias cristianas. Y no quería que la Iglesia católica alemana obedeciese las órdenes de un gobernante extranjero, el papa.
Sin duda alguna, pero no hablamos de eso. Hablamos de los cristianos que apoyaban a Hitler, millones de ellos. Porque públicamente Hitler se declaraba cristiano y se basaba en la Biblia o, más exactamente, en el Nuevo Testamento, para afirmar que los judíos eran demonios. O sea que el problema no era un programa hitleriano que nunca se realizó, sino el "programa bíblico", que los cristianos realizaron a cuenta de Hitler.
 
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¡¡¡Qué maravilloso es el cristianismo!!! Hitler no era cristiano, pero la mayoría de los cristianos quisieron ser hitlerianos. No te has enterado de que la Biblia es un manual de genocidio. Léete el Libro de Josué, para empezar. Quizá se te pase tu ridículo orgullito demócrata.
La mayoría de los que se autodenominan cristianos, en realidad no lo son. Ni siquiera comprendían el significado de la enseñanza de Jesús "Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios", que hace referencia a la separación entre Estado e Iglesia. Como para comprender otras enseñanzas más complejas.
La mayoría de las guerras de Israel fueron defensivas, aun durante el tiempo de Josué.
Considerando la violenta realidad de la supervivencia de naciones en esa época, las experiencias y conquistas de Israel no son tan violentas y excesivas como las de la mayoría de naciones que los rodeaban.
 

Alamán

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No fue la Iglesia Catolica la que cristianizo a los pueblos paganos germánicos que estaban fuera del Imperio, sino que fueron ellos los que abrazaron el cristianismo a su particular manera, ya hemos explicado paginas atrás que en la península por ejemplo había un enfrentamiento entre los catolicorromanos y los arrianicos barbaros que llegaban del norte.

La Iglesia católica de Roma mas que convertir a paganos en cristianos, que ya lo eran, se enfrentaba al cristianismo como lo entendían los barbaros de origen pagano, e intentaba imponer su modelo.
Es falso lo que usted dice. Los pueblos paganos fueron embaucados por monjes misioneros, en algunos casos, y forzados en otros. Estudie la conversión de los sajones por Carlomagno. Léase el segundo tomo, creo, de la Historia criminal del cristianismo. Le irá bien.