Cuba: el embargo que no es bloqueo y la miseria que sí
Cuba no está bloqueada. Está quebrada. La diferencia no es semántica: es la clave para entender por qué la isla lleva seis décadas en caída libre mientras sus vecinos caribeños, con menos recursos, viven mejor. El embargo comercial de Estados Unidos existe, es real, pero no impide que Cuba compre y venda con el resto del planeta. Lo que impide es que tenga algo que vender.
El embargo que no es bloqueo
La narrativa oficial cubana insiste en el bloqueo. Los datos cuentan otra historia. Tras las expropiaciones de propiedades estadounidenses en los años 60, Washington impuso un embargo comercial. Pero Cuba ha podido comerciar con China, Rusia, Europa y América Latina sin restricciones. La Ley Helms-Burton de 1996 extendió las sanciones a empresas extranjeras que usaran bienes confiscados, pero su aplicación estuvo suspendida hasta 2019. Es decir, durante más de dos décadas, la isla pudo hacer negocios con casi todo el mundo. El problema no era el bloqueo: era que no tenía divisas para pagar. Como apunta un análisis recurrente, Cuba se niega a pagar en oro, petróleo o moneda sólida, y debe dinero a medio planeta.
La dependencia venezolana: la pierna que sostiene al régimen
El petróleo venezolano ha sido el salvavidas de Cuba durante décadas. Tras la caída de la Unión Soviética, que subvencionaba la isla con petróleo barato y azúcar a precios artificialmente altos, Venezuela ocupó ese papel. Pero la producción venezolana se ha desplomado, y el suministro a Cuba se ha reducido drásticamente. Las consecuencias son visibles: apagones de 24 horas, turismo desplomado y hoteles con una ocupación media anual del 14%. Un exdirector de reservas de una cadena hotelera en Cuba describió la situación como insostenible. Si el régimen bolivariano cae, Cuba perderá su última pierna de apoyo. La geopolítica lo sabe: Marcos Rubio, de origen cubano, ha hecho de la caída del chavismo su prioridad, y Cuba es la siguiente pieza del dominó.
Recursos naturales: la paradoja de la isla rica y pobre
Cuba no es un país sin recursos. Es el segundo país del mundo en reservas de cobalto, el quinto en zinc, y tiene gas natural, petróleo de baja calidad, tabaco de Pinar del Río, café de primera y cacao en Baracoa. La industria farmacéutica internacional paga bien por plantas medicinales de sus selvas. Sin embargo, la isla vive en la miseria subsahariana. La razón no es la falta de recursos, sino la gestión económica. Un canal de YouTube hecho por un cubano documenta cómo el castrismo destruyó la economía, desde la producción de azúcar hasta la industria farmacéutica. La paradoja es evidente: con esos recursos, cualquier país caribeño sería próspero. Cuba, no.
El interés de Estados Unidos: ¿parque temático o pacto de no agresión?
¿Por qué Washington no toca Cuba? Hay varias teorías. Una sostiene que a EEUU le interesa mantener la isla como un museo viviente del fracaso comunista, un ejemplo para el resto del hemisferio. Otra apunta al pacto de 1962, cuando Kennedy y Jruschov acordaron que EEUU no invadiría Cuba a cambio de retirar los misiles nucleares. Y otra, más pragmática, señala el factor Florida: millones de cubanos-americanos votan en Miami, y su oposición al régimen mantiene el embargo como bandera política. Una encuesta reciente reveló que el 75% de los cubanos-americanos apoya una anexión de Cuba como Estado libre asociado de EEUU. Pero la realidad es que nadie quiere ser el que toque la isla. Ni Trump, ni los demócratas, ni la comunidad internacional.
La pregunta no es si Cuba cambiará, sino cuándo. Si el petróleo venezolano se corta de verdad, el régimen tendrá que elegir entre el colapso y la apertura. La historia reciente sugiere que elegirá el colapso. Pero la geopolítica es caprichosa: nadie quiere ser el que toque la isla. Y mientras tanto, los cubanos siguen haciendo cola para comprar jabón.