Windows 10 gana un año de vida: el coste de renovar un PC ya es un lujo
Microsoft ha prorrogado un año el soporte de Windows 10. La decisión no es filantrópica: Windows 11 no ha cuajado. Con 500 millones de usuarios perdidos –según estimaciones del sector– y actualizaciones que han dejado equipos inutilizables, la extensión parece más un parche que un plan. El sobrecoste de renovar el hardware para cumplir con los requisitos de Windows 11 ha empujado a muchos a aferrarse al viejo sistema. Equipos de hace más de una década con 4 GB de RAM siguen funcionando, y sus dueños no están dispuestos a desembolsar cientos de euros por un rendimiento que, a menudo, empeora.
Hay quien cuenta que una actualización de Windows 11 destrozó su equipo hasta dejarlo inservible, forzándole a regresar a Windows 10. La experiencia ha calado: la desconfianza hacia las actualizaciones de Microsoft es palpable. Algunos ya han saltado a alternativas como Linux Mint, que ha resuelto el antiguo problema de compatibilidad con juegos y software. El argumento de que «demasiado tarde, ya me he pasado a Linux» se repite entre quienes han perdido la paciencia con el ecosistema Windows.
La prórroga del soporte aliviará a corto plazo, pero el problema de fondo –un sistema operativo que exige hardware nuevo en plena crisis de poder adquisitivo– no se resuelve. La migración hacia Linux podría acelerarse si Microsoft no rectifica. Mientras, el usuario medio opta por estirar su viejo PC hasta donde aguante, con la esperanza de que el próximo ciclo de actualización no sea tan agresivo.