La revuelta minorista contra Wall Street cumple cinco años
Enero de 2021. Mientras medio mundo seguía confinado, un grupo de inversores anónimos convertía GameStop, una cadena de tiendas de videojuegos en caída libre, en el símbolo de la lucha contra los fondos buitre. El grito de guerra «Hold Paco, Hold» se hizo viral. Lo que nació como una broma con opciones acabó en un cortocircuito financiero: los vendedores en corto perdieron 19.750 millones de dólares en pocas semanas, según los datos de S3 Partners. Cinco años después, la guerra no ha terminado: ha mutado en algo más extraño y más serio.
Así se rompió el guion del mercado
El mecanismo era de manual del cornering: una acción con más del 100% de su capital flotante vendido en corto, una comunidad enorme coordinada en Reddit y un martillo de órdenes de compra. A finales de enero de 2021, GameStop cotizaba por encima de 340 dólares. Las posiciones cortas ascendían a 11.200 millones de dólares, solo por detrás de Tesla y Apple. La clave estuvo en las opciones: 7.800 calls con strike a 320 acabaron in the money, lo que obligaba a los vendedores de esas opciones, probablemente Citadel y compañía, a comprar 780.000 acciones para cubrirse. Eso disparó el precio.
El precedente del «gamma squeeze» de Volkswagen en 2008 se quedó pequeño. La diferencia es que esta vez no lo ejecutaban grandes fondos, sino una manada de particulares con cheques de estímulo y tiempo libre. La casa siempre gana, advirtieron algunos. Pero esa semana, la casa estuvo contra las cuerdas.
Robinhood, el sistema muestra sus cartas
El 28 de enero, Robinhood y otros brókeres cortaron la compra de GME y AMC. La excusa oficial fueron los requisitos de garantía. La lectura mayoritaria fue otra: una intervención para salvar a los hedge funds que estaban perdiendo miles de millones. Según se publicó en su momento, la portavoz de la Casa Blanca era hermana de un gestor de cartera de Citadel, una coincidencia que a muchos les pareció la guinda del pastel.
Melvin Capital, uno de los grandes perdedores, necesitó un rescate de 2.750 millones de dólares de sus padrinos Point72 y Citadel. En una semana, las pérdidas del sector pasaron de 4.000 a 15.000 millones. Y mientras tanto, los brókeres que se decían «democráticos» vendían el flujo de órdenes de sus clientes a los mismos fondos contra los que estos apostaban. El modelo de negocio de Robinhood quedó retratado: cuando el producto eres tú, el servicio es otro.
La jerga era la estrategia
No eran 400.000 críos sin rumbo, aunque parecieran. Debajo del ruido de «diamond hands» y memes había analistas monitorizando el porcentaje de cortos abiertos y la cadena de opciones. La jerga funcionaba como disciplina de grupo: convertir en vergüenza el vender y en virtud el aguantar. Algunos lo compararon con el Vietcong: sin toneladas de bombas, pero royendo los tobillos al adversario. La teoría de juegos clásica asume que tu rival busca maximizar beneficio; aquí la consigna era el empate técnico. Si yo pierdo, tú pierdes más. Eso no estaba en los modelos de los fondos.
De meme a negocio: la era Ryan Cohen
Mientras la narrativa mediática enterraba el fenómeno, GameStop tomó un camino insospechado. Ryan Cohen, fundador de Chewy, se hizo con el control, primero como presidente y luego como CEO. En abril de 2024 la acción cotizaba a 9,95 dólares; en junio del mismo año, a 23,93 dólares, un 140% más. La capitalización pasó de 3.000 a 10.000 millones de dólares, aunque para ello la empresa emitió 120 millones de acciones nuevas, algo que muchos aficionados a la narrativa original consideraron una traición: estaban matando al «MOASS» (Mother of All Short Squeezes).
La jugada, sin embargo, dio resultados. En el primer trimestre de 2026 GameStop registró los mayores ingresos netos de su historia: 389,6 millones de dólares. La caja acumulada supera los 4.000 millones. Cohen ha transformado una tienda de juegos en un instrumento financiero con beneficios reales. Los escépticos hablan de una empresa zombie; los más fieles, de un nuevo modelo comercial.
AMC: el segundo frente que se niega a morir
AMC, la cadena de cines, se convirtió en el altavoz de la resistencia. Su CEO, Adam Aron, compró 250.000 acciones con su dinero el 19 de mayo de 2026 a 1,37 dólares: 300.000 dólares de su bolsillo. En el segundo trimestre de 2026, la compañía presentó cifras récord: 1.597 millones de dólares de ingresos, 321 millones de EBITDA y 190 millones de flujo de caja libre. Ha refinanciado su deuda y alejado los vencimientos hasta 2029-2031. Y mientras tanto, las salas IMAX 70mm agotan entradas a un precio un 81% superior a la media. El mercado reconoce que la gestión de la deuda ha cambiado. La deuda, a la baja; el escepticismo, también.
El nuevo tablero: GameStop quiere comprar eBay
La jugada más reciente ha dejado con la boca abierta a los analistas. Ryan Cohen ha declarado: «Quiero ser dueño de eBay. Es un gran negocio que ha sido mal administrado». A 14 de agosto de 2026, GameStop posee 43.390.383 acciones de eBay, el 9,8% de la compañía. Y el 3 de agosto de 2026 anunció el canje privado de 1.400 millones de dólares en bonos convertibles senior por acciones comunes. Para unos, una maniobra para simplificar el balance antes de una oferta formal por eBay. Para otros, una nueva dilución que castigará a los accionistas actuales. La acción de GME cayó un 12% el día del anuncio. La desconfianza convive con la admiración.
Lo que queda de la revuelta
Han pasado cinco años desde el pico de enero de 2021. El movimiento, lejos de desaparecer, ha demostrado que la memoria de los inversores minoristas es más larga de lo que Wall Street calculaba. La SEC y los reguladores siguen mirando con lupa cualquier coordinación entre particulares, pero la herramienta base, un grupo de millones de personas dispuestas a perder dinero por una causa, no se puede prohibir con una circular.
El dato que descoloca no es la revalorización. Es la psicología: había inversores que aseguraban haber entrado con dinero de la universidad o los ahorros de un año en McDonald's, conscientes del riesgo, y aun así no vendían. Eso no es análisis fundamental. Es un pulso contra el sistema. Y mientras haya un fondo que se crea intocable, alguien estará dispuesto a apretar el gatillo con una orden de compra. Hold Paco, hold.