Blade Runner, la más citada al elegir las mejores películas de los 80
En 1982, un padre alquiló Blade Runner en el videoclub y se llevó un chasco monumental. No había robotitos graciosos, ni extraterrestres, ni nada que satisficiera el gusto infantilizado del espectador ochentero. Cuatro décadas después, esa misma película es la más citada cuando se pregunta por las cinco mejores de la década. La anécdota, recuperada en la discusión, resume la paradoja: el cine de los 80 que hoy consideramos cumbre fue, en su estreno, incomprendido.
La pregunta inicial lanzaba cinco títulos: Jungla de cristal, Acorralado, Terminator, Indiana Jones y El imperio contraataca. La respuesta fue un alud. Blade Runner apareció en casi todas las listas, seguida de El imperio contraataca, Regreso al futuro, Érase una vez en América y El resplandor. También asomaron títulos menos obvios: Excalibur, Terciopelo azul, La princesa prometida, Los Goonies, La historia interminable, Cazafantasmas, Conan el bárbaro, La cosa, Aliens, Akira.
Blade Runner: el fracaso que se convirtió en obra maestra
El consenso se rompe al explicar por qué. Un participante recuerda que en 1983, E.T. y Gandhi arrasaron en los Oscar; Blade Runner se fue de vacío. Otro apunta que los premios sirven para ganar pasta, pero no longevidad. La fotografía, la banda sonora de Vangelis y los efectos visuales se citan como razones técnicas de su vigencia. La película se rodó en 1982, pero su reconocimiento llegó tarde.
La lista de ausencias también define la década. Nadie mencionó, en la muestra, a los grandes dramas de época ni a las comedias románticas. El cine de acción, la ciencia ficción y la fantasía copan las preferencias. Un mensaje lo resume: «Se rodaron más películas buenas en 1986 que en todo lo que llevamos de siglo XXI». La hipérbole es discutible, pero señala una percepción extendida: la producción media de los 80 tenía oficio.
El cine español de los 80: de Los santos inocentes a El crack
La representación española aparece en varias listas. Los santos inocentes, La vaquilla, Volver a empezar, El bosque animado y El crack son las más citadas. También se mencionan Truhanes, Se infiel y no mires con quién, Laberinto de pasiones, El caballero del dragón y Soldadito español. La mezcla de comedia costumbrista y drama social retrata una década de transformación.
El debate deriva hacia la nostalgia. Alguien recuerda que en los 80 el bueno acababa con la chica, y que eso daba ganas de vivir. Frente a eso, se citan finales contemporáneos más amargos, como el de La La Land. La discusión no es solo sobre películas: es sobre un tono vital. La frase «ese cine no volverá» se repite con variaciones.
Terror y gore: el culto que sobrevive en DVD de mercadillo
Una corriente reivindica el cine de terror y gore de los 80. El príncipe de las tinieblas, Nekromantik, Evil Dead, El vengador tóxico y Reanimator encabezan una lista. También se citan House, Posesión infernal, Viernes 13 (la tercera, en 3D), Christine y Pesadilla en Elm Street. Un participante cuenta que encontró una de estas películas en un mercadillo, en DVD sin abrir, por cuatro euros.
El fenómeno no es solo cinéfilo. Es económico: el videoclub y las televisiones de los 90 funcionaron como segunda ventana. Películas que fracasaron en taquilla se recuperaron en formato doméstico. Esa cadena de distribución, hoy extinguida, explica por qué tantos títulos de los 80 siguen en la memoria colectiva.
El negocio de los premios: Gandhi, E.T. y el Oscar que no fue
La relación entre premios y longevidad centra uno de los intercambios. Se sostiene que los Oscar de 1983 premiaron a E.T. y Gandhi, y que Blade Runner no obtuvo ninguno. La conclusión que se extrae es que el reconocimiento industrial no predice la permanencia. La taquilla de entonces y el prestigio de ahora rara vez coinciden.
El mismo argumento se aplica a otras décadas. Se afirma que el mejor cine va de 1960 (Espartaco, El Cid, Psicosis) a 1999 (Gladiator, Titanic, Parque Jurásico, Terminator 2). Por debajo y por encima de ese arco, pocos títulos se salvan. La tesis es discutible, pero tiene una base: la producción industrial de los 80 combinaba presupuesto medio y oficio técnico.
La paradoja final es esta: la película que arruinó la tarde de videoclub a un padre en 1982 es hoy la más votada. El chasco de entonces es el canon de ahora. Nadie ha explicado del todo cómo se produce ese giro, pero ocurre con una frecuencia que debería hacer desconfiar de cualquier taquilla.