La lluvia y la bajada trampa convierten la Vuelta 2026 en un juego de azar
La etapa de la Vuelta a España 2026 no se decidió sobre el pavés ni en un puerto de categoría especial. Se decidió en un descenso que parecía diseñado para que alguien se partiera la cara. Las imágenes que circulan desde el terreno muestran un asfalto sobreelevado, con bordillos que invitan a la caída, y una lluvia que convirtió la carretera en una trampa mortal.
Un descenso con más trampas que un laberinto
El problema no era solo el agua. La carretera, que según las críticas había sido «arreglada» para la ocasión, presentaba desniveles laterales y un bordillo que convertía cualquier error en una caída al vacío. Los comentarios no ahorraban sarcasmo: parecía una montaña rusa, no un puerto de montaña. La comparación con la Fórmula 1 surgió de inmediato: bastan unas gotas para que la prudencia se imponga. En la Vuelta, algunos corredores parecieron aplicar la misma lógica.
Enric Mas, el único que no se arrugó
En medio del caos, el nombre de Enric Mas destacó. Muchos aficionados se preguntaban qué había tomado antes de salir, tal era su exhibición. El ciclista español protagonizó una actuación inesperada, capaz de asombrar incluso a los más escépticos. Mientras el pelotón se lamía las heridas, él parecía disfrutar de la tormenta.
La organización se enfrenta ahora a un aluvión de críticas que cuestionan la seguridad del trazado. La solución no será tan sencilla como esperaban. Con estas imágenes, la Vuelta 2026 pasará a la historia por el día en que la lluvia y una bajada mal diseñada estuvieron a punto de convertir una carrera en una ruleta rusa. Habrá que esperar a la próxima edición para ver si alguien se atreve a repetir el espectáculo.