Volkswagen anuncia el eléctrico más eficiente: 7,51 kWh/100 km
Volkswagen dice haber construido el coche eléctrico próximo a producción más eficiente del mundo. Consume 7,51 kWh cada 100 kilómetros. Y ahí empieza la paradoja: para firmar ese registro, el prototipo ha renunciado a casi todo lo que hace utilizable un coche de verdad. No es un laboratorio descolgado de la gama, pero tampoco es un coche que puedas aparcar en un garaje cualquiera.
Qué dice exactamente la cifra oficial
Los números son de manual. Batería de 54,9 kWh y un sistema de propulsión derivado del nuevo Volkswagen ID. Polo. Con ese paquete, la marca habla de hasta 660 kilómetros de autonomía. Traducido: el coche recorre más distancia con menos energía que prácticamente cualquier rival de su tamaño. La eficiencia, en teoría, es de otro nivel.
Ahí está el gancho y ahí está el problema. Porque la eficiencia no se mide en trinc, se mide en carretera. Y los primeros cálculos que circulan apuntan a que en condiciones reales —climatización encendida, tres ocupantes, invierno o verano— esos 660 kilómetros se quedan en 400 y pico. Un recorte del 35-40% que no es exclusivo de VW, pero que desinfla el titular.
El truco está en la forma, no en la batería
El prototipo es una gota de agua. Bajísimo, estrecho y alargado, con las ruedas traseras carenadas para cerrar el paso del aire. No es una solución nueva: el viejo Citroën DS ya cubría parte de las ruedas por el mismo motivo, y el CX de los ochenta llegaba más lejos con su suspensión hidroneumática, que permitía subir y bajar la carrocería según el terreno.
Aquí no consta que haya ese sistema. Y sin él, los bajos pegados al suelo son un problema en España. No es broma: el primer badén, el primer resalto de polígono o una rampa de garaje con pendiente acaban raspando la panza del coche. Si debajo va la batería, el susto puede ser caro. La pregunta de cómo se cambia además una rueda trasera cuando está carenada sigue sin respuesta clara.
La prueba que nadie quiere leer en voz alta
El dato estrella de la campaña es un recorrido de 1.200 kilómetros con una velocidad media de 60 y pico km/h. Ahí está la clave. A esa velocidad, un diésel compacto convencional ronda los 3 litros a los 100: con un depósito normal supera los 1.500 kilómetros de autonomía. El registro eléctrico es espectacular en la teoría y pedestre en la comparación.
El propio sector reconoce que hay precedentes del mismo tipo. El Cybercab de Tesla, con forma también de gota, arranca unos 10 kWh/100 km tras quitar volante, asientos trastero y peso hasta dejarlo en unos 1.400 kg con una batería de unos 49 kWh. Es decir: bajar de los 8 kWh/100 km obliga a vaciar el coche. Hay quien sostiene que la jugada alemana es pura aerodinámica porque no hay salto real en batería; en contra pesa que 7,51 kWh/100 km sigue siendo un número que nadie iguala en serie.
El contexto incómodo: despidos y el fantasma del diéselgate
El anuncio llega en un momento delicado para el fabricante. La conversación sobre este prototipo convive con el goteo de cierres de planta y recortes de empleo en el grupo, y con la sensación de que el eléctrico europeo no compite en precio con el chino. La referencia al diéselgate reaparece cada vez que la marca anuncia un récord: la sospecha de que el dato bueno se consigue midiendo de una forma muy concreta no se ha ido.
A eso se suma el diseño. La mayoría lo encuentra directamente adefesio. La defensa es de manual: en un país que compra SUV como churros, protestar por la estética de una gota aerodinámica tiene su gracia.
El coche, si llega, aterrizará en un mercado con badenes, baches y conductores que encienden la calefacción. Con todo eso, ¿qué queda de los 7,51 kWh/100 km?