Dos agresiones sexuales silenciadas en Rentería: el pacto de silencio que salpica a Bildu
En enero de 2025, una asociación feminista trasladó al director de la compañía de danza Kukai, Jon Maya, el testimonio de varias mujeres sobre comportamientos inadecuados. Maya asumió su responsabilidad e inició un proceso de «revisión de sus comportamientos». Los hechos se remontaban a 2024, y las víctimas pidieron que se gestionara de forma «discreta». El Ayuntamiento de Rentería, gobernado por Bildu, conoció la situación y decidió dejar en suspenso la subvención pública a la compañía este año. Sin embargo, el caso ha trascendido ahora, y las entidades feministas reprochan a Kukai que rompiera la confidencialidad.
La segunda denuncia: la Bertso Eskola
Casi simultáneamente, salió a la luz otra denuncia: varias jóvenes de la Bertso Eskola (escuela de versos improvisados) denunciaron comportamientos machistas reiterados. Según el texto que se leyó, las jóvenes «han venido a gritar 'basta ya' para finalizar con estas actitudes». Añadieron que en años anteriores ya se pusieron medidas, pero el agresor «no ha cumplido los compromisos adquiridos». La gravedad de las acusaciones contrasta con la opacidad del proceso: no se especifica el tipo de agresiones, y el pacto de silencio inicial fue respetado por todas las partes.
Un patrón que se repite en el entorno de Bildu
Lo llamativo de ambos casos es la gestión interna, lejos de los focos. En el caso de Kukai, las víctimas pidieron discreción, y el entorno político –Rentería es feudo de Bildu– parece haber facilitado que los hechos no trascendieran. Sin embargo, la filtración ha roto el acuerdo. La pregunta incómoda: ¿cuántos casos similares se gestionan en la intimidad de las asociaciones y las instituciones? El discurso oficial de la izquierda abertzale contra la violencia machista choca con estos episodios de presunto encubrimiento. Algunos análisis apuntan a que la gravedad de las conductas podría ser menor de lo que se sugiere –«uso de determinadas expresiones», se especula–, pero el hermetismo alimenta las sospechas.
El debate se ha polarizado: mientras unos sostienen que la discreción respeta la voluntad de las víctimas, otros ven un patrón de impunidad en el entorno de Bildu. Lo cierto es que, a fecha de esta discusión, ninguna de las dos denuncias ha derivado en procedimiento judicial conocido. El silencio no es oro, y en Rentería empieza a pesar como plomo.
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