El bulo del ritual contra Sánchez acumula predicciones sin cumplirse
Hay una corriente de análisis que sostiene que Pedro Sánchez no gobierna: le gobiernan. Que cada aparición pública, cada eclipse, cada avería de avión y cada cocker spaniel llamado Pedro forma parte de un guion escrito por alguien con muy malas intenciones. El relato lleva meses funcionando en los foros de conspiraciones y, de momento, el único ritual que se ha consumado es el de la paciencia de quienes lo siguen.
La tesis central es que existe un plan para
ritualizar al presidente del Gobierno y forzar así el fin del régimen de 1978. Los indicios que se acumulan en la discusión van desde lo numerológico hasta lo canino: que si Sánchez nació en año bisiesto, que si los perros cumplen siete años por cada uno humano, que si el cocker spaniel que le presentaron en Oviedo en 2019 se llamaba igual que él. La coincidencia, para los creyentes, es la prueba. Para los escépticos, es exactamente lo que parece: una coincidencia.
De Oviedo a la bruja Marina Seren: cronología de un ritual anunciado
El primer hito documentado en la discusión se remonta a
2019, durante la campaña electoral posterior a la moción de censura contra Mariano Rajoy. En un acto en Asturias, a Sánchez le presentaron un cocker spaniel llamado Pedro. Años después, otro cocker spaniel llamado Pedro apareció muerto en la misma comunidad. La conexión, según esta corriente, no es casual: es un
aviso.
A partir de ahí, el relato se ramifica. Se menciona la contratación de una bruja llamada Marina Seren para realizar un ritual de tipo MK Ultra. Se habla de un supuesto síndrome de Addison que afectaría al presidente, y se enumeran personajes históricos que padecieron la misma enfermedad para establecer un patrón. Se interpreta el eclipse del
12 de agosto como una fecha clave, y se señala el
19 de septiembre como posible punto de inflexión. Ninguna de estas afirmaciones viene acompañada de una fuente verificable.
¿Qué es el R78 y por qué se habla de su final?
El concepto de
R78 —abreviatura del régimen político nacido de la Constitución de 1978— vertebra buena parte del análisis. La hipótesis es que ese régimen está agotado y que su sustitución se está preparando mediante una combinación de desgaste político, crisis institucional y, según esta lectura, rituales simbólicos. Se menciona un posible gobierno de concentración presidido por Feijóo y García Page, y se advierte de que la etapa que vendría sería peor que la actual.
El argumento se apoya en una comparación histórica: se sostiene que el cambio de régimen se ejecutará igual que en
diciembre de 1973, en referencia al asesinato de Carrero Blanco. La fecha no es casual en el relato: sirve para establecer un paralelismo entre aquel magnicidio y un supuesto magnicidio futuro. La discusión, sin embargo, no aporta ninguna prueba de que ese plan exista más allá de la coincidencia de fechas.
Averías de avión, terremotos y otros «avisos de Matrix»
La lista de supuestos
fallos en Matrix que se acumula en la discusión es extensa. Se citan varias averías del avión presidencial, incluyendo un aterrizaje de emergencia en Ankara y un regreso al aeropuerto por un problema técnico. Se menciona una evacuación de una base militar en Lituania. Se añade una célula yihadista desarticulada y un terremoto político protagonizado por el PNV. Cada incidente se interpreta como una pieza del mismo rompecabezas.
El problema de este método es evidente: cualquier suceso, por aislado que sea, encaja en el relato si se fuerza lo suficiente. Una avería de avión es una avería de avión hasta que alguien decide que es un mensaje. Un eclipse es un eclipse hasta que alguien decide que es una fecha ritual. La acumulación de coincidencias no es prueba de nada; es exactamente lo que cabría esperar en un mundo donde ocurren millones de cosas cada día.
El caso Diana Quer y la ingeniería social
La discusión deriva en algún momento hacia el caso Diana Quer, que se interpreta como una operación de
ingeniería social. Se señala que la víctima tenía una hermana gemela fallecida al nacer, que uno de los implicados habría intentado agredir a la hermana gemela de su esposa, y que la detención fue llevada a cabo por una mujer. Ninguno de estos elementos se presenta con una fuente que los respalde.
La conexión con el resto del relato es, en el mejor de los casos, forzada. Se menciona un tatuaje con el ojo de Horus y una cruz egipcia en una persona relacionada con el caso, como si eso añadiera algo. No lo hace. La acumulación de símbolos no convierte una tragedia real en una operación planificada.
¿Qué hay detrás de la obsesión con el 19 de septiembre?
La fecha aparece repetida varias veces en la discusión como posible punto de inflexión. No hay ninguna razón documentada para señalarla. Tampoco hay ninguna razón documentada para descartarla, lo cual es precisamente el problema: cuando una predicción no se cumple, siempre se puede posponer. El
19 de septiembre pasa, no ocurre nada, y el relato se reajusta.
Este es el mecanismo clásico de las profecías autorrealizadas: la fecha se mueve, el plan se adapta, la explicación se complica. Lo que nunca cambia es la conclusión: algo grande está a punto de pasar. Y mientras tanto, el mundo sigue girando sin enterarse de que debería haberse detenido.
La discusión lleva meses activa. En ese tiempo, Sánchez ha seguido gobernando, el R78 no ha caído, y el único ritual que se ha completado es el de la paciencia de quienes esperan. Puede que algún día acierten. Hasta entonces, conviene recordar que predecir el fin del mundo es un negocio que nunca quiebra.