El coste de los másteres de élite: 50.000 euros para hacer contactos
Invertir 50.000 euros en un máster de una escuela de negocios top suena a billete de primera clase al éxito laboral. Sin embargo, los testimonios de quienes lo han cursado dibujan un panorama muy distinto: la formación académica pasa a un segundo plano y el verdadero valor son los contactos. Pero, ¿qué pasa cuando no vienes de cuna?
El espejismo de la bolsa de empleo
Las escuelas prometen bolsas de empleo con tasas de colocación del 90%, pero la realidad es menos halagüeña. Un titulado del IESE explicaba que «ya no es lo que era; no hay puestos de CEO para todos». Otro caso: un conocido pagó 55.000 euros, consiguió un puesto de Sales Manager y a los dos años fue despedido, hoy sobrevive en una startup en precario. La masificación de estos programas ha diluido el valor de la marca.
La clase media funcionarial, el peor perfil
El perfil típico del alumno «pobre» (hijo de funcionarios de nivel medio) choca con la lógica del networking. Los estudiantes con apellidos y empresas familiares no están allí para hacer amigos que les resten; buscan ampliar su círculo con otros de su mismo estrato. Como resumía un veterano: «Los tíos con contactos se hacen amigos de otros tíos con contactos». Para el hijo de funcionarios «muevepapeles», el máster se convierte en un club al que pagas la cuota pero del que no obtienes beneficios.
La alternativa: oposiciones o máster técnico
Frente a la apuesta por el prestigio vacío, varios analizan que un máster específico en tributación, cálculo de estructuras o control de costes, o directamente unas oposiciones de alto nivel al Estado, ofrecen mejor retorno. «El mejor máster para un clase media es una oposición», sentencian. La fuente de riqueza de la familia funcionarial es el Estado, no el management privado; perpetuarla tiene más lógica que jugar a ser lo que no se es.
La anécdota del banco suizo con nombre de mes ilustra el techo de cristal: un candidato con MBA, impecable entrevista, pero al preguntarle si era familia de un alto ejecutivo del Ibex y responder que no, el proceso se esfumó. Allí aprendió la lección.
¿Compensa entonces rascarse el bolsillo para codearte con la élite? Los datos dicen que, para quien no trae apellidos, la respuesta es no. Pero mientras las escuelas sigan vendiendo humo, habrá quien prefiera gastarse 50.000 euros a aceptar que su sitio no está en la cúpula.