Von der Leyen reconoce que cerrar nucleares fue un desastre estratégico
¿Puede una sola declaración de la presidenta de la Comisión Europea cambiar el curso de la política energética continental? Ursula von der Leyen soltó hace tres meses una frase que pocos esperaban: «Esta reducción de la energía nuclear fue nuestra decisión... Fue un error estratégico». La confesión, que llegó sin bombo ni dimisión, reabre el debate sobre el apagón nuclear europeo y sus consecuencias.
De la fe ciega en renovables al arrepentimiento tardío
Durante años, la narrativa oficial apostó por las renovables como sustituto natural de la nuclear. Pero los hechos se han encargado de desmentir el cuento. La dependencia del gas ruso, la volatilidad de los precios y la intermitencia de eólica y solar han dejado a Europa en una posición vulnerable. Ahora, desde los despachos de Bruselas hasta la opinión pública, se escucha lo que muchos advirtieron: desmantelar centrales nucleares en funcionamiento fue un suicidio energético.
La reacción no se ha hecho esperar. Mientras unos exigen responsabilidades políticas –algunos directamente la dimisión–, otros ven en el arrepentimiento tardío una maniobra para recolocar los reactores de Bill Gates, declarados «verdes» a conveniencia. El escepticismo es la tónica dominante: los mismos que impulsaron la agenda verde ahora lamentan el error, pero sin asumir costes.
Lo curioso es que, en democracia, los errores estratégicos suelen pagarse. Pero aquí, quien los cometió sigue en el cargo. A lo mejor la definición de «error» en Bruselas es selectiva: los ciudadanos cargan con la factura y los políticos, con el lamento. Ironías de la transición ecológica.
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