Red Eléctrica en emergencia: 800 horas de luz gratis y el sistema al borde del colapso
El pasado enero, Red Eléctrica de España activó el protocolo de emergencia por riesgo de desequilibrio en la red. No fue un apagón generalizado, pero el aviso puso el foco en un problema que viene gestándose: la producción renovable excede la capacidad de absorción del sistema, y la infraestructura no da abasto. En 2025, España registró 800 horas con precios de la luz a cero o negativos, el 9,1% del año. La solar fotovoltaica, gran damnificada, capturó de media solo 35,75 €/MWh, muy por debajo del coste de generación. El excedente no se puede almacenar ni exportar con fluidez: la interconexión con Francia es insuficiente y las baterías, aún en fase de despliegue, no ofrecen el volumen necesario. El temporal de viento que provocó la emergencia forzó a parar molinos por seguridad, agravando el déficit nocturno. El debate técnico apunta a que la falta de inercia en la red (generación sincrónica) y la lentitud de arranque de los ciclos combinados convierten cualquier pico en una amenaza. Mientras, el gobierno sigue impulsando renovables sin un plan de almacenamiento ni refuerzo de la red de transporte. La pregunta queda en el aire: ¿cuánto tiempo podemos seguir regalando electricidad sin que el sistema salte por los aires?
800 horas de precios negativos: el éxito que envenena el mercado
Los datos no engañan. En 2025, las horas con precio cero o negativo en el mercado eléctrico español se dispararon hasta 800, un récord que revela un desajuste estructural: hay demasiada generación renovable en ciertos momentos y muy poca flexibilidad para gestionarla. Los productores solares han sido los más castigados, con un precio capturado de 35,75 €/MWh, lejos de los 50-60 €/MWh que necesitarían para ser rentables sin subvenciones. La eólica también sufre, aunque menos porque produce más en horas de demanda. El problema no es nuevo: ya en 2024 se encendieron las alarmas, pero la respuesta política ha sido tímida. Las soluciones técnicas existen: bombeo hidráulico, baterías a gran escala, electrolizadores para hidrógeno verde. Sin embargo, su desarrollo avanza a ritmo de tortuga mientras los permisos para nueva capacidad renovable siguen fluyendo. El resultado es un mercado esquizofrénico: el consumidor no ve bajadas en su factura (los costes fijos y los peajes se comen el ahorro), y el inversor en renovables ve cómo sus márgenes se evaporan.
El apagón que no fue: inercia y tiempos de respuesta
La emergencia de enero no derivó en apagón, pero puso al descubierto la fragilidad del sistema. Durante un temporal de viento, parte de la generación eólica tuvo que desconectarse por seguridad, dejando un déficit de potencia que los ciclos combinados no cubrieron a tiempo. El análisis técnico señala dos causas clave: la pérdida de inercia (la masa rotatoria de las centrales térmicas que amortigua las oscilaciones de frecuencia) al cerrar nucleares y térmicas, y la lentitud de arranque de las turbinas de gas cuando se necesita respuesta inmediata. Se discute si los motores de combustión interna (tipo diésel) podrían arrancar más rápido que las turbinas, pero su eficiencia es menor. La solución de almacenamiento con baterías promete, pero a día de hoy la capacidad instalada es ínfima. Mientras, la red de distribución, obsoleta en muchos tramos, no puede evacuar la sobreproducción. La exportación a Portugal se cortó durante la emergencia, dejando a la península ibérica como una isla energética.
¿Quién paga el pato?
El consumidor no se beneficia de las horas baratas: los peajes, los cargos y los ajustes por desviaciones encarecen la factura. El modelo de primas a las renovables (RECORE, subastas) garantiza una rentabilidad mínima a los productores, pero esos costes se trasladan al recibo. Por otro lado, la industria electrointensiva para cuando hay exceso de oferta, pero no es suficiente para absorber los picos. La narrativa oficial insiste en que todo forma parte de la transición, pero los datos muestran un sistema cada vez más inestable y caro. La pregunta que queda flotando es si España puede permitirse seguir siendo laboratorio de una transición mal planificada, o si hará falta un cambio de rumbo que ponga en el centro la gestión de la demanda y el almacenamiento.
El precio de la luz seguirá siendo un misterio para quien no entienda que pagamos por la fiabilidad del sistema, no por la energía. Y esa fiabilidad, con 800 horas de regalo, brilla por su ausencia.
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